Némesis, de Mark Millar y Steve McNiven.

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Mark Millar lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a parir un producto creado con milimétrica precisión para epatar al lector medio y vender el guión a Hollywood. Su nombre, Nemesis.

Nemesis es una serie limitada, publicada por Panini en formato de tomo, que plantea un escenario en el que un villano amoral, vestido de inmaculado blanco, simplemente se aburre y decide acosar a los mejores policías del mundo, enfrentarse a ellos en una partida de inteligencia y anticipación que hasta el momento se había saldado siempre con una victoria del psicópata. Pero esta vez se fija en un policía veterano de Washington con el que la cosa va a ser un poco diferente.

No se puede decir mucho más sin destripar la trama. Su desarrollo es el de siempre: arrancamos bien, parece que la cosa va a ser interesante, pero enseguida entramos en el universo Millar. No mejora. Sus tics, sus trucos argumentales que se ven venir a kilómetros, sus diálogos cool, sus personajes estereotipados… Millar no está interesado en variar eso. Puede volverse cada vez más sofisticado en la cuestión comercial, cada vez más efectivo —Supercrooks se realizará de manera simultánea a su adaptación al cine—, pero la fórmula es la que es. Situaciones extremas, una sucesión de violencia sin sentido que por su abundancia es completamente inefectiva, y lo dicho, un truco de guión tras otro, una colección de deus ex machina completamente inverosímil. La trama avanza a base de golpes de efecto que o son previsibles o no tienen coherencia alguna. A confía ciegamente en B y lo dice varias veces a lo largo del tebeo, lo que garantiza que al final B esté conchabado con C. Igualmente, Nemesis está lleno de elementos de la trama que son así porque Millar lo dice, porque lo necesita para seguir adelante. No se molesta en explicar absolutamente nada, o de dotar de cierta consistencia a su historia. El policía recibe una nota de Nemesis en el que éste le informa de que es su nuevo objetivo. El policía pregunta si es auténtica, y otro policía le dice “Lo ha comprobado la Interpol”. Y andando. Da lo mismo. Nemesis quiere ser un espectáculo visual, un entretenimiento en el que simplemente nos dejemos llevar a través de una orgía de muertes y explosiones hasta la emocionante conclusión.

La gracia pretende estar en que no hay una trágica historia detrás del villano. Es un ser sin motivaciones, aburrido, que hace lo que hace por el mero placer de hacerlo, y encuentra el fin lógico a su impulso nihilista a manos de un policía más duro que él. El problema es que esto, tras la versión del Joker de Christopher Nolan, es cualquier cosa menos original. Millar calca sin complejos el modus operandi del Joker y de paso le fusila el coche con moto dentro a Batman. Pero al margen de las referencias más o menos descaradas… algo falla. Y creo que es una cuestión de fechas. Millar presenta a un villano que no impresiona a estas alturas porque ya lo hemos visto mil veces. Tampoco lo hacen sus burradas más, digamos, psicológicas. Me refiero a que las cosas más extremas que hace Nemesis no son pura casquería —Millar no es Garth Ennis, para entendernos—, sino que son maneras de cargarse la vida de alguien más sutiles y perversas. Pero ya no estamos en 2000. Lo hemos visto ya tantas veces, muchas de ellas en sus cómics, que ya estamos de vuelta de todo. O quizás es que yo soy ya demasiado cínico, pero en todo caso, si hace una década ya hizo que un villano viajara en el tiempo para violar a su adversaria cuando era niña, ¿qué puede hacer después de eso? Desde luego lo que hace en Nemesis¸que no voy a revelar para no fastidiarle a nadie el tebeo, no impacta porque sencillamente no tiene sentido alguno que no pueda deshacerse fácilmente. Y hasta aquí puedo leer.

El dibujante, que no lo he mencionado todavía, es Steve McNiven, un autor impactante en la viñeta página y poco más. Apenas ha subsanado sus carencias narrativas desde los tiempos de Civil War o Old Man Logan, aunque al menos consigue escenas de acción algo menos agarrotadas. Pero siguen pareciendo sus tebeos una colección de postales, esta vez además afeadas por la reproducción directa de los lápices quemados, sin entintador, algo que, y admito que esto es opinión personal, rara vez queda bien.

Lo que salva a Mark Millar es que se lo cree. Se lo cree de verdad, no está siendo cínico, no da la sensación de estar riéndose de su lector medio como otros guionistas del mainstream. Quiere, con toda sinceridad, ofrecer un producto orgulloso de serlo, una hamburguesa con todos sus ingredientes, un rato de ocio sin pretensiones que nos haga evadirnos y disfrutar. Pero ocurre que hasta el entretenimiento más humilde tiene que responder a unas normas mínimas. No todo puede justificarse con la excusa de que la obra no tiene pretensiones. No cuando, precisamente, nos movemos en un género que casi por definición no tiene pretensiones intelectuales y que no por ello ha dejado de dar excelentes obras en las que no había agujeros de guión enormes y no había que estar constantemente perdonando conejos argumentales sacados de la chistera. Lo que Millar ofrece en Nemesis podría haberlo escrito atendiendo más a estas cuestiones, exprimiéndose más la cabeza para que uno no esté soltando un ¡venga ya! detrás de otro mientras lee. Pero elige no hacerlo. Y dijo que elige porque ha demostrado en el pasado que es capaz de hacerlo. Sólo que ya no quiere. Ha alcanzado un estatus que le permite no hacerlo, es una estrella cuyos trabajos son recibidos siempre con una ola de alabanzas, y su persona como si de un nuevo mesías del cómic de superhéroes se tratase. Y no puedo evitar, como siempre me pasa, acabar de hablar de Millar hablando de Warren Ellis, un guionista que hizo todo lo que hace el primero antes que él: los diálogos chulos, la narrativa cinematográfica, los excesos de héroes y villanos. Y nunca ha dejado, cono menor o mayor fortuna, de preocuparse por ofrecer además de eso una historia sólida, un trasfondo y un sustrato crítico en sus cómics, incluso en los más banales. Pero ah, nunca se ha sabido vender tan bien.

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2 thoughts on “Némesis, de Mark Millar y Steve McNiven.

  1. Amén.
    No lo he leído. Todavía estoy digiriendo lo de Kickass, Logan y demás bazofía Hollywodiense. Sí, porque está claro que lo de los cómics es una excusa, una artimaña más de la productora de turno. Siento hablar de Kickass… Really? Como dice Dean de Supernatural un millón de veces por capítulo. Una niña psicópata que no levanta dos palmos del suelo alquitranando el suelo con la sangre de la peor escoria del mundo. ¿Un freaki de 40 kilos sobreviviendo a mil palizas? Really?
    Wanted. Vi la película..gratis por supuesto. No necesito leer el cómic. No me gusto.
    Esto es lo que pasa cuando guionistas de cine, televisión acaban en los cómics……
    ¿Y has visto Spirit? No es de millar, es de miller… REally?? ¿Cómo un tipo que viene del cómic puede haberse meado y cagado encima de un clásico de Eisner así?

  2. No, no he visto Spirit, y no sé si la llegaré a ver, me da mucha cosa…
    Sobre Millar, a mí me parece evidente que guioniza con un ojo (o lo dos) puesto en la adaptación al cine, pero eso no tendría que significar que sean malos tebeos. Millar sabe hacer cómics que sin ser maravillosos cumplen su función de entretener a la perfección, o por lo menos a mí me entretienen, Pero ha entrado en esta dinámica extraña.

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