¡Caramba!, de VVAA.

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¡Caramba! es un fanzine —sí, fanzine— coordinado y editado por Manuel Bartual y Alba Diethelm, que ha supuesto uno de los acontecimientos de la temporada en esto de los tebeos. Y con todo el derecho del mundo, además. No sólo es un producto de gran calidad para ser un fanzine, editado con mimo y con muchos detalles agradables para el comprador —una chapa, una mosca de goma, un pequeño álbum de cromos—, sino que además reune a un grupo de autores impresionante.

¡Caramba! habla del humor desde el humor, o sea, que sus historietas reflexionan sobre algún aspecto del humor siendo humorísticas, más o menos. Supongo que Bartual habrá dejado a sus colaboradores total libertad, de ahí que el conjunto final sea variado y ameno, muy ágil en su lectura. Tenemos historietas al uso, de varias páginas, chistes gráficos, pasatiempos, un cuento en prosa, una entrevista… Pero todo unido por esa temática común.

Esa reflexión puede adoptar diversas formas, desde una colección de variaciones sobre el chiste de la mosca en la sopa a cargo de gente como Juanele, Luis Bustos, Mauro Entrialgo o Bernardo Vergara hasta historietas-ensayo, pasando por chistes interactivos como el del propio Bartual o Clara Soriano. Y ahora, para el próximo párrafo, aviso que me voy a poner sesudo, pero antes, que quede claro que lo fundamental de ¡Caramba! es que me he reído muchísimo leyendo, y de eso se trataba, que para algo es un tebeo de humor.

Ahora, el análisis sesudo. No hay realmente ninguna colaboración que pueda decirse que sea mala. Cada uno luego tenemos nuestros gustos, pero lo que queda claro es que todos los autores trabajan con muchas ganas y dando lo mejor de sí mismos. Decía antes que el plantel es de lujo, pero aún con eso es inevitable tener favoritos. A mí personalmente me han gustado mucho, entre otras, La verdadera historia de Jaimito de Joan Cornellá, Uno de naúfragos de Juaco Vizuete y Sergio García, o Un inglés, un francés y un español de Monteys, las tres encuadrables en lo que podríamos llamar metachistes. Pero creo que hay tres historietas que sobresalen entre las demás.

La primera es el inteligente ensayo de aires reprontistas escrito por Raúl Minchinela y dibujado por Puño, Humor=Tragedia+tiempo, una ácida visión del humor que clarifica las fronteras hipócritas entre lo políticamente correcto y el mal gusto, llegando a una sorprende y lúcida conclusión muy propia del Doctor Repronto a base de jugar con fórmulas matemáticas.

La segunda es la extraordinaria biografía muda de Coll guionizada por Santiago García y dibujada por Javier Olivares, una pieza que, ciertamente, no es humorística del todo, pero que supone un ejercicio de síntesis y de narrativa visual pura magnífico.

Y la tercera es la descacharrante historia de David Lynch en Lepe, obra de Carlos de Diego, dibujante que he descubierto hace poco en El Estafador y que entrega aquí un guión lisérgico, en su línea, mezclando el dibujo clásico americano con la caricatura y el argumento desconcertante, fuera de sitio y desacorde con el estilo de dibujo.

No quiero dejarme a nadie pero tampoco se trata de hacer la lista de todos: para eso está el propio fanzine todavía a la venta. Bueno, no me quiero quedar con las ganas de por lo menos mencionar El néctar, de Paco Alcázar, que aunque no alcance el nivelazo de Silvio José emperador, está muy bien, y ¿Cuáles son los límites del humor?, de John Tones y Guitián.

Hay gente que se ha quejado del precio; a mí me parece si no barato, sí bastante ajustado. Lo mismo alguno se piensa que si vas a la imprenta y dices que es para un fanzine te lo hacen gratis. ¡Caramba!, además, no es comparable al fanzine que hacen cuatro colegas para aprender a dibujar —dicho esto con todo el respeto, por supuesto—. Es un producto bien encuadernado, con una factura excelente, que simplemente en lugar de tener detrás a una editorial tiene al señor Bartual, al que experiencia editando y maquetando precisamente no le falta. Tiene, además, cien páginas, nada habitual en fanzines. Y por último, y no menos importante, tiene una lista de colaboradores tremenda. Bartual ha tenido la habilidad e inteligencia de rodearse de autores de diferentes generaciones, y mezclar a los consagrados de El Jueves —Monteys, Entrialgo, Vergara, Manel Fontdevila— con los jóvenes valores que publican principalmente en internet, como Clara Soriano o Laura Pacheco. Me parece, de verdad, un proyecto maravilloso, que demuestra no sólo que hay autores en España realmente buenos, sino que la iniciativa personal puede ser tan válida o más que la empresarial. A ver si no tardamos demasiado en ver el segundo número.

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