Gene Colan.

Pasa el tiempo y como es natural nos vamos quedando poco a poco sin los grandes maestros del cómic. Ayer le llegó el momento a Gene Colan, un grande de verdad, un talento único que dejó su sello en cientos de tebeos de guerra, misterio y terror, antes de trabajar en Marvel, con personajes como Daredevil, Iron Man, Doctor Extraño o Capitán América. Y en Tomb of Dracula, claro, quizás su mejor trabajo, junto a Marv Wolfman. Colan no se parecía a nadie. Su estilo, elegantísimo, era único.Tenía unos lápices increíbles, acabadísimos, con los que ya daba volúmenes y sombras. Sólo Tom Palmer les supo hacer justicia. Las figuras de Colan vibraban, fluían con movimientos acuáticos, en encuadres imposibles. Fue sin duda uno de los artistas con más clase que Marvel tuvo la suerte de tener en sus series en los sesenta y setenta. Sus últimos años los pasó en el ostracismo, dibujando commisions únicamente. Lo último que recuerdo de él fue una historia corta para Daredevil, pero su último trabajo regular debe de ser de hace años.

Sus últimos días, sus últimos años, en realidad, fueron muy duros. Mucho. Y el vacío que nos deja y la necesidad de recordar su genio y su trabajo no puede impedir que denunciemos el olvido absoluto al que fue sometido, como si nunca hubiera hecho nada en su vida. Gene Colan, en su larga enfermedad, pasó por duros problemas económicos porque, como sabéis, la sanidad en EE UU es de pago. Gene Colan, el hombre que cocreando a Blade hizo ganar millones de dólares a Marvel con sus tres películas, se veía obligado a pedir el apoyo de amigos y fans que montando eventos benéficos y comprándole cómics firmados y commisions fueron sufragando los gastos hospitalarios mientras Marvel, como siempre, miró hacia otro lado. Así que hoy no me habléis de industria, no me vengáis con su papel imprescindible para sostener el cómic y demás. Porque la industria se cimenta en esto, en chupar el trabajo y la sangre de los que tienen el talento, llámese Marvel allí o Bruguera acá. De aprovecharse de gente como Colan que, si querían dibujar, no tenían más opción que plegarse a lo que había. Fue feliz dibujando, pese a todo. Hizo cómics maravillosos. Vivió una vida larga y provechosa. Yo no he llorado hoy por él. Lloré, de rabia, hace un par de meses, cuando una persona muy cercana a él, el que organizaba las subastas de material para pagar su cuidado, anunció que ya no podía seguir firmando tebeos para los fans porque estaba demasiado débil. Hasta el último aliento.

Gene Colan, maestro, descansa, que te lo has ganado. La historia te dará lo que la industria te ha negado en vida.

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