El día en el que me enamoré de Spiderman.

Casi todos los coleccionistas de tebeos tenemos uno que recordamos con un cariño especial, por ser el que lo cambió todo, el que consiguió que pasáramos de ser saludables lectores ocasionales a enfermizos coleccionistas compulsivos. En mi generación, lo normal es que ese tebeo fuera de superhéroes. Y si hiciéramos una encuesta, estoy convencido de que Spiderman ganaría con diferencia. De Spiderman —así, sin guion; el guion aprendimos a ponérselo mucho más tarde— he hablado mucho, pero nunca he contado cuál fue el tebeo que me enganchó.

            Más o menos con diez años cayeron en mis manos un par de retapados del primer volumen del Spiderman de Forum, que contenían los números 181 a 190. Antes de eso conocía al personaje, claro, y recuerdo vagamente haber leído o por lo menos hojeado algún cómic, al menos uno de los cuales debía de ser de Vértice porque recuerdo a Tumbita. Pero estos dos retapados me llegaron en el momento justo para revolucionarme la cabeza y volverme loco por Spiderman. Por allí salía el Doctor Octopus, Dakota North —en un episodio que a día de hoy todavía me parece rarísimo—, y nada menos que el debut de Veneno y de Todd MacFarlane. Pero a mí los que me fascinó no fue la amorfa anatomía del amigo Mac o la chunguez de Veneno, que al fin y al cabo no sabía de dónde salía. No, fueron los números 183 y 184: The Spectacular Spiderman 134 a 136. Los he releído muchas veces desde entonces, y los acabo de volver a releer ahora mismo, y cada vez entiendo mejor a mi yo de diez años.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

            Son cómics de 1988, y no se libran de ciertas ingenuidades, pero tienen a pesar de ello un tono sorprendentemente adulto, si lo comparamos con el de The Amazing Spider-man. Son los últimos números de la primera etapa de Peter David con el personaje y al mismo tiempo los primeros de Sal Buscema como dibujante regular. David, que había escrito números con un tono cómico bastante marcado, sin embargo elige para finalizar su estancia en la serie escribir un epílogo a su historia más recordada, La muerte de Jean DeWolff. Yo no lo había leído, obviamente, pero en estos tebeos se resumía perfectamente en un par de páginas todo lo que yo necesitaba saber. Un policía se había vuelto loco y se había cargado a una compañera, que era amiga de Spiderman. Cuando se entera, éste pilla por banda al policía, Stan Carter, en su identidad del Comepecados, y lo revienta a golpes. Fin. Bueno, fin, no; quedaba, en realidad, lo mejor. Pero, claro, poneos en el pellejo de un chaval de diez años que se encuentra en un cómic de superhéroes todo esto. Para empezar, el villano no es un tipo con poderes maravillosos. Era un chalado con recortada. Eso ya rompe los esquemas de cualquier crío, pero además era un chalado que estaba hecho polvo: medio sordo, cojo, y tartamudo. Eran las secuelas de la paliza que le había dado Spiderman —el héroe, recordemos—. Esto puede parecer ingenuo en los tiempos que corren, en los que lo más habitual es ver a los Vengadores o a los X-Men matando a diestro y siniestro, pero en ese momento era un shock. Vale, el tío era un asesino y había matado a su amiga, pero, joder, lo había machacado. Peter —porque ya entonces me di cuenta de que la clave era ésa: Peter Parker— se sentía fatal. La culpabilidad le corroía y encima el otro le decía que hizo bien, que se lo merecía. Pocos tebeos han resumido tan bien el masoquismo de Peter Parker y su retorcido sentido de la responsabilidad que le lleva a echarse sobre sus hombros cualquiera desgracia que suceda a menos de un radio de cien kilómetros.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Yo estaba fascinado, claro. ¿Qué iba a pasar? Yo pensaba que en los tebeos de superhéroes había un malo que hacía algo malo, y que era detenido por el bueno. Pero aquí el malo era un pobre hombre que había enloquecido y que ahora, más o menos curado, no podía rehacer su vida, y que además llegaba a salvar a Spiderman de una turba furiosa. Era un buen hombre atormentado por su doble personalidad, ese siniestro Comepecados que dibujado por Buscema me acojonaba bastante. Quizás para tener un conflicto algo más ortodoxo David introdujo a Electro, aunque también con una vuelta de tuerca. Para empezar al principio salía sin su traje, porque había pensado, con mucha lógica, que ponérselo significaba atraer a los superhéroes de inmediato. En lugar de eso, teníamos a un tío entrando con ropa de calle a una joyería con una pistola de juguete con la que canalizar sus poderes sin que nadie sospechara que era Electro. Y humillaba en el transcurso de la historia a Spiderman no una, sino dos veces, debido a que el trauma de ver a Stan Carter lisiado le impedía luchar. Primero apalizándolo, y luego ante las cámaras de televisión, sin tocarle un pelo, simplemente dejándole en evidencia y escupiendo a sus pies, ese escupitajo humeante, que no sé si fue idea de Buscema o de David, pero que en mi mente infantil se grabó a fuego. Aquello era terrible. Los tebeos de superhéroes debían ser de otra manera, más optimistas, más coloridos, más luminosos, más… heroicos.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

            Electro era vencido, pero la historia no terminaba bien. Stan Carter no encontró otra forma de librarse de su fantasma que tenderle una trampa y hacerse matar por la policía. Y Spiderman no estaba allí para salvar el día, porque estaba recuperando la autoestima peleando con Electro.

            Hubo más detalles en esos tebeos que contribuyeron a que me marcaran. Para empezar, Spiderman llevaba aún el traje negro, no el simbionte, sino el de tela convencional que se cosió cuando se libró de aquél. Y además esos números, en su edición española, tuvieron una reproducción defectuosa, según explicaba un texto editorial, porque los materiales se habían perdido en el trayecto a España y tuvieron que escanear los tebeos directamente —con un escáner del año 89, imaginaos—. Esa reproducción sucia, unida al color oscuro y sobrio que aplicaron Bob Sharen y Janet Jackson, le daba un aspecto a los cómics bastante inquietante.

            A estas alturas, después de tantos años, intentar explicar el impacto que esos tebeos tuvieron en mí siempre será reconstruirlo artificialmente. Pero sí sé que muy poco tiempo después empecé a coleccionar la serie, fascinado por Spiderman y por Peter Parker. Con esta historia aprendí que Spiderman no era como los demás superhéroes antes de saber cómo eran los demás superhéroes. A un nivel tan básico como debía de ser a los diez años, me impactó su relativa ambigüedad moral y su pesimismo. Aprendí que los buenos se equivocan y que no ganan siempre. Que ser un héroe no significa no caer, sino aprender a levantarse.

            Después leería muchos cómics de Spiderman mejores que éste, claro. También muchísimos peores. Pero éstos fueron los que me engancharon al personaje para siempre y los que provocaron que empezara a leer tebeos en serio. Y muy posiblemente son los tebeos sin los cuales yo no estaría ahora mismo escribiendo este blog.

Anuncios

10 thoughts on “El día en el que me enamoré de Spiderman.

  1. Sniffff. La nostalgia!!!!!
    Yo la verdad es que leer tebeos siempre he leído como un cosaco, desde aquella colección DUMBO de historias Disney de mi infancia. Pero si he de marcar un momento en el que dije “colecciono tebeos” (leer tebeo en serio creo que los he leído siempre!!!) ése fue, sin duda, el número 22 de 1984. Una espectacular portada de Richard Corben (DEN!!!!) y un enano de apenas 13 años que decidía “coleccionar tebeos”… XD
    Recuerdo que a finales de ese año, tenía ya una estantería para mi “colección de tebeos”, que eran más o menos 5 o 6 1984, 3 o 4 Creepy, un par de TOTEMS (el 32 y 33, me acuerdo perfectamente). Y la suerte que apenas un poco después aparecían los números 1 de COmix y de CIMOC: Y recuerdo perfectamente mis dos primeros álbumes, fruto de mucho ahorro y de mucha sisa: el especial Edgard Allan Poe de Toutain (costaba 400 pelas, una millonada!!!!!) y el de Adele y el misterio de Torre Eiffel (350 pelas!!!!!!).
    Hala, voy a gastar un paquete de kleenex llorando un rato…. 😉

  2. Buah, casi me da algo cuando he leído esta reseña-comentario. Para mí la antesala, sala y postsala de “La muerte de Jean DeWolff” es un clásico del trepamuros. Y esos dos números de Electro y Stan Carter son canela fina.

    Y ojo, parte del mérito es la narración de Sal Buscema. A Buscema le daba igual Conway que Dematties que David, siempre construía narraciones ágiles, expresivas y secas, muy alejadas del tono que Spiderman solía buscar con McFarlane, Larsen, Saviuk e incluso Bagley.

    Sal Buscema es Dios, pero la gente no se da cuenta. Y David supo tejer una historia en triángulo, donde Peter Parker parece un espectador afligido y no el protagonista.

    En esa época se estaban haciendo cómics muy adultos para Spiderman, no nos dábamos cuenta, a eso nos ha enseñado el tiempo y la comparativa. Hay números gloriosos de ese tiempo forum. Hoy, creo que el porcentaje de historias clásicas o historias que permanecen en la memoria son mucho menores. ¿Cuáles son las últimas de Spiderman? ¿Stracinszky? Pues no ha llovido…

  3. Álvaro, lo bonito es cuando uno acude a sus mitos de la infancia y descubre que además hay una calidad que los sustenta. Me temo que tú tuviste más suerte que yo, y no lo digo por estos tebeos, que ya digo que creo que son buenos, sino por la mucha mierda que me tragué cuando empezaba xD. Con ciertas cosas la nostalgia no puede…

    Scriers, cada vez que me encuentro con algún fan del Spiderman de Sal Buscema le doy un abrazo, aunque aquí tendrá que ser virtual. Me encanta y coincido totalmente contigo. Los cómics de Peter David en los ochenta o Gerry Conway y DeMatteis en los noventa están muy por encima de lo que entonces atraía la atención del personaje.

    Mariano, muchas gracias, recordaba mal. Ahora mismo lo corrijo.

  4. yo lo onté hace más de un lustro (por cierto, me doy cuenta, llevo mucho bloggeando!). Para mí el Big Bang d elos tebeos fue un Spiderman. Con menos de diez años (supongop que contaría siete u ocho, no más), y lo comenté aquí (hoy lo escribiría todo de otro modo… lo dicho, los años):
    http://estodigo.blogspot.com/2006/07/primeros-pasos.html

    Y sí, posiblemente soy un niño afortunado: descubrir los cómics y en particular a Spiderman con esa historia no tiene precio.

  5. Mi primera vez … no la recuerdo, no lo consigo. Tintin siempre estuvo ahí, junto al Sulfato Atómico y Asterix y los JJ. OO. Uno de mis abuelos, me regaló Fort Navajo, lo se porqe lo firmó. Otro Peligro en el aire. La primera vez que fui yo el que tomó la decisión fue con Trinca, y luego los álbumes contrareembolso. La colección Olé de mi tío. Contrato con Dios en inglés, también en casa de mi tío (no me enteré de nada, pero que dibujos!!). El Capitán Trueno, se me olvidaba, en casa de mi abuelo Aurelio, entre trenes eléctricos, soldaditos de plomo, … Bumerang, Blue jeans, Totem, … Los superhéroes nunca se cruzaron por mi camino. hasta Watchmen. Pero eso ya es otra historia.

  6. Yo tampoco soy capaz de acordarme de mi primera vez, Emilio. Es casi imposible. Sí recuerdo obras, como tú, alguna de ellas sería la primera, pero a saber… Recuerdo un tomo de historias de los Looney Tunes, un Superhumor de Los Pitufos, algunos Mortadelos sueltos…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s