Un perfume llamado Nostalgia.

La nostalgia es inevitable, supongo. Al menos en algún grado. No tiene nada de malo en pequeñas dosis. Pero a veces se convierte en algo peligroso. O muy frecuentemente, en realidad. La nostalgia nos puede llevar a considerar que cualquier elemento de nuestro pasado era mejor por el mero hecho de ser del pasado, y a justificar o legitimar determinadas cuestiones por el mismo motivo. La nostalgia mal entendida anula la capacidad de juicio y lo subordina todo a lo emocional, con el agravante, además, de la benevolencia con la que acostumbramos a tratar nuestro pasado y la pátina del paso del tiempo, que desgasta los malos recuerdos.

La nostalgia es además muy, muy traicionera. Nosotros construimos nuestro pasado. Consciente y inconscientemente, seleccionamos nuestros recuerdos y los modificamos para montarnos una película que nos guste. Por ello yo siempre intento estar alerta contra la nostalgia. Es la peor amiga que puedo tener, porque me confunde y me engaña. Pero que nadie se equivoque; yo pienso mucho, demasiado, en mi pasado personal, y en cuanto a las artes, soy perfectamente capaz de sumergirme en obras que tienen para mí un fuerte valor sentimental. ¿Entonces? Entonces, lo que estoy intentando decir es que hay que saber separar una cosa de otra. Y que no se hace siempre.

Una anécdota. Hace unos años cuando Cuatro era una cadena enrollada y joven que buscaba descaradamente el target de los que habían crecido en los años ochenta, comenzó a emitir muchas series de entonces. Entre ellas, El gran héroe americano, mito de mi generación y serie reivindicada una y otra vez en conversaciones de bar que acababan con todos borrachos coreando la canción de Los mosqueperros. Bien, al principio, todo el mundo dio palmas. En poco tiempo, serie cancelada porque no la veía ni dios. ¿Qué pasó? Pues que resultó que en sus cabezas la serie era mucho mejor que en la realidad.

La nostalgia siempre exige que exista un sentimiento de pérdida irreparable. Añoro el pasado porque no puedo recuperarlo, porque forma parte de mis recuerdos. “¿Os acordáis del bollo de la pantera rosa? ¡Qué recuerdos!”. No me hace falta acordarme, capullo, voy a la tienda de la esquina y me compro uno, que no se ha ido a ninguna parte. Aplíquese lo mismo a casi cualquier serie o película que hoy es perfectamente recuperable gracias a internet. Pero muy poca gente hace eso. La nostalgia causa placer porque crea vínculos generacionales con otras personas, es un placer en sí mismo. Recordar con añoranza cómo molaba tal o cual serie produce un instante de una sensación placentera, aunque agridulce; ver esa serie de nuevo ya es otra cuestión. Porque, claro, mucha gente al crecer ya no soportaría ver ni las buenas ni las malas.

Por eso digo que yo intento siempre luchar contra la nostalgia. No quiero adorar falsos ídolos; quiero derribarlos. Las obras son hijas de su tiempo en un sentido global, pero no son hijas de nuestras circunstancias personales. Serán buenas o malas independientemente de que un señor de cuarenta años recuerde qué buenos ratos pasaba cuando tenía cinco y comía un bocata de nocilla mientras veía la televisión: Regreso al futuro es una película excelente no porque sea de los ochenta, sino porque es excelente. A mí nadie va a quitarme ese tipo de recuerdos, también los tengo, y muchos —tengo muy buena memoria para determinadas cosas—, pero procuro traer a mi presente, a la persona que soy actualmente, todas las obras, y juzgarlas como lo que son. Porque aunque les parezca mentira, en los ochenta no todo era maravilloso. Había tanta mierda como ahora, o más. Y no pasa nada por reconocer que disfrutamos volviendo al pasado mientras consumimos alguna mierda, todos los hacemos. Lo ilógico es sobredimensionar las emociones que nos produce y legitimar la obra en el plano artístico. Y no pasa nada. Yo vi Ulises 31 recientemente y me pareció una serie muy bien hecha de ciencia ficción, con problemas típicos de su época, pero con elementos muy interesantes. Y la recordaba muy vagamente de cuando era chaval —me acordaba sobre todo de su canción, claro—. Sin embargo, con doce años flipaba con Transformers y cuando de mayor vi episodios me pareció un coñazo lentísimo, que desaprovechaba un gran concepto en una serie ñoña y blanda por culpa de los códigos de la tele americana. Pero tomar conciencia de eso no anula automáticamente todos mis recuerdos de cuando la veía, o cuando dibujaba a los robotos y me inventaba nuevos, o las interminables discusiones en el patio del colegio sobre cuál molaba más. El rollo “habéis violado mi infancia” no me va en absoluto. Mi infancia es el pasado, y es inviolable… y no tiene nada que ver con la valoración que pueda hacer de algo. Normalmente, estos talibanes del pasado pueden hacer cierto ruido en internet —de vez en cuando te envían un puto correo cadena de cómo molaba ser niño en los ochenta o de todas esas series míticas, todas obras maestras sin excepción, hasta Los Fruitis— pero no influyen en el mercado y en la propia producción artística. Porque ya no son consumidores, en realidad. Un productor televisivo no diseña una serie de dibujos pensando en lo que le gustará a un cuarentón, precisamente. Ni un escritor se sienta a escribir intentando agradar a niños de los ochenta. Pero ¿y los tebeos?

Ha costado llegar, ¿eh? A ver, ¿qué sucede en el mundo del cómic? ¿Qué pasa cuando todo un mercado está sostenido por talibanes del pasado, cuarentones y cincuentones que tienen en el altar lo que leyeron de pequeños simplemente por el hecho de leerlo de pequeños? Pues pasa lo que estamos viendo a diario. Pasa el reboot de DC, por ejemplo. Pasa el desprecio sistemático a todo lo que no tenga dos décadas de antigüedad, el menoscabo de nuevas obras y nuevas corrientes, porque se parte del dogma de fe de que lo viejo, lo que ellos leyeron de niños, es insuperable. Leyendo determinados foros y blogs —sus comentarios, más bien—, parecería que absolutamente TODO lo que se publicó antes de 1990 es oro puro. Se solicita la reedición hasta de la obra menor más oscura de un artesano, de un currante de la industria que producía a destajo por imperativo empresarial al tiempo que se desprecia con pretendida ironía cualquier obra producida fuera de esos postulados. “Yo no sé por qué se publican tantas novelas gráficas de niñatos que no saben dibujar y nos cuentan cómo se hacían pajas, mientras Juanita Pérez, el excelente cómic romántico que el maestro Pepito Gutiérrez dejó inconcluso tras realizar diez páginas continúa inédito. ¡Justicia ya!”. Vale, es una parodia, pero no me negaréis que es una actitud que existe. Y que nadie me malinterprete: ¿hay que reeditar clásicos? Sí, radical y rotundamente sí. El pasado hay que conocerlo, y hay que recuperarlo. Creo que cada reedición de un clásico, por oscuro que sea, es una excelente noticia. Pero pienso eso independientemente de su calidad. Cuando un clásico se estrella en ventas, puede ser, claro, porque no hay público para él. Pero ojo, porque quizás también lo que sucede es que no es tan bueno como creíamos. Por eso creo que es tan importante intentar leer las cosas siempre con los ojos tan limpios de nostalgia como sea posible. Un ejercicio saludable que en el cómic parece que es hasta un acto de traición hacia nuestro niño interior, y que evidencia, más que cualquier otra cosa, que el tebeo para muchos sigue siendo una cuestión infantil. Un adulto que se compra una edición facsímil de Hazañas bélicas o Roberto Alcázar y Pedrín, o que rebusca en las tiendas de viejo Patrullas-X de Vértice, no es un “amante del cómic”. Ni siquiera va a leerlos, todo lo más, hojearlos. Es simplemente alguien en busca de su infancia perdida, que quiere recuperar unas emociones irrecuperables. No le interesan los autores, ni las historias, ni se plantea la cuestión de la calidad. “Anda que no leí yo de éstos a tu edad”, le dice con los ojos húmedos a su hijo, incapaz de entender qué ve su padre en esas antiguallas y por qué paga un pastón por ellas para dejarlas muertas de risa en la estantería, pudiendo comprar la play 3.

Glorificamos lo que leímos de pequeños, nuestra puerta de entrada al cómic, y creamos edades de oro a granel. Las hay, qué duda cabe, pero también hay cosas malas, en todas las épocas. No puede ser que todo, absolutamente todo, sea una maravilla. Quizás yo he tenido mucha suerte: cuando empecé a leer cómics en serio leí tantísima mierda que ni con tres toneladas de nostalgia podría justificarla. Eso me inmunizó. Empecé a leer cómics de superhéroes en el 91, señores; eso te curte. Por muchas veces que me leyera los cómics de Scott Lobdell, por mucho que los disfrutara entonces, no puedo decir que sean buenos. No hace falta irse a ese extremo; simplemente, cuanto más leo y más conozco más series se me van cayendo de los altares. ¡Pero eso es cojonudo! Eso es buenísimo. Significa que aprendo, que maduro como lector, que no me quedo anclado, aferrado desesperadamente a la persona que fui. Strangers in Paradise tiene para mí un valor emocional altísimo. Aún puedo leerla y emocionarme de verdad. Pero hace tiempo que sé que no, no es la obra maravillosa y perfecta que yo quería ver en ella con veinte años, cuando sólo había leído Marvel y cayó en mis manos. En cambio, ya hace más de una década desde que leí From Hell y sigue provocándome las mismas sensaciones… y sigo pensando que es una obra maestra. Tal vez algún día deje de pensarlo, sí. ¡Pues genial!

Cada uno es libre de vivir su vida como quiera, por supuesto. Sólo faltaría. Si hay gente que quiere que el tebeo sea un refugio, un último bastión para sus recuerdos infantiles, que disfruta releyendo una y otra vez lo mismo y nada más, perfecto. A mí me pasa con otras cosas, y no tenemos tiempo para todo aunque queramos. Pero las actitudes que me pueden son las de los perdonavidas que no sólo creen firmemente eso, sino que intentan imponérnoslo al resto, tratando de que el cómic sea eso y sólo eso, despreciando todo lo demás. La tira de prensa más chunga es una joya por encima de cualquier tebeo actual, el último de los negros de Bob Kane le da mil vueltas a cualquier modernillo. Porque sí, por decreto, porque lo digo yo. Porque anda que no me lo he pasado yo bien con esos tebeos, anda que no los disfrutaba yo de chaval, cuánto les debo yo a esos tebeos, que me abrieron todo un mundo de… ah, no, espera, que jamás leí otra cosa. Bueno, que anda que no y ya está, punto. Cómo me lo pasaba leyéndolos mientras me comía un bocadillo de nocilla. Pues hale, vete a comprar nocilla, disfruta como te dé la gana, pero deja que el medio siga creciendo y madurando, que no es tu coto de juego particular, ni te debe nada. A mí me gustaba la nocilla de fresa, por cierto, que ya no la fabrican. Eso sí que es un drama.

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15 thoughts on “Un perfume llamado Nostalgia.

  1. es verdad si si

    pero la idea de que las cosas progresan, pues es una idea tan falsa como la de que todo lo pasado fue mejor, exactamente igual de falsa y prejuiciosa

    ¿progreso? estamos en la decadencia de occidente…
    -el rock se muere, las ultimas grandes bandas son de la decada del noventa, en los 2000 no hay un puto referente verdaderamente importante
    -el cine nunca fue una industria tan putrefacta como hoy en dìa
    -la literatura ¿todavia existe la buena literatura?
    -el arte contempooraneo… es que todavia no aparece un fotografo a la altura de Hamilton…
    -el comic… bueno, para no entrar a despotricar contra las tendencias expresivas de la novela gràfica voy a hablar de artgentina… crecì leyendo los guiones de trillo y robin wood, dibujados por solano lopes, los breccia, altuna, horacio lalia, juan gimenez, domingo mandrafina (vaya nombres no??).. y hoy que hay para leer?? lo que hace diego agrimbau y lo de salvador sanz… angel mosquito hasta cierto punto y para de contar….

    la historieta en los 80s en la argentina era muy, pero muy superior a la actual…

    es decir, hay que tratar de ser objetivo, el progreso es una de las mas grandes mentiras de nuestra civilizacion…

    saludos

  2. No, las cosas progresan, aunque sea dando tumbos y pasos hacia atrás y hacia delante… otra cuestión es que nos guste esa evolución, o que los nuevos paradigmas sean iguales que los anteriores. ¿No hay buena música, buena literatura, buen cine? Sí, pero no los vamos a encontrar en los cauces habituales, ya no está en los mismos sitios, ya no es mainstream. Hay que adaptarse con los tiempos. Por eso digo, que cuando alguien se pregunta ¿por qué no hay tebeos como los de antes? la respuesta es simple: porque estamos en el ahora. Y ahora, por ejemplo, ya no hay Jack Kirbys o Gil Kanes en el cómic de superhéroes, sus equivalentes están a otras cosas. Pero existen.
    Por supuesto que eso no significa que todo lo nuevo es mejor por serlo… No digo eso. Cada obra se debe valorar en sí misma. Por ejemplo, ya que hablas de historieta argetina, ayer empecé a leer El eternauta, y me está pareciendo una cosa impresionante, brutal. Es de 1957.

  3. es un problema terminologico The Watcher… las cosas cambian, sin duda, estan en eterno movimiento… a ese moviemiento podemos llamarle “evolucion” es el desarrollo de las cosas en el tiempo.
    Pero ¿progreso? implica crecimiento, mejora… creo yo.
    Existe el buen cine? si, existe bunas obras en todas las artes… pero son menos que antes en la mayoria de los casos…

    el ejemplo del rock es muy muy claro, donde estan los nuevos grandes referentes??? no lo hay, lamantablemente…

    Y me resulta imposible escindir esta situacion del arte de la situacion de la humanidad como tal, del sistema capitalista en decadencia, del descrimiento politico generalizado, de las purebas historicas que hay para que todos estemos convencidos que el diablo gobierna el mundo y que cambiarlo (como alguna vez se pudo creer) es imposible. De que vivimos en una maldita carcel, con el cerebro lavado por la manipulacion de la informacion…. es todo lo mismo, este mundo que conocemos esta en las ultimas. Su arte, sobrevive blillando en unos pocos… la mayoria, pues en decadencia como el mundo que habitan.

    Porque, por dios, no me niegues la proporcion de buen cine hoy y en la decada del 80 era muy distinta…

    Quiero evitar hablar de NG, poruq sin entrar en ese terreno, pruebas de la decadencia cultural las hay por todos lados..

    ¿para vos no?

  4. Sí, a ver, hasta cierto punto, sí. Pero no hay que dramatizar. Ya digo que ahora lo que sucede es que hay que buscar en otras partes… El cine comercial que se hace hoy en día es pésimo salvo excepciones, pero ahí tienes todas las series de televisión excelentes que se están haciendo, a años luz de las de los años ochenta. ¿Hay menos obras de calidad? Pues hombre, no es cuestión de ponerse a contar al peso, pero siempre hay cosas buenas. Y por ejemplo la música de los 80 en general no es que fuera la bomba, precisamente.

    De todas formas, este post va de otra cosa, en principio; no se trata de que no pueda decirse que algo ha empeorado, o que un producto de hace años sea mejor que uno actual. Lo que critico es que el único argumento que se esgrima es la solera, y la vinculación del producto con la infancia o la juventud de uno. El rollo de que lo único bueno, o lo mejor, es lo que yo veía/leía/escuchaba, sin más argumento.

    Y concretamente en el mundo del cómic, yo creo que sí estamos en un momento genial, como ya sabes. Hablo globalmente, túb me has comentado antes cosas de la historieta argentina, que no conozco suficiente como para valorar.

  5. se entiende de que va el post, es perfectamente claro, pero veras que con algo debo entretenerme en la oficina cuando no quiero trabajar….

    que bueno descubir el eternauta, lo hice a los 10 años, aunque su lectura trascendental se me escapaba… hoy me gusta mas aùn, que lo disfrutes!

  6. una cosa mas…

    en cuanto a la historieta argentina, bueno, el neoliberalismo salvaje de la decada del 90 tiene mucho que ver en la decadencia mencionada…. un poco eso y un poco a los que se quieren sumar a la tendencia NG, pero no son ni jaime hernandez ni daniel clowes… mas bien se suman poruqe les da la oportunidad de publicar siendo dibujantes mediocres, es como crear una banda de punk porque hacen temas con 3 notas… no es que se revelen contra el rock calsico, es que no les da para mas…. eso se ve mucho

    hasta luego amigo

  7. “””mas bien se suman porque les da la oportunidad de publicar siendo dibujantes mediocres, es como crear una banda de punk porque hacen temas con 3 notas… no es que se revelen contra el rock calsico, es que no les da para mas…. “””

    Jeremias, yo siempre he pensado eso, sólo que a veces si lo dices te miran mal… ¡¡Cuanto dibujante mediocre hay hoy en día contando su vida en novelas gráficas!!… y encima lo vuelven un autor de culto…

    “””¿No hay buena música, buena literatura, buen cine? Sí, pero no los vamos a encontrar en los cauces habituales, ya no está en los mismos sitios, ya no es mainstream.”””

    Totalmente cierto. Años atrás podías encontrar muy buenos cómics y muy buena música en los circuitos mainstream… hoy en día hay que buscar en circuitos más underground, salvando claro está, algunas ilustres excepciones.

    Que más puedo decir; estoy contigo Watcher, ni hay que glorificar al Spiderman de Milgrom ni hay que despotricar de todo lo que se está haciendo ahora…

    Eso sí, yo, como amante del arte en el cómic, sí que me atrevo a decir que hoy en día no hay el nivel artístico de otras épocas. Los grandes dibujantes de hoy van más de divos y si tuvieran que ponerse a dibujar la cantidad de páginas al mes que tenían que realizar Kirby o Buscema nos reiríamos del resultado final… Algunos necesitan dos o tres meses para dibujar un comic-book. Hoy en día no existe el talento sin igual de Alex Toth, John Buscema, Gene Colan o Jack Kirby.

    Saludos.

  8. Lo que comentas, Mo, creo que es una cuestión de cómo percibimos el cómic como medio. El número de páginas que un artista es capaz de producir al mes es un valor (quizás el más importante) cuando el cómic es una industria del entretenimiento que tiene que sacar x revistas al mes. Pero no es el único. Cada dibujante tiene sus plazos, Kirby encontró una forma de producir muchísimo con una gran calidad, hoy se trabaja de otra forma. Y la verdad, yo habría preferido que en lugar de seis series al mes hubiera hecho una o dos dedicándole todo su esfuerzo, acabando más el lápiz… Hoy no existe el talento de los dibujantes que mencionas, pero hay otros. A eso me refiero en el post. Las cosas han cambiado, hoy tenemos a Blutch, Blain, Ware o Sfar, que no creo que en su estilo y en el tipo de cómic que hacen sean peores que los que tú mencionas.

    Un saludo.

  9. Por supuesto que han cambiado; y en realidad para bien… Está claro que John Buscema acabó completamente quemado de ese estilo de producción de cómics; hoy en día habría realizado otro tipo de cosas… Y en el caso de haber dibujado super-héroes, lo habría hecho al estilo de Brian Hitch, dibujando lo que él quería y con mayor libertad a la hora de los plazos de entrega.

    Los cuatro que tu mencionas son grandes en su estilo y tipo de cómic; aunque en mi caso particular (y reincidimos en que de eso se trata; de gustos personales), yo prefiero a otros, como Taniguchi, Tomine o Jaime Hernández.

    Saludos.

  10. iluminadme, ¿qué es un dibujante DE CÓMICS mediocre? dibuje su autobiografía o el último Batman, ¿qué hace mediocre a un dibujante de cómics, los mismos parámetros que hacen mediocre a un ilustrador, a un retratista o a un pintor de paisajes?
    de verdad, a veces creo que se tilda de mal dibujante a un autor sin entender qué es el medio, el cómic, para el que está trabajando…

  11. y otra cosa, personalmete me entristece cuando leo a alguien que ya no se hace buena música, en plan abuelo cebolleta (y ojo, me entristece…a mí, no personalizo en terceros, no “me pareces triste” ni nada así; es una sensación más global, una mirada interna, porque yo me veo ya con una edad pero aún con la misma actitud de buscar la emoción de escuchar algo sorprendente y excitante que tenía en 1988…). Puede que no se radie en la MTV o en los 40 Principales, pero en el siglo XXI hay muchos grupos y discos memorables.
    A lo mejor es cosa de, como dice el post, escuchar sin nostalgia.

  12. Sobre la música, ya sabes que yo tengo gustos, digamos… “clásicos”. Casi todo lo que escucho es de los 60-70. Pero sé perfectamente que hoy hay muchas cosas que merecen la pena, y de hecho procuro ir descubriendo cosas dentro de los estilos que me gustan. La diferencia está, como dices, en que la música comercial, la que se radia y aparece en televisión, la que es visible, vaya, ha degenerado terriblemente. En los años 70 teníamos a Pink Floyd en el número 1 y ahora tenemos… no sé, al que toque esta semana. Pero es lo que decía antes, se trata de aprender dónde hay que buscar. Si yo hoy quiero saber qué se cuece en el fussion jazz o el folk, no pongo la tele, eso está claro.

  13. Estamos en un momento privilegiado sin duda alguna. El fallo está en nosotros: crecemos y nuestro umbral de asombro y disfrute decrece a medida que nuestros ojos ven pasar cantidad de productos. La nostalgia es humana porque realmente perseguimos es esa sensibilidad que nos producia algo en un momento concreto de gran intensidad. Nada es tan oscuro, brillante, feo, guapo como cuando eres pequeño y todo asombra.
    Y somos privilegiados porque podemos ahondar en una producción inmensa de títulos buscando joyas (antiguas y nuevas).
    Por ejemplo, no conocía a Alex Toth y el Zorro no me entusiasma, pero por curiosidad lo oí por allí y me compré una recopilación en castellano y: ¡sorpresa!. De repente estaba hipnotizado por ese trazo que crea figuras de un aparente caos. Estaba metido en el mundo del zorro y sinceramente, ¡no estaba leyendo los textos!. Mi cerebro los catalogó de serial viejuno inmediatamente y de hecho, ¡no los necesité para disfrutarlos!.
    Eso sí, si fuera pequeño lo reelería mil veces.

  14. hola
    octavio… hay dibujantes buenos mediocres y malos como hay gente que hace su labor de manera buena, mediocre o mala en cada una de las actividades humanas… dibujar no es la excepcion… y amigo, si conozco el medio….. puede que no te guste mi opinion, pero no me trates de ignorante, se exactamente de lo que hablo…

    Igerifreki:
    No se si momento tan brillante, es decir, el ultimo artista que me partio la cabeaza, que me hizo delirar con su arte, es Guido Crepax, no lo conocì hasta este año…. de modo que no son mis 30 años, es que no hay artistas que me partan la cabeza hoy por hoy…. no es nostaligia. Claro que son mis gustos, bueno, desde ellos opino.

    El Rock: el rock esta muriendo, quein no pueda verlo, tan rockero no serà…..

    saludos

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