Daredevil, lo que funciona, y lo que no.

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He terminado hace poco de leer el tercer trade paperback del Daredevil de Mark Waid, que llegó la semana pasada a mi buzón, de donde tardé unos cinco minutos en sacarlo —apreciado cartero, si me estás leyendo, muchas gracias—. La serie arrancó fortísimo, pero pasados unos cuantos números va siendo más fácil situarla en su justo lugar. Este tercer tomo llega al número 15, y ya digo, lectura entretenida, sobre la que no volvería tras reseñar el primer tomo si no fuera porque me ha sugerido unas cuantas cosas sobre ella en particular y Marvel en general, que me gustaría desarrollar con la brevedad acostumbrada en este blog: ninguna.

A partir de aquí hay spoilers, advierto:

-Se confirma que los guiones de Waid llegan hasta donde sus dibujantes son capaces de llevarlos. No es que sean malos, al contrario: en un mundo ideal Waid marcaría el nivel mínimo de profesionalidad y entretenimiento que debe aportar un cómic de superhéroes. Pero tampoco va más allá de lo conocido. Son guiones clásicos con un puntito innovador que sólo se aprecia en manos de dibujantes muy concretos.

-Y esos dibujantes eran Marcos Martín y Paolo Rivera. El segundo aún dibuja un número en este volumen, pero nada más. Sin ellos la serie pierde gran parte de su atractivo, aunque el sustituto más o menos regular, Chris Samnee, no es precisamente manco. Su estilo está en la línea de los dos anteriores, ese engañoso clasicismo que en realidad es más contemporáneo que cualquier hot artist, y aunque no experimente tanto, es un narrador tremendamente bueno. Las mejores páginas del tomo son suyas, y la resolución del número 14 es brutal. No se puede decir lo mismo de Khoi Pham, mucho más irregular, y, sobre todo, inadecuado para una serie cuyo editor ha intentado desde el principio de dotar de una línea gráfica muy concreta.

-Pese a su carácter deliberadamente outsider dentro del mainstream, Daredevil ya se ha visto embrollada en un par de cross-overs de los que encantan al fan de toda la vida y agotan al lector de fuera que podría llegar a la serie atraído por su dibujo de calidad y las buenas críticas que está obteniendo fuera de los canales habituales. De hecho uno pensaría que ése es el objetivo de este tipo de series diferentes donde también podríamos incluir el Hawkeye de Matt Fraction y David Aja. Se intenta estar a la vez en misa y repicando, y eso casi siempre sale mal. Parece que la directriz que se da desde arriba es relacionar cada vez más estrechamente al personaje con el universo Marvel, aunque lo mejor de la serie sean los episodios autoconclusivos e independientes en los que más se nota la dirección editorial y lo a gusto que trabaja Waid. Daredevil pide a gritos estar al margen, y que su protagonista sea el héroe independiente que viene siendo desde siempre. El giro que pretendió darse para alejarse del paradigma Miller no tendría por qué acarrear una mayor integración con el resto de series, y de hecho no lo hace: aquí lo que arruina todo, o gran parte del asunto, es la pertenencia de Daredevil a los Vengadores, impuesta por B.M. Bendis. Luego vuelvo sobre eso.

-Nada más abrir el tomo uno se encuentra con un cross-over entre Avenging Spider-man, Punisher y la propia Daredevil. Los guiones son de Waid y Greg Rucka, y el dibujo de los tres tebeos corre a cargo de Marco Checchetto, un artista de línea realista —o lo que se entiende como tal en la industria hoy en día—, a lo Steve McNiven, ese estilo detallista y cuidado que me aburre soberanamente y que me parece tan frío que casi representa la antítesis de lo que deberían ser los superhéroes. Pero vale, no vamos a decir que sea malo. El caso es que si el lector ajeno al universo Marvel se compra esto, no entenderá absolutamente nada. Y si sigue el cómic mes a mes, de repente tendrá que buscar dos tebeos más de otras series. Y en el tomo, ¿me lo puedo saltar? Pues no, porque hace avanzar la trama principal de la serie desde su número 1, prácticamente. Doce números de Daredevil después, uno tiene que recurrir a otras series para saber cómo sigue, y luego volver a ésta para saber cómo termina, justo tras el cross-over. Ni en los noventa, oigan.

-Definitivamente, Daredevil en los Vengadores: no. Es absurdo. Personajes tan poco poderosos se mueven mejor en otros ámbitos, pero más allá de eso, el guionista se ve obligado a desafiar constantemente la lógica interna del universo de ficción: no hay ningún motivo para que, a cada problema que le surja, DD no llame a sus colegas y lo solucionen en un periquete. Esa trama de la que hablaba antes se acaba resolviendo por su intervención, que no había llegado antes simplemente porque Daredevil consideraba que «no es asunto de los Vengadores». Al final resultó que sí lo era. Y lo mismo para su visita forzada a Latveria, en la que Waid tiene que llevar al límite nuestra credibilidad para justificar que los Vengadores no vayan a rescatarle… aunque de nuevo acaban haciéndolo. Y si cada aventura de DD se va a resolver con los Vengadores llegando en tropel, esto no tiene ningún sentido, más allá de la habilidad de Waid y el dibujante que toque para exprimir al personaje y las inmensas posibilidades de sus poderes.

-La última cuestión es más general, y atañe a este estado de continuidad-sí-pero-no en el que se encuentra Marvel actualmente. En parte del número 12 de la serie se cuenta en flashback una historia de Matt Murdock y Foggy Nelson en la universidad, mientras estudiaban Derecho. En ella vemos ordenadores portátiles, proyectores y otros aparatos tecnológicos que son totalmente actuales y que, siendo generosos, situan la acción a lo sumo unos diez años en el pasado. Si damos por hecho que esto es algo totalmente deliberado, se está estableciendo que Murdock estudió Derecho a principios de la década de los 2000 y por tanto lleva unos diez o doce años siendo Daredevil. Desde el presente tiene sentido establecer esta retrocontinuidad, claro: si Murdock tiene unos treinta y cinco años —pongamos— estudiaría en esa época. Pero evidentemente esto pone de manifiesto la incongruencia tremenda de la continuidad del universo Marvel. Si desde el presente se reescribe el pasado para que sea coherente con aquél, ¿qué pasa con el resto de historias? Oficialmente, todo lo que se ha publicado en la serie desde 1963 ha sucedido, existe en la memoria del personaje. Pero está claro que la historia del número 12 no puede ser contemporánea a las que otros han contado sobre los años de universidad de Daredevil. ¿Y qué pasa con todas las historias ambientadas antes de 2000? Obviamente han pasado, pero ¿cómo se resuelve esa paradoja? No se hace, simplemente. Quizás haya soluciones, pero no es este texto lugar para buscarlas.

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