Tres lecturas más.

Nada, que me ha caído en gracia este formato de post y repito con otras tres reseñas rápidas de la pila de lecturas recientes que por hache o por be no voy a reseñar por separado. Hoy toca una selección variadita.

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            Comedia sentimental pornográfica, del canadiense Jimmy Beaulieu me ha sorprendido mucho. No conocía de nada al autor, así que tampoco esperaba nada concreto del tebeo, y me he encontrado una colección de encuentros sexuales muy sugerentes y excelentemente dibujados, aunque muchas veces le pesa a Beaulieu en exceso la referencia a Sfar y a Blutch —según la página—, que no son precisamente dos dibujantes con los que uno pueda compararse alegremente. Aun así me gusta el resultado: muy libre tanto en trazo como en composición de página, con un uso del color muy interesante. Y es divertido, aunque al final algo… light, supongo. El tono tan francés de esta comedia no me acaba de llegar, ni los personajes me terminan de interesar por sí mismos. La frivolité y la intrascendencia de lo que se cuenta hacen que sea mucho mejor idea centrarse en las maravillosas escenas de folleteo, sorprendentes e imaginativas.

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            En cambio, La niña de sus ojos es una lectura seria, de manera consciente y premeditada, pero de ejecución bastante irregular. Por supuesto, en el cómic se puede ser serio, denso y abundante en la exposición de datos —es lo obvio, pero voy a recordar los tebeos de Joe Sacco—, pero se tiene que hacer bien. Y La niña de sus ojos se empasta. La idea de mezclar las biografías de James Joyce y su hija con la autobiografías de la guionista Mary Talbot y su propio padre es buena, pero cuando uno lee el cómic se da cuenta de que algunas coincidencias están más que pilladas por los pelos y que la manera en la que se intercalan ambas líneas argumentales es demasiado rudimentaria. Brian Talbot realiza un buen trabajo, con un dibujo siempre mutante, aunque no llegue a los extremos de experimentación de su Alicia en Sunderland, pero tampoco salva el cómic. Hay buenos momentos, y si interesa Joyce se le sacará provecho, pero poco más.

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            El tercero es discordia es La familia, de Bastien Vivès, dentro de la serie que inició Diábolo con Videojuegos. Y me reafirmo en que de momento éste es el Vivès que me gusta más. Mucho más suelto, más libre, sin el peso de tener que hacer algo trabajado y con chicha. E igual es cosa mía, pero tengo la sensación de que el Vivès sincero, el de verdad, es éste, el bruto y cafre que hace chistes dinamitando la institución familiar a base de sal gorda y conversaciones sexuales entre padres e hijos muy burras. Y que el otro, el de Polina o Amistad estrecha es el Vivés relevante y maduro que le gustaría ser, el que aspira a ser, un autor serio y respetado por sus historias sensibles. Pero por mucho que me gusten formalmente estos tebeos, me parece más auténtico y divertido el Vivès gamberro. Y aunque todavía esté lejos del potencial que le presupongo, por lo menos se ve que se divierte pasándose tres pueblos y dibujando a base de manchas de tinta que parecen cobrar vida.

Adenda: cómo mola la palabreja, ¿eh? El caso es que también he tenido estos días por aquí la Enciclopedia erótica del cómic de Gubern y Gasca. Por supuesto, vaya por delante el enorme respeto que les tengo a ambos por su labor casi pionera en el estudio del cómic. Pero no he entendido la obra. No sé qué sentido tiene. Es un diccionario enciclopédico de términos relacionados con el sexo, incluídos con criterios dispares —partes del cuerpo, filias, orientación sexual— con un tono muy desfasado, como de otra época, tanto en el estilo literario como en la elección de los términos: ¿de verdad alguien llama ligottement al bondage hoy en día? Hay cierta tendencia a considerar ciertas filias como desviaciones, o por lo menos cosas que se salen de la norma, a pesar de que sí se nota el carácter abierto de los textos, dentro de lo que cabe. Pero el principal problema es que el cómic es aquí algo completamente tangencial o anecdótico. Los textos ni siquiera lo mencionan. No se habla de cómo se ha tratado en la historieta los términos de las entradas del diccionario, lo cual, bien pensado, tampoco tenía mucho sentido, siendo algunas de ellas tan genéricas como «saliva» o «máscara». Tan sólo sirve el cómic de ejemplo ilustrativo, en forma de una extensa colección de viñetas que acompañan las entradas, pero a tal efecto en realidad habría servido cualquier otra cosa, desde cuadros hasta fotografías pornográficas. No hay un fundamento verdadero, un análisis real de nada que tenga que ver con el cómic. Es un volumen elegante y bonito, pero no creo que aporte nada al estudio del medio.

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