Freakangels, de Warren Ellis y Paul Duffield.

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Freakangels es el nombre de un cómic on line guionizado por Warren Ellis y dibujado por Paul Duffield, que ha terminado recientemente y que aquí ha publicado en papel Glénat —o la Editorial Anteriormente Conocida Como Glénat—. Probablemente nadie la recuerde cuando en el futuro hagamos sumario de las mejores o más importantes aportaciones de Ellis al cómic, pero será una pena, porque realmente es una serie redonda y que tiene mucho más de lo que parece a primera vista.

            Quizás el dibujo y el coloreado de Duffield pueda echar para atrás a más de uno, eso es cierto. Su trazo tiene una influencia japonesa intensa y sus viñetas parecen, directamente, fotogramas de algún anime. Pero eso casa por completo con el tipo de historia y de ambientación que imagina Ellis; lejos de convertirse en un problema, Duffield le da un aspecto a lo Ghost in the Shell a Freakangels perfecto, con una paleta de colores apagados muy adecuada y algunos efectos infográficos interesantes, al utilizar fotografías para cielos, el mar o las texturas de algunos edificios. No suelen gustarme ese tipo de efectismos, pero ya digo, aquí tienen sentido. Y recordemos que estamos hablando de un webcómic, cuyo soporte dota de más sentido, creo, a este tipo de imágenes. Lo único que le achaco son ciertas caras extrañas, algunas expresiones muy poco conseguidas, pero por lo demás nada horrible.

            Freakangels cuenta la historia de doce chavales que nacieron al mismo tiempo en Inglaterra con poderes, y que provocaron al usarlos al unísono un cataclismo que dejó Inglaterra para el arrastre, y tras el que se instalaron en Whitechapel intentando cuidar de los supervivientes, que no saben que sus protectores fueron los causantes de la hecatombe. Pese a este giro, no es, a grandes rasgos, una historia original: un postapocalipsis con toques de steampunk muchas veces contado. ¿Entonces por qué la destaco, qué tiene de especial?

            Para empezar, su elenco de doce personajes —trece si contamos a la humana sin poderes que acogen los Freakangels— perfecto. Ellis construye personajes que, como en la buena ficción de género, son arquetipos pero dejan espacio para la sorpresa y para la complejidad. La loca Arkady, claramente inspirada en la Delirio de Gaiman, la pseudogótica KK, el insoportable Luke, Karl el hippy… Son personajes humanos, con voces claramente diferenciadas, cuyas personalidades Ellis construye a través de sus actos y de sus palabras, pero midiendo todo a la perfección para que no chirríe inserto en el relato. Leyendo Freakangels me he acordado mucho de Los muertos vivientes, porque la serie de Kirkman muestra cómo no se deben usar los diálogos como base de la caracterización. Donde en el serial de los zombies los personajes hablan y hablan para dejar claros sus puntos de vista demostrando en cada frase quiénes son y cuáles son sus dos o tres claves como personajes, en la serie de Ellis y Duffield los diálogos son frescos, naturales, breves como suelen serlo en los cómics del guionista británico, y tampoco falta su mala leche y su agudeza en las réplicas, aunque, para bien, ha sabido moderarse y no cae en uno de sus defectos: a la larga todos los personajes de Ellis son igualmente ingeniosos. Además definen a los protagonistas sin entorpecer el ritmo de las tramas, igualmente medido al milímetro. La estructura de página de 2×2 viñetas —con alguna splash page ocasional— invita a la cadencia dilatada, pero la acción es al mismo tiempo vertiginosa, y muy bien dosificada.

El universo de Freakangels podría haber dado más de sí, pero ¿para qué? Ellis no sólo es mejor escritor y conoce mejor los mecanismos narrativos que gente como el citado Kirkman, Mark Millar o B.M. Bendis —por mencionar a tres bien valorados y con más éxito comercial que él—, sino que además tiene una virtud que ninguno de ellos comparte: sabe cuándo parar. ¿A qué esa obsesión por seguir, seguir y seguir, como si el concepto de serie abierta estuviera grabado en nuestro ADN y fuera el único posible? ¿No es mejor para todos retirarse tras contar lo que querías contar, dejando la cosa en la cima y a la gente con ganas de más, que seguir indefinidamente y caer en tal decadencia que sólo cuatro acérrimos fans serán capaces de permanecer ahí? Yo creo que sí, sinceramente. Y me alegro de que Ellis también. Los seis tomos de los que consta la edición española se pueden devorar del tirón, porque enganchan como debe hacerlo este tipo de cómics. Engancha porque preocupan los personajes, y porque las dos claves de la historia —el origen de sus poderes y qué hacer con ellos— interesan y avanzan con un ritmo impecable. En serio: Ellis tiene en su cabeza el manual de cómo hacer una serie.

Claro, eso también tiene sus desventajas. Que nadie espere grandes sorpresas en cuanto a formato o contenido. Todo el interés de Freakangels reside en la historia, está dentro de su mundo. Ellis está haciendo una serie de género, para un público, creo, más joven que el que busca habitualmente, y que ofrece lo que ofrece, nada más: una historia sólida y divertida con personajes encantadores, en todos los sentidos. Pero qué bien lo hace, el tío.

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2 thoughts on “Freakangels, de Warren Ellis y Paul Duffield.

  1. Bueno, conste que no leí este tebeo, pero…
    es una sensación, claro, pero para mí, con Ellis ha pasado (y le benefició) lo que NO sucedió con Gaiman o Millar: cuando estaba en la cúspide, en boca de todos, en lo más alto (Authority/Planetary, 1999) su siguiente paso (que si no recuerdo mal, fue ser contratado como Estrella renovadora de varias líneas muties de Marvel) fue en caída, al menos de éxito. Con lo que, en vez de tener a un chaval endiosado gustándose mucho a sí mismo, tenemos a un escritor que vale para lo que vale (y que en casos como las mentadas es Mucho) y que continua haciendo con más modestia que un Millar. No renuncia a su estilo pero se conforma con la “serie B” del mainstream. Yo no leí freakangels, ya dije, pero por ej las cositas que hizo para Secret Avengers son chicles entretenidos, con pica pica marca de la casa y punto, sin más pretensiones. Y a veces se agradece que un guionista no quiera arreglar o cambiar el mundo (sobre todo si no da para tanto.. .si no es un Moore, vamos, que quiso y casi lo hace a “Gulldestripadas”)

  2. Bueno, yo creo que hay un punto de “mooreismo” en la jugada de Ellis: desaparece de las grandes editoriales porque creo que se cansa de ciertas cosas. Volvió para los Secret Avengers eventualmente y nada más, y se ha dedicado a parir en Avatar Press un montón de series de calidad desigual pero que, entre todas, imagino que le dan para vivir. Y sí, Ellis lo que hace lo que hace genial, a mí, ya digo, me parece mucho mejor que los Millar, Bendis y compañía. Y de hecho muchos de los hallazgos de los últimos años en el mainstream (el realismo, la violencia, la narración más dinámica, con menos viñetas) los adelantó él en la serie que empieza toda esa tendencia: The Authority.
    Los Secret AVengers no los he leído aún, pero por lo que me dices es típico de él. Sus incursiones en Marvel están llenas de pequeñas subversiones muy suyas. Recuerdo por ejemplo cómo lió a la encantadora y virginal Kitty Pryde, que ya sabes lo que significa para el fan de la vieja guardia de la Patrulla-X, con un agente secreto británico que le doblaba en edad, malhablado y ¡fumador! La que se armó.

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