EDT: Pasado y futuro.

La noticia del mes en esto de los cómics ha sido sin duda la pérdida por parte de EDT de los derechos sobre las series de la japonesa Shueisha. Más exactamente, lo que ha sucedido es que tocaba renovación del contrato y los japoneses han preferido no hacerlo y optar por otro modelo de explotación de las licencias. El anuncio ha desencadenado una tormenta de comentarios haciendo sangre de la herida —también muchos de apoyo, hay que decirlo—, que cuesta entender si atendemos a la trayectoria de EDT-Glénat. Sus errores, que los han tenido, no justifican tanta inquina, pero es obvio que a Joan Navarro muchos le están esperando con las horcas en la mano, principalmente por el terrible pecado de ser independentista y no ocultarlo.

            Por eso es buen momento para recordar un poco su historia, que quizás los lectores más jóvenes desconocen. La filial española de Glénat comienza a publicar en 1993, en una época en la que la industria española del cómic estaba derrumbada, tras el declive de las revistas adultas. Había poquísimo donde elegir y el público parecía haberse reducido a la mitad. Nadie apostaba por los autores españoles, además. Pero Glénat por lo menos lo intentó. Se agarró al formato del álbum y al tebeo grapado —en su mayor éxito de entonces: Sueños— para buscar su espacio en el mercado. Paralelamente se lanzó a publicar algo inaudito: ¡libros teóricos! Sobre cómic y sobre más cosas. Yo aún tengo por aquí algunos títulos de la Biblioteca del Dr. Vértigo.

            Pero la cosa iba regular. Tirando a mal. En 1999 la editorial ya estaba publicando algunos mangas, pero no era suficiente y estaban rozando el cierre. Y entonces alguien tuvo la idea de publicar un nuevo shonen cuya adaptación al anime estaba triunfando: Rurouni Kenshin. Y se hizo además mimetizando el formato japonés de tomo pequeño. Resultado: la locura. Dieron con la tecla, sin más. Hasta entonces, el manga en España se había estado publicando en formatos completamente inadecuados. Y conviene recordarlo a los otakus que se quejan de las ediciones de Glénat: amigos, no sabéis lo que era leer Saint Seiya o Dragon Ball en cómodas entregas de cuarenta y ocho páginas. En los noventa el formato de comic book era el molde para todo lo que se publicaba, salvo los álbumes de BD. Nadie se arriesgaba a inventar otra cosa, y ese inmovilismo fue lo que acabó mandando al carajo el primer boom del manga en España, en mi opinión. Prácticamente todas las series largas que acompañaron a Dragon Ball en 1992 y años siguientes quedaron inconclusas, y con razón; ¿cómo terminas series de más de treinta tomos a razón de cuarenta y ocho páginas mensuales o quincenales? Por eso el manga parecía que pasaría a la historia como flor de un día, hasta que Glénat se la jugó, ganó, y estableció un nuevo estándar que seguirían el resto de las editoriales que desde entonces han publicado manga. Es más, años más tarde, comenzaron a publicar siguiendo el orden de lectura original. Eso es, amigos otakus, lo que le debéis a Glénat.

            Desde entonces Glénat-EDT ha basado su buena marcha editorial en la publicación de shonen superventas, llámese InuYasha, Naruto, Bleach o Death Note. Ha conseguido cifras increíbles, pero lo bueno, lo loable, es que esas ganancias se han invertido en sacar adelante proyectos menos comerciales, algo de lo que se han beneficiado tanto los lectores de ese manga —Navarro ha finalizado series perdiendo dinero para no dejar colgados a los lectores, y no han sido ni una ni dos— como los que no lo son: se han publicado proyectos directamente suicidas, que buscaban recuperar obras inencontrables del cómic español. Sólo por editar algo como El ladrón de pesadillas de Puigmiquel ya le debemos a Navarro agradecimiento eterno. Y ha habido más cosas, claro. BD de aventuras clásica, publicada a través de la conexión de la casa madre francesa, cómics americanos como los de Avatar, o las obras de Carlos Giménez. Y aquí es necesario hacer un parada técnica para recordar que Giménez, el que hoy es reconocido como uno de los mejores autores de la historia de este país, estaba casi olvidado cuando Glénat recuperó sus tebeos. Paracuellos, la maravillosa y reverenciada Paracuellos, tuvo una edición en 1977 y se acabó. En 1999 no podía comprarse. Y no sólo la recuperó y mantuvo en el mercado hasta hoy —junto al resto de series del autor— sino que le publicó continuaciones. Más o menos podemos decir lo mismo de Pura Campos y su Esther y su mundo, hoy un superventas.

            ¿Ha cometido Glénat errores? ¡Claro! Evidentemente. Todas las editoriales los cometen. Pero mientras alguna mira para otro lado silbando cuando cae en uno, desde Glénat siempre han intentado dar una solución o por lo menos una explicación. Y concretamente Navarro yo creo que a veces se lía en su blog, que, sí, es un espacio personal, pero es innegable que muchos lectores lo asocian con la editorial o la personifican en él. Y él mismo mezcla noticias y datos editoriales con sus posts personales. Si yo fuera él sería más diplomático, pero, por supuesto, defenderé siempre su derecho a pensar y decir lo que le dé la gana.

            Quizás gran parte de la cuestión esté en el público al que se dirige, mayoritariamente, Glénat-EDT. Lo que voy a decir ahora es una generalización, y como tal va a ser verdad sólo en parte, pero creo que el lector de manga es un cliente difícil. Es un público exigente, joven, con menos poder adquisitivo por tanto y que además tiende a repartir su presupuesto para el ocio en aledaños del manga bastante más caros que éste. Son en general impermeables a cualquier otro tipo de cómic, o incluso a otros géneros de manga diferentes al que se han consagrado. Es un público organizado que sabe hacerse oír, pero que cae en guerras bizantinas con mucha facilidad. Y por supuesto no podemos olvidar todo lo relacionado con las traducciones de aficionados que circulan por internet al alcance de todos. Vender manga a otakus es cada vez más difícil.

            No obstante estoy convencido de que ese perfil pertenece a un grupo amplio pero no supone un porcentaje demasiado elevado del total. Pero son los que se mueven y crean opinión —aunque esto sea muy relativo—. Y entre ellos hay elementos para echarlos de comer aparte, me temo. Lo hemos leído todos en comentarios en diferentes páginas a propósito de todo el asunto Shueisha: hay individuos terriblemente inmaduros y egoístas, con una escala de valores, digamos, peculiar, que han llevado la expresión «hacer una montaña de un grano de arena» a cotas no conocidas por el ser humano, y que, por ejemplo, son absolutamente incapaces de comprender que si algo no vende nada no puede publicarse a toda costa para que a él no le quede la colección inacabada, y que por tanto no saben valorar cuando una editorial lo hace a pesar de todo. Aún recuerdo la que montaron cuatro en el blog de Navarro porque decidió cambiar una cubierta de no recuerdo qué serie. O lo terrible que les parece que el logo del lomo de sus tomos vaya a cambiar a partir de ahora. Una temporada coleccionado DC les daba yo a todos éstos, para que vieran lo que es bueno.

            Volviendo a la pérdida de los derechos de las series de Shueisha, el mayor problema es que llueve sobre mojado. La editorial ha perdido en los últimos meses a autores clave como Carlos Giménez y Aleix Saló, y la independencia de la central francesa acarreaba algo duro: tenerse que desprender de todo el fondo editorial, porque a partir del año que viene no van a poder distribuir nada con el logo de Glénat. De este modo un fondo que podría haber dado más beneficios a largo plazo tiene que saldarse a precios de coste —o incluso menos en algunos casos; no me extrañaría nada—, con la consiguiente pérdida de crédito con respecto a cierto sector de sus lectores que no entienden que no hay opción posible. ¿Qué otra cosa podían hacer? ¿Destruir los tebeos y perder la totalidad de la inversión? Han elegido el mal menor.

            Sobre los motivos que han llevado a Shueisha a no renovar el contrato marco que mantenían con EDT, por el momento cualquier cosa que se diga es pura especulación. Pero no, me temo que ni el independentismo de Navarro ni las chuminadas que alguno quiere elevar a cuestión de estado han tenido nada que ver. Yo creo que las razones han sido sobre todo económicas. El pastel se lo van a repartir ahora cuatro editoriales, y en el futuro, supongo, las nuevas series se venderán al mejor postor. Separar la negociación de cada serie es una manera efectiva de rentabilizarlas: ¿quién sabe cuánto habrá pagado Planeta por Naruto? La consecuencia más obvia es que hay toda una serie de mangas que se quedarán en el limbo —Navarro dio la lista— porque nadie las quiere. Si hay que pagarlas por separado no son rentables para nadie; EDT las editaba, y hasta el final, porque compensaba unas con otras. Pero, por lo demás, no creo que los seguidores de las series que cambian de mano sufran demasiados cambios.

            El marrón se lo queda EDT, claro. ¿Qué va a pasar a partir de ahora? Muchos creen que esto ha sido la puntilla. Yo creo que no, de verdad. Quiero pensar que, a otro nivel de ventas, EDT seguirá adelante. Pero habrá cambios. Se han acabado definitivamente las vacas gordas. Se ha acabado financiar las maravillas que han ido editando con las ventas bestiales de ciertos mangas. Ahora cada producto tendrá que ser rentable por sí mismo. Esos integrales de obras del tebeo español que están sacando últimamente, por ejemplo, posiblemente no sean demasiado comerciales. Ni las Nuevas Hazañas Bélicas, que lo mismo están muy bien, pero que tienen un precio loco. Le quedan muchas cosas viables, de todas formas. Esther y su mundo, por ejemplo. Varios mangas que no son de Shueisha, como Berserk o La espada del inmortal, y muchos de esos mangas raros, adultos, que llevan publicando desde hace unos años y que quizás sea el momento de convertir en la corriente principal de la editorial. Autores como Kago, Maruo o Hirata no son sólo excelentes, sino que además pueden llegar a un público diferente al habitual del shonen o el shojo.

            Ya se irá viendo. De momento para el mes que viene editan la que creo que será la primera obra de Ishinomori traducida al castellano. Por cosas como ésta he creído necesario hacer un poco de historia y contextualizar la labor de una editorial clave en el mercado español, quizás también por compensar las duras críticas que está recibiendo. Por cierto: sólo he coleccionado una serie de shonen en mi vida. Y la pude completar gracias a la política de Glénat de no dejarla a medias.

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14 thoughts on “EDT: Pasado y futuro.

  1. De los artículos que rondan por blogs desde la separación de Shueisha con EDT, este es el mejor, sin duda. Y ya no desde la separación, sino desde que EDT decidió llevar su propio rumbo. Analizas muy bien lo que Glénat ha significado, y haces un anuncio de lo que EDT podrá ser. Yo creo que a muchos les mueven opiniones personales o ciertos sentimientos a la hora de hacer declaraciones. Un tremendo error, y no refiero al independentismo de Joan Navarro. Somos muy capaces de criticar duramente los errores de los demás, sean leves o graves. Pero nos falla la capacidad de adular lo que realmente tiene mérito, y no somos capaces de agradecérselo. Joder, Black Jack…

    Yo escribí un artículo en el que hacía referencia a la editorial antes de que esta separación se supiese:

    http://koreanretrospective.wordpress.com/2012/08/19/respuesta-a-articulo-edt-plan-editorial/

    Lo que digo en él es, básicamente, que Glénat ha llevado durante muchos años una política de compensaciones; es decir, saco esto, que vende, para pagar esto, que es bueno. Esto tiene sus pros y sus contras, como todo. Y yo me quedo con los pros. Ahora EDT ya no tiene “lo que vende”, y va a hacerse con un catálogo solo de lo que es bueno. Yo creo que esa va a ser su nueva dirección, y mi intención en el artículo es animarlos a que vayan para allá.

    PD: Sí hay un manga de Ishinomori en español. “Musashi”, y es una adaptación del libro del famoso samurái. Yo lo tengo y es genial, muy chulo. http://www.planetacomic.net/comics_detalle.aspx?Id=20014 (aunque ponga nº1 es tomo único)

    1. Coincido bastante con tu análisis. Pero también creo que a más volumen de publicación, más difícil es mantener esa línea coherente de publicación, por mucho que se quiera. Y gracias por la corrección sobre Mushashi.

      PD: Tu comentario estaba pendiente de moderación porque llevaba enlaces, y no lo he visto hasta ahora, disculpa la demora.

      1. Creo que hablar de cómo crear un catálogo organizado desde mi perspectiva e ignorancia es algo prepotente. Por lo tanto, cuando digo que mantener una linea editorial es lo ideal, tampoco sé si es algo realmente posible. Lo que sí sé es que Astiberri, con el paso del tiempo, algo de eso ha conseguido. La Cúpula, tiene ritmo propio, y otras más pequeñas como Diábolo o Fulgencio Pimentel tienen un catálogo muy personal. Todo es intentarlo, supongo. Al fin y al cabo lo que queremos son obras buenas.

  2. Navarro es proetarra , así que su empresa por mí que se hunda .Tú sigue defendiendo a un amigo de asesinos.

    1. Nunca he leído ni una palabra de Navarro que me acaba considerarle un “proetarra”. Claro que imagino que tú y yo tendremos un concepto muy diferente de qué es eso.

      1. Otegui libertad y todos los demás.Escribió eso en su blog.Si pedir la liberación de asesinos no es proetarra ¿Qué lo es?

  3. Ahora que la extrema derecha de este país está tan puesta con la cosa de machacar a todo lo que huela a “anti España”, es bueno recordarles que ha tenido que ser un catalán el único con ganas e interés en rescatar parte del patrimonio historietístico de (todo) este país.

    La verdad, comentarios como los de Tokei huelen a naftalina, a cruces gamadas y a ganas de volver a llenar nuestras cunetas de rojos e independentistas. Ya os vale, intelectuales.

    1. La labor de Navarro y EDT en ese sentido es muy encomiable. Sólo por la restitución de Giménez, Beá y Pura Campos ya merece el respeto de cualquier aficionado al cómic, comparta o no las ideas políticas de Navarro.

      1. Yo no comparto esas ideas -ni falta que me hace, la verdad-, pero sí su amor por los tebeos. Y al contrario que otra gente, esas ideas no le han impedido disfrutar y divulgar tebeos de todas las nacionalidades e ideologías. Bien por él, incluso con todos los errores que pueda haber cometido.

  4. Yo soy absolutamente proEDT y proNavarro. Creo que somos muy poco agradecidos con la gente que siente el oficio de editor por encima del oficio de economista. EDT ha perdido pasta con muchas decisiones, y aún así ha sacado proyectos adelante de dudosa viabilidad. Ahí están las ediciones y las cifras de ventas para comprobarlos.

    Para mi hay un trecho enorme desde que uno manifieste que prefiere que Otegui esté en la calle a que sea proetarra. Es más, me asusta que alguien pueda juzgar así a las personas y quedarse tan pancho. Me parece hasta peligroso. No obstante, la personalidad de Navarro creo que tiene poco que ver con una decisión empresarial.

    Por otro lado, aquí, en el libre mercado de la competencia, Planeta se ha visto como lo que es. Busca el beneficio por encima de todo. Incluso por encima del amor a los cómics. Ha usado su fuerza sin el más mínimo decoro. Ese es su camino.

  5. A eso me refería. Las cosas nunca no son blancas o negras. No conozco el caso de Otegui en profundidad, pero esa ecuación tan simple de Otegui=ETA (O Bildu=ETA) no la puedo aceptar sin más. Ha habido organismos internacionales que han hablado de la cuestión Otegui siendo favorables a su excarcelación. Es algo muy diferente a estar a favor de que una banda armada mate gente, creo yo. Aunque por supuesto una persona puede pensar que defender eso es deleznable, está en su derecho. Pero sin confundir las cosas.
    Y sí, coincido contigo en que Glénat-EDT ha demostrado que está en este negocio por algo más que el dinero. No son los únicos, afortunadamente, en esto del cómic hay varios así.

  6. thegreatcatsby: Supongo que son diferentes modelos de negocio. En el mundo literario pasa algo parecido: las editoriales pequeñas se esfuerzan por convertirse en marca de calidad de cara al lector. Uno ya sabe qué va a encontrarse cuando compra un libro de Lengua de Trapo, por ejemplo. Mientras que las grandes suelen organizarse por subsellos o colecciones, que muchas veces no tienen nada que ver. Eso provoca que los lectores formen compartimentos estancos, que es lo que le sucede a Glénat. El comprador de Garth Ennis en general no va a comprar Bleach simplemente porque sea de Glénat, ni el de Esther y su mundo va a comprar a Shintaro Kago. En cambio un lector de Astiberri, como dices, puede fiarse de que, si le ha gustado una obra de la editorial, puede probar con otra, porque salvo excepciones van dirigidas a un público parecido. Son modelos diferentes que tienen que ver con el volumen de publicación. Lo que parece claro es que EDT ahora mismo va a tener que adaptarse y acercarse más al modelo “pequeño”. Veremos.

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