Pequeño Vampiro y la sopa de caca/Pequeño Vampiro y el sueño de Tokio, de Joann Sfar.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Me sigue sorprendiendo que pese al consenso más o menos generalizado sobre la necesidad de que existan cómics para niños esta serie de Joann Sfar esté pasando tan desapercibida entre la crítica española. Tal vez tenga que ver con que estos últimos álbumes de la serie los publica una editorial no especializada en cómics y además mexicana —Oceano Travesía—, por lo que resulta difícil enterarse de su lanzamiento por los canales habituales. Yo me enteré gracias a Josep Oliver, uno de los pocos que les ha dedicado espacio crítico. Pero en su momento, cuando fue Alfaguara la que editó un par de ellos en España, tampoco hubo demasiada repercusión. Ni cuando Ponent Mon publicó el excelente El señor Cocodrilo está muerto de hambre. Y quizás al final el problema sea que cuando la gente pide más tebeos para niños no se da cuenta de que ya hay varios —como ha estado escribiendo Pepo Pérez en su blog recientemente—, o bien que lo que piden en realidad son más tebeos como los que ellos leían de niños o como ellos consideran que deben ser los tebeos para niños. Si a eso le sumamos el hecho de que Sfar es el autor de algunos de los cómics para adultos más relevantes de la última década —El gato del rabino, Pascin o Klezmer—, todo se conjura para que esta serie pase por debajo del radar de los lectores habituales.

            Pero sí, Pequeño Vampiro está ahí y es un cómic infantil de verdad. Es decir, que no es uno de esos productos cuyo verdadero público son los padres nostálgicos, ni esconde bajo una apariencia naif una sofisticada lectura para adultos peterpanescos. Es para niños, de entre siete y diez años, creo yo, sin coartadas intelectuales ni dobles lecturas. Sfar sabe volver a esa edad y hablarle a su lector de tú a tú, quizá porque jamás ha perdido la alegría primaria que se siente al dibujar y al contar una historia por primera vez. Cuesta tanto imaginárselo atascado en una página como afectado del bloqueo del escritor, algo inherentemente adulto: Sfar, de alguna forma, nunca ha dejado de ser un niño. Y de hecho Miguel, el amigo humano del vampiro, es el alter ego del propio Sfar. Por eso en Pequeño Vampiro dibuja historias infantiles con total naturalidad, sin moralejas y sin didactismos explícitos. Como cualquier obra de ficción, estos tebeos forman, por supuesto, pero no lo ponen de manifiesto ni es un objetivo en sí mismo. Las aventuras de esta troupe de monstruos totalmente insertos en el universo de Sfar no son políticamente correctas ni se han escrito pensando en lo que una madre o padre consideran admisible, y provocan ese «terror divertido» que tanto les gusta a los críos, a los que les encanta jugar a tener miedo.

Y en lo formal, tampoco se encuentran diferencias significativas con muchas de sus obras. Son tan libres en la estructura de la página como cualquier otro de sus tebeos de la época —estos dos álbumes se publicaron originalmente en 2003 y 2005—, y Sfar no siente que tenga que renunciar a nada ni limitar la experimentación para ajustarse a su audiencia.

Pequeño Vampiro y la sopa de caca es una historia de amistad y ligera escatología, que de nuevo, tiene sentido sólo si está dirigida a niños. Tiene ese tono poético y reflexivo de algunas obras de Sfar diseminado por una trama de pura diversión, en la que aguardan ocultos pequeños momentos que sin previo aviso golpean al lector. Muy bueno, ya digo, aunque me ha gustado más todavía Pequeño Vampiro y el sueño de Tokio, una historia loca y desenfrenada en la que el protagonista y su perro Fantomate viajan a un Tokio delirante y surrealista, poblado por mascotas corporativas y coloreado por Walter, un maestro de su oficio habitual en las obras de Sfar o en las de Blain. En este álbum Sfar además aprovecha para rendir tributo al manga y a los autores japoneses que admira, como Hayao Miyazaki, en una escena que se intuye autobiográfica al menos en parte.

En fin, un par de tebeos infantiles excelentes que han pasado totalmente desapercibidos pero que están ahí, esperando a ser descubiertos. Un par de razones más en contra de la opinión generalizada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s