Thunderbolts, de Kurt Busiek, Mark Bagley y otros.

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Hablaba el otro día del oasis que supuso Kurt Busiek en la Marvel de los noventa, de cómo llegó a un panorama empobrecido y le insufló nueva —¿vieja?— vida. Y precisamente, la primera vez que tuve la sensación de que eso sucediera fue con Thunderbolts.

            Situación: los Cuatro Fantásticos y los Vengadores han desaparecido del universo Marvel. New York se ha quedado sin héroes, o por lo menos sin esos héroes que pueden ocuparse de cualquier peligro. La editorial aprovecha entonces ese vacío para lanzar nuevas series, entre ellas Thunderbolts. Tuvo la gran ventaja, quizás la mayor que puede tenerse en Marvel, de ser una serie sin presiones, sin obligaciones argumentales durante su primer año de vida, y sin personajes franquicia que cuidar. Esto implicaba una libertad para Busiek que se traducía en constantes sorpresas para el lector, que tenía siempre la sensación de que el estatus quo del grupo podía cambiar en cualquier momento. Lo mismo para los personajes, claro: podía pasarles de todo.

            El punto de partida fue guardado celosamente hasta que salió a la venta el primer número —igualito que ahora, ¿verdad?—: el nuevo equipo de héroes, los luminosos Thunderbolts, son en realidad una panda de villanos comandados por el barón Zemo —un nazi: no se puede concebir nada más chungo en el universo Marvel— que buscan ganarse la confianza del público y las autoridades y que les den acceso a códigos de seguridad y demás privilegios que les permitirán hacerse con el control del país. No era la primera vez que los supervillanos protagonizaban una serie. En los años setenta se publicó Supervillain Team-up, pero ni siquiera tenemos que irnos tan lejos. En los noventa hubo una serie protagonizada por el Doctor Muerte, Doom 2099, y un trillón de series limitadas de Veneno. La novedad estaba en el tratamiento. Los Thunderbolts se hacían pasar por héroes y luchaban contra otros villanos. Y algunos empezaron a creérselo, y terminaron por rehabilitarse, mientras que otros siguieron fieles al plan de Zemo. Y, como decía antes, cualquier cosa podía pasar. En pocos episodios Busiek introdujo a Jolt, una heroína adolescente llena de idealismo que, obviamente, no sabía nada del plan de Zemo. Cuando los verdaderos héroes volvieron de su exilio forzoso, Zemo tiró de la manta y los Thunderbolts que querían reformarse se convirtieron en fugitivos. Tras eso, Ojo de Halcón acabó liderándolos para ayudarles en su empeño.

            Los conocimientos enciclopédicos de Busiek servían aquí no para remedar historias pasadas, sino para construir el presente y el futuro. Y sobre todo, no echaba para atrás a los lectores con menos conocimientos: entonces yo lo era y lo disfruté muchísimo. A los personajes, meticulosamente construidos —quizás demasiado, ya hablé de ello en el anterior post—, se les cogía enseguida cariño. Los tics del guionista entonces no lo eran tanto, o no los teníamos tan vistos, y en cualquier caso, lo de siempre: si era con Lobdell o Mackie con los que teníamos que comparar sus diálogos, no había color. Queda la incógnita de cómo hubiera sido la serie sin su dibujante regular, ese Mark Bagley que no es malo, ni tampoco bueno, y que lleva veintpico años currando en Marvel sin apenas evolución.

            Los Thunderbolts fue una serie de Marvel imprevisible en un momento en el que casi todas funcionaban con fórmulas repetitivas, y por ello se convirtió pronto en mi favorita, la primera que leía cuando volvía de la tienda o del quiosco con el taco de cómics. Tampoco tenía internet, así que la sorpresa no se podía fastidiar aunque quisiera. También es quizás el mayor aporte de Busiek a la mitología de Marvel: el grupo, de una forma u otra, ha sobrevivido como concepto básico —supervillanos que se redimen— hasta hoy. Más allá de él, estamos en lo de siempre, el constante dilema al que me enfrento cuando me acerco a Busiek. El valor artístico e histórico de la serie siempre se verá inevitablemente marcado por el hecho de que no fue el primero. No es lo mismo construir un camino que pasar por él. Pero a pesar de ello hay que tener en cuenta varias cosas. Primero, que en los años noventa la opción de Busiek no era ni mucho menos lógica, obvia o fácil de llevar a cabo. Y segundo, que a fin de cuentas él en series como ésta, o Avengers, nunca ha pretendido ser inventor de nada, sino conservar una tradición y ofrecer un producto coherente con lo que él entiende que es Marvel. Y si artísticamente le podemos poner peros, esa postura, comercialmente, debería funcionar. Los chavales que estaban en condiciones de leer Thunderbolts en 1998, en principio, no tendrían por qué conocer las etapas de Stern o Englehart. Y digo lo de “en principio” porque todos sabemos por dónde empezaba a apuntar maneras el mercado americano y el perfil de lector de superhéroes. Pero eso es otra historia.

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4 thoughts on “Thunderbolts, de Kurt Busiek, Mark Bagley y otros.

  1. Hace mucho que vengo leyendo tu blog y se me ha vuelto adictivo. Y creo que se debe a esta afinidad que tenemos en cuanto a lecturas. Buziek fue uno de los grandes autores de mi preadolecencia y uno que lamente no seguir cuando forum dejo de venir a la argentina.

    los thunderbolts es una serie que unicamente lei su numero 1 y todavia lo releo y siento lo mismo que la primera vez. Ni hablar de Las historias jamas contadas.

    Es cierto que despues de un tiempo, el tipo se vuelve poco leible. Me paso leyendo las cosas nuevas que hizo para marvel recientemente o haciendo una relectura de los vengadores con perez.

    Eso es todo.
    saludos
    Brian.

  2. Vengo siguiendo tu blog hace tiempo, y justo me encuentro con este articulo. Muy bueno realmente.
    Te cuento que yo tambien soy de Argentina (y vengo a responder en nombre del comentario anterior). Verás que los fanáticos de los comics somos muy sufridos en este país, con muchas editoriales que tomaron el manto y la responsabilidad de editar historietas con un desigual resultado. Y durante su existencia, solo nos quedamos con series “a medias”, porque, por cuestiones economicas, resulta imposible editar todo lo que edita (por ejemplo, PANINI) asique habia series pero a medias. Mientras tanto, el material de españa siempre llegaba aunque de a cuenta gotas, siempre atrasados (cosa de un año o mas de distancia con ustedes). Hace casi cuatro años vino una editorial argentina que se asentó y creo que esta haciendo un buen trabajo, aunque obviamente sigue sin poder editar todo lo que saca Marvel (por cuestiones totalmente entendibles).
    Panini durante el 2012-2013 no entraron muchas cosas (al menos a las comiquerias conocidas, de mi zona), y no era ninguna serie regular, sino mas bien tomos especiales que quizas no estuvieran tan ligados con el resto de la continuidad.
    Ahora, entre el 2014 y mediados del año pasado se volvio a insertar PANINI aunque un poco limitado, para que a su vez no le haga competencia a la editorial que tambien edita por estos lares. Por suerte puedo decir que el presente de los comiqueros de nuestro pais está mejor que nunca (al menos lo que viví yo) aunque siempre se podria estar mejor no? 😛
    Un saludo grande y seguí con tu blog, que siempre me mando una pasada leyendo tus articulos. Espero que puedas leer esto! tarde pero seguro no?

    1. Hola, muchas gracias por la información sobre la situación en tu país. Me llama la atención que se distribuyan cosas de Panini habiendo ya una editorial con los derechos allí, muy curioso.

      Un saludo.

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