El manga y la RAE.

La noticia de la semana en el mundo del cómic ha sido la inclusión en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española —DRAE en lo sucesivo— del término ‘manga’, referido al cómic japonés, claro. Y lo que debería haber sido motivo, si no de alegría, de mínima satisfacción, se ha convertido en una batalla más en internet, porque la definición propuesta es demencial. Y yo comparto la indignación, hasta cierto punto, y creo que si se puede hacer algo para que se rectifique, mejor. Ya están circulando diferentes documentos de expertos y entidades que hacen ver el error a la Academia y piden un cambio. Pero… tampoco saquemos las cosas de quicio.

            Entiendo que si no se sabe cómo funciona la RAE haya gente que se sienta directamente insultada, pero, en realidad, si se conoce algo de los mecanismos de la Academia y la manera en que funciona la admisión de nuevos términos, se le da a la cosa la importancia justa. Para empezar, no os creáis que los académicos, las caras visibles, para entendernos, se pasan el día estudiando y deliberando para ver qué palabras se incorporan al diccionario. Hay comités y grupos de trabajo que se encargan de esa labor; los académicos están para otras cosas, aunque tengan la última palabra. Hay también un Observatorio del Neologismo que se encarga de seguir la aparición y consolidación de nuevas voces.

            Una de las críticas que se le suelen hacer a la Academia es su excesivo conservadurismo a la hora de aceptar nuevos términos en el DRAE, pero esto debe ser así, me temo. Porque el DRAE es un diccionario de uso común, y debe incluir palabras consolidadas, no flores de un día que luego desaparecen. Imaginaos, por ejemplo, que se deciden a aceptar de inmediato ‘tróspido’, y el año que viene ya no lo dice nadie. Tienen que ser cautos y pagar el precio: el DRAE siempre irá por detrás de la calle, y esto además se ha visto acentuado brutalmente por la rapidez con la que evoluciona la lengua en internet. Pero eso no tiene nada de malo: el DRAE no es la única fuente de saber ni el único documento autorizado que certifica la existencia o inexistencia de las palabras.

            Por eso decía que no es tan grave. Una palabra no necesita estar en el diccionario para existir: somos los hablantes los que le damos realidad. En el caso de ‘manga’, no es que hasta ahora su uso fuera erróneo, evidentemente. A efectos prácticos, la única diferencia será que a partir de este momento no será preciso escribirlo en cursiva. La RAE lo que hace es certificar, y sobre todo, normalizar: se pronuncia acerca de cuál será a partir de ese momento la grafía correcta de ese término. “Fija y da esplendor”. Luego cada cual hará lo que crea conveniente, porque ser un hablante culto no está reñido con discutirle a la RAE algunas decisiones. El problema es su carácter predominante, que sea la máxima autoridad en el castellano. No es algo que tengan todas las lenguas, y las que no lo tienen, se apañan muy bien. Aunque, ya que la tenemos, lo deseable es que funcione de la mejor manera posible, pero debemos tener siempre en cuenta que se pueden equivocar, y de hecho lo hacen. Y que hay otros criterios que pueden ser más lógicos y válidos. El libro de estilo de El País, por ejemplo, es seguido por muchos medios y editoriales y no comparte algunos de los criterios de la RAE. Y existe toda una corriente que sigue a Martínez de Sousa, que también contradice a la Academia en muchos puntos, por ejemplo en su afición a ponerle mayúsculas a todo lo que revista un mínimo de importancia. O, por poner un ejemplo reciente de decisiones extrañas, me cuesta entender según qué criterio se ha decidido fijar la grafía ‘friki’, dado que la tendencia predominante en los últimos años era arrinconar a la k: se recomienda, incluso, escribir ‘güisqui’.

            Con todo esto quiero decir que hay mucho que opinar en muchas cuestiones, que la RAE puede tener la última palabra, pero no la única. Por no hablar de aquello en lo que la RAE no se mete en camisa de once varas: hasta hace bien poco en sintaxis no se pronunciaba, y el Diccionario Panhispánico de Dudas —herramienta utilísima, por otro lado— está lleno de recomendaciones, pero obliga muy poco. O el asunto de las tildes diacríticas, que se empeñan en complicar cada vez más.

            Y si entramos ya en el terreno del DRAE, es decir, la aceptación y definición de voces, os aseguro que la cuestión de ‘manga’ no es ni de lejos la más grave. El diccionario tiene muchísimos problemas en cuanto entra en áreas científicas y técnicas para las que no tiene suficiente personal cualificado, lo que provoca multitud de errores, imprecisiones y anacronismos fruto de la desactualización de muchas entradas. Hace dos días me pasaron este post donde se comentan algunas de las más llamativas en materia de zoología, y es clásica también su definición de ‘jilguero’, que me enseñó hace años un amigo, extrañamente opinativa e impropia del tono que debe tener un diccionario general, y fruto seguramente de que alguien, hace décadas, la copió de algún manual de aves. Otra típica que la gente hace circular es la de ‘ñu’, que parece en manos de la RAE un animal mitológico. Y por supuesto se podrían poner muchos más ejemplos en cualquier otra área científica. Además, hay cientos de términos de uso especializado que, sencillamente, el DRAE no recoge, porque no es su función. Y eso no significa que dichos términos no existan, o que sea incorrecta su utilización.

            Todas esto lo sabe quien tiene que saberlo, o quien quiere saberlo, en realidad, y así, cualquier experto de cualquier campo científico entiende que no es al DRAE a donde debe recurrir para encontrar definiciones precisas de las voces propias de su especialidad. Lo cual no significa que no deba mejorar y cubrir esas carencias poco a poco. Por supuesto, no todo el mundo sabe esto, y habrá quien crea efectivamente que si no aparece ahí una palabra no existe, por no hablar de los que, por no saber usar el DRAE, pretenden ridiculizarlo afirmando que ha aceptado la voz ‘almóndiga’… sin percartarse del aspa roja grande como un piano que la acompaña, y que indica que es incorrecta.

            Por último, antes de encender las antorchas, hay que saber que todas las nuevas voces que han aparecido en prensa esta semana no son definitivas, sino que suponen un avance de la edición de 2014. En la web aparecen como “redacción propuesta”, lo cual quiere decir que puede haber y habrá cambios hasta ese momento. Eso supone que hay margen de maniobra y el sector del cómic puede influir, creo, en que se subsane el error. Pero, insisto, no perdamos la cabeza.

            Lo diré una vez más para que no se me malinterprete cuando diga lo que quiero decir: la definición de ‘manga’ es un sinsentido, que más allá del matiz peyorativo que introduce, contiene un error terminológico grave al definirlo como género, y que además ha sido copiado de otro diccionario extranjero. Pero, de verdad, no es personal. Ciertos aficionados al cómic —manga o no— tienen todavía cierta manía persecutoria motivada por años de marginación cultural que hace que, en cuanto pasa algo como esto, la respuesta sea excesiva, se exijan reparaciones, se denuncien persecuciones y poco menos que se llame a la guerra santa para vengar la afrenta. Lo vimos con aquella soflama de Vicente Molina Foix de hace unos años y lo hemos vuelto a ver ahora. Y no, en serio: la RAE no os odia. No ha hecho esto por desprestigiar al manga, ni por ningún motivo oscuro… es simple desconocimiento. La manera en que funciona tiene mucha más culpa que cualquier prejuicio. Ha habido un intento, creo que loable, de acercarse a un fenómeno que lleva presente en España dos décadas, y que han estimado que debe estar en el DRAE. Ahora, sí, en 2012, tras veinte años, por aquello que decíamos antes del necesario carácter conservador de la institución. Y luego el funcionamiento de la misma ha dado al traste con esa buena intención y ha provocado que la definición sea la que es. Por supuesto, si se puede hacer algo para que se corrija, bien estará hacerlo: lo de Molina-Foix fue una simple opinión personal, pero éste es el diccionario más importante de la lengua castellana. En ese sentido, pienso que Marc Bernabé da con el tono conciliador adecuado en su texto. Sin embargo, pese a sus buenas intenciones, creo que en Ficomic se han pasado un poco de vehementes con su comunicado, que tilda de “aberrante” la definición. Y aunque lo sea, el tono guerrero no creo que beneficie demasiado su objetivo: es mucho más inteligente tender manos con humildad.

            Ahora bien: si finalmente la RAE hace oídos sordos —en el caso de que se le hiciera llegar una queja formal; no esperemos que visiten nuestros blogs—, tampoco pasará nada. Los zoólogos llevan décadas viendo definiciones tan erróneas como la de ‘manga’ en términos de su campo y simplemente las ignoran, sin más. Quizás si el DRAE fuera impecable y no tuviera absolutamente ninguna entrada polémica, podríamos sentir que se está discriminando al manga. Pero no es el caso.

            Creo que no está de más recordar además a todos los que están enfadados y dispuestos a hacer algo —con razón— que la entrada de ‘tebeo’ lleva décadas definiéndolo como “infantil”, sin que nadie se cabree o escriba cartas abiertas. Simplemente porque no es noticia, porque ha sido así siempre, y los que lo sabemos, porque por curiosidad o cualquier otro motivo lo hemos mirado, le hacemos el caso justo.

Por último, hay que entender que la RAE funciona mal porque es un monstruo gigantesco. El DRAE no es algo que se prepare en una tarde. Es un proyecto que exige mucho trabajo y que rebasa los recursos que la institución pueda tener. Tal vez está llegando el momento en el que deberán aceptar que ser la Real Academia de la Lengua no les convierte en expertos en todas las ciencias, que sus trabajadores, aunque en principio tienen formaciones muy variadas, no pueden abarcar todo, y que por tanto quizás sería buena idea empezar a encargar definiciones a organismos o expertos externos, que sepan realmente de qué se está hablando. Sería deseable, y ojalá algún  día el DRAE subsane todos estos problemas, incluyendo el de ‘manga’. Pero hasta entonces, hagamos como todos los demás y simplemente ignoremos lo que sabemos que no es cierto, sin darle más importancia de la que tiene.

PS: Por cierto: yo en principio creo que no es necesario aceptar en el DRAE el término ‘manga’, que podría continuar usándose como lo que es, una voz extranjera que debíamos escribir en cursiva —aunque no siempre lo hiciéramos, porque en realidad en un texto especializado no tenía mucho sentido—. Pero si tengo que proponer una definición, apuesto por la claridad y concisión: cómic de nacionalidad japonesa. No es necesario más, el DRAE no es una enciclopedia.

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2 thoughts on “El manga y la RAE.

  1. Empezando por el final, a mí no me disgusta la definición de Bernabé y
    Guiral.

    Por totro lado comparto tu templanza, creo que el tema no da para más, que las entidades pertinentes ya han movido ficha, que la RAE seguro que ha tomado nota y, apuesto, mejorará su definiciön toa loka de manga. Fin.

    También me ha hecho gracia comprobar que yo mismo (creo) he sido víctima de ese mal entender el DRAE hace nada, cuando se me ha acusado de usar una palabra que “no existe”: constructo. Pero resulta que el término sí se conoce y aplica en psicología (otra vaina que yo lo use mal, pues no soy psicólogo). Creo que, como explicas claro y meridiano, hay una especie de exceso de celo del común de los mortales con el DRAE que hace que no se le valore en su justa -y meritoria- medida. Yo por cierto tengo otro diccio, en M. Moliner, no por nada, fue un regalo y, la verdad, me llega y sobra.

  2. El Moliner, otro diccionario ajeno a la RAE pero perfectamente válido, y que difiere en cuanto a términos aceptados. El ejemplo que pones de “constructo” es perfecto: ¿cómo que no existe? Claro que sí. Otra cuestión es que no esté en el DRAE, pero ya hemos dicho que en el DRAE no está todo.
    Ayer en twitter Pérez Reverte ya aseguró que se revisaría, y vino a decir lo mismo que yo: que son voces provisionales, para 2014, y que se dan a conocer ahora precisamente por si hay que modificar.
    Y sobre la definición de Bernabé y Guiral, a mí me parece buena, pero de cara al DRAE creo que es un poco reiterativa. Todo está implícito en una definición tan simple como “cómic de origen japonés”, no creo necesario más.

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