El enigma de Cliff Hanger resuelto al fin.

La primera vez que tuve noticia de la existencia de Cliff Hanger fue leyendo la hoy inencontrable Enciclopedia de la Historieta del decano estudioso español Sisebuto Sagasta. En ella se mencionaba casi de pasada el nombre de Hanger y se le incluía entre los más destacados autores de tiras de prensa de la década de los cuarenta, junto a los Caniff, Foster o Raymond. Apenas se aportaban más datos, y la valoración de su obra se zanjaba comentado que «desafortunadamente, ninguna de sus obras se ha conservado hasta nuestros días». Semejante misterio me llevó a rebuscar en la red y en la bibliografía especializada anglosajona intentando aportarle un poco de luz.

Muchos creen que Cliff Hanger no es más que un hábil pseudónimo, pero en realidad es el nombre artístico de Cliffton Wesley Burwinkle Hanger, natural de Alabama. Se sabe muy poco de la infancia y juventud de Hanger, pero sí que antes de comenzar su carrera como dibujante se dedicó a la venta a domicilio de aspiradoras y relojes de pulsera. Lo siguiente que sabemos de él es que estuvo trabajando como ayudante en un estudio de ilustración publicitaria. A alguien importante le debió de gustar su trabajo, porque poco tiempo después se convertiría, según algunos testimonios, en uno de los primeros y más fugaces negros de Bob Kane, trabajando en algunos números de Detective Comics, no sabemos cuáles, durante un periodo de tiempo de unos pocos meses. La carrera del joven Cliff parecía muy prometedora; sin embargo, según parece se cortó en seco por un lío de faldas, concretamente las de la mujer de uno de los editores más influyentes del negocio. Nada más se supo de Hanger hasta que, unos años después, Milton Caniff lo mencionara como una de sus influencias más importantes en una entrevista. Concretamente dijo que «Terry y los piratas no sería lo que es de no ser por el Toby Continued de Cliff Hanger». Igual que hoy, nadie parecía saber a qué se refería Caniff. ¿Qué serie podía ser ésa que había impactado tanto al maestro? ¿Cómo era posible que nadie la conociera si era tan buena? Para alimentar la leyenda de la strip, el propio Caniff negó en sucesivas ocasiones saber nada de Hanger. «¿Quieren la verdad sobre Cliff Hanger? Ustedes no pueden soportar la verdad», les gritó a unos sorprendidos periodistas en una convención de cómics. En lo que respecta a Cliff, aparentemente se retiró tras ese serie fantasma del mundo de las tiras de prensa y se convirtió en leyenda. Según he podido averiguar siguió trabajando en ilustración y diseño hasta el final de su días, si es que éste ha llegado. Su nombre aparece como parte del equipo que realizó los storyboards de un falso documental dirigido por Stanley Kubrick en los sesenta que nunca llegó a ver la luz. El último trabajo que realizó tuvo lugar a principios de los ochenta, cuando colaboró en los diseños de la popular máquina recreativa Polybius.

Y esto era todo lo que sabíamos de Cliff Hanger. Hasta el día de ayer, en el que dos españoles, dos habituales de las redes sociales conocidos como Tebeobien y El Hematocrítico, aseguraron que tienen en su poder una colección casi completa de la mítica Toby Continued, que en efecto existió y se publicó en la Gaceta Parroquial de Nuestra Señora de Connecticut, un periódico local de escasa tirada que habría dado trabajo a Hanger tras su descalabro con el mencionado editor celoso. Se trata, sin duda alguna, del mayor hallazgo de la historia del cómic. El propio Tebeobien se ha encargado de la restauración de las tiras, que ambos nos ofrecen en un tumblr para disfrute de todos los amantes de la historieta.

The Watcher and the Tower, siempre al filo de la noticia, ha podido ponerse en contacto con el propio Tebeobien para que nos ampliara la información. No ha sido fácil, pero hemos conseguido arrancarle una breve entrevista que reproducimos a continuación.

The Watcher and the Tower: ¿Cómo ha sido el hallazgo de la colección? ¿Realmente podemos estar seguros de que no es un fraude y estamos ante la mítica Toby Continued?

Tebeobien: Pues mira, Ger. En una escapada románDE PLACER a Missouri (oye, cada uno es cada uno), el Hematocrítico y yo, después de enrollarDAR UN PASEO, encontramos el único recopilatorio existente, en un mercadillo callejero. Sabedor del valor del ejemplar, el propietario de tal tesoro nos fijó un precio desorbitado, nada que no pudiéramos evitar con un par de puñetazos y una rápida carrera hacia el coche. En cuanto a la autenticidad de las tiras, estoy completamente seguro de la misma. Las he mirado fijamente al trasluz, ¿sabes? Bueno, pues eso.

TWATT: ¿Qué nos puedes decir del contenido de la serie? ¿Está a la altura de su leyenda?

T: No puedo adelantar nada. Solo que si Foster se hubiera follACOSTADO con  Raymond y hubieran tenido un hijo, este no tendría ni una milésima parte del talento que Hanger tenía en su mano derecha. Y era zurdo.

TWATT: ¿En qué ha consistido el proceso de restauración de las tiras?

T: Está siendo un trabajo minucioso y complejo. No me siento a la altura… las dudas surgen continuamente… Puede que mi decisión de utilizar el Telesketch haya añadido mayor dificultad al proceso, pero quería mantenerme fiel al proceso del maestro.

TWATT:¿Crees que estamos ante el mayor acontecimiento de la historia del cómic americano?

T: No tengo ninguna duda, Ger. Al menos hasta pasado mañana.

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10 thoughts on “El enigma de Cliff Hanger resuelto al fin.

  1. Me consta que en El salón del cómic de la pequeña villa estadounidense de Tupperware, “la Comictupper”, bien conocida por los mejores novelagrafistas del orbe, el mismísimo Spiligrerman… Spliemerar… Superligerman… Coño, el de los ratoncitos… contó una anécdota de que cuando estaba probándose (para el libro 2 de “Miaus”, o como se llame) la careta de minimo en la tienda de disfraces Okatu Big Apple, de… Boston, se le acercó un hombre de edad, porque tenía edad, claro, y se presentó co o el mismísimo Hanger. Tras recuperarse de la emoción y el ataque de ansiedad el señor Spi… del de los ratones, parece ser que fueron a tomarse un café y hablaron, lar go y tendido.
    Tebeobien debería mandarle el enlace a su descubrimiento a Spruingelman, se lo agradecerá infinito.

  2. Esto que me cuentas me deja sin palabras, Octavio. Revoluciona el medio tal y como lo conocemos, otra vez. Llegaremos al fondo de la cuestión pese a quien pese. ¡Ánimo, que aún te quedan 9 dedos!

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