Astro City: Estrellas resplandecientes, de Kurt Busiek y Brent Anderson.

Este mes Norma Editorial ha publicado el último de los tomos de Astro City, la serie de Kurt Busiek y Brent Anderson que durante más de diez años ha supuesto una opción dentro del género de superhéroes al margen de modas y tendencias del mainstream. Dicho tomo recopila diferentes especiales y miniseries aparecidos durante la publicación del último arco argumental de la serie regular o, sobre todo, tras el fin de ésta.

La calidad de las historias… bueno. En la línea del último tomo publicado, del que hablé aquí. La fórmula se agota, y falta intensidad, alma. El aspecto metaliterario de la serie se le ha ido a Busiek de las manos por completo. Aun con eso, hay cosas interesantes. La historia de Samaritano lo dota de algo que no ha tenido jamás: una auténtica némesis, su Lex Luthor particular. Y la historia centrada en Astra tiene la gracia de ver a la cría de la Primera Familia con sus dieciocho años, convertida en una celebridad a lo Paris Hilton, aunque sea a su pesar, y demostrando, de paso, lo terriblemente atractivo que habría sido un universo Marvel donde el tiempo transcurriera de verdad. El resto, a ratos simplemente rutinario, a ratos directamente aburrido. Pero ahora que la serie, al menos aparentemente, ha terminado, me parece que más allá de su calidad tiene un valor claro.

Astro City es un historia del género de superhéroes disfrazada de historia de superhéroes, dije una vez. Y como la dije yo, me copio sin problemas. Busiek y Anderson reflejan las diferentes edades, los movimientos editoriales, los múltiples cambios por los que ha pasado el género y sus personajes. Pero además Astro City es un reflejo, quizás involuntario, de todos los problemas y trampas que tienen los superhéroes como género, y reproduce en miniatura la deriva, los amaneramientos y finalmente la decadencia que ha sufrido en los últimos años. Me he dado cuenta leyendo Estrellas resplandecientes, pero en realidad puede aplicarse a las dos partes de La edad oscura.

Astro City empezó como una revisión de los mitos básicos del género, en historias autoconclusivas que ponían al día iconos reconocibles por el lector veterano, pero también por el ocasional. Y, detalle crucial, recuerdo dejar entonces algunos números del inicio de la serie a lectores no especialmente fanáticos de los superhéroes que se sintieron gratamente sorprendidos. Porque es cierto que, a pesar del inconfundible sabor clásico, Busiek profundizaba, ofrecía personajes con capas, y le daba una vuelta de tuerca a la cosa.

La serie siguió viento en popa. Llamó la atención de los fans, acumuló premios a punta pala y muchos la considerábamos de los mejorcito que podía encontrarse en el mercado americano. Las historias empezaban a complicarse, sí, pero todavía eran perfectamente accesibles para cualquiera. Y entonces… entonces, ese universo “nuevo” —y pongo las comillas porque obviamente estaba compuesto a base de retales de otros—, excitante y prometedor comenzó a generar su propia continuidad. Busiek iba atrás y adelante en el tiempo y nos iba contando historias secretas, despejando incógnitas. Y todo se iba enrevesando de mala manera. La serie, además, había atraído a su propio núcleo duro de fans, que querían saber. Fans que demandaban que se contara el origen secreto de tal o cual personaje, o qué pasó en tal o cual momento. Y poco a poco Astro City se perdió en su propia —y artificial, deliberada— continuidad. En unos doce años de serie, sus autores habían condensado sesenta del género de superhéroes. Habían llegado al mismo callejón sin salida que Marvel o DC, lo cual es tremendamente interesante porque nos ayuda a darnos cuenta de cuáles son los principales problemas de éstas. En Astro City, en su final, lo de menos es la calidad de las historias. Lo importante es lo que se cuenta, resolver incógnitas, saciar la curiosidad fan. La serie existe dentro de su propia lógica, y perdido en ella Busiek naufraga, sin darse cuenta, porque esa mecánica genera sus propias normas y estándares de calidad diferentes. Las historias contenidas en Estrellas resplandecientes no son buenas per se, sino que lo son porque responden, porque explican, porque revelan. Pero no dicen nada a un lector ajeno, como sí lo hicieron las historias del comienzo de Astro City. Y no son buenas. Son historias necesarias dentro de la lógica del universo, que gustan si se es seguidor de la serie, o a veces, ni eso. Basta unos años sin leer nada, como ha pasado en el mercado español, para que esa poca distancia que se haya tomado revele lo torpemente que se ha montado el andamio. La historia del Agente de Plata es un galimatías de viajes en el tiempo, un remedo del cuerpo de Linternas Verdes y la historia personal de héroes como el Capitán América. Y no se entiende, os lo juro. Sólo si estás tan metido dentro de esa lógica que la vives y piensas en ella continuamente te puede parecer que sí.

Mal final para Astro City, pero completamente lógico. Una serie que empezó con la idea de ser accesible para cualquier lector acaba perdida en su propia gramática, bloqueada por la necesidad de ordenar el universo, de presentar más y más personajes, de explicar el origen insulso hasta de los más secundarios. Y no hay salida porque Busiek es la vieja guardia, un guionista que guste o no —y a mí me gusta— no sabe salir de esa dinámica endogámica, no puede cambiar de paradigma. Hace los tebeos que ha leído y disfrutado toda la vida y los ha llevado al mismo punto crítico. Lo dicho, la metáfora perfecta.

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2 thoughts on “Astro City: Estrellas resplandecientes, de Kurt Busiek y Brent Anderson.

  1. Muy interesante el punto de vista que señalas, supongo que al estar tan metido en el género y en Astro City no me había terminado de dar cuenta que es lo que no terminaba de funcionar en los últimos cómics de la colección. Creo que das en el clavo y que en el fondo como dices Astro City resume a la perfección los problemas de los universos ficcticios de Marvel y DC.

  2. Yo me he dado cuenta con este último tomo. Me di cuenta de que todo lo que se contaba carecía del sentido como unidad independiente que tenían las primeras historias. Es como si Busiek reprodujera en un laboratorio a modo de experimento controlado la historia de Marvel y DC.

    Un saludo.

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