La autobiografía y la verdad.

Mientras traducía la kilométrica entrevista con Seth que he ido subiendo en las últimas semanas aquí, me he releído su La vida está bien si no te rindes y recordado todo lo que significó para mí en su momento, cómo me abrió los ojos y me demostró que en un tebeo podía contarse absolutamente cualquier cosa. Me maravilló que un autor pusiera tanto de sí mismo en un cómic, que describiera aspectos íntimos de su vida y sobre todo, que contara esa búsqueda personal de Kalo, el dibujante canadiense perdido de The New Yorker.

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Y luego resultó ser mentira. Vamos, no exactamente, pero el tal Kalo no existió jamás. Seth puso mucho de sí mismo en esa historia, pero su biografía no es exactamente como ahí se refleja. No sé cuánto hay de verdad, pero lo de Kalo hizo que me cuestionara todo. Podría ser todo mentira. Y entonces empecé a pensar: ¿y si lo fuera? ¿Y si fuera todo mentira?

Llegué a la conclusión de que me habría dado igual. La verdad en el arte nunca debería ser un valor en sí mismo. Además, primero habría que definir qué es la verdad. Vivimos en una época que, si se caracteriza por algo, es por la desaparición de las fronteras entre la realidad y la ficción. Los media convierten la mentira en verdad a diario. La Historia, como sabe o debería saber cualquier historiador, se construye desde el presente. ¿Qué es entonces contar “la verdad”? Incluso en los intentos más sinceros, es simplemente contar una versión de lo sucedido. Cuando un autor decide reflejar algo que ha pasado, lo ficcionaliza siempre, inevitablemente, con sus decisiones narrativas. Elige qué cuenta y qué omite, qué espacio le da a cada cuestión, qué características potencia de los personajes involucrados. Los “hechos” son inaprensibles: todo es interpretación. Incluso de la vida propia de cada uno, por supuesto. Y por eso me interesa tanto la manera en la que Eddie Campbell investiga los límites entre la realidad y ficción en El destino del artista, que es una autobiografía que no lo es. ¿Qué parte de lo que cuenta es real, cuánto hay de invención? El propio Campbell responde, pero lo hace con otra pregunta: ¿Qué más da?

Pero dejando eso al margen, a lo que yo me refiero cuando me planteo esa pregunta a raíz de la obra de Seth es a si perdería valor una obra supuestamente autobiográfica si hubiera por parte de su autor un engaño deliberado, si se presentara una completa ficción como sucesos reales. ¿Qué pasaría si se descubriera que el hermano de David B. no es epiléptico, o que Marjane Satrapi no es iraní, o que el padre de Art Spiegelman nunca estuvo en los campos de concentración? ¿Perderían valor sus cómics? Como obra de arte, mi respuesta es que no, rotundamente. Lo podría hacer como testimonio, claro, pero son dos cosas diferentes. Como obra, la autenticidad de lo narrado no puede ser nunca un valor determinante. No puede ser buena si es “verdad” y mala si es “mentira”. Porque eso colocaría automáticamente cualquier obra de “no ficción” por encima de las de “ficción”. Ni siquiera me sentiría engañado si una obra clasificada como lo primero terminase siendo lo segundo.

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Y a pesar de esto, es inevitable que me siga haciendo preguntas: ¿habría sido posible dibujar un cómic como Un adiós especial de Joyce Farmer sin la experiencia personal? ¿Es posible fingir eso, se pueden impostar sentimientos tan intensos? En la teoría, tengo que creer que sí, tajantemente. Se puede ser completamente veraz sin ser fiel a “la realidad”. Creo de hecho que ése es el gran poder de la ficción, crear realidades, historias que serán más tangibles y más auténticas para sus lectores que los hechos “reales”. Ahora bien, en la práctica, en ciertos casos concretos… es complicado. Por motivos casi prácticos: el tebeo de Farmer tiene muchos detalles inventados, pero su base es la que es. ¿Puede alguien tirarse trece años de su vida obsesionado creando de la nada una historia así, habría sido lo mismo de no tocarle de lleno el asunto que trataba? Buena parte del valor de algunos momentos de Un adiós especial, Maus o La ascensión del Gran Mal está en el conflicto interior, en el dilema del autor frente a la tesitura de contar cosas que le afectan a él o a su familia cercana. De nuevo, me pregunto si eso puede fingirse, si a alguien se le puede ocurrir fingirlo. En teoría, ya digo, debería poderse. Pero posiblemente es una vía aún poco explorada. Pero si hemos visto en las últimas dos o tres décadas el despertar del cómic autobiográfico, la ruptura de tabúes y falsas normas establecidas por una tradición cultural que negaba al cómic su validez como vehículo de historias personales, creo que pronto empezaremos a ver más tebeos que le den al asunto una vuelta de tuerca, siguiendo, quizás, la estela del falso documental cinematográfico, y desde luego los caminos abiertos por Seth, Campbell y algunos otros que ya están forzando los límites del género. Un motivo más de cientos para pensar que estamos, ahora mismo, ante una de las épocas más emocionantes del cómic.

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15 thoughts on “La autobiografía y la verdad.

  1. no me voy a andar linkeando mi sitio, pero este tema ya lo saqué y lo hablamos “vos y yo” en ‘SdV’, sí. Y es interesante siempre volver a él donde surja (vive le bolgoephere!!!)…
    Lo bio a mí me gusta por todo lo que aporta, y también, como bien comentas, parque SIEMPRE provoca una tensión “mta”: Al leer “Peepshow”; “Memorias de un hombre en pijama” o “Barrio” podemos, debemos preguntarnos si todo ahí “es real” o hasta dónde se fabula. Y esa tensión no la encuentro en, por ej, la ci-fi (por citar un género que, al menos cinematográficamente, me pirra).

  2. Sí, lo recuerdo, Octavio, a mí me ha vuelto a la cabeza pensando en todo lo que rodea a Seth. Y sí, estoy de acuerdo en lo que dices, hay una tensión ahí muy interesante. También podría haber hablado en el post de cierta sensación de que, en determinados productos, la etiqueta de “basado en hechos reales” puede justificarlo casi todo, o cómo para determinado público eso es lo más importante. El testimonio por encima del arte.

    1. o cómo para determinado público eso es lo más importante
      esto es una lacra, es lo que sostiene, además, un prejuicio hacia todo relato con apego a lo ficticio por no poca gente. “Cuéntame” se valora porque “es como era” (aunque la tensión dramática, la obviedad argumental y la blandura actoral y lo inane de la dirección sean evidentes, da igual, “era así”), y Superman es una patochada (aunque la peli de Donner sea magnífica en realidad, por tener todo lo que no tiene Cuéntame)

  3. Has dado en el clavo, creo que es un ejemplo perfecto. Esa serie gusta porque cuenta la “verdad”… aunque sea una ficción, claro, que dará una lectura determinada de la historia (no lo sé, no he visto jamás un capítulo).

  4. Eso, es. Lo que decís en los comentarios matiza, a mi modo de ver, el texto de Gerardo en algo que para mí es importante. A priori que lo que se cuenta sea verdad o no no le resta valor a la obra, pero en el resultado final sí es importante. Las sensaciones y la interpretación que un lector hace de la obra puede depender en gran medida de sí considera que es real o no. Enriquece en cierta manera la lectura.
    Llevando el tema al campo de Gerardo es como cuando uno lee una novela histórica. Si está bien escrita y la historia es interesante uno disfruta su lectura, pero si además está convencido de que está bien documentada y que cuenta lo que en realidad pasó (entendiendo realidad con todos los matices que Gerardo acertadamente apunta) pues eso supone un plus para el lector. Si posteriormente descubre que todo lo que cuenta es mentira y nada fue así, probablemente no pueda evitar cierto sentimiento de decepción.

  5. Por eso que comentas creo que hay que separar dos cosas: la obra como obra y la obra como testimonio (dejamos al margen lo “la verdad”, así en abstracto). A lo primero no le afectaría, a lo segundo sí.
    Y sobre lo que dices de las novelas históricas, me parece muy interesante, y me hace pensar que tal vez no sea exactamente lo mismo una autobiografía y una novela histórica. La primera cuenta una historia privada y como tal no afecta tanto al lector, en cambio si una novela histórica insiste contar la Historia “tal como fue” y luego es todo inventado (y el mercado está lleno de esto), sí es reprobable, a mi juicio, sobre todo porque como en el ejemplo que ponía Octavio con “Cuéntame” son novelas que por lo general se venden como eso, como una forma amena de aprender la Historia. Ahí sí cabe la decepción, para mí.

    1. Tienes razón que son cosas distintas pero tb se pueden hacer similitudes. Por ejemplo, permíteme citarte: ¿Qué pasaría si se descubriera que el hermano de David B. no es epiléptico? A lo mejor parte de mi interés en esa obra es ver como se vive esa enfermedad “desde dentro” o a lo mejor el pensar que es verdad ha generado en mi una empatía especial que me ha hecho disfrutarla de otra manera y si resulta que no era verdad… No sé si me explico.

  6. Un ejemplo cinematográfico, seguro que la gente que vio en su día Holocausto Caníbal pensando que era real no lo vivió igual que los que la vieron sabiendo que era todo ficticio.

  7. la gran diferencia de un Persépolis (o un Epileptic) y La vida es buena etc es que una lectura atenta de Seth descubre que LO DE MENOS es el dato presumiblemente autobiográfico, pero leñe, si mañana descubro que Marjane en realidad se llama Mari Juana y es de Avilés y en su vida pisó Afganistán, lógico que me sienta engañado… La Verdad, la biografía, si se ponen en primer plano y centran al relato y sus intenciones, yo creo que debe respetarse porque lo contrario sería chotear al lector..pero en fin, seguro que hay matices y posibles ejemplos para contrarreplicar mi idea, que estas cosas no son A/B y punto pelota 😉

  8. otro ejemplo claro de la necesidad de la Verdad (aunque siempre desde el matiz hablado, de que el dato es aquello sobre lo que nuestra memoria trabaja y deforma) es El Fotógrafo, ¿os imagináis que este cómic fuese falso, que las fotos fuesen falsas etc? timo redondo, claro…

  9. Fer, dices que “¿Qué pasaría si se descubriera que el hermano de David B. no es epiléptico? A lo mejor parte de mi interés en esa obra es ver como se vive esa enfermedad “desde dentro” o a lo mejor el pensar que es verdad ha generado en mi una empatía especial que me ha hecho disfrutarla de otra manera y si resulta que no era verdad…” Aquí es donde diferimos. Yo creo que esa empatía, ese vivir la enfermedad desde dentro, que evidentemente es uno de los grandes valores de este tebeo, podría tenerlos si fuera una historia completamente ficticia. Bueno, ya lo digo en el post, más o menos: para mí la ficción tiene ese poder. La ficción es real, puede ser real, y que esté respaldada o no por hechos para mí es secundario.

    Ahora, como apunta Octavio, luego hay mil millones de matices y excepciones. Claro, cuando una obra es ante todo testimonio, como creo que de hecho sucede con Persépolis, la cosa cambia. O en los cómics de Delisle, donde la gracia está que te cuenta una ciudad desde dentro.

    Pero sin embargo, os lanzo una idea: una obra como El fotógrafo, si fuera toda mentira, si fuera una gigantesca ficción, ¿no sería una auténtica obra maestra? Incluso con el engaño, sí. Por eso mismo.

    1. es que El fotógrafo termina con un epílogo que contradice lo narrado, juega con el concepto esquivo d ela memoria también. Pero lo que todos damos por sentado es que entro de ese diálogo NO hay estafa. el fotógrafo sacó esas fotos, lo contado se apoya en sucesos verídicos… a ese equilibrio me refiero yo.
      Sigan lo sejemplos, en mi post citaba Blueberry, donde Giraud confesó veter sus recuerdos de infancia mejicana (o juventud, no sé): NO es nada bio, claro, es vaqueros, pero… cuela experiencia biográfica que, en su mínimo grado, está aportando sustancia…

  10. Se me olvidaba: lo que comentas de Holocausto Caníbal, Fer, me parece muy acertado: está claro que la percepción del espectador cambia radicalmente. Y creo que un creador tiene derecho a “jugar” con eso también. Tenemos muchos ejemplos en cine y literatura de obras que se mueven en la ambigüedad o directamente se venden como auténticas porque eso es necesario para la intención del autor. Por supuesto luego cada uno es libre de lincharlo si se descubre el pastel :).

  11. Ojo! Otro matiz que creo que no he dejado claro de mi punto de vista. Cuando he puesto el ejemplo de David B. y la empatía y demás, me refiero a que cambia la lectura, no necesariamente hablo de mejor o peor historia/tebeo/obra. Si yo creo que algo es verídico probablemente mis sensaciones y mi lectura de la obra será distintas, fundamentalmente por el hecho de que mis reflexiones acerca de la misma serán distintas. Eso no quiere decir que el resultado vaya a ser mejor o peor. O, al menos, así lo veo yo.

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