Rarezas mutis.

Hace unos días pudimos ver en los medios la siguiente noticia relacionada con los mutantes de Marvel. Resumiendo, que la legislación estadounidense considera que si una figura de acción es de un humano es un doll, y se le cobran unos impuestos, y si no es humano es un toy y se le cobran menos. Estoy convencido de que la cuestión tendrá su lógica, pero también de que será muy retorcida, así que no voy a intentar entenderla. Pero la cosa es que Marvel se ha dado cuenta de esto y allí que se ha lanzado, como empresa que es, a intentar arañar unos dólares a la administración.

Entiendo que es lícito que una empresa se quiera ahorrar ese dinero. Pero yo personalmente si fuera el encargado de hacer que se pagaran esos impuestos despediría a los abogados, fiscales, secretarios o lo que sea que han llegado a la conclusión de que Marvel tiene razón. Porque bastaba con coger sus propios cómics para encontrar cientos de evidencias de lo contrario. No sólo porque tienen, ¿cuántas? ¿cuarenta, cincuenta series?, en las que el motivo principal precisamente es ése: somos iguales, aceptadnos como tales. Todo aquel discurso de “si nos pinchan, ¿acaso no sangramos?” por el que Chris Claremont aparece en el libro Guiness de los récords tras haberlo utilizado en 6.327 tebeos —es broma, no vayáis a mirarlo—. Ante esto podría Marvel argumentar que no tiene por qué corresponderse con la realidad lo que opinen los propios mutis. Pero existen motivos más sólidos. Genéticos y biológicos. Aunque actualmente la denominación más extendida para el ser humano sea la de Homo sapiens, en Marvel suelen usar la de Homo sapiens sapiens, que es la que se utilizaba cuando se consideraba al Neardertal una subespecie y por tanto había que diferenciar: Homo sapiens neanderthalensis. Tiene mucho sentido porque a los mutantes les dan el nombre científico de Homo sapiens superior, y por tanto se crea una situación similar. Ese nombre indica sin vuelta de hoja que los mutantes son parte de la humanidad: es decir, que los humanos “corrientes” y los mutantes son, según sus nombres científicos, subespecies de la misma especie: Homo sapiens. Por si fuera poco, las dos subespecies son compatibles genéticamente entre sí y pueden tener descendencia fértil. Así que es tan fácil como arrojar este dato para que se desmonte la pretensión marveliana.

Pero en todo caso la anécdota en sí es lo de menos. Y ya decía que me parece lícito y lógico aprovechar la legislación para ahorrar. Pero también me parece tremendamente significativo de los tiempos que corren en Marvel. En realidad en cualquiera de las grandes editoriales americanas. Un mundo de cifras y beneficios en el que no hay espacio alguno para el romanticismo, el cariño a los personajes o al propio universo. Que no es de ahora, ya lo sé, y que igual ha sido así siempre y simplemente lo disimulaban mejor. Pero a mí me cuesta imaginarme a Stan Lee defendiendo esto: “¡Oh, efendi, true believer, creéme cuando te digo que los mutis no son humanos de verdad!”. No le pega. En aquellos tiempos precisamente lo que se intentaba era implicar emocionalmente al lector. Los personajes no eran sólo franquicias, tenían algo de reales, y cuando Lee se refería a ellos en sus textos, o en sus apariciones públicas, así los trataba. Charles Xavier decía que los X-Men eran humanos dentro de los tebeos, y si un directivo hubiese dicho lo contrario fuera de ellos probablemente se habría interpretado como una mala jugada, una torpeza de cara a los lectores. Pero entonces el márketing y la ficción estaban más unidos, la Marvel-empresa no estaba tan lejos de la Marvel-universo de ficción. Si le iba bien a uno le iba bien al otro, así que era una cuestión de pragmatismo, hasta cierto punto. Y a los personajes se les mimaba, porque eran el principal activo de la editorial, pero también porque basaban su atractivo en su humanidad, en ésa que ahora sus propios jefes les niegan.

Ya digo que probablemente esto no pase de anecdótico. Pero da que pensar hasta qué punto Marvel ya no es sus personajes o sus historias. Pienso en la Cosa, cabizbajo bajo la lluvia, en la Visión enjugándose una lágrima. En la época en la que los cómics Marvel tenían alma. No digo que hoy no la tengan, pero desde luego no importa tanto. Marvel ya es otra cosa. Y para los directivos que toman este tipo de decisiones frías, esto “son sólo negocios”. Sí, hay aún unos tipos por ahí escribiendo y dibujando las vidas de sus personajes, y unos lectores —poquitos, ya— que las sienten como reales. Pero a quién le importa.

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