Lobezno va a (un) infierno, de Jason Aaron y Renato Guedes.

Tengo un amigo al que le gusta mucho Lobezno. Le mola de verdad el personaje. Y como no está nada metido en el rollo de los cómics y además tiene muy poco tiempo libre, le hago el favor de comprarle la serie desde hace años cuando voy a la librería especializada. Y ya que estoy me los leo. Sé que suena a excusa barata, a “que no, que no es pa mí, que yo ya no me meto nada”, pero es verdad. Así que Lobezno es, X-Factor aparte, mi único contacto con el día a día de Marvel en directo, más allá de lo que pueda leer en los blogs. En realidad Lobezno va bastante a su aire, porque supongo que para eso está ya el pobre Logan explotado en mil grupos, para que le dejen vivir tranquilo en su cabecera. Pero, bueno, a lo que voy: que definitivamente estos tebeos ya no son para mí. Qué rollete, en serio.

El guionista es Jason Aaron, que se supone que es bueno —digo que se “supone” porque no he leído nada de él—, pero si esto es lo mejor que puede ofrecer Marvel… apaga y vámonos. Del dibujante mejor no opino.

Para empezar, lo que más me llama la atención es que esta historia de Lobezno —que todavía no ha terminado, aunque da un poco igual para las cosas que voy a comentar— ejemplifica a la perfección, de forma casi canónica, el cacao mental que tiene Marvel con la continuidad, el sí pero no constante que marea al lector veterano y aleja al neófito. Resulta que Lobezno es enviado al infierno por una especie de asocación de damnificados por sus asesinatos, lo que cual en principio no es mala idea. Y en el infierno, el guionista se afana en ponerle a pelear con todos los villanos que ha enviado a la tumba, que se reconozcan, hasta algunos bastante oscuros, como un telépata chulangas con gafas de sol —que las sigue llevando en el infierno, además—. Son guiños para el lector veterano, para que juegue al quién es quién, pero es algo completamente superficial, fácil. Porque luego resulta que en cuanto uno se pone a leer, todo carece de sentido. Para empezar, Logan es enviado a un infierno… otro más. El universo Marvel debe de tener como tres o cuatro —el de Mefisto, el Limbo y el de Dante de aquel annual de los X-Men—. No sé, de hecho, cómo se aclaran los superhéroes cuando se tienen que pasar por allí a rescatar el alma de algún colega. Pues hale, nos inventamos otro, con otro jefazo, bastante cutre, además, un demonio random que asegura ser el lucero del alba. Y Mefisto en su casa haciendo zapping, imagino. Luego, claro, de estos barros vendrán los lodos: Logan nos cuenta en voz en off que ha visto de todo y tal, y nunca ha creído en dioses o en el más allá, pero que ahora —redoble de tambores y fanfarria de trompetas— cree en el infierno. Uau. Se ve que las otras treinta y dos veces que ha estado en un infierno no prestaba mucha atención. Además se da la casualidad que en una historia muy reciente, en la misma serie, nos contaban un plan póstumo del finado Rondador Nocturno que buscaba que Logan recuperara la fe, y de hecho en aquel tebeo Julián M. Clemente señalaba en su sección que a partir de ahora, Lobezno era creyente. Y dos días después, ya no se acuerda. El guionista no se toma la molestia ni de repasar los cuatro cómics anteriores a su llegada. Y bueno, luego ya tenemos el detalle, puñetero por mi parte, vale, de que vemos a Coloso sangrar en forma blindada, cuando se supone que el acero orgánico no lo recubre, sino que todo él está hecho de este material, incluyendo órganos internos —que no voy a decir que tenga sentido, pero oye, no lo he inventado yo esto.

Aparte, que carga ya muchísimo que Logan sea el puto amo todo el rato. Que no le tose ni Lucifer, por dios, y eso que se supone que tiene una espada muy guay que impide que funcione el factor de curación de Lobezno, ni éste tiene adamántium en el infierno. Aburre lo indecible y no tiene ningún sentido en este caso, además. Ah, como tampoco lo tiene el cameo de Spiderman, convertido ya en el bufón oficial del universo Marvel.

Al margen de todo esto, que no deja de ser simplemente un argumento que uso para reforzar mi idea de que la continuidad, si va a ser esto, es mejor mandarla a paseo, el problema principal es otro. Son cómics no ya prescindibles, sino completamente anodinos. Escritos con el automático puesto, que se leen en tres minutos de reloj —no exagero—, sin profundidad en la caracterización ni un mínimo de emoción. A ver, que todos sabemos que Logan saldrá del follón, como siempre, que ganará y volverá al mundo de los vivos. Siempre lo hemos sabido. La gracia estaba en el cómo, claro. Pero ahora, el cómo tampoco importa: a hostias, y ya está.

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4 thoughts on “Lobezno va a (un) infierno, de Jason Aaron y Renato Guedes.

  1. No me lo voy a leer. Pero me acuerdo del Lobo’s Back un argumento muy parecido. Con un par de diferencias: Giffen y Bisley son unos gamberros y te desternillabas de la risa con Lobo repartiendo estopa a todo trapo (antes que el predicador).
    Yo no sé para que necesita Marvel superhéroes si Lobezno se basta para acabar con todo dios. Hace tiempo que Marvel me recuerda constantemente un par de versos de una canción de los Suaves “Si Cristo resucitó, puede resucitar todo Cristo”.

  2. De hecho, a falta de leer el último número, yo diría que cierto personaje bajito tiene todas las papeletas para resucitar, después del matarile absurdo que Bendis le dio a él y a su grupo.

  3. Ahora entiendo lo que faltaba en la divina comedia: cuchillos y mala leche.
    Imagino a Dante diciendo eso de “ojito conmigo que soy el mejor en lo que hago y sus vais a enterar “. Y al Virgi acojonao: ” ea, machote, tira tu por delante”. Mucho mejor hubiera quedado así. Donde vamos a parar.

  4. pues a mí me ha gustado y me sigue gustando, no suelo ser muy crítico con los comics cuando un personaje ya de por sí me gusta ¿que puede ser algo descabellado el tema del infierno, el Demonio y demás? es posible, pero Aaron lo lleva bien y el dibujo de Guedes acompaña muchísimo. Supongo que es como todo en la vida, cuestión de gustos.

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