Silver Surfer: Parábola, de Stan Lee y Moebius.

En plenos años 80, un Stan Lee cuyos mejores tiempos ya habían pasado se juntó con Jean Giroud ‘Moebius’ para colaborar en una historia de Silver Surfer, personaje que gustaba mucho al dibujante francés. De este extraño encuentro surgió Parábola, una serie limitada que supone uno de los productos más excepcionales de la factoría de parir tebeos que era ya Marvel por aquel entonces. Parábola pretende ser un cómic de autor, de calidad, alejado de la producción mensual e incluso de la continuidad oficial del universo Marvel. Y desde luego, el nombre de Moebius no puede tomarse a la ligera, aunque desconozco su nivel de popularidad en los EE UU de los ochenta. En todo caso su, que recuerde, única colaboración con Marvel bien merece una lectura.

Parábola es justamente eso, una parábola del sentimiento religioso y del fanatismo humano, encarnada en la venida de Galactus. En realidad, Lee retoma la idea inicial de la aventura contenida en Fantastic Four 48 a 50, pero la hace menos críptica, más obvia. Sí, true believers, por si no os disteis cuenta, Galactus es Dios. Y este dios llega a una Tierra que es la nuestra, pero no la Tierra Marvel: los superhéroes no parecen existir y sus habitantes recuerdan vagamente a Galactus y Silver Surfer, pero los califican de leyendas. El dibujo de Moebius, siempre con un punto futurista, no ayuda tampoco a situar la acción. No hace falta, en realidad: la historia funciona como una fábula antes que como un episodio más de la saga Marvel, y como tal puede leerse incluso sin saber demasiado de los personajes.

El problema es que es todo tan simple, tan obvio, el mensaje tan manido —el fanatismo es malo; gracias, Stan, si no me lo dices no me entero—, que difícilmente puedo considerar Parábola un cómic de calado. Me podrán decir que el noventa por cierto de los cómics del género también son simplistas, obvios y manidos, y sí, pueden serlo, pero no tienen la pátina de sobriedad y trascendencia de éste. Dicho de otro modo, cuando Lee, Kirby y Ditko firmaban según qué delirios en los sesenta, lo hacían conscientes de que era puro entretenimiento antes que otra cosa. Y eran los sesenta, claro, ésa es otra. Lee no puede escribir los mismos diálogos rimbombantes llenos de exclamaciones e hipérbatos que veinticinco años antes y pretender además que lo tomemos en serio, precisamente en la década en la que el género había madurado definitivamente.

El argumento está lleno de lugares comunes. Al llegar Galactus a la Tierra, todo el mundo comienza a adorarlo como un dios, azuzados por un telepredicador —de una religión indeterminada, por supuesto, para no herir sensibilidades— llamado Candell que no podría estar más estereotipado. Comienza el pillaje y la barbarie en nombre del nuevo dios sin que haya la más mínima oposición por parte de ningún gobierno, que no sólo ni siquiera se plantean atacar a Galactus sino que llaman a consulta Candell para saber qué hacer. Aparece entonces Silver Surfer, o Estela Plateada si lo prefieren, para denunciar al falso profeta y enfrentarse a Galactus, que desvela que su plan, dado que había jurado no dañar a los humanos, era hacer que se mataran entre ellos para después devorar el planeta. Los encontronazos entre Galactus y Silver Surfer son lo mejor del tebeo, porque se desmarca Lee de tanto tópico y sabe darle cierto dramatismo —en eso no había perdido mano.

La supuesta poesía de Parábola me parece que es únicamente visual. Moebius, sin firmar uno de sus mejores trabajos, está por encima de casi cualquier dibujante de Marvel de la época. Su Silver Surfer, sin llegar a la potencia del de Jack Kirby, es tremendamente atractivo, aunque el que subyuga de verdad es su Galactus, un pétreo coloso que Moebius hace suyo y al que mueve en espectaculares viñetas por una ciudad que cae como si fuera de papel a su paso. Sólo puede reprochársele el baile de tamaños; cuando aterriza en medio de los edificios se le ve decenas de metros más alto que los rascacielos, pero en posteriores escenas es más o menos del tamaño de éstos.

La hermana del fanático predicador juega el papel al que tantísimas veces relega Lee a sus personajes femeninos: el de víctima propiciatoria para que el villano comprenda lo errado de su comportamiento y lo corrija. No haré sangre en esta cuestión porque sería mucho pedir a alguien que consideraba que la primera Avispa era una mujer “liberada” que escriba una que no sea un tópico andante. La cuestión es que a partir de la muerte de su hermana, responsabilidad de Galactus por impedir éste que Surfer la salvara, Candell comienza a clamar contra el gigante. Y entonces sí, la gente se da cuenta, sólo por eso, de que Galactus no es un dios, y el ejército lo ataca, ayudando a Silver Surfer. Finalmente, Galactus decide marcharse, como ya hizo en su primera venida. El desenlace es tan tópico como el resto del cómic, pero tiene cierta gracia: la humanidad, una masa de borregos necesitados de un mesías, suplican a Surfer que los guíe. Y éste, para salvarlos de esa necesidad, empieza a exigir disparates para enfurecerlos y que lo rechacen. Así, el sereno exheraldo de Galactus se marcha de nuevo a vagar por el universo, y deja a los humanos solos con su libertad.

Poco más que añadir sobre Parábola. Lo mismo si el tebeo fuera de 1968 en lugar de 1988 habría sido una revolución. Pero en su momento, me temo que se queda muy, muy corto en sus ambiciones. La trilogía original de Galactus me parece, en su contexto, mucho más profunda e inteligente, capaz de construir una parábola sin anunciarlo de manera tan simple —¡directamente en el título!—, y sí, más poética: hay más impacto y reflexión en aquella viñeta en la que la Antorcha Humana exclama “we’re like ants… just ants… ants!!” que en todo Parábola. Por supuesto, el espectáculo visual está ahí, y no es poca cosa: justifica la lectura sobradamente. Pero fue una oportunidad perdida de emplear a Moebius en una historia mejor.

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5 thoughts on “Silver Surfer: Parábola, de Stan Lee y Moebius.

  1. A pesar de todo lo que comentas… me ha apetecido releerlo. O bueno, tal vez me contente con remirarlo. No recordaba ni una línea del guión, pero sí que recuerdo algunos dibujos. Por algo será.

  2. Hombre, no, no es puede comparar un “encuentro estelar” de dos autorazos más o menos revenidos (sus obras maestras ya contaban con lustros de edad en los ochentaymuchos) con el momentazo Galactus original; y sí, el guión es lo que es, algo para críos que quiere dejarles mensajito. Torpemente, con tanta transparencia que sonroja, imagino, leído hoy (inciso, lo leí en su día, tengo la edición Fórum). Vamos, que comparto tu crítica al 100%, auqeque lo dicho, no se puede comparar lo que hicieron Lee/kirby con esto, es poner al nivel una obra maestra y una curiosidad.
    Moebius, eso sí, creo que lo borda porque está encantado de probar el estilo Marvel, el modo comic book. Yo creo recordar de entrevistas que ese vaivén de tamaños en mister G es intencionado, para presentar una fuerza cósmica, algo no del todo tangible, medible, físico…

  3. Alberto, es que el dibujo mola, sobre todo Galactus, ya digo. Yo estoy seguro de que probablemente no lo vuelva a leer nunca más, pero lo ojeraré bastante ;).

    Octavio, tal vez tengas razón en que son incomparables, pero bueno, no dejan de ser cómics del mismo género… Yo iba sobre todo al dato de la fecha de realización, en teoría, sobre el papel, en 1988 sería más fácil tratar temas trascendentales y “profundos” en un cómic de capas que en los sesenta, pero el resultado, contextualizado, me parece más simplista.

    Ah, y tomo nota del tema del tamaño de Galactus, no supe verlo, lo achaqué a fallos de rácord causados por el formato de serie limitada.

    Un saludo a ambos.

  4. Respecto al tamaño de galactus, moebius dijo: ” a lo largo de la historia modifique las proporciones de galactus para enfatizar este enfoque dramatico, tiene la cuidadad a sus pies y el surfista seria tan pequeño como una de sus uñas. Después lo tiene en la palma de la mano como un ratón, esos cambios no me importan porque son parte de la naturaleza misma del personaje “

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