Antes de la novela gráfica, de José Manuel Trabado.

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Una de las consecuencias más interesantes y felices que ha tenido la novela gráfica como corriente autoral, sobre todo en su vertiente americana, ha sido la revitalización y recuperación de obras clásicas del cómic que estaban hasta hace poco arrinconadas en lo más oscuro de la historia. La propaganda que han llevado a cabo autores como Chris Ware, Seth, Eddie Campbell o Daniel Clowes ha repercutido en la reedición y mejor estudio de otros: Winsor McCay, Herriman, Schulz o Frank King. Y más allá de eso, existen tangencias artísticas y autorales entre unos y otros que merece la pena explorar. Eso hace Antes de la novela gráfica: clásicos del cómic en la prensa norteamericana, escrito por José Manuel Trabado.

En su prólogo, Trabado incide en esto y reivindica la naturaleza artística desde siempre, desde su origen, a la vez que subraya algo que cada vez es más estudiado: el impacto determinante del formato en los contenidos. Tras tirar la línea entre clásicos de prensa y novela gráfica, Trabado se concentra en la primera parte del libro en analizar en profundidad Little Nemo, Gasoline Alley, Krazy Kat y The Spirit. Es profesor de teoría de la literatura y literatura comparada, y eso se deja notar en su análisis, centrado en aspectos formales, recursos narrativos y en cómo se formula la continuidad en cada una de ellas. Para cualquiera interesado en esta faceta del cómic, esta parte es la más disfrutable del ensayo de Trabado, porque el análisis es minucioso —dentro del espacio que permite un ensayo— y desvela muchas de las claves de las obras, al tiempo que comenta obras modernas influidas por ellas, y recalca algo que hoy ya es evidente pero que no sé si lo ha sido siempre: en aquellos primeros compases del cómic americano había verdaderos gigantes experimentando, creando herramientas narrativas y expandiendo los límites del medio.

La segunda parte de Antes de la novela gráfica es más anárquica en su organización, y consta de cinco capítulos que tratan cuestiones dispares. El primero, muy interesante, se centra en el metalenguaje en los clásicos: autores que se introducen en su propia obra, ruptura de la cuarta pared, personajes tomando conciencia de su condición y elementos extradiegéticos convirtiéndose en diegéticos. Los ejemplos se extraen de las mismas obras que se han despiezado en la primera parte del libro, con lo que se crea cierta continuidad, y además resultan especialmente interesantes los ejemplos de metalenguaje en el recién nacido mundo del cine animado sobre la misma cuestión. El segundo capítulo trata de la relación entre cómic y literatura. No se intenta crear ninguna analogía entre sus lenguajes ni va por el tópico de cómic más o menos literario en función de la cantidad de texto que acumule —algo, creo, más que superado— y se limita a una mera cuestión temática, de influencia en los contenidos. Sin embargo, pese a que algunos casos son obvios —especialmente en The Spirit de Eisner, donde se versionaron obras de Poe o Bierce— con otros me parece que se confunde un tanto el carácter literario de los contenidos adaptados u homenajeados en los cómics. No estoy seguro de si los cuentos popularess o las canciones populares americanas deben analizarse como literatura, al menos no en los mismos términos que la literatura autoral, moderna, con autores con nombres y apellidos. Más que de una influencia literaria, yo hablaría en estos casos de motivos propios del folclore, que calan en todas las manifestaciones culturales, populares o no, y dudo que la intención de los autores sea cuando los usan acercar la literatura al cómic. Probablemente ni siquiera lo sea cuando usan motivos de Gulliver, una obra que como el mismo Trabado explica, en esos momentos ya había sido convenientemente infantilizada y su contenido satírico desactivado.

Por último, se ofrecen tres capítulos breves donde se analiza como influyen los clásicos del cómic en tres autores de novela gráfica: Art Spiegelman —sobre todo en su In the shadow of no Towers—, Seth y Eddie Cambpell. Es una coda necesaria para cerrar el círculo que se propone ya desde el título, y aunque breve —yo habría preferido más detenimiento aquí— es muy interesante, porque, a fin de cuentas, prueba la hipótesis de Trabado.

Empezaba este post señalando uno de los logros de la novela gráfica y acabo con otro: el avance en el estudio riguroso y académico de la historieta. Por supuesto, mucho antes ya había obras teóricas sobre cómic, incluso en nuestro país. Pero eran escasas y casi testimoniales. En los últimos años eso está cambiando y hay una clara tendencia ascendente en la publicación de estudios y ensayos sobre cómic. Y esto, la creación de un aparato crítico y teórico, es algo indispensable a mi entender para cualquier medio, incluido éste. Obras que provoquen debate y que profundicen en el lenguaje y la historia de este arte, como es el caso de Antes de la novela gráfica. Es posible que al lector medio de cómics estas obras no le llamen demasiado la atención, pero a otros niveles, ya digo, me parecen imprescindibles. Y son una señal más de que vamos por el buen camino.

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