Notas al pie de Gaza, de Joe Sacco.

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Al fin he podido leer Notas al pie de Gaza, de Joe Sacco, y aunque han pasado ya casi dos años desde su publicación en castellano, no voy a quedarme sin hablar de él. Tampoco es que éste sea un blog de actualidad, vaya. De momento voy a empezar diciendo que los que aseguraron que era uno de los cómics más importantes de los últimos tiempos tenían motivos sobrados para pensarlo.

            Sacco siempre me ha interesado por lo que contaba, pero hasta ahora me había parecido que tenía ciertos problemas a la hora de contarlo en forma de cómic, que medía mal la densidad de la información y a veces se hacía farragoso. Pero esa sensación que tuve leyendo Palestina o Gorazde: zona protegida ha quedado atrás por completo en Notas al pie de Gaza. Sacco ha atravesado un proceso de aprendizaje y perfeccionamiento notable, que lo ha convertido en uno de los autores contemporáneos más relevantes. Ha sido un proceso largo, pero esto es algo comprensible. Después de todo prácticamente ha desarrollado él solo el género periodístico en historieta —ha habido otros, pero creo que Sacco ha sido la punta de lanza y el principal impulsor—. Cuando uno cartografía terra ignota tiene derecho a perderse un poco antes de llegar a su destino. Sacco ha tenido que ir buscando las mejores soluciones para explicar lo que le interesaba y hacerlo de manera efectiva, ha tenido que inventar herramientas que en un medio como el cómic, esencialmente narrativo y de ficción, no estaban desarrolladas del todo. Y ha tenido, además, que dotar de sentido su decisión de hacer periodismo en viñetas.

            Porque ya no se trata sólo de que el reportaje que realiza Sacco funcione lo suficientemente bien en una historieta, sino que se llegue a un punto en el que sólo funcione en este medio tal y como está planteado. Ésa puede ser la mayor diferencia entre Notas al pie de Gaza y trabajos previos: ha llegado a un momento en el que domina el medio casi totalmente y tiene claro cómo usarlo. Para empezar, entrelazando un doble discurso con la perfección que sólo permite el cómic, al superponer voces diferentes en el mismo espacio. Sacco viaja a Gaza con la intención de investigar una matanza de palestinos que tuvo lugar en 1956, un hecho casi borrado por el paso de los años y que ha quedado reducido a una “nota al pie” del conflicto palestino-israelí. Pero el tebeo es al mismo tiempo la historia de cómo se desarrolla esa investigación, de la frustración de Sacco ante la dificultad de la tarea. Así que Notas al pie de Gaza es tanto la reconstrucción de aquel suceso como la historia autobiográfica de un periodista que intenta realizar su trabajo en una zona en guerra encubierta. El lector pasará de una a otra con naturalidad y fluidez, con una agilidad que echaba en falta en otros cómics de Sacco, y eso se debe, como decía, a la depuración del propio lenguaje. Depuración que le permite llegar a soluciones técnicas perfectas, como la que utiliza para simultanear los testimonios contradictorios de sus testigos, o la que le permite hacer incisos en sus relatos intercalando didascalias entre los bocadillos de texto, como si fueran llamadas de un texto en prosa, pero planteadas de una manera mucho más orgánica. Su dibujo, que también ha mejorado muchísimo, es la herramienta perfecta para recrear el pasado y al mismo tiempo capturar la esencia del presente, en impresionantes dobles páginas donde muestra el bullicio de las ciudades de Gaza, por ejemplo, pero también en sus encuentros con los testigos de la matanza. Con todo esto consigue un relato que cautiva al lector y le apasiona, porque, de nuevo gracias a la naturaleza de la historieta, es muy fácil implicarse en la búsqueda de Sacco. Y porque, claro, lo que está contando es tremendo. No obstante soy consciente de que hay gente que no puede con Sacco, que se aburre o le parece demasiado pesado. No creo que eso sea un defecto o algo que le reste vaor a la obra. Nos hemos acostumbrado, por la condición histórica del cómic como medio popular de masas, a pensar, aunque sea inconscientemente, que cualquier cómic tiene que ser para todo el mundo. Y no. Notas al pie de Gaza puede aburrir, por supuesto, igual que aburriría un documental o un ensayo sobre la misma cuestión si ésta no interesa al receptor. Es de cajón. Es un reportaje que exige implicación y atención por parte del lector, no es un relato de ficción en el que todas las claves estén claras. Para empezar, porque es imposible que lo estén.

            Y esto me lleva a uno de los temas que más me han interesado de esta novela gráfica. La verdad. Sacco busca la verdad de lo que pasó en 1956, y no la encuentra, porque no existe. Me explico. Como licenciado en Historia —eso de historiador me impone demasiado como para llamármelo a mí mismo— si algo tengo claro es que el hecho histórico no existe de forma independiente al investigador. El concepto ilustrado, la imagen del historiador recolectando los hechos del pasado en un campo en el que surgen como si fueran setas, puede persistir en la sociedad, pero hace mucho tiempo que está superado. El hecho histórico se construye siempre, a partir de las fuentes. La historiografía moderna asume la imposibilidad de descubrir esa Verdad universal que todo lo contenga y que resulte incontestable. La Historia no es objetiva, no es unívoca. Por tanto ya no se trata tanto de crear un gran modelo que explique todo sino de mostrar facetas, de sacar a la luz lo que haya e interpretarlo, y presentarlo, no como La Historia sino como una historia. Con criterio, con rigor de método, por supuesto, pero con la humildad de saber que no estamos nunca diciendo la última palabra ni solucionando definitivamente nada.

            Sacco no es historiador, pero la investigación que lleva a cabo para Notas al pie de Gaza le acerca irremediablemente al método histórico, y va dándose cuenta de todo esto que acabo de explicar, cuando comenta su frustración ante las numerosas contradicciones de sus testigos, la dificultad de acceder a determinados documentos y, en definitiva, la imposibilidad de encontrar esa Verdad que iba buscando cuando llegó a Gaza.

            Por todo esto, creo que el dibujo juega un papel fundamental. En parte es por lo que decía que esta historia debía contarse en viñetas. Sacco recupera el papel de la ilustración en la crónica periodística, ese papel que fue perdiendo poco a poco tras la aparición de la fotografía, pero además tiene un valor añadido en este relato en el que nada es verdad. La fotografía es tramposa. Mantiene siempre asociada la falsa idea de que es objetiva, de que muestra la realidad tal cual es, aunque, incluso sin entrar en manipulaciones intencionadas, esa idea hace tiempo que está descartada en cualquier teoría de semiótica de la imagen. Pero persiste su buena prensa, el prejuicio que hace que, igual que con lo que sale por televisión, mucha gente piense que es la Verdad. Y por eso me parece que el dibujo, empleado en una historia de incertidumbres como ésta, establece una relación con el lector más honrada. El dibujo implica un dibujante, un interpretador que no se hace nunca invisible, como sí se hace el fotógrafo o el operador de cámara. El lector es siempre consciente de que está presenciando una recreación, una interpretación posible, tanto de lo que vive Sacco directamente como de lo que tiene que imaginarse a partir de sus fuentes orales.

            Volvemos al principio: Joe Sacco ha realizado un reportaje de investigación riguroso y serio, y lo ha hecho en historieta. Si lo hubiera hecho a través de un documental o de un ensayo, o de un reportaje fotográfico, no habría podido hacerlo como lo ha hecho. Habría sido algo muy diferente, con resultados diferentes y respuestas diferentes por parte del lector. Y precisamente en este tipo de cosas reside la madurez del medio. Notas al pie de Gaza es un cómic porque debe serlo, porque necesita serlo, no es un capricho del autor o una excentricidad. Y quiero acabar con otra reflexión al hilo de esto. Cuando Art Spiegelman publicó Maus, la pregunta inevitable en las entrevistas —y de hecho él mismo dedica un extenso capítulo a contestarla en MetaMaus— era “¿por qué un cómic?”. La gente percibía el tema como demasiado serio, demasiado complejo para el medio. Hoy, veintitantos años después de aquello, nadie se plantea esa pregunta. Se asume como normal que un cómic trate sobre Gaza. Y esto evidencia más que cualquier otra cosa los pasos de gigante que ha dado el medio desde entonces.

ACTUALIZACIÓN: Dejo aquí otras reseñas de Notas al pie de Gaza. La de Santiago García, que también tocó la cuestión de la verdad histórica, la de Alberto García y la de Octavio Beares.

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