Los muertos vivientes 15: Encontrarnos a nosotros mismos, de Robert Kirkman, Charlie Adlard y Cliff Rathburn.

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AVISO: CONTIENE SPOILERS A TUTIPLÉN.

            El aviso de arriba se debe a que cuando hablo de Los muertos vivientes lo que me apetece es dejar a un lado los análisis formales y abrazar el aspecto más fan de la cosa. Más que nada porque si a la serie le aplicara un análisis riguroso no podría disfrutarla; prefiero no hablar de Charlie Adlard, que nunca ha sido un gran dibujante pero al que cada vez noto más desganado, de la narrativa confusa de muchas secuencias, del verdadero esfuerzo que hay que hacer a veces para distinguir a algunos personajes secundarios, o lo torpemente que están insertas algunas conversaciones.

            No, cuando leo Los muertos vivientes me dejo llevar, paso por encima de las torpes costuras y de todos los trucos de los que hace gala Robert Kirkman y me entrego a lo visceral, al disfrute —por llamarlo algo, porque se pasa mal— que supone seguir este culebrón. Como tal hay que valorar la serie, y como tal, ha sido impecable. Está llena de momentos que te dejan helado, de escenas que te ponen mal cuerpo y giros de guion que te abren la boca de par en par. Si entras en su juego, claro. Los muertos vivientes engancha porque Kirkman manejaba a la perfección los mecanismos de lo que tenía entre manos y no se acomodaba nunca. En cuanto una situación insinuaba signos de agotamiento, pumba, la hacía saltar por los aires y a otra cosa. Ningún personaje estaba a salvo de la muerte.

            Pero hoy he leído el tomo quince, y me ha dejado así así. Porque parece poner en duda todo lo que he dicho arriba. Hay en la serie una sensación de agotamiento clara, y quizás lógica dado que va ya por los noventa comic books, pero además ha desaparecido casi por completo la sorpresa. Es una serie aburguesada, para que nos entendamos. A estas alturas, cuesta mucho imaginar que Rick muera, o que lo haga Michone, menos aún cuando parece ser que la van a introducir en la serie televisiva. Se ha vuelto predecible al tiempo que ha perdido una de sus mayores bazas: la credibilidad. Probablemente vayan de la mano. El fenómeno fan funciona así, lo he visto muchas veces. Desde dentro no siempre se ven las cosas con la misma claridad que desde fuera, o si no que se lo digan a los —pocos— fieles que defendieron la televisiva Heroes hasta el final, o a los que se creen de verdad que los últimos libros de Harry Potter son tan divertidos como los primeros. Cuando uno está dentro, cuando está entusiasmado y emocionado con una serie, es mucho más fácil que nos la metan doblada. Estamos, aunque sea inconscientemente, más abiertos a admitir cosas que en otras condiciones no admitiríamos ni locos. Por eso si esa emoción, si la empatía con la serie flaquea, aunque sea un momento, la mente se nos aclara y entonces es más fácil que pensemos “ey, ¿qué coño es esto?”. Desafortunadamente, añado, porque entonces la diversión empieza a acabarse.

            Y yo ya no puedo creerme Los muertos vivientes. En el último tomo, Kirkman se la jugó con una situación muy jodida que tenía todas las papeletas para estallarle en la jeta, y ante la que decidí darle el beneficio de la duda y esperar. Confiar en el tío que me había dado tantos buenos momentos me parecía justo. Pero me temo que no me equivoqué. A ver, si a Carl le revientan la mitad de la cara atravesándole la cabeza y le llevan de inmediato a un hospital en una ciudad del primer mundo, con los últimos aparatos y los mejores médicos, lo más probable es que se muera. Si le ocurre en medio de un apocalipsis zombi, sin aparatos modernos cerca, sin médicos especialistas, sin ni tan siquiera un quirófano esterilizado, seamos lógicos: está muerto. Si no lo mata la hemorragia lo hará una infección. Pero Kirkman sabe que el chaval es una de sus principales bazas y uno de los favoritos de los lectores —el mío, desde luego—, y sabe que su muerte cambiaría a Rick demasiado. Traducido: por primera vez le he visto a Kirkman miedo a que el invento se le venga abajo. Y eso es muy, muy peligroso, porque entonces la serie pasará a ser otra cosa.

            Porque la libertad que da no trabajar para Marvel o DC y ser dueño y señor de tu creación debe ser también la libertad de matar a la gallina de los huevos de oro cuando se entienda, honradamente, que ya ha puesto todos los huevos que tenía que poner. Dicho de otro modo, que hay que saber cuándo acabar con el cuento, y que Kirkman ha llegado al punto en el que ya ha tocado todo su repertorio, y ahora parece que nos va a deleitar con unos bises. Con Carl cubre la necesidad de sacudir a los lectores a lo bestia, en un último tomo en el que parecía que iba a cambiar de tercio otra vez, y al tiempo nos da algo que le faltaba a esto para ser un culebrón canónico: un comatoso y un amnésico. Los dos en uno por el mismo precio, en una de las tramas más torpe y apresuradamente resueltas que recuerdo. Y, por lo demás, pues eso, más de lo mismo. Rick preocupado por la salud mental de su hijo, uno al que se le va la olla, Michone es muy dura, Glenn tiene una flor en el culo y se salva una y otra vez, alguna mujer necesita un hombre para no sentirse sola, etc. Kirkman ya ha repetido dos veces el ciclo de éxodo, llegada al paraíso, destrucción del paraíso, éxodo otra vez, y aunque parece que de momento no va a repetirlo de nuevo, no sé si será peor aún no hacerlo, a la vista de lo aburrido que puede resultar el futuro. Los personajes, simplemente, ya no evolucionan, han dado de sí todo lo que tenían que dar.

            A lo mejor estoy haciendo una montaña de un grano de arena y esto es sólo un bache. Pero la credibilidad, con la recuperación de Carl, ha saltado por los aires de todas formas. Kirkman debería empezar a plantearse un final para la serie, pero creo que no lo hará, al menos de momento. El principal problema de casi todo fenómeno fan es que éste siempre quiere más. El fan es insaciable y no quiere que nada termine, quiere su ración de manera indefinida, porque se llega a un punto en el que la calidad de lo que se consume no importa. Sólo la curiosidad voraz y la satisfacción de saber. La  historia demuestra que este tipo de productos sólo caen por un motivo: el económico. Salvo gloriosas excepciones, claro, de las que espero sinceramente que Los muertos vivientes forme parte. Y no voy a engañarme: seguramente seguiré comprándola porque aún siento esa curiosidad, ese apego a los personajes, que siento desde el principio. Pero no será lo mismo.

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4 thoughts on “Los muertos vivientes 15: Encontrarnos a nosotros mismos, de Robert Kirkman, Charlie Adlard y Cliff Rathburn.

  1. Vale, acabo de leer el tomo, y creo que estas siendo muy duro con la serie, yo aún realmente confío en que Kirkman está cocinando algo que aún ni olemos, y ya se me hace la boca agua, está cerca el 100 y creo que esta allanando el terreno para ése evento, algo muy bueno, y sobretodo (espero) inesperado se acerca, acaba de pasar algo muy muy gordo en “sin salida” y ahora hay que trabajarlo de nuevo, ten fé, que desde siempre se ha dicho, que Kirkman ya se le ha acabado el fuelle y siempre nos sorprende con una nueva idea atrevida.

  2. Hola! Tras leer el tomo 15 tecleé en google “muertos vivientes 15 culebrón”, en una búsqueda de almas gemelas, y esto me ha llevado a tu blog. Suscribo tu opinión al 100% y diría más, la serie desde el número en el que Dale palma (un gran tomo, creo que el 11) ha entrado en una dejadez tremenda. No sé si es coincidencia por la serie de tv o qué, pero yo hace tiempo que le he puesto el calificativo de “amar en tiempos pudrientos”. Hay sensación de deja vù y Kirkman no está dispuesto a desarrollar la oscuridad de Rick, algo que es un error sin precedentes en una serie que no debe estancarse.
    Esto ya ha ocurrido en otras series, como DMZ, pero sus autores han decidido terminarlas para que no caigan en lo que cae una y otra vez el manga: las tras absurdas y descafeinadas para el fan ciego, como muy bien indicas tú. Veremos qué hace Kirkman, ahora que caga dólares.

  3. Hola, la verdad es que no sé hasta qué punto la serie televisiva estará influyendo en las decisiones que tome Kirkman con el cómic. Pero sí tienes razón en lo de Rick, hay veces en las que parece que va a dar un salto definitivo pero recula, como si tuviera miedo de ir demasiado lejos y precipitar el final. A ver cómo sigue la cosa.

    Un saludo.

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