Malos tiempos para la lírica: contra los recortes en actividades culturales.

Pintan bastos. En el plazo de unos pocos días, se ha anunciado el parón de la Mostra de cine de Valencia, el recorte drástico destinado al cómic en Galicia y el fin del Salón del Cómic de Zaragoza, que se unen a la posible suspensión de la Semana Negra de Gijón. Hay quien piensa que con el estado económico en el que nos encontramos, no sólo son aceptables estas medidas, sino aplaudibles. Bueno, pues yo no.

La cultura, en cualquiera de su formas, no es un lujo prescindible, no puede ser la primera maleta que se lance por la borda ante el exceso de equipaje. Al contrario. La cultura es la base de todo, es aquello donde se cimenta el crecimiento personal y la formación como ciudadanos de cada uno de los bípedos sin pelo que por casualidades de la vida han nacido en el mismo trozo de tierra. El político que desprecia la cultura y la ataca con sus recortes en primer lugar demuestra no sólo su catadura moral sino también su escaso nivel cultural. Sé lo que vais a decirme algunos —he hecho trampa; he estado leyendo por la red—: que preferís que se recorte el dinero que se da a los tebeos antes que en sanidad. Bien, pues desengañaos de una vez. Recortar en cultura no significará dejar a salvo la sanidad. ¿No veis las noticias? Están recortando en cultura Y en sanidad. Y en educación. Es decir, en cualquier ámbito de servicio público que no genere beneficios. El siguiente paso es la privatización. Despojar al ciudadano de lo que le pertenece legítimamente, en definitiva, y ponerlo en manos de capital privado que decidirá si nos da o no lo que necesitamos, sin que tengamos derecho a exigir. ¿Os gusta ese modelo de estado, gestionado como una gran empresa en la que todos los departamentos deben evitar los números rojos? Pues a mí no. Hay muchas otras cosas en las que los políticos podrían recortar y no lo hacen, muchas formas de evitar gastos más innecesarios que la cultura, que no es más que el chivo expiatorio de todo esto. “Miren, ciudadanos, cómo nos apretamos el cinturón, miren cómo nos ahorramos dos duros en el dinero que destinábamos a un salón del cómic”. Pero por supuesto, seguirán cobrando el mismo sueldo desmedido, viajando en los mismos cochazos oficiales. ¿Demagogia? Puede. Tal vez también lo sea mencionar los i-pads y i-phones que van a llevar sus señorías los diputados y senadores a partir de la próxima legislatura, los alcaldes que nada más ganar las elecciones aprobaron un aumento de su sueldo en el primer pleno, o las partidas presupuestarias que se destinan a dietas cada vez que hacen un viaje, o las pensiones vitalicias que cobran cuando abandonan su cargo político. O la Casa Real, ya que estamos.

Despertemos de una puta vez. La misma señora que aumentó el precio del billete sencillo del transporte público de Madrid un 50% prácticamente se lo regaló al mes siguiente a los peregrinos. Recortó salvajemente en educación y al mismo tiempo pidió una policía autonómica para limpiar las calles de protestas contra su gestión y el sistema político. Pongo estos ejemplos porque son los que tengo más cerca, pero los hay en casi cualquier punto de España. Dejemos de tragar. Ahora, de repente, no hay dinero para nada… para nada que a ellos no les interese, claro. La crisis se ha convertido en la excusa perfecta no sólo para entregar servicios públicos a manos de empresarios rancios, sino también para eliminar esas cosas que ellos consideran chorradas que concedieron un día para hacerse los guays pero que jamás han apoyado de verdad.

Hay quien está radicalmente en contra de dar dinero público a la cultura. Gente que oye la palabra ‘subvención’ y empieza a despotricar. Sé por qué. La industria del cine, con razones en muchos casos, ha terminado por crear un ambiente general en contra, porque se tiene la sensación de que las subvenciones que se les dan se malgastan, que el cine español no mira al espectador, etc. Y es verdad que ciertas prácticas y el oscurantismo que se percibe alrededor no son positivos. Pero que el modelo para gestionar esas subvenciones no sea bueno no implica que no fuera posible otro, ni mucho menos que las subvenciones en sí sean malas. Porque, amigos, TODO se subvenciona. Para eso está el dinero público, para permitir que ciertas actividades necesarias puedan realizarse sin depender de su viabilidad económica. Pretender que todo se financie con capital privado y que además tenga que arrojar beneficios por narices no es más que ultraliberalismo del más perverso. Oigo a uno allí al fondo: “Pero yo no pago impuestos para que se les dé dinero a los de los tebeítos, a mí no me interesan para nada”. No, tú pagas impuestos para lo que el conjunto de nosotros decidimos a través de nuestros representantes —y ojalá fuera de manera más directa— que los pagas. Pagas impuestos para el campo español aunque no consumas sus productos. Pagas las universidades aunque no tengas intención de ir nunca, pagas la televisión pública aunque no la veas, pagas las bibliotecas públicas aunque no sepas leer. Pagas la sanidad aunque no te pongas enfermo jamás en tu vida, pagas las carreteras aunque no sepas conducir, y los aeropuertos aunque tengas fobia a volar. Y sí, pagas para que se organicen eventos culturales y se destine dinero a los creadores, para fomentar la cultura. Porque la gestión de los impuestos se basa en el principio de solidaridad, no en lo que a cada cual le interese.

Plantémonos. Hay decenas de ámbitos en los que el gasto es más superfluo. Es obsceno que se entreguen millones de euros a los bancos cada vez que abran la boca mientras al ciudadano lo crujen, o que la mayor parte de los clubes de fútbol de primera división deban otros tantos a Hacienda, y que nos digan que no hay 30.000 euros para un salón del cómic en Zaragoza. Es de risa, en realidad. Así que ya está bien. No caigamos en la trampa de la crisis. Si nos dejamos arrebatar la cultura, jamás nos la devolverán. Siempre habrá algo más importante a lo que destinar el dinero, y sobre todo, formas de malgastarlo sin que nos enteremos. Y si nos van a joder de todas formas, por lo menos no se lo pongamos tan fácil.

Firma contra los recortes en el presupuesto para el cómic gallego.


2 thoughts on “Malos tiempos para la lírica: contra los recortes en actividades culturales.

  1. Tenemos los políticos que merecemos. Somos espectadores en un circo que saben lo conformista que es su público. Subida de impuestos, de precios… conjelación de sueldos. Hipotecas al alza. Educación inestable y sin dirección. Una sanidad mediocre y endeudada hasta las cejas. Bancos intocables. El ejercito va bien, en los tiempos que corren es necesario no sea que nos de por salir a la calle a quejarnos en masa. La cultura. ¿Cuándo ha sido importante la cultura para los políticos en España?
    Pero tenemos fútbol. O furbo, como lo llamarán en unos años de seguir así la educación. Al menos la sgae está dirigida por gente honrada.

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