Los Vengadores, de Roger Stern, Al Milgrom y otros.

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Anda Panini publicando en tomos Marvel Gold Los Vengadores de los ochenta de Roger Stern, y yo ando comprándolos, porque siempre he sido fan del grupo. Fan tardío, porque en aquellos tiempos de quiosco no coleccionabas lo que querías, sino lo que la distribuidora llevaba a tu barrio, así que no seguí la serie de forma continua hasta el volumen tres, el que empezaba con Kurt Busiek y George Pérez. Y luego fui conociendo la serie desde el principio con la Biblioteca Marvel, que aunque en su momento me vino de perlas para por lo menos leer aquello, hoy en día ya ni abro porque me toca las narices el formato y el blanco y negro.

            Pero centrémonos, que me pierdo: estamos con la etapa de Roger Stern. Stern responde al mismo arquetipo de guionista que Roy Thomas: el escritor fan, que fue fancinero, que leía y amaba a los superhéroes antes de escribirlos. Es una figura con mucha tradición en Marvel y que, en su día, tenía todo el sentido del mundo cuando de lo que se trataba era de mantener y continuar una tradición. No se me ocurre hoy en día un equivalente a Stern; quizás Dan Slott. En los ochenta, pasa algo curioso, a mi parecer. Al mismo tiempo que teníamos a Frank Miller, Walter Simonson, John Byrne o, después, Peter David, siendo más o menos iconoclastas según el caso y abriendo vías nuevas en el género, o protagonizando vueltas a los orígenes y revisitaciones en general poco ortodoxas, también existía esta otra vía, la del continuismo, la de los Mark Gruenwald, Bill Mantlo y el propio Stern. Una vía que el tiempo ha sepultado y que en cualquier historia del cómic queda en un mero apunte ante la revolución de los otros, o de Alan Moore en DC, pero que estaba ahí y que procuró a los lectores de entonces tebeos buenos y muy entretenidos.

            Leyendo Los Vengadores uno tiene la certeza de que está leyendo un cómic de Marvel, más allá de que lo certifique el sello en la cubierta. Stern conoce muy bien los mecanismos clásicos del género y los temas de la serie y del universo Marvel en general: el drama, la caracterización de los personajes —y cómo llevarla a cabo—, el uso de cartuchos de texto y de globos de pensamiento, las idas y venidas de miembros del grupo que siempre ha sido la nota distintiva de la editorial, la cohesión con el resto del Universo mediante menciones y apariciones de otros personajes. Los Vengadores siempre fue el pivote del universo Marvel, la serie central donde pasaban las cosas importantes, y lo siguió siendo aunque perdió la condición de serie estrella cuando Claremont tomó los mandos de X-Men. En cualquier caso, lo apreciable de Stern es que sabe muy bien qué tiene que hacer, es consciente de cuál es su papel. No se trata de que sus Vengadores sean mejores que los de Englehart —aunque, decididamente, son mejores que los de Shooter o Michelinie—, es que probablemente él ni se planteó superar o romper con la etapa canónica de la serie. Su trabajo era continuar una saga, abundar en los elementos definitorios de la serie y hacer sus aportaciones desde el respeto y el continuismo. Y entre esas aportaciones sin duda destaca el papel protagonista que les da a las mujeres. En gran parte del último tomo, cuatro de los seis miembros de los Vengadores lo son, una proporción inédita e impensable en cualquier otra formación del grupo —o de cualquier otro de la editorial—. Creó a la Capitana Marvel, una mujer negra moderna y poderosa, que se convirtió pronto en uno de los miembros más importantes del grupo. Además fue quizás el primer guionista que supo dotar de verdadero interés a la Avispa, a la convirtió en líder de los Vengadores y la dotó de una madurez que no contradecía su carácter frívolo de siempre. También puede apuntarse el mérito de empezar a dotar de profundidad a Hulka, a la que al final del último tomo publicado le roban para llevársela a los Cuatro Fantásticos.

            Por lo demás, ya digo, tebeos muy entretenidos. Aventura y drama a raudales, tebeos bien hechos, tomando al lector en serio, con cada personaje en su sitio. Si algo caracteriza a los superhéroes de Marvel en los últimos tiempos es la sensación de que muchos de ellos son intercambiables, que en determinados momentos lo que les pasa y lo que dicen podría pasarle o decirlo cualquier otro. Recuerdo, por ejemplo, la lamentable saga con la que empezó B.M. Bendis su trabajo en la serie. Pero no, aquí, si algo puede decirse, es que cada personaje se comporta como debe. Lo cual no significa que no pueda haber sorpresas, pero rara vez consisten en conejos sacados de la chistera. Todo tiene una lógica interna que sostiene el edificio pero que, al contrario de lo que ha pasado tantas veces, me da la sensación de que no espanta a los nuevos lectores. Stern se mantiene en un equilibrio difícil de conseguir, secundado, que no hemos dicho nada aún, por un Allen Milgrom que evidentemente no es un genio pero que, la verdad, no se merece la fama de paquetazo que tiene, por lo menos en estos números de Los Vengadores. Cumple y la cosa se entiende, que es más de lo que pueden decir muchos dibujantes de los que vinieron después.

            De momento, puede que la etapa Stern no sea para tirar cohetes, pero va creciendo. Ya hemos leído una saga con los Inhumanos que ha sido posiblemente lo mejor, y han empezado a dar guerra los Señores del Mal, que serán los villanos principales de una de las mejores sagas de Stern. También tenemos muy cerca la historia de la Visión megalómana, que promete —nunca la he leído—. Y tenemos esos números en los que se reestructura el grupo, otros con aventuras más de andar por casa, con menos Vengadores involucrados, tenemos a viejos miembros volviendo puntualmente, a otros superhéroes como Spiderman —Stern guionizaba The Amazing Spider-man simultáneamente— o el Doctor Extraño, y por supuesto a Starfox soliviantando a las vengadoras. Tebeos de superhéroes old style, que no pretenden descubrir la pólvora, que están repitiendo esquemas previos, y que, quizás, quedaran en un segundo plano en un momento en el que los derroteros de la editorial parecían ir ya por otro camino, pero que dan lo que prometen y son muy divertidos. No sé si será poco o mucho, pero no encuentro demasiados cómics de superhéroes hoy en día que puedan decir lo mismo.

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7 thoughts on “Los Vengadores, de Roger Stern, Al Milgrom y otros.

  1. Para mi, el guionista actual más parecido al Stern ochentero es Geoff Johns (o lo era, antes de que le diera por los crossovers y los megaeventos). Personajes muy sólidos (villanos incluídos) y clasicismo y conocimiento de la historia del género pero sin repetición, aportando ideas nuevas.

  2. Bueno, yo pensaba en Marvel, de ahí que no se me ocurriera poner a Johns de ejemplo, porque hizo poquito… Precisamente sus Vengadores creo que prometían pero acabaron siendo un poco aburridos. No tuvo suerte con los dibujantes, a mi juicio. En DC no le he leído casi nada, así que poco puedo opinar.

    Un saludo.

  3. En otro orden de cosas, algunos esperamos nuevas entregas de “Cinco tebeos de superhéroes”. Espero que continúes con la serie, gracias!!

  4. Buf, ¡no ha llovido! Fueron un par de posts que escribí hace mucho sin plantearme que fuera una serie más o menos periódica… La idea era recomendar 5 tebeos de superhéroes clásicos y 5 menos ortodoxos. De todas formas, desde entonces he hablado de muchísimos cómics de superhéroes, echa un vistazo.

  5. Bueno, desde mi humilde opinión creo que a Milgrom lo mejora bastante el entintado de Joe Sinnott; de entintarse él mismo o de tener según que otro entintador el resultado final sería muy distinto…

    Está claro que lo mejor está por llegar, especialmente a partir del momento en que llegan John Buscema y Tom Palmer al apartado artístico. Me atrevería a decir que si esa etapa no es la mejor de la historia de los personajes, sí que es una de las tres mejores más o menos.

    Saludos.

  6. Sí, se nota la diferencia, para bien, cuando las tintas son de Sinnott. Respecto a la etapa de John Buscema, yo soy de la opinión de que no es su mejor trabajo, la verdad. Lo noto cansado, poco implicado, detalla poco los lápices y deja que sea Palmer el que tenga más protagonismo en el apartado final. Por supuesto, sigue siendo Buscema y lo sigo prefiriendo aunque sea a medio gas a Milgrom (y a muchos otros), pero creo que en los ochenta John venía ya de vuelta.
    Un saludo.

  7. No me refiero al dibujo estrictamente, si no a la etapa global, Stern, Buscema, Palmer, que para mi es una de las mejores de toda la historia de los personajes.

    Está claro (y demostrado) que Buscema no hacía unos lápices muy detallados en aquella época, pero la siempre sublime combinación Buscema/Palmer hacía que apenas se notara… Seguro que con otro entintador el resultado hubiera sido distinto, pero con Palmer eso apenas se notaba y la narrativa, composición y lenguaje corporal de los personajes era 100% Buscema, a pesar de que en muchas ocasiones dejara bastante trabajo a Palmer.

    De todos modos siempre me han encantado de forma especial las portadas que hizo para aquella época, llenas de fuerza, mejores incluso que muchas de las que hizo en los 60, donde en teoría realizaba los lápices mucho más acabados.

    Saludos.

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