Cine: The Dark Knight Rises.

Vista la tercera y última entrega del Batman de Christopher Nolan, queda claro que el director tenía una idea más o menos clara de lo que quería hacer y la ha llevado a cabo de manera medianamente solvente, con algunos picos de calidad en la trilogía innegables. También queda claro que estas películas son más una historia con Batman que de Batman, pero tampoco creo que eso sea motivo para condenarlas de antemano. Quizá sea porque yo no he sido nunca seguidor del hombre murciélago. Por eso probablemente también me da igual que éste no sea Batman, como claman muchos. No he leído mucho del personaje, pero sí lo suficiente como para pensar que ha habido tantas versiones, que se le ha moldeado tanto, que no tiene mucho sentido exigir «a Batman», como si sólo hubiera uno. ¿Cuál es el Batman canónico? ¿El que llevaba pistola, el del «new look», el que peleaba con marcianos, el que tenía un perro disfrazado? ¿O el de Frank Miller? Que, ya puestos, supongo que en su día obtendría las mismas críticas que el de Nolan: «ése no es Batman». Dicho esto, también hay que decir que la trilogía tiene muchos defectos, pero, con franqueza, me parece muy superior al 90% de las películas con o sobre superhéroes. Y sí: también incluyo a las sobrevaloradísimas películas del personaje que hizo Tim Burton —a lo mejor ése sí era Batman, ¿no?—. El problema con ellas quizás es el propio Nolan, que genera odios viscerales y adhesiones inquebrantables por igual. Me parecen posturas extremistas que no entiendo. En realidad un poco más la primera, como legítima defensa ante el cansancio extremo de cierto sector de fans de Nolan y las películas de Batman, que son un desmadre. No, de verdad, The Dark Knight no es la mejor película de la historia del cine, ni por asomo. Hay que haber visto muy poco cine para decir semejante disparate. Pero ya digo, tampoco son una mierda.

            La tercera entrega, The Dark Knight Rises, es mucho más irregular que la segunda, pero aun así es meritoria. No me ha matado pero tampoco me ha cabreado. Tiene fases aburridas, y le sobra metraje, pero eso es algo que ya pasaba en las otras dos. Tiene cierta inclinación a la trascendencia que chirría: casi cada vez que un personaje abre la boca es para soltar un discurso profundo y perfectamente articulado, lo que tiene por consecuencia una sobreexplicación de todo el argumento, cuyos puntos clave se repiten cada cierto tiempo, como si hubiera miedo de perder al espectador. Y luego tengo otros problemas con la película, pero que se deben más a la crisis por la que está pasando mi relación con el cine comercial: últimamente no aguanto las bandas sonoras plomizas y omnipresentes de las vacas sagradas tipo Hans Zimmer, el que firma ésta, ni que por narices tenga que haber un interés romántico para el protagonista, ni tantos otros tópicos que pueblan las películas de Hollywood. En el lado bueno, me sigue gustando, en líneas generales, el tratamiento de Nolan, la intención de hacer una historia adulta que toque temas relevantes, incluso con los patinazos. Prefiero una película así fallida que el enésimo blockbuster sin riesgo ni personalidad que toma como excusa a algún héroe de Marvel o DC. No, para bien y para mal, estas películas son de autor. Gordon está muy bien; Alfred, sin duda el mejor de todo el reparto. Una pena que desaparezca más de media película.

            El realismo que lleva por bandera Nolan y esa manera de presentar un personaje como Batman y su entorno como plausibles se vienen abajo con ciertos agujeros en el guión que fuerzan la credibilidad del espectador: el asalto al avión de Bane y sus lacayos al principio es una fantasmada, y estaría bien saber, ya que estamos, cómo llega Wayne a Gotham tras salir del agujero, sin tener un duro, o la manera en la que el científico convierte el reactor en un arma nuclear en unos pocos segundos, como si tuviera un botón de on/off. El cambio de bando de Selina Kyle —recordemos que jamás la llaman Catwoman— y que además acabe emparejada con Wayne es bastante incomprensible. Pero ya digo: pese a todo, tiene hallazgos y se ve con interés, un interés frío, intelectual, porque no es una película que te haga saltar del asiento como Los Vengadores, no emociona jamás. Tiene mejores y más claras secuencias de acción que sus predecesoras, aunque este aspecto sigue lejos de ser realmente bueno.

            A pesar de todo esto ya decía que, en fin, se puede ver. Está a mucha distancia de la segunda entrega —aunque no la he vuelto a ver jamás, no me apetece; y llevo tiempo sospechando por qué—. Pero hay un problema más. Uno fundamental además: The Dark Knight Rises tiene una carga política nada inocente. Tras verla, puedo decir que estoy de acuerdo con casi todo lo que Santiago García ya dijo en su texto sobre ella. No es aceptable la tesis de que interpretar una película de Batman en clave política es exagerado y está fuera de lugar, porque tan sólo es una película de superhéroes… Para empezar porque existe un consenso claro en que no es una película tradicional del género, y porque cuando alguien se implica en una como lo ha hecho Nolan, no cabe pensar que su discurso es inocente o casual. Y porque, aunque no fuera intencionado, en una obra se filtra siempre la ideología de sus autores. No es necesario que una historia sea propagandística para que el análisis político sea pertinente.

            Ya en el final de The Dark Knight vemos asomar la posición política de sus guionistas. La élite —Wayne y Gordon— pactan proteger a Dent y manipular a la masa con una gran mentira por su bien. No se plantean que esa masa, que ese pueblo, tenga derecho a saber lo que ha pasado realmente. Ellos deciden lo que necesita y lo que es mejor para Gotham. Y lo hacen porque son superiores a la masa, a nosotros. Son una oligarquía, un gobierno de los mejores que se hace cargo del ciudadano como si éste fuera un menor de edad. Es cierto que en casi cualquier ficción de este tipo vamos a encontrar individuos superiores que sobresalen del resto, pero el enfoque que se haga de ese hecho marca la diferencia. Y por supuesto el contexto, el momento que estamos viviendo. Si alguien cree que el ataque a la Bolsa habría sido igual sin el movimiento real de Occupy Wall Street, creo que se equivoca. Y precisamente en esa escena hay una declaración de intenciones políticas muy clara cuando el policía dice —cito de memoria— que no va a arriesgar a sus hombres por el dinero de los ricos, ante lo que el rico presente responde: «también es tu dinero». Y le falta añadir «rojo ingenuo». En la visión sociopolítica de Nolan, la iniciativa privada es lo que salvará al mundo. Los hombres como Dent o Wayne deben tener libertad para hacer lo que quieran, mientras se recortan derechos civiles —a través de la ley Dent o pinchando los móviles de toda la población en The Dark Knight—, e incluso cuando se equivocan y montan un follón, son ellos los que nos sacarán de él. La élite cuida de nosotros, aunque seamos bobos y nos dejemos engañar como niños pequeños. Ellos nos aman igual. Por eso Lucius oculta bajo el río de la ciudad un reactor nuclear, aparentemente sin informar a nadie. Vamos a saber nosotros lo que nos conviene mejor que una multinacional que diseña armas, hombre, ¿estamos tontos?

            Durante toda la trilogía, el mundo de las grandes empresas es mostrado como el motor del progreso, por supuesto por encima de las instituciones, excepto la policía, claro, que tiene un protagonismo muy significativo en esta tercera entrega. Sí, hay manzanas podridas, pero la élite misma se encargará de ellas. Todos los personajes importantes de la trilogía son triunfadores que han tenido éxito en la vida, visten elegantemente y llevan maletín caro. Nosotros no debemos preocuparnos por nada. Y en ese mundo perfecto en el que el neoliberalismo dirige nuestras vidas con benévola mano, irrumpe Bane. Bane, conocido «terrorista», e identificable como un villano en tanto que lo es en los cómics, llega a Gotham con un discurso que por momentos mimetiza el de los movimientos ciudadanos de protesta que han ido apareciendo en los dos últimos años: clama en contra de esa élite económica que acapara la riqueza e insta al pueblo a rebelarse, a iniciar una revolución que acabe con ese orden establecido: «recuperad Gotham». El pueblo, necio, toma dos posiciones, al menos que pueda verse en la película. Al principio de la revolución de Bane, vemos a varios desarrapados —es decir: gente que no va vestida elegantemente— zarandear y hostigar a un puñado de gente con pinta de ejecutivos y traje de chaqueta. El clasismo vinculado al atuendo es más que obvio, y francamente, deleznable. La masa de vagos y maleantes se une a Bane y a mil tipos fugados de la cárcel, y se confunde con ellos, porque, en realidad, para Nolan parecen ser lo mismo. A partir de ese momento ya no sabemos quiénes de los sicarios de Bane son presos, parte de la Liga de las Sombras o ciudadanos de clase baja. Y la otra posición la vemos al final de la película cuando los ciudadanos buenos salen de sus casas, donde han estado recluídos hasta que ha pasado el peligro de la revolución. Por eso son buenos, claro: en lugar de tomar una posición activa, ya sea a favor o en contra, se han entregado a la postura pasiva, han dejado que sean sus líderes, sus superiores, los que solucionen el conflicto y, sobre todo, restauren el estatu quo.

            Y ésa es la clave: el estatu quo. Tras solucionar el jaleo, absolutamente a nadie se le ocurre pensar que tal vez si la propuesta de Bane había calado en la gente sea porque realmente existe la injusticia social, y que quizás sea hora de introducir algunos cambios. No. En absoluto. No se dice tampoco lo contrario, eso es cierto, pero recordemos que estamos en una película en la que todas las tesis se explicitan en largos monólogos. Y no tenemos nada eso; lo que hay es una restauración del orden establecido y de los poderes fácticos. Y recordemos, además, que al final la revolución era un engaño de un loco que quería volar Gotham entera. El mensaje no podría ser más obvio: ciudadano, no confíes en líderes revolucionarios, porque en realidad no quieren tu bien. Confía en la élite. Ellos te salvarán.

            Así Batman se convierte en el héroe del estatu quo y deja de ser el paladín de los desamparados. Por supuesto, Wayne quiere el bien para todo el mundo, quiere salvar Gotham… pero lo hace a través de la defensa de ese sistema que le ha permitido a él hacer su fortuna. Fortuna que utiliza para fines benéficos, que al final es lo más execrable del discurso de Nolan: no hay que repartir la riqueza de forma justa, porque ya te da el buen amo Bruce lo que te haga falta. De nuevo, la iniciativa privada solucionando los problemas porque quiere, porque es buena. ¿Y si no quisiera? Ah, entonces nada. El caso del orfanato es paradigmático: una institución financiada con dinero de Wayne que, cuando éste deja de obtener beneficios, deja de recibir dinero. La solución a este problema no pasa porque el estado, o el ayuntamiento, los ciudadanos, en suma, en la medida en la que éstos los representan, se encarguen de darse a sí mismos el dinero que necesitan, sino que, otra vez, el capital privado aporta la solución cuando Wayne les deja su mansión en herencia. «¿Lo veis?» parece decir Nolan. «El capital cuida de vosotros, la revolución no es necesaria».

            Y es muy significativo que sea Batman quien restaure el estado de las cosas. Porque en los cómics de Frank Miller, en The Dark Knight Returns pero sobre todo en The Dark Knight Strikes Again, es él quien lidera la revolución: él es Bane. Ante la corrupción de los poderes públicos y la injusticia social, toma la decisión de devolver el poder al pueblo. Claro que Batman lo hace de veras. Y su ejército es un ejército de ciudadanos que lo admiran y a los que inspira. Porque en la visión de Miller, ese individuo que es mejor que los demás sirve de catalizador para el cambio: en lugar de cuidar como un padre de la masa, la empuja a que tome la iniciativa y el poder que le corresponde. Es una diferencia esencial. El ejército de Batman en The Dark Knight Rises, que también lo tiene, es muy distinto: la policía de Gotham, dispuesta a cumplir con su obligación y protegiendo al poder económico y político, ayudando a Batman en su cometido de devolver el poder a quien legitimamente tiene derecho a él.

            El resultado final podrá ser una película más o menos buena, podrá contar la historia del renacer de Batman más o menos bien, pero inevitablemente es también una lección moral reaccionaria, conservadora e intencionadamente neoliberal. En el nolanverso las revoluciones son demagogia por definición: dejemos que sean los triunfadores —el 1% que menciona Santiago García— los que nos dirijan y velen por nosotros; si tienen el dinero es porque se lo merecen. Batman protege el sistema, y al final, ocupa el lugar de Dent como mito legitimador del mismo. En un mundo que necesita que todos despertemos, Nolan nos invita a que permanezcamos dormidos. Ya se encargarán las multinacionales de cuidarnos.

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12 thoughts on “Cine: The Dark Knight Rises.

  1. Pues… voy a meterme a comentar. Como mencionas que no conoces tanto a Batman, yo voy a apuntar lo que a mí me parece. Siempre leo por ahí que si hay muchos Batman y cada uno tiene el suyo, y eso me parece que se ha entendido mal. Solo hay un Batman y cada uno lo enfoca de una forma. Para mí el Batman del New Look y el de Miller son el mismo, enfocados de manera ultraoptimista y de manera ultrapesimista. Y no entremos en el juego de las pistolas, el Batman que mata o el Batman oscuro, porque durante la creación del personaje este todavía no estaba asentado. No son comparables sus primeros 40 números con los primeros 40 de Spiderman, que era una serie con otro rumbo, otras intenciones y otra estructura. Un Batman oscuro y descarnado puede pelear contra monstruos imposibles y un Batman colorido e infantil puede enfrentarse a mafiosos sin poderes. Es más, ambos lo han hecho. Puede que uno proporcione un enfoque más realista y nuevo, y el otro más camp, pero no deja de ser el mismo Batman. Y precisamente es un Batman que si tuviera que hacer una revolución la haría del lado del pueblo. Pero tampoco quiero hablar de eso, porque por mucho que se empeñe Miller en convertir a todos sus personajes en revolucionarios, Batman no lo es. Batman es un tipo que nunca dejaría su lucha contra el crimen, pasase lo que pasase. Y si lo hiciese, no se encerraría en una casa a llorar sin saber lo que ocurre fuera. Bruce Wayne cree estar en guerra con el crimen, y no va a descansar hasta que acabe con él. Da igual que lleve capucha o que lo haga desde un nivel \”corporativo\”. No se va a tomar cafés a la toscana con la tía buena de turno porque le viene bien, no señor. Y esto lo he comprendido leyendo los cómics de Batman, viendo las series de Batman, desde la de Bruce Timm hasta The Brave And The Bold pasando por Batman Beyond, también de Timm y The Batman. Incluso la de Adam West entraría fácilmente en este grupo. Todas tienen algo en común, Batman, Bruce Wayne, no se rinde nunca. Su lucha no acabará hasta que muera. Y si él no puede seguir, se encargará de que alguien siga por él.

    Y Nolan es tan listo que nos engaña y nos hace creer que esto es lo que pasa en la película, pero en realidad no lo es. En la película Batman huye y se esconde y no quiere saber nada. El Bruce Wayne de Batman Beyond quedaba recluído en su casa durante años y luego entrenaba un sucesor, y era cien millones de veces más Batman que este. Todos los Batman son el mismo, y por desgracia, este no es ninguno. Comparte las características superficiales, sí, pero eso no le hace Batman.

    Por otro lado, si ya le falta el superhéroe a estas películas, lo que más me sorprende es que le falten los villanos. Directamente no los tiene, o mejor dicho, solo tiene uno. Nolan en su afán por conseguir un realismo desmedido se olvida del elemento de fantasía y ciencia-ficción que rodea a cualquier superhéroe (y a Batman mucho más que a la mayoría) y reduce la preciosa galería de villanos a personas simples y corrientes. Los despoja de sus personalidades y cualidades extravagantes, para convertirlos en algo que podrías ver en los periódicos en el mundo real. Ra\’s Al Ghul es una especie de Bin Laden con traje de marca, el Joker un fan de los Sex Pistols que ha dejado de tomarse la medicación, Dos Caras una persona en shock por un accidente, Talía la hija del primero, Bane su sirviente, Catwoman una ladrona gimnasta… Quizá el único que se salvaría sería el Espantapájaros, y me duele decirlo porque de nuevo Nolan se empeña en decirnos que Murphy es guapo y por tanto, su agente le presiona para que no le ponga la máscara nunca, mucho menos el traje completo de espantapájaros. ¿Qué interés tienen estos personajes si los despojas de su extravagancia y su \”colorido\”?

    Y aqui me voy a callar, porque podría sacar fallos y fallos sobre la trama (que todos sabemos que los tiene) o simplemente explicar que esta película falla porque en las anteriores no se tomó en serio lo que estaba haciendo ni planeó el futuro (si hubiera introducido un Robin entonces, ahora habría tenido un verdadero heredero lógico de Batman). Pero… sería ya salirme mucho del tiesto.

    1. Sabía yo que me ibas a aportar cosas, DNM. Por partes: vale, acepto tu razonamiento: Batman es siempre el mismo pero se dan diferentes visiones de él. En realidad, ¿no viene a ser (más o menos) lo mismo que digo yo? Es una cuestión casi lingüística. Lo mismo me da decir que el Batman de Miller es otro diferente al de Adam West que decir que son diferentes visiones.

      Otra cosa es que la visión de Nolan te parezca que se aleja demasiado de Batman como para seguir siendo el mismo personaje. Yo creo que ciertos elementos básicos sí están ahí: es un tipo huérfano, el asesinato de sus padres le marcó y le decidió a luchar contra el crimen, es millonario y usa esa pasta para su lucha… Sí, se retira durante ocho años; pero también lo hizo el de Miller en TDK. De hecho a Nolan le critico que no explote en condiciones la idea de héroe viejo, en su decadencia física. De todas formas, tampoco voy a discutirte esto demasiado; tú sabes más del personaje que yo. A mí, por ejemplo, el Spiderman de Raimi no me parece Spiderman, salvo en la superficie. Imagino que a ti te pasa lo mismo con Batman.

      Eso sí: de verdad que no creo que el intento de coger a Batman y plantarlo en medio del mundo real sea un error per se. Estará limitando o dejando fuera muchos elementos del personaje, pero eso pasará casi siempre en una adaptación cinematográfica.

      Ah, y sí, los fallos de guión son muchos. Más que en la anterior. Yo no he querido entrar en ellos porque ya hay por ahí un texto que masacra la película y porque a mí lo que más me interesaba era la cosa política.

      Un saludo.

  2. ¿Podemos decir de TDKR que es una película arriesgada? De las tres de Nolan, no sólo me parece la menos arriesgada sino que voy a decir que es de las más esquemáticas del cine de superhéroes. La chica, el viaje del héroe, la superación personal, el final feliz, el héroe destrozado en todos los apartados de su vida… Uno a uno, cliché tras cliché, tópico detrás de tópico. Repite ideas que ya funcionaron de las dos anteriores entregas Incluso está lleno de guiños a cómics concretos, el fanservice más descarado que he visto en una película de superhéroes. ¿Hay planos experimentales, secuencias experimentales, etc.? Esto está muy lejos de Memento o Insomnia.

    En lo único que arriesga, creo, en el mensaje político, pero es un mensaje político rancio, conservador. Aún siendo otro mensaje político conservador, me quedo con el sionismo de First Class, muy claro pero camuflado como segunda lectura, no como el motivo principal para ir al cine.

    (Peúbe)

    1. Pues me resulta difícil llevarte la contraria, la verdad. Quizás es que lo esconde mejor, el esquema básico. Pero sí que veo más sello personal que en otras muchas adaptaciones. Aunque, claro, yo no he visto nada de Nolan, aparte de las Batman.

  3. después de ver el nivel que tenéis no se si debería escribir nada, pero me lanzo.
    Esta peli no me gusto básicamente porque no vi a batman, o al menos la imagen que uno tiene de batman, parecía que el cinturón lo tenia para que no se le cayera los pantalones, porque no uso batgarfio, ni ninguna de las demás cosas que se supone que lleva. No había saltos por la ciudad,.. no volaba con la capa,.. en fin , lo que hace batman.
    Las peleas de Bat, eran ridículas,..
    eso si, mucha moto y coche que vuela,. pero poco batman.

    Y hay cosas ridículas, cuando la poli se enfrenta con “los malos” van todos armados con metralletas,.. y todos los disparos van al suelo,.. solo saltaban chispitas en el suelo ejej de risa.

    1. Lo de los gadgets lo pensé yo también, especialmente durante la primera pelea con Bane. Joder, ¿Batman no tiene más recursos para enfrentarse a él que intentar tumbarlo a puñetazos, siendo como es claramente más fuerte que él?
      Y los de los polis: alguno se ve que cae herido o muerto, pero tendría que haber sido una puta masacre, sí. Por la potencia de tiro y por el alcance: antes de poder disparar sus armas, los otros les habrían tenido que acribillar.

  4. Reconozco que me da pereza entrar en profundidades, porque ya se ha hablado mucho y porque además comparto varias de las cosas que comenta Gerardo en su post y sería redundante. Solo quiero decir que para mí, Bane sí que es un villano con personalidad y una presencia escénica brutal, para mí supera de lejos al Joker de Ledger. Bueno, esto es así hasta que, hacia el final, Nolan decide convertirlo en un pelele de feria y pierde todo el carisma que había ido construyéndole a lo largo de la peli.

    Ah, y tengo la respuesta a esa pregunta o ese fallo de guión que todos encontráis en la peli y que os choca tanto. ¿Cómo vuelve Wayne del pozo afgano a Gotham?:

    ES. EL. PUTO. BATMAN.

  5. Ya, si es que llego tarde. Pero entre unas cosas y otras he ido a verla cuando ya todo el mundo la había destripado. A mí me gusta más el Joker que Bane, pero no me parece que Bane esté mal. Si tiene algunos problemas son más culpa del guión que de la actuación del actor.

    Y coño, tu respuesta vale para todo! xD. ¿Por qué es capaz de arreglar el piloto automático del helicóptero guay? Por lo mismo!

  6. Estoy de acuerdo sobre la disertación que has hecho de la película. La segundo es infinitamente mejor que la tercera, hasta la primera podría ser algo mejor, aunque con menos golpes de efectos. Y por supuesto el tufo de historia apesta rancio y fachoso. Pero no obstante, creo que el argumento en cierta manera se adhiere a lo que cabe esperar, teniendo en cuenta que Batman forma parte de una oligarquía, es un aristócrata. Desde luego aun teniendo en cuenta esto, me parece de una gran insensibilidad por parte de Nolan, dado el momento y la situación que esta atravesando el mundo. Ha sido indudablemente torpe por su parte, sin excluir por otro lado la idea de que realmente sea un facha de tomo y lomo. En cualquier caso sea cual sea su punto de vista y partiendo desde luego de la libertad de expresión como base, a mi juicio Nolan es un gran cineasta aunque un tanto irregular, con grandes películas y notables pufos.

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