Panóptica: Max y el cómic en la encrucijada.

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Ayer estuve en el Instituto Cervantes visitando Panóptica, la exposición sobre Max y su obra. Ya estuve el día en el que había una mesa redonda sobre la novela gráfica, pero la vi apresurada y parcialmente. Y tras eso me apetecía mucho ir con tiempo y disfrutarla de verdad. Aproveché además para hacerlo siguiendo la visita guiada, y luego me perdí un rato sin prisas. Y es cojonuda. De verdad. No es que sea un visitante compulsivo de exposiciones, pero creo que es una de las mejores que he visto nunca. Y no hablo sólo de historieta, sino en general. Como espacio, la exposición es sobresaliente. El diseño crea un entorno agradable y tranquilo, en el que se integra el propio espacio dentro de la iconografía y los motivos recurrentes de Max, con una vitrina en forma de cruz en su centro y dos pasillos a los lados por los que empieza y termina la muestra. El material está organizado por décadas y supone un recorrido perfecto por los cuarenta años de carrera de Max. Como el espacio es el suficiente, además, nunca se tiene sensación de empacho o de amontonamiento, y se disfruta de cada objeto sin pasar a lo bruto por encima, como acaba pasando en otras exposiciones. Entre ese material hay de todo. Hay fotos en blanco y negro de sus primeros tiempos que uno no puede evitar mirar con melancolía, hay muchos, muchos originales, tanto de páginas de cómic como de ilustraciones diversas, hay algo del merchandising que ha diseñado… Y tebeos, claro, incluso incunables como un ejemplar del primer número de El Rrollo Enmascarado. Además, se proyectan constantemente, en bucle, vídeos relacionados de una forma u otra con él.

            La exposición me parece histórica, y su importancia va mucho más allá de de la que tiene para Max. Es algo histórico para el cómic. Porque Max, que bien puede ser nuestro autor más importante de los últimos treinta años, no necesita de homenajes ni reconocimientos para que nosotros sepamos quién es y lo que vale. Me refiero con lo de nosotros al famoso mundillo, claro. Nosotros conocemos a Max, o deberíamos conocerlo, pero esto es un reconocimiento institucional que lo acerca, no al gran público, sino al mundo de la cultura. Del mismo modo, y por eso decía que es algo histórico para el tebeo, sirve de legitimación de todo el medio. La pregunta evidente que se hacen muchos es si realmente es necesario ese reconocimiento, si el cómic necesita ser aceptado, si no es eso una forma de complejo de inferioridad. En mi opinión, no.

            A ver. Desde la Ilustración, donde se puede decir que se inventa el concepto moderno de cultura, se ha venido creando un escenario en el que existe una alta cultura, oficial, normalizada, prestigiosa, y una baja cultura o cultura popular, excluida de lo académico e institucional, sin prestigio, vista como pobre. El cómic fue cultura popular, y como tal se empezó a estudiar en los sesenta y sobre todo setenta, cuando los estudios sobre cultura popular y folklore comenzaron a desarrollarse en las universidades. Luego fue contracultural. Y luego la diferencia entre las dos culturas saltó por los aires con la posmodernidad y esa división dejó de tener sentido. Una obra, un medio, o era cultura o no lo era. Y el cómic se quedó en la calle de en medio. En España ya ni siquiera interesaba como cultura popular. Pero tampoco era cultura. Simplemente no existía, se ignoraba. Al cine, a la música, a la literatura pulp, se les abrió la puerta de la Cultura pero al cómic se le dio con ella en las narices. Siguió siendo algo propio de la infancia o de adultos incultos. Y esa percepción no era simplemente una cosa inventada por los de fuera. El aficionado al cómic ha tendido a veces a sentirse perseguido, y no es así. A nadie le ha importado tanto el cómic como para iniciar una persecución a lo Wertham. Es una imagen que la propia historieta ha dado al mundo. Recordemos la insistencia de Ibáñez en lo bien que viene como iniciación a la lectura para los niños, para que luego lean libros —el libro, per se, es bueno, es útil, es positivo; el cómic se tiene que justificar, es para algo—, o Jan, que opina que el cómic es un arte menor. En mi libro de Lengua y Literatura de 8º de EGB el cómic se ponía como ejemplo de subliteratura. Y hablo del año 93, no del Pleistoceno.

            Así que hoy el cómic no es baja cultura ni cultura popular porque ya no existe el concepto de baja cultura o cultura popular. Es cultura. Lo es desde un punto de vista antropológico, evidentemente. Pero también ha de serlo desde el punto de vista social. ¿Por qué? Porque la opción en caso contrario es el gueto, la marginalidad más absoluta. “El cómic no necesita de reconocimientos o premios para ser un arte como cualquier otra”, se dice constantemente. Cierto, claro. Pero ¿lo sabe el mundo? ¿Lo sabrá si no se lo decimos, si no se le muestra? ¿Sirve de algo encerrarnos en nuestro mundillo y despreciar cualquier tipo de movimiento que intente oficializar la historieta? No. En absoluto. Estar en las instituciones, estar en el Instituto Cervantes, no significa venderse. No creo que pueda decirse eso de Max. Significa ganar visibilidad y equipararse a cualquier otro medio cultural. Significa que mucha, muchísima gente que no sabía quién era Max ahora lo va a saber. Gente válida, ¿eh? No caigamos en el error de despreciar sistemáticamente a todo aquél que no lee cómics como tan a menudo se hace. Que hay un término medio entre no leer historieta y ver exclusivamente Gran Hermano en la televisión.

            Porque la realidad es diferente a como la vemos desde nuestra posición. Ha habido siempre gente interesada en la cultura que no accedía al cómic. Primero porque no había cómics para ellos, o no demasiados, y segundo porque no había canales para ese acceso. Canales visibles, me refiero, al alcance de todo el mundo, que por supuesto pueden y deben combinarse con otros más alternativos.

            Panóptica es un viaje por la carrera de Max, pero también por la historia del medio en este país. Cuenta cómo creció a marchas forzadas desde lo contracultural al éxito comercial, a la travesía por el desierto de los noventa y la recuperación de la última década, hasta un momento actual dulce en lo artístico y prometedor en lo comercial. Un momento en el que, al fin, es normal hablar de cómic en los medios, organizar congresos universitarios en torno a él y que haya un premio nacional. La exposición comienza con una imagen enorme en la que Max, que no da puntada sin hilo, dibuja una estantería en la que se mezclan sin jerarquía todas sus influencias, ya sean literarias, musicales, pictóricas o historietísticas. Y termina con una estantería real en la que descansa una muestra muy variada del cómic adulto español contemporáneo, donde el visitante puede ver, y coger, y hojear, e incluso leer —hay mesas para tal efecto— obras como La muchacha salvaje, Plétora de piñatas, El Capitán Torrezno o Arrugas. Esta exposición es para nosotros, para los que no nos perdemos una y sabemos de qué va la cosa, pero también es para toda esa gente sin prejuicios que hay ahí fuera, dispuesta a leer cómics, que tal vez entre atraida por la preciosa decoración de la fachada del Instituto, y se encuentre una exposición espectacular y rigurosa, que le invite a buscar más, a leer más.

            En fin, más allá de mis rollos raros, id a verla, en serio. Es una puta maravilla en la que perderse durante horas. Estará hasta el día 13 de mayo en Madrid y luego imagino que seguirá su recorrido por España. Los sábados a las 18:00 hay visitas guiadas. Yo no soy muy de hacer fotos, pero afortunadamente Alberto García sí, así que aquí os dejo la galería que subió a Entrecomics, muy completa.

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10 thoughts on “Panóptica: Max y el cómic en la encrucijada.

  1. 1- envidiaza
    2- para mí la viabilidad del cómic como arte adulto es una obviedad, claro. No sólo desde los últimos tiempos (donde cada vez más, si tal) pues de Pratt a Oesterheald pasando por Christin/Bilal, Krazy Kat y Sió, o los artesanos del género franceses de los ochenta (pienso en un Julliard, o en Tardi), hay tebeo para adultos desde hace mucho. Mejor o peor, más o menos si nos ponemos cuantitativos. Y sin duda de mayor ligereza que alguans bombas contemporáneas (pienso en Sacco, comparar Las Falanges del Orden negro con Notas al pie de Gaza… hay un abismo, vivimos un momnetazo, sí).
    Hay material, pero fallan, como también dices tú, los canales.
    Un canal a conquistar, desde luego, son los espacios de los museos/centros de la “alta cultura” (suena feo, pero no sentendemos), y hacerlo bien, como parece se hace en esta panóptica.
    Sacar de sus casillas habituales al cómic, meterlo en las secciones culturales de los diarios limpiando de clichés la noticia, venderlos como otros libros en la librería… darles una “nueva visibilidad”.
    Parece que esta expo va por ese camino, qué suerte poder verla… esperemos que luzca por el noroeste también, algún día…

  2. Eso es, para mí ése es el camino. Incluso aunque no gusten (a ver, tampoco vamos a sacralizar ahora las secciones culturales de los periódicos o los suplementos, o la gestión de las instituciones culturales, tienen sus cosas) esos canales son los que dan visibilidad. Y se ha demostrado, se está demostrando, que no había nada “personal” en el público contra el cómic. Nada de temidos y odiados. En cuanto se les ha mostrado un cómic que les puede interesar, están respondiendo con menos prejuicios de los que pensábamos. Queda mucho por hacer, pero se va avanzando, ¿no?

    Y a ver si hay suerte y os la llevan por allí, merece mucho la pena. De hecho, te diría que te vinieras un día para acá a verla, Octavio, aunque es un viaje largo… Pero no te arrepentirías.

  3. Yo debo reconocer que hemos tenido mucha suerte en Valencia. La de Max, que se gestó aquí, en el MuviM, es tan sólo una más de las muchas y extraordinarias que hemos visto. La de Miguel Calatayud, justo antes que ésta, fue simplemente impresionante, espectacular (casi, casi más completa que la de Max!), pero no se puede olvidar la dedicada hace un par de años a los grandes pioneros, a Hogarth, Bagaría y Grosz… Aunque la cosa tuvo su origen en aquella extraordinaria muestra dedicada a Daniel Torres que se organizó cuando se quería competir con Barcelona y Madrid montando en 1992 el Valencia, Capital del Cómic… Todas desde fuera del circuito oficial, todas marcando una realidad del tebeo como obra artística y cultural de primer orden.
    Pero no hay que olvidar que también empresas como la FNAC están haciendo mucho, con sus presentaciones y exposiciones, o el ámbito cultural de El Corte INglés, que también dedica muchas actividades al cómic.
    De todas formas, después de venir de Angouleme, queda muuuucho camino, me temo hasta conseguir la normalidad con la que viven los vecinos que el tebeo es una forma cultural más.
    No lo dudes Octavio, acércate a Madrid a verla porque es espectacular Pero no hables de envidia, que con las exposiciones que os llevan por allí para Viñetas, los que estamos siempre con los dientes largos somos los demas!!!!!! 🙂

  4. Sí, la verdad es que Madrid va bastante rezagada en ese sentido… La expo de Max, de todas formas, y sin comparar porque no he visto ninguna de las que mencionas, me parece que es un hito por su ambición y rigor. Y bueno, a mí me parece la leche que se haya montado en el Instituto Cervantes. Como dices, de todas formas, todavía queda mucho por hacer, ¡pero menos que hace veinte años! Es evidente que hay mucha gente aún que sigue teniendo una imagen equivocada de lo que es la historieta, pero eso va a ser inevitable hasta dentro de una o dos generaciones, es una cuestión de educación y edad.

  5. Es excelente, sin duda, pero ya te digo… se queda corta comparada con la de Calatayud o la de hace veinte años de Torres!!!!! 🙂

  6. De todas formas, en Madrid habéis tenido excelentes exposiciones, como las organizadas por Jorge Díez. Sin olvidar aquella maravilla que fue “Una historieta democrática”… que menuda gozada de expo de la que ahora se cumplen 20 años!!!!! 🙂

  7. Y ahora mismo tenemos una de la Codorniz en el museo de la ciudad, o al menos creo que sigue, que me gustaría ir a ver también… realmente tienes razón, no es algo nuevo, pero creo que ahora tienen una dimensión más amplia (en cuanto a público) y van siendo cada vez más frecuentes, afortunadamente. Buscaré información sobre la que comentas de Una historieta democrática, que me interesa.

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