Kick-Ass 2, de Mark Millar, John Romita Jr. y Tom Palmer.

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OJO: SPOILERS

Con Kick-Ass Mark Millar se preguntó qué pasaría en la vida real si de pronto un chaval decidiera convertirse en un superhéroe. Cuál sería la reacción de los medios, qué consecuencias tendría para la sociedad. Con Kick-Ass 2 sigue haciéndose esa pregunta, intentando llevarla a sus últimas consecuencias. ¿Cómo serían las cosas si eso pasara? Bueno: así no, desde luego.

            Hemos aceptado hace tiempo el rol de Millar en la industria americana. El mejor vendedor de ideas del mainstream juega desde hace años al mismo juego, uno en lo que lo importante es la promoción, la venta de derechos para la adaptación cinematográfica, el goteo de declaraciones molonas. El hype, que decimos ahora, o más castizo, el autobombo. Al final el producto en sí es lo de menos; da casi lo mismo leer el tebeo o no. Tanto rollo previo hace que los cinco minutos que tardamos en leer un cómic de veinticuatro páginas de los de ahora no importen demasiado. Es lo que hay, y si bien no entiendo las adhesiones inquebrantables a Millar cual aficionado a un equipo de fútbol, tampoco comprendo los odios furibundos. A mí me gustan pocos cómics suyos, pero de ahí al odio hay un abismo, coño. Sobre todo porque Millar no hace nada demasiado diferente a lo que hacen Marvel y DC. Simplemente ha hecho algo inteligente: montarse por su cuenta la cosa y dejar de regalar ideas millonarias a dos multinacionales.

            Otra cosa es la calidad de sus obras, por supuesto. Ahí comienza a ser preocupante el tiempo que hace que no consigue alcanzar las cotas de sus mejores cómics. Uno se pregunta cuánto tiempo más habrá que recurrir a The Ultimates o The Authority para reivindicarlo como guionista. Pero centrémonos en la secuela de Kick-Ass, que es lo que he leído hace poco. Con el mismo equipo creativo formado por John Romita Jr.  y Tom Palmer, Millar explora las consecuencias lógicas de lo que pasó en el anterior volumen. A Romita le caen últimamente muchísimos palos. Algunos los entiendo, pero otros no. Es verdad que ya no está en su mejor momento y que, desde luego, está muy alejado de las tendencias estilísticas que imperan hoy, pero yo lo sigo prefiriendo a un Leinil F. Yu o un Steve McNiven —por citar dos que han trabajado recientemente con Millar—, y aquí se trabaja los lápices y el resultado final no es especialmente malo.

            Más allá de eso, a Millar se le escapa de las manos la cosa casi por completo. Básicamente parte del fenómeno real de los héroes de carne y hueso, esa gente que en EE UU se ha aficionado a patrullar su barrio vestida en mallas, y que aquí tiene su origen en la aparición de ese primer héroe que es Kick-Ass. Empiezan deteniendo rateros, llamando a la poli si ven algo raro, informando a los chavales de los peligros de la droga… Pero eso no mola. Así que de golpe y porrazo acaban dando golpes a la mafia y enfrentados a un ejército de supervillanos que provocan una masacre en un barrio residencial y violan brutalmente a la chica con la que Kick-Ass se la pela. Así de literal, no añado nada de mi propia cosecha. Todo está sazonado con muchas burradas epatantes, violencia gamberra y peleas brutas, típicas de los cómics de Millar. Estoy seguro de que sabe que eso no tiene demasiado valor, pero también que se vende muy bien. Y creo que eso es lo que redime a Millar: que no cree estar haciendo nada maravilloso. Pero… incluso el entretenimiento más intranscendente debería tener un mínimo de rigor. Y aquí no lo hay. La trama hace aguas por todas partes, más aún que en la primera entrega, y el ritmo, al menos leída la cosa del tirón en el tomo recopilatorio, tiene varios gatillazos.

            Pero a mí lo que más me interesa es la cuestión del realismo, lo que apuntaba al principio de la reseña. Millar es, para muchos aficionados, un guionista realista, que ancla sus historias de superhéroes en nuestra realidad y explora las consecuencias que tendría su existencia en ella. Pero es una falacia, en mi opinión. Ni The Authority ni The Ultimates son lo que yo llamaría obras realistas. Ni mucho menos lo es Kick-Ass, claro. Son obras que tienen referencias a la actualidad, que suponen una estilización del género y que, en determinados aspectos muy concretos, sí recurren a un hiperrealismo. Ésa es la trampa: no es una cuestión binaria, de ser o no ser realista. Puede serlo en algunos aspectos. Pero el hiperrealismo tampoco es realismo, no lo olvidemos, y las peleas sangrientas de miembros cercenados no son más ajustadas a la realidad que un combate capado de los que narraban Stan Lee y Jack Kirby; simplemente se salen por arriba en lugar de por debajo de esa franja que podemos llamar «realidad». Sólo partiendo de los cómics de superhéroes se puede llegar a pensar que lo que se cuenta en Kick-Ass 2 es plausible, que efectivamente supone una teoría ajustada de lo que pasaría si de repente una serie de personas se disfrazaran y salieran a patrullar las calles y a luchar contra el mal. Lo que se cuenta es un sueño friqui que deviene en pesadilla, no un escenario razonablemente verosímil. Para empezar porque ya estamos viendo qué pasaría, no hace falta especular con ello en la ficción: esa gente ya existe, como decía antes. Por otro lado, ningún cómic con un personaje como Hit Girl o la rusa loca que se alía con Red Mist podrá nunca considerarse realista.

            Y si a pesar de todo queremos especular con todo esto, no podemos partir de Los Vengadores, sino de la propia realidad, de la naturaleza humana.

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2 thoughts on “Kick-Ass 2, de Mark Millar, John Romita Jr. y Tom Palmer.

  1. Es cierto que Kick Ass 2 es un mal comic pero creo que lo nuevo de Millar (Secret service, Super Crooks y hit girl) es bastante decente. Tengo la sospecha que volvio a intentar escribir historietas despues de esto y nemesis por nombrar de lo peorcito.

    Por otra parte, no se donde la gente trato de vender esto como “que pasaria si los superheroes fueran reales”. siempre que lei Kick Ass, lei un chiste. Osea, para mi, Millar construye un mundo que parece “real” y le agregue las exageraciones del genero de accion. En la pelicula esta mas presente esto que queiro decir y mas cuando llegamos a la escena de la bazooka.

    Es un chiste que no lo explico bien.
    brian.

  2. Sí, lo veo más o menos igual que tú, pero yo sí he leído que es “realista”, supongo que porque la gente confunde el verdadero realismo con el hecho de que se hable de pajas y twitter. Yo tengo esperanzas con lo que va a hacer con Quaterly, a ver qué les sale.

    Un saludo.

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