Polina, de Bastien Vivès.

Hoy he leído Polina, de Bastien Vivès. “A buenas horas”, pensaréis algunos, y sí, yo también tengo la impresión de que ya se ha dicho mucho sobre la obra. Pero bueno, yo a mi ritmo. Y la verdad es que, quizás precisamente por las críticas que había leído, me ha gustado más de lo que esperaba que me iba a gustar, aunque sin fuegos artificiales.

Partimos de que a mí Vivès no me, aunque estoy convencidísimo de que tarde o temprano sí me. Es un monstruo del dibujo con una habilidad natural para captar el movimiento humano que posiblemente ahora mismo no tenga parangón. Tiene también sensibilidad y muchas, muchas ganas. Con cada tebeo suyo ha querido hacer además algo diferente… pero diferente a nivel técnico. Mi problema con Vivès no es de estilo, sino de contenido: amores postadolescentes entre chicos y chicas de portada de revista de moda, caprichosos y superficiales, y especialmente las muchachas, para mí insoportables.

Y mira tú por dónde, precisamente en Polina se libra de bastante de ese —para mí— lastre. Polina, la protagonista, no es tan petarda como las chicas de Amistad estrecha o En tus ojos. Es una protagonista con la que se puede empatizar un mínimo, sin perder por ello cierto halo de misterio. Se nota también un esfuerzo por salir de la historia de encuentro más o menos amoroso que vertebraba varias de sus obras, por contar otra cosa, por demostrar que podía ser más. Le sale a medias, pero el esfuerzo ya es significativo.

Digo que le sale a medias porque es cierto que se pierde en una historia con tal extensión, que el ritmo se resiente, las secuencias significativas del cómic están, por decirlo de algún modo, “mal distribuidas”… rodeadas de demasiada paja. Durante su estancia en la escuela de danza el Teatro cada dos por tres Vivès introduce escenas de charla insustancial con los compañeros o salidas nocturnas que aportan matices pero secuestran atención y espacio de lo que de verdad me interesaba, la relación entre Polina y el duro profesor Bojinski, esa tensión sexual que se atisba en algunas escenas y que está detrás de su historia profesional, sin llegar a estallar nunca. El desarrollo de la vida artística de Polina, que Vivès lleva al centro de la historia deliberadamente, avanza con cierta agilidad y amplias elipsis, pero falta profundidad. He leído y me han dicho personas que están familiarizadas con el mundo de la danza que en absoluto es como Vivès lo representa. A mí, sin tener ni idea, cierta sensación de cartón piedra sí me da, de artificiosidad, sobre todo cuando ensayan, o cuando hablan de tal o cual estilo… Y no, no soy de los que piensa que la documentación es lo de menos, que esta historia va de sentimientos… No, la documentación es crucial. La documentación es lo que evita que la trama se caiga del escenario, y lo que hace que nos traguemos la historia porque todo lo que la rodea es real. Y aquí eso falla, entre algo y bastante según se conozcan los entresijos del mundillo.

En el lado positivo de la balanza, el dominio de Vivès del blanco y negro, magistral, y las escenas de danza, donde, como no podía ser de otra manera, se luce que da gusto. Las escenas que comparten Polina y Bojinski están perfectas, aunque sean escasas. El final puede que sea el que más me ha gustado de todos sus cómics. Pero sobre todo, lo más positivo es el mero hecho de haberlo intentado. Vivès ha salido de un nido cómodo y confortable para lanzarse a la aventura. Por supuesto, aún hay mucho en común con sus anteriores obras, es lógico, y deseable además, porque no hay motivo para desechar sus puntos fuertes. Simplemente los emplea en otra dirección, lo cual es precisamente lo que yo estaba esperando de él. Con ello demuestra, creo, que es consciente de que aún está aprendiendo y que encasillarse es precisamente lo contrario a aprender. El resultado es irregular, sí, pero ya dejará de serlo. ¿Era demasiado pronto para una obra tan ambiciosa? Pues no lo sé. Tampoco es que pretenda revolucionar los cimientos del noveno arte; es un cómic extenso, en el que se lanza a ver qué sale, nada más y nada menos.

O sea, que al final, vuelvo al principio: sí pero no. Vivès tiene la mala suerte de tener un talento enorme, y en función de él se le exige. Polina desde mi punto de vista es una obra fallida, pero no la peor del autor, y tiene suficientes hallazgos para ser aún más positivos con respecto a su futuro. Su juventud no debe servir para relajar el juicio que hagamos de sus cómics, sino precisamente para tener la certeza de que el margen de mejora es inmenso. Un día nos dejará con la boca abierta, garantizado.

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2 thoughts on “Polina, de Bastien Vivès.

  1. Has descrito muy bien casi todas las sensaciones que he tenido leyendo este libro. Yo creo que Vivès tenía un principio y un final, y en medio ha tirado millas sin pensarlo mucho. Y se nota. El principio y el final -sobre todo el final- son muy buenos. Y todo lo que hay en medio, prescindible.

    A mí Vivès sí que me, pero aquí ha pinchado un poco. Se lo perdono, eso sí, porque de momento el balance sigue jugando a su favor.

  2. Sí, tienes razón, yo creo que algo de eso hay. Sobran escenas, quizás si hubiera hecho un álbum con la extensión acostumbrada, concretando más, habría quedado mejor. Pero ya digo, yo aprecio el intento de liberarse de normas previas. A ver qué hace la próxima vez, que seguro que no tarda mucho.

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