Azul y pálido, de Pablo Ríos.

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Hace muchos años, cuando era joven e inocente, entré en contacto con eso que se llama mundo del misterio. Me convertí en consumidor compulsivo de programas de radio y televisión, libros y revistas sobre temas paranormales. Y entre ellos el que más me fascinaba era el fenómeno ovni. Avistamientos, contactados, pseudocultos mesiánicos, conspiraciones gubernamentales, el estallido definitivo del caso Roswell, vídeo de autopsia incluido, y por supuesto Expediente X como ficción sobre lo paranormal de los noventa por antonomasia. Pero nunca me creí ni una palabra. Bueno, aclaro: nunca creí que hubiera una realidad física proveniente de otros mundos detrás del fenómeno. Y sin embargo, me seguía pareciendo fascinante.

           Pablo Ríos piensa algo parecido, y ése es uno de los motivos de que me guste tanto Azul y pálido. Lo de menos es si nos visitan o no seres extraterrestres. El fenómeno ovni dice mucho más de nosotros mismos que del espacio exterior. Desde un punto de vista sociológico es sencillamente apasionante, y como dice el propio Ríos, despreciar sin más todo esto como paparruchas es absurdo. Con ese espíritu, presenta las historias de varios contactados de diferentes épocas, algunos de los casos clásicos de la ufología. Sixto Paz, Billy Meier, el matrimonio Hill, UMMO… En diferentes capítulos de extensión variada, Ríos da voz a los protagonistas, sin hablar de ellos en tercera persona o emitir más juicio de valor que la subjetividad inevitable en cualquier obra artística. Es una buena decisión que funda en una minuciosa labor de documentación, que sin embargo no es nada obvia: este material se presta demasiado a la apología magufa o a la parodia cruel, aunque Ríos evite ambas deliberadamente. Y la clave de que funcione tan bien está en la técnica narrativa utilizada: en la mayoría de los capítulos se presenta una entrevista en la que los contactados conversan con el lector, mirándole directamente a través de la cuarta pared, y contestando a unas preguntas que él se va haciendo mentalmente, de manera que se establece un diálogo directo entre ambos y el autor queda oculto. Esta interactividad es perfecta para conseguir que empaticemos con ellas, y que nos demos cuenta de que, más allá de sus historias increíbles, son seres humanos. Azul y pálido no trata tanto de aliens como de nosotros y nuestra búsqueda desesperada de respuestas, porque, como explica Pablo Vergel en Incógnita ovni, el fenómeno del contactismo funciona como una religión del siglo XXI, la reacción lógica al paradigma cientifista para seguir indagando en el misterio de la vida.

            Que el libro lo abra Carl Sagan no es un simple homenaje, sino que marca la clave en la que se lee: divulgación científica con amplitud de miras, un escepticismo saludable, y una dimensión humanista siempre presente. Eso sirve de hilo conductor invisible —aunque siempre está ahí—, conecta todos los capítulos entre sí y nos conduce hacia «Cosmos», el último de ellos, donde Sagan retoma la narración y hay espacio para la reflexión, para su explicación del fenómeno, que podría ser, en realidad, la del propio Pablo Ríos, aunque esto último es una intuición más que una certeza.

            Pero como en el fenómeno ovni, en Azul y pálido hay mucho más de lo que se ve a simple vista. Lo atrayente de su temática y el tono documental que Ríos le ha dado no pueden ocultar que es un tebeo excelente en cuanto a los aspectos puramente artísticos. Para empezar porque Ríos es un buen dibujante, de trazo elegante y una gran habilidad para el retrato y para mimetizar estilos de otros —como viene demostrando en las cosas que ha publicado en internet en los últimos años—. Pero también por una planificación al milímetro en cada capítulo, un trabajo detrás que se intuye sin que despiste de lo importante. Ríos ha intentado ensayar algo diferente en cada uno, ya sea cambiando el foco del narrador, modificando la estructura, o variando su estilo de dibujo, y encontrando la forma de sorprender al lector con decisiones audaces, de ésas en las que un autor se la juega, por ejemplo el maravilloso homenaje a Jack Kirby, o la inteligentísima solución que encuentra para resolver uno de los casos más complejos, el de Meier, en un par de páginas con un tono poético perfecto.

Pero hay además en Azul y pálido algo evidente que en realidad creo que puede hacerse extensible a muchos de los compañeros de generación de Ríos que están ahora dando el do de pecho en el cómic español —los David Sánchez, David Rubín, David Aja o José Domingo, por citar algunos—: son autores que leen muchísimos tebeos, que aman el medio y lo estudian. Esto puede parecer una obviedad, claro, pero si uno retrocede en el tiempo se encuentra otro paradigma, en el que los autores de cómic eran artesanos que hacían siempre lo mismo y que ya no leían demasiados tebeos más allá de ojearlos para encontrar inspiración gráfica… porque los tebeos eran para niños. Pero si hoy se hacen los cómics que se hacen es porque sus autores no sólo son buenos profesionales, sino que están al día de lo que se cuece en el medio al tiempo que conocen su historia. Ésa es la manera de avanzar en cualquier arte, y Ríos lo sabe.

            Por su punta de vista, creo que Azul y pálido gustará no sólo a los interesados en la ufología, creyentes o no, sino también a cualquier otro lector, a poco que tenga la mente mínimamente abierta. Porque en realidad lo que se cuentan son historias humanas que apuntan a cuestiones universales y que nos llevamos planteando desde que el primer homínido fue consciente de su propia existencia. Esa carga mítica que Ríos maneja con garra y pulso construye un tebeo intenso y emocionante que rebosa sinceridad, y no me refiero con esto tanto a las historias que incluye, sino más bien a la sinceridad artística. Ríos ha hecho exactamente el cómic que quería hacer, cree en él y lo ofrece como una declaración de principios, un aquí estoy yo que no admite marcha atrás o vuelta de hoja. Una apuesta muy osada, si tenemos en cuenta que hablamos de su primera novela gráfica, de la que sale ganador, porque el que se deja el alma y tiene talento tiene todas las papeletas para hacerlo. Y más si en la aventura le acompaña una editorial como Entrecomics Comics, que no sólo apoya la apuesta, sino que la dobla con una edición excelente y un diseño precioso de Rosana Bazaga. En fin, que me ha parecido un tebeo redondo, y un debut inmejorable.

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