Hawkeye, de Matt Fraction, David Aja, Javier Pulido y Mark Hollingsworth.

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Al final no he podido esperar a la publicación del tradepaperback y he leído los cinco primeros números de Hawkeye, o sea, Ojo de Halcón, de Matt Fraction y David Aja, la serie de la que todo el mundo habla como la más sorprendente y mejor que publica Marvel ahora mismo. No puedo decir tanto, porque en realidad sigo ya muy poco la actualidad de la editorial, y leo aún menos series, pero sí que me ha encantado y me ha parecido, efectivamente, algo fresco, divertido, nuevo y muy osado.

Ojo de Halcón siempre ha sido uno de mis personajes favoritos, y la verdad es que me cuesta razonar por qué. Un tío disparando flechas siempre mola, claro, pero creo que sobre todo simpatizo con un héroe sin poderes que se ha codeado con dioses, androides, supersoldados y monstruos y dado la talla. Creo que el único miedo que tenía respecto a la nueva serie era que, como pasa frecuentemente en los últimos tiempos, no reconociera al personaje en absoluto. Pero no ha sido así, pese al lavado de cara y el tono de las historias, Reconozco a Clint Barton. Sigue siendo cabezón, un poco cazurro, noblote, e intenta hacer las cosas bien aunque no siempre escoja la opción adecuada. La continuidad del personaje no se utiliza pero tampoco se niega. En la página de créditos se lee «Clint Barton, alias, Ojo de Halcón, se convirtió en el mejor arquero conocido por el hombre. Entonces se unió a los Vengadores. Esto es lo que hace cuando no es vengador. Es todo lo que necesitas saber»; una declaración de intenciones clarísima por parte de los autores, que deja claro que esta va a ser una serie independiente, que podrá leerse al margen de la miriada de títulos que protagonizan los Vengadores.

Y es todo un acierto que así sea. Hawkeye es totalmente accesible para lectores ajenos no ya a los avatares actuales de Marvel, si no a sus idas y venidas. Y lo es no sólo por su independencia argumental, sino por el enfoque decididamente adulto que Aja y Fraction le dan. Por adulto, en este caso, hay que entender sobre todo «realista», quizás lo más realista que he leído en Marvel últimamente. Frente al falso realismo de The Ultimates y derivados —realismo a lo Hollywood—, en Hawkeye se prescinde de casi todas las convenciones del género. No veremos a Ojo de Halcón saltando de tejado en tejado columpiándose como si fuera Spider-man, ni peleando contra diez enemigos a la vez. Al contrario: le toca correr más de una vez, y el uso que hace de su arco —un arco real, moderno, alejado del arco largo medieval que solían dibujarle— es bastante poco espectacular. De hecho, en el primer número ni siquiera lo utiliza, y en el tercero, sin duda el mejor hasta la fecha, tratan las flechas trucadas del arquero de la única manera en la que podía tratarse en una serie así. De momento Clint no ha combatido a ningún supervillano; todo lo más, sicarios de los diferentes grupos criminales del universo Marvel. Y no es que no use su traje clásico con máscara y faldones —lo arrinconó antes de esta serie, por influencia de la película, a su vez influida por The Ultimates—, es que ni siquiera usa el nuevo la mayor parte del tiempo.

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Vía comicsbeat.com.

Otra cosa que me ha gustado mucho de Hawkeye es cómo recupera el formato del comic book de veintidós páginas. Hoy en día la mayoría de series lo mantienen por un simple convencionalismo industrial, pero rara vez el contenido dota del sentido al formato. Al contrario, casi siempre lo que vemos es una historia pensada para un tomo que se trocea en entregas mensuales, que, consecuentemente, saben a poco y se leen en dos minutos. Pero Fraction y Aja ofrecen en los tres primeros números tres historias autoconclusivas e independientes, con entidad de historia completa, densidad narrativa y una unidad dada conscientemente por ambos en lo artístico. Aja tiene un concepto diferente en lo gráfico para cada historia, puesto que concibe cada número como algo cerrado, más allá de lo argumental. Por su parte Fraction también intenta en cada número hacer algo diferente, ya sea con la estructura, con el foco del narrador o con el punto de vista desde el que el lector ve a los personajes. Los números cuatro y cinco son los primeros en los que hay un continuará, y coincide con el cambio circunstancial de dibujante, un extraordinario Javier Pulido.

Pero el trabajo de Aja en esos tres primero números merece que lo analicemos con un poco de calma. Más que mejorar desde sus primeros trabajos en la editorial —que también— lo que se percibe en Hawkeye es que se ha soltado mucho más, que se encuentra más libre y cómodo para hacer lo que le apetezca sin cortapisas. Como Paolo Rivera o Marcos Martín, la clave está en que Aja es un dibujante de cómic que los ha estudiado a conciencia. En una industria llena de autores más preocupados por meter muchos pin ups en sus tebeos que luego coticen bien en el mercado de originales, o de ser los nuevos John Byrne, Alan Davis o Jim Lee, Aja narra, por encima de cualquier otra consideración. Lo hace mirando a los grandes del género, a Frank Miller, a Jim Steranko y al David Mazzucchelli de Daredevil o de Batman: año uno, pero también, y ésa es la clave, mira a su alrededor. Porque el cómic de superhéroes del siglo XXI no puede ser endogámico y autorreferencial. Debe, si quiere seguir vivo, absorber todo aquello que se hace fuera de él, en otras parcelas del cómic cada vez más amplias, o quedará irremediablemente condenado al ostracismo. Y eso Aja lo ha entendido a la perfección, y por eso es capaz de hacer un cómic de superhéroes moderno, fresco, que mira al pasado y lo reinventa sin calcar, pero más aún al futuro. Y al diseño, a la publicidad, al cine, a los videojuegos… Es un artista de su tiempo, en todos los sentidos. Hay mucho mérito también, hay que decirlo, en el excelente coloreado de Mark Holligsworth, que entiende perfectamente a Aja y le da a su dibujo justo lo que necesita: colores sobrios, sin brillos de photoshop ni efectos extraños.

No puedo evitar preguntarme cuánto durará esto, dada la insistencia por parte de Marvel en cargarse lo que funciona. Ahora mismo parece, por lo menos, que el editor Stephen Wacker ha conseguido consolidar un grupo de series donde hacer algo diferente, entre las que se encuentran Daredevil y la misma Hawkeye. Pero en realidad no debería preocuparnos si esta serie acaba teniendo diez, veinte o cien números. Que dure hasta donde las ganas y el impulso de Fraction y Aja la lleven, ni más ni menos. Y después, a otra cosa, sin traumas.

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