El síndrome de Boba Fett.

Alguna vez he comentado que, sin ser seguidor acérrimo de Star Wars, la primera trilogía —los capítulos IV a VI, para evitar confusiones— me gusta bastante, especialmente El imperio contraataca, que me parece una película de aventuras perfecta. Pero todo el fenómeno la verdad es que me supera bastante, aunque en su mayor parte pueda entenderlo. Pero hay algo que no, que jamás he entendido ni entenderé: Boba Fett. Boba Fett es un cazarrecompensas que dice dos frases en toda la trilogía, y que aparece muy poco, persiguiendo a Han Solo y consiguiendo la colaboración del imperio en su captura. El tío mucha carisma no tiene: Vader lo vacila y lo achanta en El imperio…, y en El Retorno del Jedi tiene una muerte absurda cuando Solo, cegado, le jode la mochila cohete y sale disparado al buche del gusarapo aquel del desierto. Boba Fett no tiene ninguna escena memorable, ni ninguna batalla épica con alguno de los personajes principales de la saga. Se supone que es “el mejor cazarrecompensas de la galaxia” pero no le vemos ganarse el título nunca. Y sin embargo se convirtió en uno de los personajes favoritos de los fans.

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            De la noche a la mañana, Boba Fett obtuvo una legión de seguidores que lo tienen por el mejor personaje de la trilogía, y que clamaban por más material de su ídolo. Os juro que no lo entiendo; el elefante de felpa azul que toca los teclados en la guarida de Jabba me parece más interesante. Pero ante la demanda, Boba Fett empezó a salir hasta en la sopa. Se sacaron de la manga que no estaba muerto, porque consiguió escapar del gusarapo, y en la segunda trilogía no sólo aparece, de niño, sino que presentan a su padre y hacen que el propio Fett sea un clon hermano de todos los masillas intercambiables que trabajan como tropas del imperio. Cágate. Y luego, bueno, imagino que lo habrán explotado en novelas, en las series de dibujos… donde se tercie.

            Es un caso paradigmático: Star Wars fue una saga que cambió para siempre la relación entre obra y aficionados, que estableció, de hecho, una relación nueva. Star Trek fue quizás lo que inauguró el fenómeno fandom, y el boom de El Señor de los Anillos también fue anterior a las películas de George Lucas, pero éstas lo magnificaron todo y lo llevaron a extremos impensables antes.

            A esto es a lo que llamo el síndrome Boba Fett: el fenómeno que se produce cuando un núcleo duro de aficionados tiene el poder de influir y cambiar aspectos de la obra en curso a la que dedican su atención. Desde hace un par de décadas, con internet es aún más evidente. Lucas jugó a eso: en buena medida la segunda trilogía, sin entrar en calidades, funciona como un fan service que da a los fans lo que quieren, las respuestas que buscan, las relaciones imposibles entre personajes que siempre quisieron. ¡Tío, que C3PO lo construyó Vader! Cómo mola.

            Pero si he estado pensando en esto durante unos días —a ratos, claro; por las noches dormía y eso— es porque creo que en el cómic americano mainstream, o lo que hemos conocido tradicionalmente como tal, este síndrome ha tenido buena parte de culpa de la situación actual. No toda, por supuesto; como cualquier fenómeno, la decadencia del género de superhéroes y de la industria que lo genera es multicausal. Pero sí, creo que tiene mucho que ver.

            El origen está, como en tantas otras cosas, en Stan Lee. Dejando al margen los debates en torno a la autoría, lo que no podemos negar es su buen ojo comercial. Lee tuvo claro desde el principio que para triunfar sobre sus competidores, con más recursos, mejor distribución y personajes ya asentados y reconocidos, debía ofrecer algo diferente. Y eso fue, a nivel de márketing, un trato mucho más cercano con sus lectores. Secciones de correo, columnas mensuales firmadas por él, y sobre todo buen rollo. No tenemos clientes, tenemos amigos. O por lo menos que lo parezca. Y el lector encantado, claro. Chavales de doce años escribían a los correos y trataban de tú a tú a Stan, opinaban sobre el contenido de los cómics que leían, sugerían cambios o futuras historias… Por supuesto, como estrategia es cojonuda. La interactividad, el dospuntocerismo, ya se lo inventó Stan Lee hace cincuenta años. Si me siento parte de esos cómics, si los percibo como míos, seré un comprador más fiel y durante más años.

            Después llegaron nuevos guionistas que siguieron con esta dinámica porque ellos mismos eran fans, y cumpliendo sus fantasías cumplían también las de sus lectores. Todo tipo de enfrentamiento, cross-overs… la bola seguía creciendo, y llegaron los macroeventos, algunos de los cuales montados con coartadas bastante endebles, o directamente sin ellas, diseñados para satisfacer la curiosidad fan, llámese Secret Wars o llámese Avengers VS X-Men. Ojo: no hablo de la calidad de este tipo de movidas, sino de su objetivo y de cómo se gestan. Creo que cada vez más las grandes editoriales americanas han ido prestando atención a los deseos de ese fandom, a veces de un modo algo grotesco, como cuando DC organizó una votación por teléfono entre los lectores para ver si se cargaban o no al pobre Jason Todd, el segundo Robin.

            La idea de “dar a los lectores lo que quieren” se lleva demasiado lejos cuando son los lectores los que deciden lo que sucede en los cómics. Y sobre todo deja de tener sentido cuando esos lectores son cuatro gatos. O vale: cien mil gatos. Pero siguen siendo pocos. La industria vive presa de un núcleo duro de fans a los que se intenta por todos los medios darles lo que quieren, olvidando que tal vez a la larga sería más productivo intentar dárselo a aquellos que no leen cómics aún, o a los chavales que flipan con sus series de animación y sus películas pero no encuentran nada de los que les gusta de ellas en los tebeos. Marvel y DC viven de espaldas al mundo real esforzándose en satisfacer los deseos de sus aficionados hardcore a base del mismo fan service que Lucas dio a sus seguidores, más o menos obvio.

            Que nadie me malinterprete: obviamente creo que las editoriales hacen bien en cuidar a sus lectores de toda la vida. Pero todo tiene un límite. Y creo que el hecho de que se haya traspasado en los últimos diez años es una de las claves de la escasa calidad del género hoy. Porque gran parte de ese fandom que hoy se organiza en foros, arma campañas en internet si lo que ve no le gusta y exige “respeto” se crió como lector, si atendemos a la edad media que se maneja, a finales de los ochenta y principios de los noventa, y tiende a devorar los productos de ocio que le recuerdan a esos primeros años. Es la gente que aún es capaz de comprar un cómic de Dan Jurgens porque dibujó en los noventa un tebeo que recuerdan con cariño, o una serie dibujada por Rob Liefeld porque les hace gracia seguir con ese gran chiste de la industria que demuestra triste y contundentemente su endogamia.

            Además, es un círculo vicioso. Con unas cifras de venta tan exiguas, los editores saben perfectamente que una mala decisión puede provocar la huida masiva de los fans y dar al traste con un título, y eso hace que no puedan intentar encontrar nuevos lectores, que nunca se acercarán al tipo de tebeo que están produciendo. Los autores igualmente saben, porque están muchos de ellos muy en contacto con sus lectores, que determinadas cuestiones pueden acabar con ellos colgados en la plaza pública virtual. Y eso es el síndrome de Boba Fett: la presión excesiva de los fans acérrimos para que los objetos de su adoración sean como ellos quieran, y no como quieran los autores. Creerse que esos personajes son más tuyos que de la editorial —iba a decir los autores, pero ya sabemos todos cómo está la cosa— y creerse además con el derecho a exigir. No digo que esto sea relevante siempre —de hecho hay excepciones notables, aunque sean también maniobras perfectamente calculadas—, en todos los casos, pero sí digo que influye, que se tiene en cuenta, y que es el motivo de que no haya verdadero progreso, de que se cuente una y otra vez lo mismo de la misma manera, con los mismos autores, con dibujantes que nunca podrán cambiar demasiado de estilo porque entonces sus fans no lo entenderán. De que lo más osado que se atrevan a hacer es meter a Spider-man y Lobezno en los Vengadores, o repetir por enésima vez el enfrentamiento de éstos con los X-Men, o, en el caso de DC, de que el famoso reboot no plantee nada realmente nuevo.

            Supongo que esto no durará siempre. El mercado tendrá que cambiar necesariamente para adaptarse a los nuevos tiempos, y quizás sea entonces el momento de cambiar de verdad también en lo artístico, para llegar a ese público potencial del que siempre se habla, y por supuesto al público infantil. Y al femenino. En fin, que cuanto más pienso en esto menos entiendo qué tienen en la cabeza los directivos de Marvel y DC. Porque prácticamente ya no hay nada que perder.

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7 thoughts on “El síndrome de Boba Fett.

  1. ¿Porque habria que salvar a los superheroes en los comics?
    ¿Porque querría un historietista innovador o artisticamente inquieto trabajar para marvel o dc?

    Dejalos que mueran, no los necesitamos… no como genero narrativo en historietas al menos

    saludos

  2. Te aseguro que si se van por la borda yo no voy a llorar demasiado. Me puede dar un poco de pena por los personajes, pero creo que han sido estirados más allá de lo razonable. Pero claro, es cierto que de vez en cuando uno se puede encontrar joyitas como el DD de Waid, Martín y Rivera. Lo que seguro que no necesitamos es tantísima cantidad de series de derribo al mes.
    De todas formas, este artículo sólo busca entender y explicar el problema, o parte de él. Otro muy grave es el que señalas: los historietistas de más talento no quieren trabajar para DC o Marvel.

    Un saludo.

  3. ¿Cuantas historias de Los Vengadores se pueden contar?
    Ese es el verdadero problema, y no que los autores estén presos de una especie de cuarto poder fraguado a medio camino entre los despachos e internet.

  4. Eso también, claro, pero creo que igual si no hubiera un canon preestablecido de lo que puede y no puede hacerse (en el que tiene mucho que ver el fandom, para mí) aún podrían contarse cosas interesantes con los personajes. Pero vamos, que a lo que dices, totalmente de acuerdo.

  5. lei hasta cierto punto y no pude evitar comentar.. . ¿ que va a aparecer el papa de boba fett? ¿que supuestamente es hermano de los clones? todo eso ya se sabia, el papa de boba fett es jango, aparece en el episodio II y los clones? es sabido que todos son copias del mismo jango por ende… como que ya se sabe que son “hermanos” por asi decir… boba fett es mas reconocido por sus historias y aventuras en el UE que por sus apariciones en las peliculas

  6. cuanta ignorancia!!!! ” Pero ante la demanda, Boba Fett empezó a salir hasta en la sopa. Se sacaron de la manga que no estaba muerto, porque consiguió escapar del gusarapo, y en la segunda trilogía no sólo aparece, de niño, sino que presentan a su padre y hacen que el propio Fett sea un clon hermano de todos los masillas intercambiables que trabajan como tropas del imperio. Cágate. Y luego, bueno, imagino que lo habrán explotado en novelas, en las series de dibujos… donde se tercie.” si Boba esta vivo en los capítulos I y II es por que son pre cuelas y esto lo sabe hasta un niño de cinco años, hasta esa parte leí tu vació articulo. por cierto hay algo que se llama Universo Expandido y es de donde Boba saca su fama de el mejor caza recompensas de la galaxia

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