Christophe Blain.

¿Os imagináis a Mozart componiendo politonos para móviles? ¿A Picasso diseñando mascotas para cereales de marcas blancas? ¿O a Leonardo reparando tostadoras? Así me siento yo últimamente con Christophe Blain.

Vale, admito que estoy exagerando un poco. Los últimos tebeos de Blain no son comparables a los ejemplos de antes. Pero sí existe la sensación de estar ante un inmenso talento desaprovechado. Y sé que es peliagudo; ¿qué es “desaprovechar el talento”? No hacer obras de peso, puedo contestar. Pero ¿qué es hacer obras de peso? ¿Importantes, relevantes, que marquen el medio, que lleguen al público generalista, que reciba premios? Díficil decirlo. Para mí, está claro que es una obra que marque al lector, que le impacte y le afecte de forma que persista más allá del momento en el que uno cierre sus páginas. Esto, claro, no tiene nada que ver con la temática o el tono de la historia. Puede ser un cómic humorístico, por ejemplo, puede ser una obra de las que algunos llaman “de entretenimiento”, no sé si con cierto ánimo peyorativo o no. Es quizás una cuestión de calado, de penetración psicológica, de intención.

Pero sí, creo que Blain tiene un talento innato y grandísimo para el dibujo. Como pocos se han visto en los últimos años en el mercado francés. Pero en sus últimas obras me deja la sensación de que eso no basta. De Quai D’Orsay ya hablé en su día; el más reciente, En la cocina con Alain Passard tiene prácticamente la misma naturaleza. Y no es un mal cómic. Al contrario: es un tebeo excelente, de verdad. Blain ha depurado muchísimo su estilo, y aunque prescinda casi totalmente de fondos y deje todo el protagonismo a las manos de artista del cocinero Passard, sigue apreciándose lo bueno que es. El problema es que… no deja de ser un libro de recetas. Literalmente: junto a la historieta donde se prepara, aparece el texto con la receta para que el lector aventurero intente prepararla. Y en eso funciona perefectamente: yo cometí la imprudencia de leerlo en ayunas un día que no almorcé y me hacía sonar la tripa. Tiene un humor amable y convencional que personalmente me deja frío, pero que ayuda a que la lectura no se vuelva aburrida. Y un capítulo que sí me ha gustado mucho, en el que Blain visita un huerto ecológico en Sarthe y se explica cómo funciona. Y como Quai D’Orsay, tiene mucho de elogio del protagonista con cierta crítica inofensiva, pero, claro, me parece menos criticable en un cocinero que en un político.

Y ya está. No tiene más lecturas, no se le pueden dar más vueltas. A veces eso no es malo. Pero suele serlo. La cosa es que leí este cómic hace más de una semana y se ha quedado rondando por mi habitación sin que me apeteciera hablar de él o volverlo a leer. Lo había olvidado completamente. Salió con la misma facilidad con la que entró.

El primer impulso es pensar que Blain puede, pero no quiere. Pero ¿es tan sencillo? ¿Basta con querer? No lo sé. A mí Isaac el pirata y sobre todo Gus me gustan mucho. Pero nunca me han parecido obras maestras, siempre pensé que a Blain le faltaba un poquito para darnos una. Que le faltaba madurez y reflexión, que era cuestión de tiempo. Ahora es imposible no empezar a reexaminar toda su obra. Esas dos series me parecían el preludio de una obra brutal, un excelente resultado para un autor de la edad de Blain. Hoy parece que sólo eran una manera de abrirse hueco en el mercado, llamar la atención, y encontrar un nicho adecuado. Sus últimas obras han tenido más repercusión y ventas que cualquiera de las anteriores. Parece como si se hubiera acomodado en un tipo de obra mediática, light, que pone su talento al servicio de, y no al suyo propio. Ojo, que está en su perfecto derecho, sólo faltaría. Pero yo, como lector, temo que nos estamos perdiendo cosas importantes…

… O no. Porque, como decía antes, a lo mejor no basta con querer. Quizás Blain no puede. Pienso en que la obra suya que más me gusta, la que me parece mejor, es Sócrates el semiperro, en la que el guión no es suyo, sino de Joann Sfar. Y lo mismo es más significativo de lo que pensaba en su momento. Porque Sfar, que quizás en términos clásicos es “peor” dibujante que Blain, tiene mucho, mucho que contar. Y esto me genera pensamientos muy contradictorios. Porque, por un lado, soy consciente de que en el cómic estamos cambiando de paradigma, el modelo industrial de guionista/dibujante/entintador cada vez pierde más espacio frente a las propuestas personales, individuales. El cómic es, cada vez más, un medio más para la pura expresión artística, autoral. Se aleja del modelo del cine para acercarse al de la literatura, para entendernos. Y me parece perfecto, de verdad, creo que ése es el camino. Pero ahora, me encuentro ante un autor al que no puedo evitar pensar que lo que le hace falta es… un guionista. Tal vez nos estemos yendo al otro extremo, y al convertir al autor del cómic en autor completo, forzamos a buenos dibujantes sin capacidad para escribir a hacer sus propias historias. Y quizás no baste con ser un gran dibujante, con saber narrar con imágenes una historia como sabe hacerlo Blain. Tal vez haya que tener esa historia; tener algo que contar. Y por supuesto cuando digo esto no me refiero a ningún tema concreto, ni hablo de contar aventuras en el sentido tradicional del término. Digo algo. Y puestos a no contar lo tuyo, mejor contar lo de un guionista, quizás. Porque la realidad es que Blain tiene cuarenta años ya y aquí está, contando chistecitos inofensivos para gloria de un político presidenciable y recetas de cocina. Y lo siento pero me parece muy poca cosa para un monstruo como él.

No lo sé, la verdad. Estoy expresando dudas en voz alta. Seguramente él esté encantado con lo que hace, y se lo pase genial. Con En la cocina con Alain Passard se puso fino a zampar. Y eso en realidad es lo más importante. No pretendo decirle a Blain lo que tiene que hacer. Pero… ay.

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11 thoughts on “Christophe Blain.

  1. Estoy bastante de acuerdo en todo lo que expones. Es curioso que alguien con una obra a sus espaldas tan personal derive, precisamente cuando lo tiene todo ganado y puede hacer lo que quiera, hacia productos que se acercan al folleto promocional. Puede ser una etapa, o puede ser incluso que Blain esté intentando llegar a otro público, lanzando anzuelos. Ya veremos cómo sigue, porque su talento como dibujante se sale de la tabla.

    Por cierto, mencionas Sócrates, que a mí también es una de las cosas suyas que más me gustan (en gran medida por el guión de Sfar), pero precisamente el otro día comentaba con alguien que puede que su auténtica obra maestra sea El reductor de velocidad, con todo lo bisoño que aún era dibujando.

    1. Hola!
      Me da que tod@s quienes apuntamos aqui somos FANES de Blain y esperamos una maravilla tras otra, algo que nos deslumbre, algo que nos saque los ojos de las órbitas porque estamos convencid@s que es loq ue puede hacer. Pero ¡ay! -y como dice Alberto- me da que está haciendo justo loq ue quiere hacer. Y eso, tiene que ver con él, con su maduración como autor o como autor que se enriquece, que la jubilación se prevee lejana. Yo creo, especulando como la que más, que está en su salsa, a medio camino entre el encargo y el placer absoluto y me da que este caballero se deja guiar y mucho por eso. Y si puede, pues muy bien que hace.
      ¡¡Quién pudiera!!
      Y sí, tod@s queremos que vuelva Christophe, desde luego, por eso cuando tengamos un nuevo Socrates, o nos vuelva a sorprender con otra serie que tampoco acabará nunca, volveremos a relamernos de gustito, ¿o acaso no?

  2. yo aún no lo leí, y por tanto solo ojeo tu crítica, pero..¿cómo va a disgustar este libro a alguien -yo- que tiene un blog de cómics y en otro una sección de cocinitas? 😀
    En serio, lo que creo (literal, hablo sin conocimiento del libro, claro) es que este “recetario” puede ser ma´s una fruslería, ese regalo original y exquisito para reyes o así que un trabajo seeerio-seeerio, un nuevo semiperro, un ‘por-fin-Isaac-6’ o etc, no sé si me explico…. es cuestión de ver expectativas e intereses de cada obra, y a mí esta, pues en ese sentido curioso, poco más. A ver si termino pillándolo o se pierde como lágrimas en la lluvia (de lanzamientos, porque esto es un llover tbos cojonudos y no doy a basto… ¡mirad que hasta tengo en recámara el Pagando por ella….!)

    Ah, Quay con la distancia a mí me gana puntos, conste…

  3. Aun compartiendo por completo tu valoración sobre Quai d’Orsay, me parece que este nuevo álbum no puede analizarse desde los mismos presupuestos que el anterior ni verse como un paso más dentro de una tendencia dentro la obra de Blain, que no voy a entrar en si existe o no; sólo opino que este álbum queda un poco al margen de todo eso, igual que su King Kong, por ejemplo. Quiero decir que, efectivamente, se trata de un libro de recetas, pero es que tampoco se vende como otra cosa. O por lo menos como tal lo he comprado yo, vamos. Ya en la primera historieta el mismo Blain nos deja bien claro que se trata de un encargo, de una idea que se les ha ocurrido a sus editores de Gallimard, imagino que como modo de acercar el cómic a otros mercados, en este caso al culinario. En este sentido, creo que está más próximo en intenciones y resultado a libros como el Bistronomiques de Dupuy y Barberian que a otras obras más personales de Blain. Y como tal, me parece todo un éxito. No sólo reúne una buena cantidad de recetas de lo más apetitosas sino que además ofrece cantidad de información adicional que a mí me ha resultado de lo más interesante (la historieta del huerto, en este sentido, me ha parecido buenísima). Yo desde luego soy de esos que, como dice Octavio, se lo regalará por Reyes a sus amigos más zampabollos. Me parece que está para eso y, ojo, es que encima creo que el cómic como medio necesita más obras así. Otra cosa es que las tenga que hacer Blain, que quizás debería estar encadenado a la mesa (a la de dibujo, no a la del comedor) preparando cosas de “más enjundia”, pero esa es otra discusión en la que tampoco voy a entrar, entre otras cosas porque, además, me parece que si los editores dejaran obras como ésta en manos de autores de menor talla el resultado tampoco iba a ser lo suficientemente atractivo para ese otro mercado al que se pretende llegar. Y lo que ha hecho aquí Blain, transmitiendo toda esa cantidad de información con ese detallismo por momentos sensorial, con esa soltura y esa engañosa simplicidad, es muy, muy complicado y no está ni mucho menos al alcance de cualquiera.

  4. A grandes rasgos, estoy muy de acuerdo con Gerardo (bueno, de Quai d’Orsay no opino, que no lo he leído) y también estoy muy de acuerdo con Óscar. A lo mejor el problema no es que haga un libro de recetas. A lo mejor el problema no es lo que hace, a lo mejor el problema es lo que no hace.

  5. Berni: No he leído aún El reductor de velocidad, así que no puedo opinar. Pero intentaré leerlo pronto.

    Mar: Claro, a mí me encanta, y creo que tiene talento, por eso le exijo en función del mismo. Si un chaval que está empezando hiciera este tebeo me parecería genial, pero Blain creo que puede dar más.

    Octavio, Oscar: Es cierto que puede ser un gran tebeo para gente que no lee tebeos, que venderá por el nombre del chef y la temática, y que eso es genial. Y vaya, incluso sin eso, excelente cómic, ya lo digo. Pero la cuestión que me viene a la cabeza es si Blain no se está “sacrificando”, cumpliendo esa labor, llenando ese hueco porque como dice Oscar otro autor menos dotado no conseguiría esos resultados. Porque aunque sí es una obra de encargo, el problema está en que no hay ya obra personal de Blain, o por lo menos está en un hiato ya demasiado largo. No es un trabajo entre trabajos, por decirlo de algún modo, al contrario, le ha llevado mucho tiempo tanto Quai D’Orsay como Alain Passard. Son trabajos largos, sus trabajos “importantes”. O esa es la sensación que me da.

    Santiago: Creo que lo has clavado con tu última frase, es justamente eso.

  6. bueno, yo es que no leí este libro, pero si Isaac es lo que es (la pera) y Gus está genial y en Sócrates dibuja como dios… yo defiendo su Quay, porque no necesito vitriolo (parece que eso es lo que “molestó” en su acercamiento a lo político) y creo que nadie dibuja como él. Nadie me hace reir como él con el “gesto”, nadie clava páginas como él… y Quay es un libro divertidísimo pese a un final algo lametón (o lame culos). No ers redondo, no es lo mejor de él, pero mueve ficha, pienso, sin dejar de ser puro Blain. Por lo tanto, no sé cómo decirlo, pero… ¿un libro de recetas? vale. Está feliz, expandiéndose, probando cosas nuevas, temas, objetivos nuevos. ¿fallando incluso? Carreras a medio plazo: en diez años Blain hizo del Reductor, Isaac, Sócrates, Gus… ahora su momento es expansivo, intenta buscarse Nuevo y mantener Frescura, puede que sea un momento bisagra, difícil en su carrera, pero os apuesto una cosa: olvidaos de Isaac o de Gus, Blain está probando y probándose, y eso es lo mejor que puede hacer un artista. En diez años volvemos a ver si este momento trae lodos o aguas cristalinas y frescas.

  7. Estoy de acuerdo y no lo estoy porque me parece injusto pretender que un autor tenga que crear una obra maestra con enjundia cuando nadie sabe que significa eso; y sobretodo cuando para mi lo que mas destaca del medio comic respecto a otros es su versatilidad para el humor, que es donde nació el medio aunque muchos lo consideren un género menor. En el humor es donde Blain esta mejor enfocado y Quai de Orsay en ningún momento resulta laudatorio del personaje, salvo que un histérico anormal con aires megalómanos nos parezca el político perfecto. Para mí es su mejor obra a la larga, siendo Gus e Isaac el Pirata dos obras muy entretenidas, pero tal vez más flojas. El reductor de velocida no lo he leído pero caerá.
    Larga vida al humor en el comic.

  8. No comparto tu opinión sobre Quai d’Orsay, ya lo sabes, y en este caso creo que estamos, como bien se ha dicho, ante un tebeo de encargo que resulta de lo más entretenido. No es nada más que eso, pero es mucho más de lo que se podría esperar de un encargo. Y sólo por eso, ya vale la pena.
    De todas formas, coincido con lo peliguado que es esa exigencia de nivel a los autores. Que debe existir, ojo, pero tampoco ser constante. También tienen derecho a tregua! 🙂
    De todas formas, con lo que no estoy nada de acuerdo es con la frase “Se aleja del modelo del cine para acercarse al de la literatura, para entendernos”, porque se puede interpretar de forma peyorativa hacia el cine. El modelo cultural, hoy, tanto en cine como en literatura es de imperativo comercial. Y es verdad que lo que prevalece en cine es, sin duda, lo comercial, el taquillazo blockbuster… pero también en la literatura. Es el modelo literario de los Zafón, Rowling, Julia Navarro y demás el que queremos para el cómic? O el Kiarostami, Malick, Von Trier…? En el fondo, da igual: el cómic, por supuesto, se acerca a esos modelos comerciales culturales, se ha unificado con ellos. No significa que se acerque a la literatura y se aleje del cine, sino que se acerca a un modelo cultural más “normalizado” alejándose de un modelo industrial atípico y endogámico que ha monopolizado la producción del noveno arte desde una perspectiva más próxima al juguete que a la cultura. Y eso significa que tendrá sus blockbusters, por supuesto, pero existirá un espacio para la creación autoral personal. QUe no tiene por qué ser prioritario, ni mayoritario, por supuesto. Pero existirá no como una excepción forzada por la genialidad de un autor, sino como algo normal.

  9. Miguel: Yo sí veo laudatorio Quai D’Orsay, pero es lo de menos… Estoy de acuerdo en que el humor no es, por supuesto un género menor, ni mucho menos. No va por ahí mi reflexión. Ese cómic no me parece peor o más intrascendente porque sea humorístico.

    Álvaro: Me he explicado fatal con esto. De acuerdo en todo lo que dices, no pretendía decir lo contrario. Me refería a otra cosa: el modelo de producción industrial tradicional del cómic se parece al del cine en que es un arte colectivo, con un editor que encarga, dirige, da patrones, y un equipo creativo más o menos extenso, como el de la producción de una película. En general, la literatura ha sido un arte “solitario”, personal, con un solo autor que expresa lo que quiere expresar él, sin más. Y veo que el cómic tiende a eso, o buena parte de él. No entraba a valorar calidades, por supuesto, y además es que hoy por hoy no sé donde hay más mediocridad, si en la literatura o en el cine. Era únicamente en cuanto a cómo se produce el producto cultural, sin más.

    Un saludo.

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