La magia de la palabra.

Hace unos días terminé de leer completa, por primera vez en mi vida, Los Invisibles de Grant Morrison. “Ya te vale”, diréis algunos, y bueno, sí. Ya me vale. Pero quizás haberla leído ahora, después de haberlo hecho con muchas otras obras suyas, me da una perspectiva que no tendría de haberla leído en los noventa, cuando tocaba. Porque Los Invisibles es una especie de puesta a punto de una serie de ideas por parte de Morrison, un campo de pruebas, casi una obra de tesis para poner en orden sus teorías y aplicarlas después a sus obras. O así lo veo yo, vamos. Y ahí radica su mayor interés, además. Morrison se convirtió en Morrison escribiendo Los Invisibles y experimentando dentro y fuera del papel, porque, de hecho, ambas cosas acabaron siendo lo mismo. Morrison generó un personaje y una cosmología propia que acabaron confundiéndose con su obra, y eso es algo que inevitablemente hay que tener en cuenta al analizarla, y que además le ha generado simpatías y antipatías por igual. No es el primero que lo hace, evidentemente. Hay muchos escritores que han jugado a eso, pero sin irnos muy lejos, el referente obvio es Alan Moore. Antes que Morrison, Moore llegó a la magia como paso lógico e inevitable en el proceso de la creación, y ha convertido muchos de sus cómics en actos de magia, o trucos de magia.Y ésa es la diferencia entre uno y otro: mientras que Moore, con su culto a Glycon —una deidad romana que fue descrita como fraude ya en su época— parece decirnos que todo es, o puede ser, un juego, una metáfora útil para canalizar la creatividad, Morrison parece creérselo de verdad. Da la impresión de importarle mucho más lo que piensen sus lectores de sus creencias, y en ocasiones insiste en ciertos puntos de su experiencia con una vehemencia extraña. Quiero decir que a Moore parece importarle más bien poco lo que piensen de él.

            Y es que ante este tipo de cuestiones siempre termina saliendo a relucir la misma pregunta: ¿se lo creen? ¿Son sinceros cuando hablan de magia y demás? Es natural. El fan, intrigado, quiere saber si realmente este tipo de autores se creen lo que dicen, si creen haber vivido lo que cuentan, o si se lo han inventado. Y lo que yo creo es que no importa en absoluto, porque no habría ninguna diferencia.

            Porque todo esto trata, precisamente, de realidad y ficción. La magia está en crear, en la poietés de los griegos, en el poder de la palabra. Contar historias es lo que nos hace humanos y lo que nos permite alcanzar la verdadera inmortalidad. ¿Os parece poco? ¿No os parece suficientemente maravilloso que podamos nombrar las cosas y encerrarlas en cuatro letras? ¿Qué sigamos leyendo obras escritas hace veinticinco siglos? ¿Por qué hoy en día necesitamos saber si algo es ficción o realidad? Lo preguntamos, de hecho, como si ambas cosas fueran excluyentes. El empirismo nos ha llevado a ese estado de las cosas, ideal para el desarrollo de algunas disciplinas, pero en esto nos limita. Por eso nos preocupa que lo que nos cuenta Morrison sea mentira; no nos damos cuenta de que, cuando lo verbaliza, lo hace real. El gran poder de la ficción es ése, ser más real que la propia realidad. Nuestra civilización hunde sus raíces en ficciones: el Poema de Gilgamesh, la obra de Homero —una ficción en sí mismo totalmente real—, la Biblia. La ficción nos ha dado forma. La Historia está llena de invenciones que los siglos han legitimado. Sin embargo millones de personas reales mueren y caen en el olvido cada año, mientras que seres de ficción, total o parcialmente, se convierten en iconos imborrables, en arquetipos que inspiran y configuran nuestra realidad: Aquiles, Jesús, Arturo. Si yo fuera cristiano, me daría exactamente igual que el Cristo existiera o no realmente. Es irrelevante.

Y gente como Moore o Morrison lo que intentan, precisamente, es romper esa barrera entre realidad y ficción, que es muy reciente, que no siempre ha existido en los mismos términos que hoy. Moore insiste en algunos artículos y entrevistas en esos textos romanos que informan de apariciones de dioses en el campo de batalla con el mismo tono rutinario con el que se consignan las armas rotas. Pero más allá de eso, hay una línea de diálogo suya que creo que contiene la esencia de este pensamiento mágico: “No subestimes a los dioses: pese a su inexistencia en términos materiales, no por ello son menos poderosos o menos terribles”. Es una frase de From Hell que leí con veinte años y me cambió por completo mi manera de pensar. De repente todo encajó y tuvo sentido, y determinadas ideas dejaron de tenerlo. Y creo que en el fondo toda la obra de Moore y Morrison —y más autores— es básicamente eso: tomar conciencia del poder increíble de la palabra. Luego, claro, vienen los grandes sistemas, las mitologías. Se arman grandes edificios derivados de esa inspiración que combinados con conceptos tan antiguos como Platón dan cabida a todo lo que han hecho. Las carreras de ambos, en este punto, buscan sobre todo eso: explicar con un solo modelo todo lo que han hecho. Y luego, claro, viene el ritual, el ornamento, porque eso también es importante. Moore lo sabe muy bien. Para él el acto mágico, estoy convencido, es sentarse a escribir. La droga, el rito, los viajes, son metáforas que explican y ayudan a desarrollar la capacidad creadora. Dentro de ese ritual, de ese cuestionamiento constante de los límites entre realidad y ficción, caben cosas como su encuentro con John Constantine en un bar, el juego que se trae con Glycon, o las representaciones mágicas. “Me lo inventé todo y al final resultó ser cierto”, dice otro personaje de From Hell. Ése es el truco. Si diluyes la barrera entre realidad física y ficción, entonces puedes saltar de una a otra constantemente, mezclarlas, confundirlas, sustituirlas. Puedes conseguir que no haya diferencia alguna.

            El caso de Morrison no sé si es igual al de Moore. Siempre me ha dado la sensación de tener la pose mucho más estudiada, y no sé explicar muy bien por qué. Quizás porque vino después, claro, pero también porque en sus declaraciones hay una seriedad, un ansia de trascendencia y de ser creído que no siempre veo en Moore. Pero ya digo, es irrelevante si se lo cree o si se está quedando con nosotros. Morrison afirmó estar haciendo magia mientras escribía Los Invisibles. Se rapó la cabeza para convertirse en su protagonista, enfermó cuando éste enfermó, y achaca gran parte de lo que hizo en la serie a una experiencia mágica, un contacto con otras consciencias que tuvo en Katmandú. En Los Invisibles —y en muchas otras obras suyas— existe la idea de que hay otra realidad a la que acceder a través de la palabra y la ficción. En la serie aparece una droga que hace que palabras escritas se hagan reales. “Cuidado con lo que escribes. Podría hacerse realidad”, dice en un momento dado uno de sus personajes. Se especula con un alfabeto con más letras, que permitiría reconfigurar nuestra realidad. Así que sí, yo creo que en el fondo todo es tan sencillo y tan complicado como eso.

            Y de momento, paro. Empecé este texto con la idea de que fuera una reseña más o menos larga de la serie, pero me temo que me he liado tanto que es mejor dejarlo aquí y dejar Los Invisibles para mañana.

En Es muy de cómic Pepo Pérez está escribiendo sobre Morrison y la magia, traduciendo varias declaraciones suyas que he usado en este texto. Podéis consultar lo que de momento ha subido aquí y aquí.

Anuncios

9 thoughts on “La magia de la palabra.

  1. Interesantísimo texto, como siempre.

    Me parece curioso el tema que planteas, ¿es importante si lo que dice Morrison es real? Aun coincidiendo contigo en que no, que no es importante su realidad sino la obra que nos llega, pero tratando de responder a la pregunta, deberíamos tener en cuenta una cosa. Lo importante no es si lo que Morrison afirma es cierto, sino si Morrison /cree/ que lo que afirma es cierto.

    Insinúas (de forma muy directa) que lo de Morrison es más pose que otra cosa. Sin haber visto de él más que unas entrevistas y el magnífico documental Talking with gods, la impresión que me da es que lo que dice sí es cierto, o más bien, sí es cierto /en su cabeza/. Creo que Morrison realmente cree en lo que dice, y creo que realmente, y por increíble que pudiera parecer, enfermó escribiendo Los Invisibles. El poder de la sugestión está demostrado y es alto, sobretodo en aquellos que se quieren dejar sugestionar.

    A pesar de todo, como digo, estoy de acuerdo en que lo importante no es esto, sino los tebeos que nos brinda. A la hora de la verdad no me importa si se rapa la cabeza o se deja melena mientras siga escribiendo igual. Aunque si el hecho de raparse la cabeza le hace escribir mejor, bienvenido sea.

  2. Hola, Ender, gracias por tu aporte. Tampoco quería decir con lo de “pose más estudiada” que no se lo crea en absoluto, ahí mantengo la duda, y además, como dices tú, una cosa es que sea cierto y otra cierto para él. Con lo de pose simplemente me refería a que me da la sensación de que ha creado un personaje de forma mucho más consciente, que “actúa”, en el buen sentido, más que Moore. Y efectivamente, la autosugestión juega aquí un papel crucial. Volveré sobre todo esto mañana o pasado, cuando hable de Los Invisibles.

  3. Hola!

    En primer lugar, gracias! estos posts relacionados con lo que esta publicando Pepo Perez, y con esa reseña de Tio Berni que tanto me gusto, los disfruto en conjunto, y me hace pensar que flota en el aire la necesidad de hablar de esto. Es como si el tema (que no es Morrison o Moore o Woodring, sino que aparece a traves de ellos) se impusiera por si mismo.

    Y tus ideas son muy interesantes. Las de Doc Ender tambien. Hago algunas observaciones al respecto:

    Watcher dice que la veracidad o no de las experiencias de Morrison es irrelevante basicamente porque en el fundamento de lo planteado por Morrison esta el hecho de que la realidad no es real, y que la ficcion no es ficticia; o que la realidad es ficcion tanto como la ficcion es realidad… en fin. De modo que juzgar como ficticio o real un evento desde esta conviccion es inaplicable. Tiene toda la razón.

    Doc Ender dice que no duda que dichas experiencias fueran verdaderas para él, para Morrison. Mas allá de si son objetivamente verdaderas.

    Respecto del planteo de Watcher, lo que tengo para decir es que resulta irrelevante la veracidad (en terminos positivistas) de las experiecias de Morrison, solo a nivel artistico. Pero Morriosn pretende llevar adelante un viaje chamanico, una evolucion de su propia conciencia, y pretende enganchar al lector en la busqueda cognitiva que le corresponda. Sus objetivos no son solo artisticos, son ontologicos. Es su vida la que esta en juego. En esos terminos, si uno asume e internaliza eso de la realidad ficticia y la ficcion real, LAS EXPERIECIAS DE MORRISON SON NECESARIAMENTE VERACES. Si uno no lo asume así, es simplemente que no cree en precepto basico Morrisoniano mas que como en una idea literaria. Y es mas que eso, realmente lo es. La forma de decidir si uno toma el precepto Morrisoniano por valido o no es muy sencilla: hay que comprobarlo por uno mismo. Hagamos magia nosotros, y podremos aceptar o rechazar con seguridad, ES ESO LO QUE MORRISON BUSCA.
    Yo hice magia, y puedo asegurar que esas cosas si existen, yo lo vi. Si nos quedamos en el analisis estetico o conceptual de Morriosn, pues no llegamos al corazón de la obra. Es como dice Tio Berni de Woodring “se encuadra dentro de la categoría del arte universal, atemporal y relevante. Aquel que tiene la capacidad de transformarnos”
    Capaciadad de transformarnos, esa es la clave. A nivel artistico, verad o invento, que importa!! a nivel seres vivos capaces de evolucionar, si una obra de arte puede inducir una transformacion, ES PORQUE SU FUERZA PROVIENE DE ALGO QUE ES REAL Y QUE ESTA AHí, si no, tal fuerza no seria posible. La alucinaciones de Woodring tuvieron que ser reales, la paranoia de Philip K. Dick o de Lovecraft tambien…. y que importa si Don Juan existió, es irrelevante, pero que Carlos Castaneda puede ver energia y viajar en los sueños, ESO SI QUE ES VERAD.

    En cuanto al planteo de Doc Ender, es inaplicable. Dado que que en toda la teoría tacita que sustenta las obras de Morrison queda patente que la realidad depende de las categorias de la percepcion del sujeto perceptor, y no de caracteristicas inamobibles del objeto percibido. De modo que decir “es verdad para él” es un sinsentido, si es verdad para él, es porque el objeto de cognicion se le revela así a Morrison como consecuencia de la capacidad de este para alterar sus propias capacidades cognitivas. Y será verdad para cualquiera que logré lo mismo. Es derecho de quienes no lo consiguen, o ni siquiera lo intentan, pensar “sucedió todo solo dentro de su cabeza” lo cual equivale a decir que es una completa mentira. Decir “es verdad para él” es lo mismo que decir “es real para todo el que ejercite su conciencia”.Y es asi porque no existe tal realidad objetiva, la realidad depende del sujeto, por consiguiente podemos modificarla transformandonos nosotros mismos.

    Y no, no esoy hablando de arte. Estoy hablando del universo, de cómo funciona, y del momento del mundo en que vivimos, en donde la humanidad empieza lentamente a ver. En estos tiempos hay que ir con la verdad, ya no es tiempo de ocultar el conocimiento esoterico hermeticamente, salgamos a la calle a grtiar estas cosas, como Morrison lo hace!

    Saludos

  4. Gracias por tu comentario, Jeremías, tardo en contestarte porque he tenido un par de días muy ajetreados.
    Entiendo lo que quieres decir y a qué te estás refiriendo. Pero verás, para mí la magia y el arte son una misma cosa. No he practicado magia, en el sentido al que tú te refieres, pero participo en una experiencia única e increíble cada vez que leo un libro o un cómic y hago real una ficción. No se me ocurre nada más extraordinario o más “mágico”, de veras. Cuando digo, con otras palabras, que si es real algo para Morrison, si está en su cabeza, no me refiero a “no es cierto pero para él sí lo es”. No, es cierto, y esa idea, experiencia u obra existe con la misma certeza que un canto rodado o un árbol. Porque la percepción no es un proceso “objetivo”, no percibimos el mundo como es, sino como lo reinterpreta nuestro cerebro. Es decir, que lo que vemos se genera en él, en mayor o menor medida, a partir de un estímulo. Y da lo mismo que ese estímulo sea un objeto físico o no. Y despreciar algo como “mentira” porque no tenga existencia física es entonces despreciar el amor, el odio, la amistad y cualquier otro sentimiento o emoción que “no existen”, que están en nuestro cerebro, nada más. Y nada menos. Yo leo la obra de Moore y Morrison en esa clave. Por supuesto, sé que ellos, sobre todo Morrison, lo quieren llevar más allá. O eso dicen, pero da igual. Esa búsqueda es personal, les vale a ellos, pero su obra es universal y puede leerse en muchas claves. Yo lo hago en la que te comento, por eso me da exactamente igual, a ese nivel, si es “verdad” o “mentira” porque precisamente esos son los conceptos que se están intentando demoler. Es el empirismo lo que se pone en tela de juicio, desde mi punto de vista, y por eso decía que es un error intentar probar las cosas en este nivel.

    Un saludo, y a ver si me pongo con el post de Los Invisibles, donde probablemente comentaré algunas cosillas más sobre todo esto.

    1. Quisiera que todos vean la magia como una posibilidad real y contreta!! Sería hermoso…

      Eso no quita que tu postura es maravillosamente lucida Watcher, y la comparto 100%.

      De modo que espero ansisoso lo que falta…

      saludos estimado

  5. magnífico texto, espero que con su correspondiente “À Suivré…!”
    Dices…“Ya te vale”, diréis algunos, y bueno, sí. Ya me vale”. Pues si te cuento… yo leí Los Invisibles en tiempo real a medida que Norma los editaba ¡salvo el último tomo! No porque no me gustase, que Invisibles me parece de lo mejor del escocés, sino por ese dejarlo de momento y hasta hoy… Ergo, me falta un único libro, publicado en el año del diluvio, para terminar lo que es un trabajo completo y cerrado… debería pillar ese tomo, ¿verdad? ya lo pregunto en referencia a la calidad que pueda tener ese último libro de Norma (y si lo leiste vía USA, te digo que aglutina Los Invisibles Vol. 3 Nº 1 a 13 USA). Supongo que podría buscar incluso en webs o librerías de saldo, hoy por hoy será una ganga…

  6. Yo tengo cierto lío con la edición de Los Invisibles en castellano… Lo que te puedo decir es que yo he leído la edición de Planeta, que creo que la serie no la terminó Norma porque perdió los derechos un poco antes de que concluyera (pero no estoy seguro). La he leído cortesía de una amiga que me ha pasado todo lo que me faltaba, los últimos cuatro tomos. En total son siete, creo que equivalentes a los TPB americanos. El último, el que incluye íntegro el volumen 3, no debería ser difícil de encontrar, es de hace relativamente poco tiempo, y sí, claro, conviene leerlo, aunque para mí no es lo mejor de la serie.

  7. Por apuntar datos, Norma, que yo sepa, sí que terminó la edición de Los Invisibles, con ese último tomo (con algunos números dibujados por San Quitely, para situarnos). Ya ni me acordaba qeu Planeta reeditó la obra, madre mía qué dejao que fui… lo mejor sería buscar en tiendas de saldos, a ver si algún día… piorque vamos, ir a “Madrid cómics” (un decir) y pagar 20 del ala cuando en un chambo pueden tenerlo a 7…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s