El hobbit: un viaje inesperado.

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AVISO: SPOILERS

Al final he terminado viendo El hobbit: Un viaje inesperado. Casi dos meses después de su estreno; frente a las ganas con las que hace una década —¡una década!— iba el día del estreno a ver las películas de El señor de los anillos, creo que es una diferencia significativa. Una de sus causas es precisamente que, en esos diez años, cada vez le he ido viendo más pegas a la trilogía inicial. Y no porque sea fanático de Tolkien y crea que los libros son sagrados, sino por motivos cinematográficos. Y porque, bueno, una cosa es que no me parezca un pecado introducir cambios y otra que esos cambios sean a peor.

Así que con El hobbit ya iba con mucho menos entusiasmo al cine. El proyecto ya arranca con un problema ineludible: la escala. La obstinación en remedar la trilogía original filmando tres películas, y que esta primera dure casi tres horas es excesivo. El hobbit es una novela infantil breve —se ha dicho mucho estas semanas, claro—, NO es El señor de los anillos. De hecho, es una novela infantil entretenida, simpática… y ya. Desde luego no me parece una obra maestra del género. Pero eso, a estas alturas, es de lo menos. Peter Jackson, hundido hasta las rodillas en el inmenso lago del material de Tolkien, ha perdido toda perspectiva y parece querer incluir todo, hasta las anotaciones más difusas del autor original. Pero aunque aceptemos que la trilogía de El Hobbit será más que la novela —de otro modo, la cosa sería ya insoportable—, 166 minutos para llegar a las águilas me parece demasiado.

Pero, bueno, demos por hecho que el proyecto busca repetir la grandilocuencia y el impacto de ESDLA y tratemos de lidiar con ello. Cuando se anunció la película de El hobbit, en lo primero que pensé fue en el dilema que se le presentaba a Jackson: tendría que ser fiel al tono de su primera saga, pero al mismo tiempo, respetar en lo posible el carácter infantil de la novela. No sólo eso, sino que tendría problemas de continuidad que Tolkien nunca tuvo, por motivos obvios. Pero Jackson ya había contado cosas que explicaban sucesos de El hobbit, y más aún, había explicado cuestiones que la contradecían. El anillo no es una misma cosa en la cabeza de Tolkien en una y otra obra.

Para salir de este embrollo, en cuanto a coherencia argumental Jackson opta por convertir El hobbit en una precuela, introduciendo secuencias y secuencias que buscan vincular lo narrado con lo que pasará años después. Nada que objetar a esto. No había otra forma de hacerlo sin renunciar a la sensación de universo ficcional. Y en cuanto al tono de la película, se nota el dilema de querer ser igual pero al mismo tiempo distinto. Se hace lo que se puede, pero en muchos momentos la cosa chirría bastante.

Para empezar, el hecho de que El hobbit sea un cuento para niños no marca solamente un grado diferente de violencia. Eso es fácilmente subsanable. Es una cuestión de estructura y de verosimilitud. Es una novela repetitiva, de aventuritas intrascendentes, hasta que al final, a Tolkien se le empieza a ir de las manos y, sí, se empieza a parecer remotamente a lo que hará después con ESDLA. Los enanos, al principio de la novela, no son aguerridos luchadores; son enanitos de cuento, cada uno con una capucha de un color. Ni siquiera van armados cuando llegan a casa de Bilbo. Por supuesto, Jackson toma la opción correcta y modifica eso. No había otra forma de hacerlo, como decía. El problema es que convertir a los enanos en máquinas de matar —por mucho que al principio, tímidamente quiera ser fiel al original y diga que son artesanos, no guerreros… para luego verles pelear como demonios— es incompatible con todo lo que va a pasar después. Tengamos presente que la banda de Thorin es capturada cuatro veces. Cuatro. Principalmente porque no saben luchar. Concretamente la manera en la que caen en manos de los trolls es… bueno, de cuento infantil. Así que ante todo eso Jackson hace lo que puede. Y precisamente el episodio de los trolls es el mejor ejemplo de como la solución es excesivamente forzada y, en realidad, sólo funcionará para aquellos que hayan leído el libro y comprendan qué hace Jackson y por qué.

El tono se intenta diferenciar también con villanos graciosos, como los propios trolls o el rey de los goblins, y también con Radagast el Pardo. Aquí tengo que decir que la apuesta era fuerte, y entendería que los fans hardcore se rasguen las vestiduras, pero a mí me ha funcionado. Me ha parecido divertido y además me ha molado como personaje. Sí, incluso a pesar de los animalitos que viven con él y que, lógicamente, están completamente fuera del canon que Jackson había dictado antes. Pero no seamos más papistas que el Papa, que el trineo tirado por conejos ya estaba en el original. Lo mismo pasa, por cierto, con los trece enanos, de los cuales no más de cuatro o cinco son distinguibles para el público, exactamente igual que en la novela, donde los nombres le servían a Tolkien para hacer gracietas, y siempre iban emparejados por ellos —Bifur con Bofur, Kili con Fili… todo muy elaborado.

También hay cosas que me han gustado, en todo caso. Para empezar, Bilbo es un gran Bilbo. Martin Freeman lo hace totalmente creíble y humano, y sobresale entre el empacho de CGI como lo que es: un actor de verdad. Gandalf sigue estando fantástico, y los enanos a mí personalmente me gustaron. Especialmente Balin, y algo menos Thorin, que sólo tenía una expresión, esa mirada de soslayo que pone continuamente. Ya he dicho también que me ha gustado Radagast, y la aparición de Saruman es fantástica, porque es Christopher Lee, y punto. Sí, le cuesta al hombre poner cara de bueno sin que dé mal rollo, pero cuando uno va al cine a ver El hobbit son este tipo de cosas las que busca: reproducir las emociones adolescentes vinculadas a las novelas y a las primeras pelis, que me pillaron ya algo mayor, pero que disfruté con ese espíritu.

Con esta de la emoción hay otro problema. No puede jugarse de nuevo la carta de la maravilla que supone ver la Tierra Media por primera vez cuando ya la has visto en tres películas. Una vez te has acostumbrado a ella, una vez que sabes lo espectacular que es Nueva Zelanda y el excelente trabajo de diseño que tiene detrás la película, llega un punto en el que aburre y lastra el ritmo la sucesión de postales de enanos caminando con planos y situaciones calcadas de las películas de ESDLA. Lo mismpo para los planos recreándose en la Comarca o Rivendel: ya estuvimos allí.

Los enanos avanzan a trompicones, entre peripecias diseñadas, en apariencia, después de una sobredosis de Super Mario Bros, con todos esos saltos imposibles y las plataformas volantes para un lado y para otro. Excesivo e irreal, cruzando la línea que en ESDLA sólo rozaba —menos en la flipada de Legolas con el olifante—, algunas veces le sale bien y la mayoría, mal. Le sale horrible en la pelea de los gigantes de piedra, aburrida hasta sacarle a uno de la película y desconectar hasta que pasara, y le sale bastante bien en la huida de los goblins, una locura increíble pero que me resultó divertida. Como en el libro, los enanos no resultan heridos jamás, pero, claro, eso era porque apenas luchaban. Introducir una violencia realista pero no sus consecuencias también acaba por forzar demasiado la credibilidad del espectador.

Y bueno, claro, luego está todo lo que Jackson añade de su propia cosecha. Su insistencia en sacar minutos y minutos de metraje de simples líneas de texto acaba resultando francamente agotadora, especialmente en lo que respecta al orco manco, historia tipiquísima de venganza personal que alcanza su —vergonzante— clímax en la escena en la que la cámara nos va mostrando planos de sus ojos y los de Thorin alternativamente para mostrar lo mucho que se odian. Ignoro qué le parecerá a alguien que no haya leído la novela, pero creo que a cualquiera que sí lo haya hecho le habrá resultado lentísima la película. Lo decía al principio: tanto para llegar al rescate de las águilas es demasiado. Y quedan dos películas.

Insisto en que El hobbit tiene un trabajo detrás impresionante, abrumador, de localización, construcción de decorados, caracterización de personajes… Pero eso ya lo sabíamos. Todo eso nos deslumbró la primera vez y nos hizo perdonar —o no ver— los problemas que tenía la trilogía. Pero ahora no basta. Ya lo esperábamos. Y vemos de un primer vistazo lo que antes tardamos años en ver. O quizás es que una década me pesa demasiado.

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5 thoughts on “El hobbit: un viaje inesperado.

  1. Un mínimo matiz para el último párrafo: Jackson no alarga una línea aislada del libro para crear al orco manco, se lo inventa él solito y contradice párrafos y párrafos de los famosos Apéndices (de los cuáles se supone que se está sacando lo que falta en la novela) en los que se describe no sólo al orco sino a su familia.

    Todos los errores de la película se entienden. Se pueden justificar. Son comprensibles, se le puede perdonar a Jackson porque tiene que ajustarse a esto y a esto otro (ser fiel al libro, a su propia trilogía, a lo que el público espera, a la propia coherencia de la historia…), pero al final la peli es fallida. Tal vez la cosa mejore, al fin y al cabo ésto es sólo la tercera parte de una película completa.

  2. Hola, Peúbe. Sí, lo del orco manco lo comenté de memoria: me suena que para cuando tiene lugar lo que se cuenta en El Hobbit está muerto ya; vamos, que lo que piensa Thorin es cierto.

    Y sí, la peli es lenta, de ritmo moroso, y me deja la sensación de que es un puzle que no es accesible desde fuera, por mucho que tenga momentos divertidos e incluso emocionantes.

  3. Hola Gerardo. Comparto, en general ,tu opinión aunque no estoy nada de acuerdo que las tomas del entorno sean prescindibles porque ya hayamos “estado allí”. Por ejemplo, la escena que enseña la comarca me encanta y ayuda a meterse en ambiente.

    Lo mejor de la película el diseño y efectos visuales, atrezzo y demás. En cuanto a la película, comienza muy bien, con su ambientación y ritmo, y como se va hilando la historia y presentando a los personajes. Espectacular y acertada la introducción sobre la llegada del dragón (aunque es calcada a la del Señor) y el enlace con el señor. El encuentro de Gandalf y Bilbo y posteriormente los enanos es genial hasta que llega Thorin: Desde ese momento la película cambia de vista y aquí se comete la peor cagada que se le podía hacer a esta historia: El Hobbit cuenta primordialmente la historia de Bilbo y en la pelicula prima, sin duda, la historia vacía y topiquísima de Thorin Escudo de Roble. Luego la película se va convirtiendo en un cúmulo de guiños y chuladas que por saturación y absurdo cansan. Vale que los héroes tienen que ser los más guays pero es totalente inverosímil lo cual quita bastante emoción.

    Me parece una película que ha acabado cayendo a lo infantil y lo efectista, puro fuegos de artificio y más allá de las chuladas no hay nada. Cuanto más pienso en la película menos me gusta.

    1. Muy de acuerdo en lo que dices sobre Bilbo: debería ser mucho más central, y la película se centra en Thorin y Gandalf mucho más, por lo menos hasta el encuentro con Gollum. Y la historia sacada de la manga de Thorin es típica, sí.

  4. Buenas Gerardo, a veces leyéndote sobre cine, noto que eres demasiado precavido y respetuoso con lo políticamente correcto y lo oficialmente aceptado.

    “El Hobbit” es un bodrio con todas las letras, “Las dos Torres” era mediocre y “El retorno del rey” es infumable.

    En cambio, esa “Conan el Bárbaro” a la que en tu reseña te afanaste en contextualizar (“no es una obra maestra”, “no es “Taxi Driver” (obviamente)…) es mucho mejor película que cualquier cosa firmada por Peter Jackson y ambientada en la Tierra Media.

    Un consejo (como las lentejas): Sigue tu instinto y desempolva el machete. Vas bien.

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