Lecciones de tebeo VII: El globo de pensamiento.

El globo o bocadillo es quizás el recurso de la historieta que más inmediatamente asociamos a ella, incluso entre las personas sin hábito de lectura de cómics. Su importancia es tal que incluso durante mucho tiempo cierta parte de los historiadores quisieron marcar con su aparición en The Yellow Kid el nacimiento del medio, aunque, por supuesto, hubiera cómics con globos mucho antes de ese momento. Al margen de esa imprecisión temporal, el hito me parece erróneo porque hubo antes de The Yellow Kid historieta sin globos de diálogo, y la siguió habiendo después. En Europa y Japón el recurso tarda en calar, pero incluso en EE UU hubo no sólo cómics cuyos textos aparecían en otro formato —Prince Valiant—, sino cómics mudos, sin texto de ningún tipo. No es por tanto elemento definidor ni mucho menos imprescindible. Pero sí es el más característico, y aparece en un porcentaje elevadísimo de todos los cómics que se han dibujado en la historia.

Hoy quiero analizar un tipo específico de globo de texto: el globo de pensamiento. Normalmente representado con una nube de forma irregular y con un rabo discontinuo formado por burbujas, el globo de pensamiento es una variante que aparece muy pronto. No he podido encontrar su primera aparición, pero, por ejemplo, ya aparece en Krazy Kat de George Herriman, que empieza a publicarse en 1913.

Desde un primer momento, se estandariza un uso del globo de pensamiento que podríamos llamar no naturalista, en el sentido de que buscó no tanto mostrar los pensamientos reales de los personajes sino utilizarlos como la llave para el monólogo interior. Así, los personajes pensaban frases completas, correctas sintáctica y gramaticalmente, para transmitir una información al lector, ya fuera sobre acciones omitidas o sobre los sentimientos o ideas de ese personaje en concreto. De este modo, era posible añadir un nivel más de complejidad al lenguaje de la historieta. El lector tenía acceso de una manera que sólo era posible en un tebeo a una información que le ayudaba a entender el desarrollo de la historia. Pero en los últimos años, un tipo determinado de cómics parece haber vetado el uso del globo de pensamiento, como señalan Pepo Pérez y Joe McCulloch. Tanto uno como otro se preguntan si, como parecen pensar creadores y editores de ese determinado sector —y si no entro a concretar es porque voy a hacerlo luego—, es un recurso desfasado, incluso infantil. Ambos llegan a la conclusión de que no, que es la misma a la que llego yo. Pero empecemos por el principio.

He dicho antes que el primer uso del globo de pensamiento fue dar cabida al monólogo interior. Así lo vemos, por ejemplo, en esta página de Puppet Peril, de Ernie Bache y Harry Harrison de 1951, aparecida en la antología Four Color Fear (Diábolo Ediciones, 2011).

En la viñeta vemos cómo un personaje se dirige a un taxista que se aleja, y luego el globo muta en su segunda mitad para indicar que lo que sigue no se dice, sino que se piensa. Pero como decía, eso es una convención. Nadie piensa así. El texto es una información que se da a lector a través de un personaje, pero podría haberse hecho a través de un narrador omnisciente en cartucho de texto. Tal y como están formuladas la pregunta y la exclamación, recuerda poderosamente a la manera en la que se manejaban los apartes en el teatro barroco, y de hecho, cumplen una función similar: son frases que se dicen al espectador/lector, pero que ningún otro personaje escucha. Tanto con el globo de pensamiento como con el aparte simplemente se abre un canal para que un personaje hable con el receptor de la obra, rompiendo de una manera discreta la cuarta pared, porque aunque no se diga explícitamente, tanto uno como otro recurso sólo tienen sentido porque hay alguien ahí, escuchando o leyendo, y eso se pone de manifiesto cuando dichos recursos se activan, igual que cuando aparece el narrador, sólo que en el caso que estamos analizando, implica necesariamente que el personaje reconoce que tiene una audiencia. Son, en realidad, artificios del medio para transmitir un mensaje.

Fijémonos ahora en la evolución de este recurso en The Amazing Spider-man, serie cuyo protagonista si se caracteriza por algo es precisamente por su afición a reflexionar a cámara. En los primeros tiempos de Marvel, era muy habitual que los personajes directamente hablaran solos —y la cursiva viene a cuento porque no lo hacen, claro, de nuevo, están hablando con el lector—, es decir, que el globo era convencional. Eran monólogos interiores en voz alta. Fue un recurso ampliamente utilizado por Stan Lee pero que siguió usándose después, por ejemplo por Roy Thomas, pero también por su sucesor en The Amazing Spider-man, Gerry Conway. En la siguiente página de Conway, Gil Kane y John Romita del Amazing #121, publicado en 1973 (Spiderman de John Romita #52, Planeta, 2003) podemos ver un buen ejemplo de cómo esto seguía siendo habitual y natural, en el sentido de que se aceptaba como una convención.

Si saltamos cinco años hacia delante, en el The Amazing Spider-man #181 de 1978, obra de Bill Mantlo, Sal Buscema y Mike Esposito (Spiderman de John Romita #67, Planeta, 2004) podemos apreciar cómo exactamente el mismo recurso, el monólogo, ya se presenta en forma de globos de pensamiento, se ha interiorizado, como si de repente —no tan de repente, es un decir— el guionista se diera cuenta de que la idea de que la gente hable sola en voz alta es excesivamente artificial, irreal. Ahora, la estandarización del globo de pensamiento, que por supuesto ya se usaba así mucho antes, pero siempre alternando con el soliloquio en voz alta, dominará este tipo de situaciones, y se convierte en un paso más en esa pretendida verosimilitud que es en realidad totalmente falsa. Si la gente, efectivamente, no va por la calle hablando sola, tampoco piensan con semejante coherencia.

Saltamos de nuevo, esta vez a 2001. The Amazing Spider-man vol. 2 #30 (Spiderman: El hombre araña #2, Planeta, 2002), de J.M. Straczynski, John Romita Jr. y Scott Hanna.

En esta secuencia nos encontramos exactamente el mismo tipo de discurso: un monólogo. La diferencia entre las tres páginas es el formato que adopta: globo de habla, globo de pensamiento, cartucho de texto. Pero con algunas modificaciones, las tres secuencias podrían contarse con cualquiera de los tres métodos, ninguna es per se más adulta o más evolucionada. Aunque es cierto que el cartucho de texto ya implica algunas diferencias. Alejamos físicamente las palabras del personaje que las piensa, ya no están unidas a él por un rabo, y esa lejanía está simbolizando cierto alejamiento psicológico. Estilísticamente, el cartucho difumina la inmediatez del globo de pensamiento y hace que desaparezca el dilema de la excesiva elaboración de los pensamientos. Porque ya no son exactamente eso: estamos en los límites del narrador en primera persona. Tanto es así que incluso el tiempo verbal de los cartuchos es un pretérito. Pero incluso cuando es en presente, hay con frecuencia —por ejemplo en todo The Amazing Spider-man de Straczynski— una distancia indefinida: Spider-man nos cuenta su historia mientras ésta sucede, y sí, el cartucho aporta su punto de vista subjetivo, sus pensamientos, pero con la sobriedad de la narración. No suele haber exclamaciones, por ejemplo. El narrador explica sus pensamientos desde fuera, como si estuviera viendo su propia vida en televisión.

Pero, aunque ya hemos visto que no es exactamente lo mismo, se acepta de forma generalizada que el cartucho de texto en primera persona es la forma evolucionada, moderna, del globo de pensamiento. De esto ya habla McCulloch en su artículo. Él cuenta que cuando Stephen King guionizó American Vampire, presentó un guión con globos de pensamiento, dado que era lo que él había conocido. Su editor le dijo que “ya no hacemos eso”. Es una anécdota terriblemente significativa. Se adivina cierta indulgencia divertida en ese editor que percibía el globo de pensamiento como un arcaísmo, un recurso pasado de moda, simple e infantil, frente a la sofisticación del cartucho de texto o didascalia, que juzgaba más apropiado para un cómic actual y, en este caso, pretendidamente adulto. Más allá de que ya hemos visto lo cerca que están ambos recursos, me quedo con algo muy significativo: King en ningún momento se planteó que el globo de pensamiento fuera algo simple o infantil. Entendía que era un recurso más, parte inherente al lenguaje de la historieta, y como tal lo usó. Y efectivamente, como veremos en breve, lo es, sin lugar a dudas. Y sigue usándose con profusión en todo tipo de cómic, excepto en el americano industrial, en el tebeo de género, que lo ha desterrado casi totalmente. En Marvel o en DC ya no hay globos de pensamiento.

¿De dónde viene este destierro? No es difícil rastrear su origen. Principalmente está en las obras de Alan Moore en los 80, en mi opinión. Moore había escrito V de Vendetta (Norma, 2002) sin globos de pensamiento, e hizo después lo mismo en Watchmen (Norma, 2000), cuyo impacto en la industria de los superhéroes fue enorme. Al respecto, Moore comentaba en entrevistas de la época que le parecía un recurso excesivamente artificial:

“Siendo franco, como escritor, creo que la era de los bocadillos de pensamiento se ha acabado. No hay bocadillos de pensamiento en la vida real, contándote que alguien va a robarte la cartera o a invitarte a cenar a su casa. Lo que haces para formarte una opinión de alguien es observar su forma de hablar y las cosas que hace, y después es cuando piensas, “bien, es un buen tipo” o “lo odio”.

No hay bocadillos de pensamiento en las películas y se puede seguir la historia perfectamente. Un montón de escritores usan los bocadillos de pensamiento para explicar las motivaciones bastante débiles de sus personajes. En mitad de una pelea, tienen grandes losas metafísicas sobre sus cabezas. Cuando peleas, no piensas excepto en cosas como AAARGH, QUEMAR, DESTRUIR. Realmente no empiezas a pensar en los pensamientos más profundos y secretos de Immanuel Kant o alguien parecido. Hazme caso, no te abalanzas sobre una especie de travesía filosófica, especialmente cuando alguien está intentando doblar una viga de acero alrededor de tu cabeza.” (Entrevista a Alan Moore y Garry Leach en Hellfire, 1983. Traducción por Frog 2000. La entrevista completa, aquí)

Watchmen es, entre otras cosas, la culminación del modelo de narración que introdujo Milton Caniff, basado en el lenguaje cinematográfico y que buscaba la transparencia del soporte y del medio: tal y como explica Santiago García en La novela gráfica (Astiberri, 2010), se trata de que el lector se centre en la historia, que la viñeta sea una ventana a otra realidad y nada más. En ese paradigma, tiene sentido eliminar el globo de pensamiento, de la misma forma que se elimina la onomatopeya o las líneas cinéticas. Ningún elemento extradiegético tiene hueco. En Watchmen, siempre que leemos los pensamientos de algún personaje es a través de cartuchos de texto y tienen una justificación argumental. Por ejemplo, Rorschach está escribiendo su diario, al igual que su psiquiatra mientras está en la cárcel toma notas. A veces un personaje le está contando algo a otro y entonces el monólogo es real, dirigido a ese otro y no al lector exclusivamente. Por si fuera poco, el otro gran referente de la industria durante los ochenta, Dark Knight Returns (Norma, 2001), tampoco tenía globos de pensamiento. Frank Miller utilizó, como Moore, cartuchos de texto, pero sin justificación. La novedad, lo interesante de la técnica de Miller, es que en muchas ocasiones, esos cartuchos sí pretenden reflejar los pensamientos reales de Batman, a través del uso de frases cortas, poco elaboradas, con sujeto y verbo, muchas repeticiones, divagaciones… Hay un intención clara de acercarse al verdadero proceso mental y no simplemente usar el cartucho como convención narrativa.

Como suele suceder los imitadores se quedaron en la forma y pocos meditaron acerca de los motivos por los que Moore y Miller adoptaron esas soluciones. El globo de pensamiento fue desapareciendo poco a poco, aunque guionistas de corte clásico como Kurt Busiek o Mark Waid los usaban con normalidad. Pero durante la década pasada, los nuevos guionistas que fueron llegando al mainstream lo ignoraron completamente. Mark Millar o Ed Brubaker no deben de haberlo usado prácticamente nunca. Brian Michael Bendis experimentó en algún número de The Mighty Avengers con él, usándolo para hacer acotaciones en medio de un diálogo con fines humorísticos, pero enseguida agotó el gag y desechó de nuevo el globo de pensamiento. Por eso hoy en día, si un guionista lo utiliza, el editor se sorprende, y le dice que “es de otra época”, que es antiguo, de cuando los cómics eran para niños. Un personaje pensando su monólogo resulta pueril para los gustos actuales, pero si lo hace a través del cartucho, no parece haber ese problema.

Ahora bien, volvamos al globo de pensamiento y olvidemos el cartucho de texto. Uno de los usos tradicionales que ha tenido es el de representar el discurso de animales inteligentes pero en un contexto en el que los humanos no pueden comunicarse con ellos e ignoran su inteligencia. Los ejemplos más representativos probablemente sean el Garfield de Jim Davis y Snoopy, en el Peanuts de Charles Schulz.

En esta tira del año 1983 podemos ver cómo cuando los humanos están presentes Spike habla pensando, de manera que el lector puede oírle, pero no los demás personajes. En la última viñeta, Spike y Snoopy pueden comunicarse con normalidad, como si hablaran entre sí o pudieran escuchar sus pensamientos.

McCulloch llama la atención en su artículo acerca de una tradición cultural diferente: la japonesa. En el manga, el globo de pensamiento nunca se ha desterrado del todo, aunque existen otras fórmulas para transmitir información al lector a través de los pensamientos de los personajes. Lo interesante es cómo estas fórmulas se alternan en la misma obra. Puede verse en casi cualquier manga, pero vamos a extraer unos ejemplos de Captain Tsubasa (Glénat, 2004), de Yoichi Takahashi, concretamente de su tomo 26, publicado originalmente en 1986.

En la siguiente viñeta, podemos ver un globo de pensamiento convencional.

En cambio, en ésta otra el pensamiento está contenido en una didascalia, que además se encuentra desplazada en una viñeta diferente a la que contiene al personaje que está pensando.

En ésta, vemos cómo el pensamiento flota en el espacio de la viñeta, sin estar delimitado por el bocadillo. Es un ejemplo similar a los que McCulloch extrae de Death Note, lo que demuestra que sigue vigente.

Por último, una viñeta que muestra un recurso muy característico del manga. Se trata de mostrar un pensamiento colectivo, una idea expresada en frases pensadas por diferentes personajes pero que forman parte del mismo discurso. Es un recurso más, alejado de cualquier realismo, que sirve para mostrar ese espíritu de lo colectivo, del grupo, tan presente en la mentalidad japonesa. No es que cada personaje de la siguiente viñeta pueda leer el pensamiento de sus compañeros, sino que todos piensan como si fueran uno solo.

Pero viajemos ahora a nuestro presente, al cómic actual. Hemos dicho antes que el globo de pensamiento no ha desaparecido, más que en un tipo de cómic muy concreto. De hecho, podría decirse que está más vivo que nunca, dado que está siendo redescubierto por autores que tienen un interés especial en experimentar con el lenguaje del medio en el que crean sus obras, y que, precisamente, en lugar de avergonzarse de un recurso concreto lo reivindican y usan no como un residuo del pasado a extinguir, sino como una potencia más del cómic que no tienen otros medios. Y me resulta muy significativo que los editores y autores de superhéroes parezcan tener esa necesidad por eliminar lo que consideran poco sofisticado, alejarse de las formas pasadas y presentar una nueva más madura, mientras que los autores de novela gráfica, a menudo acusados de acomplejados y de rupturistas con la tradición, con lo que el cómic ha sido siempre —o algunos creen que ha sido— no tengan problema alguno en usar el recurso, igual que no lo tenía King.

Hay diferencias sustanciales, a pesar de todo, como es lógico. En el cómic contemporáneo el globo de pensamiento se suele utilizar de maneras muy diferentes. Ya no va a ser una convención formal para que el personaje haga su aparte o monologue frente al lector. No vamos a encontrarnos con páginas como ésta, extraída de The New Mutants Classic #1 (Marvel Comics, 2006), y obra de Chris Claremont y Bob McCleod, publicada originalmente en 1982.

Hay un claro uso del globo de pensamiento en los términos de monólogo que hemos visto anteriormente, pero fijémonos en la viñeta cuarta. Aquí Claremont excede todos los límites de la convención formal, de lo históricamente aceptado en el género. El personaje de la viñeta, Danielle Moonstar, no hace ya ni siquiera un monólogo propio, sino que muy torpemente el guionista se vale de ella para introducir a otro personaje que no está en el plano pero que Claremont necesita presentar —de hecho tenía una especie de obsesión con presentar a todos los personajes en todos los números de la serie—. Moonstar escucha que Xavier está hablando con Moira MacTagger y entonces mentalmente realiza una nota biográfica de la doctora completamente artificiosa: “No es mutante como nosotros, pero es casi tan lista como el profesor, y es una señora muy agradable, también. Vive en Escocia…”. Nadie piensa en toda la trayectoria vital de una persona cuando la escucha. Esta manera de presentar personajes, que Claremont también ejecuta con globos de diálogos, hay que decir que ya estaba bastante desfasada en 1982.

Hoy el globo de pensamiento es un recurso que suele usarse de manera completamente diferente, no como excusa para el monólogo o la información necesaria para el lector, sino como búsqueda de representación de los verdaderos procesos mentales. Veamos algunos ejemplos de ello en cómics más o menos recientes.

Me parece interesante empezar con uno de Alan Moore, precisamente por ser el que finiquita el globo de pensamiento en primer lugar. En la siguiente página de Un pequeño asesinato (Planeta, 2002), con el dibujante Óscar Zárate, no utiliza el globo, pero sí cartuchos que buscan deliberadamente reproducir los pensamientos reales del protagonista, acercarse a cómo pensamos realmente.

Ideas sencillas, atropelladas, especialmente en la tercera viñeta, que muestra una masturbación y el consiguiente diluvio de ideas que se amontonan, que quedan sin acabar, que carecen de coherencia por la excitación. Esa confusión se expresa no sólo con el texto, sino gráficamente, con los cartuchos colocados de manera desordenada, torcidos, unos sobre otros. Y esa frase final, ya con el personaje a punto de dormirse: “Mañana por la mañana, tren”. Me parece que esto sí es una representación naturalista de cómo pensamos.

Ya concretamente con el globo de pensamiento, encontramos un ejemplo perfecto de uso innovador e inteligente en el texto de Pepo Pérez que mencionaba antes: una historieta corta de El Vecino, obra del propio Pérez y Santiago García, aparecida en El Manglar #3 (2007).

Aquí vemos cómo los globos se usan para simultanear lo que dicen los personajes con lo que realmente piensan, lo que pone de manifiesto su hipocresía, las mentiras cotidianas que se cuentan a diario. Es un recurso muy interesante pero que probablemente, como el propio Pérez señala, no podría usarse en un relato de extensión larga porque saturaría. (La historieta completa puede leerse aquí)

Otros dibujantes, en los últimos años, han optado por usar el globo de pensamiento para mostrar el proceso mental de otras maneras, en las que se usa no la palabra, sino la imagen. Esto es interesante porque, ciertamente, la imagen es un elemento crucial en los mecanismos mentales. Cuando recordamos algo, solemos hacerlo con una imagen, cuando pensamos en una persona, junto a su nombre suele aparecer en nuestra cabeza su imagen. Veamos algunos ejemplos de esto.

El primero está extraído de Mi mamá está en América y ha conocido a Buffalo Bill (Ponent Mon, 2007), de Jean Renaud y Émile Bravo. En este cómic, la imagen cobra un papel primordial en los diálogos, porque los autores buscan acercarse a la experiencia de un niño que aún no sabe leer, y representan muchas ideas con iconos. Ocasionalmente, también lo hacen en los globos de pensamiento.

La viñeta muestra lo que piensa el niño cuando le dicen que el padre en silla de ruedas de su amigo va a llevarlo a casa. El globo de pensamiento contiene, sin más, la escena que se imagina el niño, mostrada con intención humorística.

El siguiente ejemplo pertenece a Special Exits (Fantagraphics, 2010), de Joyce Farmer. En esta novela gráfica, la autora recurre en varias ocasiones a la imagen para mostrar los recuerdos de los personajes. Hacerlo con frases sería excesivamente farragoso y artificial, pero con el simple recurso de la imagen en un globo de pensamiento, se consigue transmitir ese recuerdo al lector de manera natural y efectiva:

En Asterios Polyp (Sins Entido, 2010), de David Mazzucchelli, obra cuyo uso de los globos de pensamiento ya señalaba McCulloch, encontramos lo siguiente.

En esta secuencia, las imágenes que vemos en los globos de pensamiento no son las que está pensando Asterios, sino que simbolizan realidades más complejas: el libro de cocina abierto por una receta determinada representa la receta entera, todos los ingredientes y pasos que Asterios, mente ordenada como pocas, tiene en su cabeza. Cuando Su invitada le informa de que es vegetariana, inmediatamente se pone a pensar en otra receta, lo que Mazzucchelli representa con el mismo libro de cocina pasando rápidamente sus páginas, lo cual obviamente no significa que el personaje visualice eso en su mente. Cuando recuerda una apropiada para los alimentos que guarda en su frigorífico, el libro se para en la página de esa receta. Es una manera magistral de mostrar a través de iconos el proceso mental de Asterios Polyp.

Vamos a terminar con el principal renovador del lenguaje del cómic que hemos visto en los últimos veinte años: Chris Ware. La psicología de sus personajes siempre ha tenido para él una importancia fundamental. Por ello en Lint (The ACME Novelty Library #20, Drawn & Quaterly, 2010) presta una atención especial a este aspecto de Jason Lint, el hombre cuya vida está contando. Ware intenta capturar los procesos mentales de su personaje, reflejar con verdadero naturalismo cómo pensamos, cómo discurren las ideas y los recuerdos, entre la palabra y la imagen. Intenta un imposible, claro, pero creo que ha sido el que más se ha acercado.

En esta impresionante página, Ware representa en forma de diagrama el razonamiento de un niño de cuatro años: cómo pasa de su edad a su madre, a su cama, y a su casacómo su escala de valores infantil pone al mismo nivel a su madre y su bloque rojo, cómo se simplifican visualmente las realidades con colores y formas —obsérvese cómo piensa el camino en coche a su escuela—, cómo el ritmo se atropella porque el proceso mental todavía no ha adquirido la coherencia que tiene en un adulto. La representación del pensamiento es tan importante en la página que alcanza la categoría de viñeta, pero Ware coloca en su lado izquierdo las burbujas que dirigen a la cabeza del niño, y que dejan claro que además de viñeta, es un globo de pensamiento de diseño especial. Por si fuera poco, en la viñeta anterior vemos otro uso significativo del globo: el pequeño Lint está pensando en un bloque rojo de base circular, que falta en la primera viñeta. En lugar de dibujar el bloque dentro del globo de pensamiento, Ware convierte dicho globo en el propio bloque, con el tamaño exacto para encajar en el agujero de la viñeta anterior.

Viendo los ejemplos anteriores, especialmente el último, cuesta creer que el globo de pensamiento sea un recurso burdo, infantil, o poco sofisticado, o que sus días en el cómic hayan pasado hace tiempo. ¿Estaba entonces equivocado Alan Moore cuando en 1983 firmaba su certificado de defunción? No del todo, en realidad. Lo que estaba quedándose anticuado, lo que cada vez se ha ido viendo como ridículo, es el uso convencional y artificioso que veíamos en todo su exceso y torpeza en el ejemplo de la viñeta de The New Mutants, que no por casualidad es inmediatamente anterior a las declaraciones de Moore. Ante este tipo de uso del globo de pensamiento, es lógico que Moore se rebelara. Él hablaba del uso histórico que había tenido, del anquilosamiento que había experimentado en los últimos años. Era un recurso con lógica interna, que formaba parte de un código que compartían los lectores habituales pero que, usado como se usaba, es cierto que a alguien que no entrara deliberadamente en el juego podía resultarle torpe y falso, porque lo es. Pero como en tantas ocasiones, la industria del cómic mainstream, los editores de las grandes casas, pecan de una endogamia importante cuando rechazan por sistema el uso del globo de pensamiento, sin pararse a pensar que, casi siempre, el problema no está en el qué sino en el cómo. Que podría haber otras formas de utilizar un recurso que forma parte de la riqueza del lenguaje del cómic, como la onomatopeya, otro cada vez más proscrito. Hacer adulta la historieta no puede significar extirpar de su código todo recurso propio hasta convertir los tebeos en películas sin movimiento, sino recuperarlos, innovar en su uso y crear nuevos. Celebrar el lenguaje del cómic en todo su esplendor y sin complejos, con el convencimiento de que ningún recurso bien utilizado es absurdo.

Fuentes.

Asterios Polyp (Sins Entido, 2010).

Batman: El regreso del señor de la noche (Norma Editorial, 2001).

Capitán Tsubasa #26 (Glénat, 2006).

Four Color Fear (Diábolo ediciones, 2011).

Krazy Kat 1925-1926 (Planeta, 2006).

El Manglar #3 (Dibbuks, 2007). En santiagogarciablog.blogspot.com

Mi mamá está en América y ha conocido a Buffalo Bill (Ponent Mon, 2007).

The New Mutants Classic #1 (Marvel Comics, 2006).

Peanuts (1-11-1983). En http://www.gocomics.com/peanuts/

Spiderman de John Romita #52 y #67 (Planeta, 2003, 2004).

Spiderman: el hombre araña #2 (Planeta, 2002).

Special Exits (Fantagraphics, 2010).

Un pequeño asesinato (Planeta, 2002).

Watchmen (Norma editorial, 2002).

Bibliografía/webgrafía.

GARCÍA, S.: La novela gráfica. Bilbao, Astiberri, 2010.

VARILLAS, R.: La arquitectura de las viñetas. Texto y discurso en el cómic. Sevilla, Viaje a Bizancio Ediciones, 2009.

http://comicscomicsmag.com/2010/03/the-problem-with-american-vampires-is-that-they-just-dont-think.html

http://frog2000.blogspot.com/2011/07/entrevista-alan-moore-y-garry-leach-en.html

http://pepoperez.blogspot.com/2010/03/aquellos-globos-de-pensamiento.html

Más Lecciones de tebeo aquí.

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10 thoughts on “Lecciones de tebeo VII: El globo de pensamiento.

  1. das en la diana; yo también creo que el globo de pensamiento (y la cartela y el globo de diálogo, ya puestos aunqeu son otro tema) son elementos tan propios del cómic como medio expresivo, que merecen atención. Como la de este postazo que demuestra la necesidad de investigar siempre (los autores) los recursos propios. es la forma de seguir construyendo el futuro del medio, pienso

  2. Quisiera aportar un detalle curioso, y/o interesante.
    Hubo un tiempo (no sé si sigue manteniéndose) en que todos los títulos de Vertigo tenían cartucho de pensamiento y/o narración. A la fuerza. Y los editores/as miraban mal a quien prescindiera de ellos. Quizá porque casi todas/os las/los editoras/os eran escritoras/es en ciernes, y no controlaban mucho el medio del cómic. Quizá porque el sello había nacido de obras de Gaiman y Moore que abundaban en cartuchos.
    Lo comentaba el guionista Darko Macan, que tuvo problemas con eso en sus escasas colaboraciones para el sello. Sencillamente, sus editoras no entendían que se pudiera contar algo profundo sobre los personajes sin revelar sus pensamientos en un cartucho. Y él insistía en que con los diálogos era suficiente.

  3. Gracias por vuestros comentarios.
    Lorenzo, lo que cuentas lo desconocía pero me parece muy interesante. Es algo parecido a lo que le sucedió a Stephen King. A veces es tan sencillo como una cuestión de modas o tendencias en un momento determinado.

    Un saludo.

  4. Gracias a todos por vuestros comentarios.
    Raúl, no había visto nada del cómic de Ellis, aunque sí había leído lo de los pensamientos “invisibles”. Es un experimento curioso. Pinchando en tu enlace veo que además esos pensamientos intentar ser realistas.

    Un saludo.

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