Apuntes del Saló.

El fin de semana pasado, por primera vez en mi vida, acudí al Saló del Cómic de Barcelona. Han sido unos días intensos y muy divertidos, en los que he compartido grandes momentos con buenos amigos, he puesto cara a muchos que conocía solamente de la red y he vuelto a ver a otros a los que ya conocía pero no veo con la frecuencia que quisiera. Vamos, que ha sido una experiencia cojonuda. Pero el Saló en sí, el Saló por el Saló… digamos que no me ha hecho cambiar la opinión que tengo de los salones de cómic en general desde hace años, y que me llevó a estar diez sin pisar uno, hasta que el pasado volví a visitar Expocómic. No son para mí. Pero al margen de filias y fobias personales, sí quiero decir unas pocas cosas.

            Sobre los premios del Saló: por supuesto lo primero es dar la enhorabuena a todos los premiados. No es fácil destacar entre tanto como se publica al año. Pero con los premios siempre pasa lo mismo, es imposible estar de acuerdo con todos. Tengan el prestigio que tengan, tengan la intención de ser más o menos representativos o universales, al final son el resultado del criterio de equis personas. Así que hay muy poco que objetar en cuanto a la elección de los ganadores. No es necesario estar de acuerdo ni contentar a todo el mundo. Una obra no es mejor o peor porque tenga o no un premio. Son una forma de reconocimiento, una manera de dar visibilidad a los premiados y si están dotados económicamente, una forma de que el premiado se vea recompensado o, incluso, pueda trabajar en su siguiente obra con algo más de tranquilidad. Dicho esto, también es necesario decir que los premios del Saló se han convertido en los más representativos del país, en los más prestigiosos, exceptuando el Premio Nacional del Cómic. Ningún otro premio de salón tiene más impacto en la prensa ni en el mundillo. Por eso quizás genera tanta controversia. Este año, además, se arrancaba con un nuevo formato de premios, con menos categorías, en el que se acababa con el anacronismo del mejor guion, mejor dibujo y demás, que servían casi siempre más para hacer política —para premiar a muchas obras que se entienda que lo merecen — que justicia. Sin embargo creo que aún es necesaria una mayor transparencia en las votaciones y sobre todo establecer unos criterios claros de qué se está votando. “Mejor” es un concepto que si no se define no significa nada; ¿mejor en qué? ¿para quién? ¿votamos nuestra favorita, o la que más nos divierte, o la que creemos que ha sido más importante? Porque no siempre son la misma cosa. Y por supuesto cada votante seguirá los criterios personales que crea oportunos, si no se le dan ningunos generales, y de nuevo, ante eso poco se puede decir. Pero sí, me cuesta digerir que una mayoría de votantes considerara el año pasado que Los muertos vivientes fue la mejor obra extranjera publicada en España.

            Dicho esto, tampoco pasa nada por dar la opinión de uno, que para eso los premios son públicos. La verdad es que a la lista de nominados en la categoría de mejor obra española se le pueden poner muy pocos peros. Yo tenía dos favoritos por los que era incapaz de decidirme: El héroe y Aventuras de un oficinista japonés. Me parecen los dos mejores tebeos españoles del año, y cualquiera de los dos me habría alegrado. Lo sentí por David Rubín, pero también lo habría sentido por José Domingo si hubiera ganado El héroe. Es una situación jodida porque han tenido la mala suerte de coincidir en el tiempo dos bestialidades de tebeos, pero en realidad nos da la medida de cómo está ahora mismo el cómic español; sólo hace falta echar un vistazo a la lista de nominados para darse cuenta del valor que tenía este año ganar el premio, y eso sin contar a los que no están pero deberían, bajo mi punto de vista.

            Y por otro lado, tenemos el premio a la mejor obra extranjera. Arzak, del recientemente fallecido Moebius. No es un mal cómic, pero desde luego no me parece el mejor que había en la lista. Para empezar, si de reconocer a Moebius se trataba, sin ir más lejos Inside Moebius me parece una obra mejor que Arzak, y sobre todo más contemporánea, más de 2011. Pero la cuestión es que un premio tan importante, que tiene vocación de serlo, además, que no lo es a su pesar, no debería otorgarse por motivos sentimentales. Y por supuesto con esto no estoy rebajando ni un ápice el valor y el talento de Moebius, evidentemente. Sólo creo que había otras formas de homenajearlo que otorgarle el premio a mejor obra extranjera.

            Y del premio popular, francamente, no puedo decir nada, porque no he leído la obra ganadora. Pero mentiría si dijera que no estoy totalmente desconcertado.

            Y luego tenemos el Saló como tal, como espacio de reunión de aficionados, de promoción del cómic entre el gran público y como negocio, claro. Las tres cosas son lícitas y deseables y las tres deberían poderse conjugar en un modelo de salón coherente y equilibrado. Cosa que no creo que sea el caso, sinceramente. Yo estuve en el Saló el sábado, y había mucha gente, es verdad. Pero me dio la sensación de que muchos no eran precisamente público ocasional, y además iban a lo que iban. Quiero decir que cada grupo va a su historia y no se mezcla demasiado con los demás, ni presta atención a nada más. Es mi impresión, ¿eh? Puedo estar terriblemente equivocado, tampoco hice un seguimiento exhaustivo. Pero la exposición de originales de Winsor McCay estaba tristemente solitaria, comparada con otras actividades.

            Pero más allá de eso lo que me parece que merece una reflexión es otra cuestión. En el Saló había una exposición de robots, un espacio no precisamente pequeño para que éstos combatieran a muerte, espacio para videojuegos, tiendas de gominolas, fuentes de chocolate, un espacio de pintura corporal y maquillaje, y varios stands de promoción de películas, relacionadas o no con el cómic, entre los cuales sin duda se lleva la palma la de una comedia americana que promocionaba una exconcursante de Gran Hermano con la que uno podía hacerse una foto mientras iba disfrazado. Me parece excesivo, la verdad. Una cosa es diversificar e intentar atraer público y otra convertir un salón de cómic en un totum revolutum sin demasiada coherencia. Por supuesto, habrá quien piense que exagero, que también había actividades relacionadas con el cómic. Pero el problema es precisamente ése: un salón del cómic no debería ser un espacio en el que también hubiese tebeos. Éstos deberían ser el centro de atención, el protagonista absoluto del evento. Y sí, había maravillosas exposiciones de originales —lo que más disfruté—, y mesas redondas. Pero me parece poco, de verdad. Ficomic, entiendo, intenta atraer público para el cómic, dado que, en principio, su mayor objetivo debería ser promover el medio. Pero ya digo, no veo equilibrio. Además, ese venderse al diablo en la búsqueda de espónsores potentes no parece compensar. El número de visitantes lleva estancado durante años, sin aumentar, con robots o sin ellos. Y ese dinero que entra tampoco se traduce en una bajada del precio de la entrada ni, según parece, en mejores condiciones para editoriales y librerías en el alquiler del stand. Y esto lo digo porque cada año van faltando más editoriales y sobre todo tiendas, a las que no compensa demasiado económicamente acudir al Saló.

            Son reflexiones que hago a vuelapluma, que conste, sin investigar ni profundizar en los motivos de Ficomic para actuar como lo hace, o para ofrecer este modelo de Saló. Igual no queda otra para conseguir los fondos suficientes para que siga teniendo las dimensiones que tiene. Sólo doy mi opinión, y mi opinión es que no me gustó demasiado lo que vi, en su conjunto, aunque reconozco, claro, el enorme trabajo de organización que debe de suponer montar algo así. Pero creo que es posible otro modelo, que represente mejor los intereses de industria, autores y aficionados, y sobre todo que se ajuste más a lo que el mundo del cómic es hoy en día. Y lo que es por sí mismo, no por contactos más o menos forzados con otros medios o cuestiones. Puede ser tópico decirlo, pero no por ello es menos cierto que en otros ámbitos este tipo de eventos sería inconcebible desarrollarlos así. Y yo creo que quizás sería preferible un salón con algunas visitas menos —que tampoco tendría por qué— y más centrado en la difusión y promoción de la historieta que en ese concepto ambiguo que es “el ocio”, o “lo friqui”. Pero ya digo, que es sólo una opinión. Seguramente la gran mayoría de los visitantes del Saló se lo pasó genial, y eso también es importante, aunque no repercuta en un beneficio directo para el medio. Pero sí, prefería que las cosas fueran de otra forma.

ACTUALIZACIÓN. Añado el enlace a un texto que ha publicado hoy Santiago García en su blog sobre el Saló con el que estoy totalmente de acuerdo.

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5 thoughts on “Apuntes del Saló.

  1. Buff… Pues si te cuento lo solos que estábamos en la zona de fanzines ¡de espaldas a la salida! Totalmente de acuerdo con lo de “un espacio en el que también haya tebeos”

  2. Octavio: sí, hay otros modelos posibles, y aunque nunca he estado en el Viñetas, se habla muy bien. Ojalá pueda ir algún día.
    odiolitos: Sí, eso se me ha pasado comentarlo: la zona de los fanzines estaba pésimamente ubicada. Estuve por allí el sábado, por cierto, charlando un rato con Samuel de Rantifuso, una pena no saber que estabas.

  3. Pues mira, al ladito, en el stand de Pulp estaba yo… a ratos, porque como era chiquitín teníamos que turnarnos, pero estaba. ¡A la próxima!

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