Supercómic: segundo asalto.

En el post anterior comentaba que Supercómic demostraba un cambio en la manera de hacer crítica y teoría sobre cómic en España. Un cambio en los puntos de vista desde los que se aborda, pero también en sus objetivos, y que empieza en la propia lista de colaboradores que participan. Jordi Costa, Raúl Minchinela o Eloy Fernández Porta no responden exactamente al perfil de «experto en cómics» tradicional. Hay un tipo de comentarista que se concentra en saber mucho sobre tebeos, en leer muchos tebeos y en leer muchos textos sobre tebeos. Lo cual está genial, por supuesto, pero, a veces, se cae en una endogamia que entorpece la labor que se pretende hacer. Todo medio tiene su propia identidad y requiere sus propias herramientas de análisis, pero también es cierto que ningún medio existe en mitad de la nada. Dicho de otro modo, que creo que generar una metodología propia para el cómic es imprescindible, pero también lo es estar abiertos a las tangencias con otras artes y al contexto histórico y social —que a mí, por formación, me interesa especialmente—, porque eso explicará muchas cosas. A veces tengo la sensación de que el aficionado medio o algunos que escriben sobre cómics no se explican determinados fenómenos simplemente por el hecho de que no miran fuera de los límites de la historieta. Intentan encontrar las respuestas que buscan en la historia del medio exclusivamente, en los referentes internos, y se olvidan de que el cómic está en el mundo, y que forma parte de algo más grande.

Por eso creo todo un acierto incluir textos de autores que no son especialistas en cómic exclusivamente, sino que han desarrollado su actividad en otros campos o en terrenos más globales. Gente que lee cómics y les interesan, pero que los analizan desde perspectivas más abiertas, probablemente sin tantos prejuicios asumidos ni tantas verdades incuestionables como en ocasiones tenemos los lectores de toda la vida.

Quizás estos ensayos generen cierta sorpresa en el aficionado. Nos hemos pasado tanto tiempo insistiendo para que el cómic sea considerado como un arte a la misma altura de cualquier otro —como decíamos el otro día—, sin estar subordinado a la literatura o a las bellas artes, que hemos acabado con ciertos reparos a comparar o relacionar todas ellas. Parecía que había que subrayar su independencia. Insisto, hablo en general, por supuesto. Teóricos de cómic con una formación extensa ha habido siempre, y expertos en otras disciplinas que han escrito sobre historieta también. Tal vez la diferencia sea la normalidad con la que se hace en algunos ensayos de Supercómic.

Me parece muy significativa, en este sentido, una cuestión. En «Un zoom para Shintaro Kago» Jordi Costa tarda nueve páginas en hablar de Kago, o del manga en general. Fernández Porta escribe cuatro páginas antes de mencionar siquiera a Miguel Ángel Martín en «Don Sórdido goes global. Miguel Ángel Martín y las gestiones de la violencia». En el primer caso, Costa hace un recorrido por el cine sórdido y/o pornográfico de directores japoneses y occidentales, para encuadrar después a Kago en esa tradición y explicar su atracción por lo que está oculto a la vista en el ser humano, literal y figuradamente. En el segundo caso, Fernández Porta realiza una introducción al ciber-punk español y sus orígenes insospechados para, al igual que Costa hace con Kago, insertar a M.A. Martín en él y así explicar determinados aspectos de su obra. Es decir que en ambos casos se parte de fenómenos globales para llegar al cómic, y por tanto la visión que se da de ambos autores es muy novedosa. Esas nuevas miradas son imprescindibles, en mi opinión. Recurrir a otros campos no es hacer de menos al cómic, sino, al contrario, ponerlo en su justo lugar y contextualizarlo en un ambiente cultural más rico y completo. Por ejemplo, cuando yo mismo escribo sobre Kago, recurro a la tradición de manga bizarro, menciono a Maruo, me puedo remontar en último caso a las estampas eróticas de Hokusai, o establecer un paralelismo con Chris Ware. Pero Costa, experto en cine, puede aportar sus conocimientos y enriquecer el análisis de la obra de Kago de formas nuevas, sin olvidar tampoco las convencionales: también menciona a Maruo y a Ware.

En la misma línea funciona el estudio de Raúl Minchinela, «La imparable extensión de lo nimio». Él también es alguien que se ha especializado en buscar las intersecciones entre medios, en encontrar conexiones insospechadas, pero aquí empieza directamente en el tebeo: nada menos que en Bruguera. A partir de ahí, desarrolla el concepto de continuidad y cruce de universos, pasando por lo obvio, Marvel y DC, pero también por La liga de los caballeros extraordinarios o Lost Girls. Y como en los otros dos artículos, las referencias a otros medios se mezclan sin complejos, y se establecen analogías con El Quijote —y su continuación pirata de Avellaneda—, series de animación, mitología… Es el tipo de pensamiento en red que podría esperarse de uno de los responsables de Las reflexiones de Repronto.

Otro de los que estaban involucrados en aquel videoblog, Daniel Ausente, es un caso un poco diferente a los tres anteriores. Absence sí es conocido como experto en tebeos, pero no se ha detenido nunca ahí. Su vasto conocimiento abarca todas las manifestaciones de lo pop y la cultura basura, sin embargo, en su ensayo ha escogido centrarse en el cómic y hacer eso que tan bien se le da, tirar líneas a lo largo de la historia, en este caso para trazar el desarrollo de la memoria y el testimonio en la historieta. Y tengo que decir que quizás ha sido el artículo que más me ha gustado de todo Supercómic. «La memoria gráfica y las sombras del pasado» es un ensayo que me encantaría hacer leer a todos mis colegas historiadores, ahora que la memoria y el relato oral se reivindican tanto, porque seguramente encontrarían en él muchas claves para aprovechar el cómic como fuente. Ausente arranca en Bruguera, que precisamente creo que ha sido el tebeo que primero se ha reclamado por su importancia histórica más allá de la nostalgia, y termina en las modernas novelas gráficas de autobiografía, entendiendo que testimonio de una época no es sólo la obra de memoria, sino también aquellos tebeos que reflejaban la sociedad de su momento. Con el pulso habitual en él, va desgranando su tesis en forma de relato y dejando píldoras lucidísimas, por ejemplo, en lo que se refiere al lugar de Carlos Giménez en la historia del cómic español, donde me parece que da completamente en el clavo.

El caso es que los cuatro, por unos u otros motivos, ejemplifican a la perfección la nueva crítica o teoría del cómic que se está haciendo ahora, que se viene haciendo en los últimos años, y sirven para que nos demos cuenta de qué caminos tenemos que seguir, de cuál es una de las posibles direcciones correctas en todo esto. A mí, además, escribir este texto me ha recordado que tengo pendiente desde hace tiempo escribir algo acerca del cómic como fuente historiográfica. Pero de momento, toca seguir un poco más con Supercómic.

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9 thoughts on “Supercómic: segundo asalto.

  1. Ayer leía un texto que viene tan a huevo para lo que dices en tu post, que no tengo más remedio que copiártelo aquí:
    “Las humanidades se han contaminado de ese especialísimo que las ciencias propiamente dichas han adoptado por necesidad y así, cualquier historiador que reconstituye, con mayor o menor aparato erudito, un fragmento de la vida artística del pasado se cree trabajando con la misma rigurosa técnica y algebraica precisión abstracta que un investigador de la naturaleza. De esta errónea superstición se derivan dos males que Ortega señaló, repetidas veces: el mandarinismo y la pedantería”. Enrique Lafuente Ferrari, en 1960.

    1. Joder, da en el clavo por completo. Eso pasa muchísimo, y es un problema. Yo cada vez estoy más por las visiones amplias antes que por las microscópicas, que en Historia es algo que ahora es frecuente y que hace más difícil llegar a explicaciones convincentes. Y en el cómic, me interesa cada vez más lo que puede decir uno “de fuera”. Es gracioso decirlo así, pero a veces creo que es un pensamiento que existe. No sólo en el cómic, claro.

  2. Gerardo, felicidades por las dos entradas sobre Supercómic, muy estimulantes. Personalmente todavía lo tengo en la estantería de pendientes, seguro que pronto caerá.
    Pero como cierras hablando del cómic como fuente historiográfica me gustaría dejarte este enlace a un artículo que escribí para la revista de la UNED Espacio, tiempo y forma en 2011. En él trato de introducir algunas ideas que he desarrollado en un texto más largo pendiente todavía de publicación. Nada más, un saludo.
    http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:ETFSerieV-2011-2080&dsID=Documento.pdf

    1. Muchas gracias, lo leo en cuanto tenga un rato, me interesa mucho. Yo estudié el máster en la UNED, por cierto, tengo por aquí algunas Espacio, tiempo y forma pero justo ésta no.

      Un saludo.

    2. Muy interesantes los dos artículos. Soy profesor de Historia y me interesa mucho el uso del cómic como herramienta didáctica, especialmente en el ámbito de las ciencias sociales. Creo que puede ser muy útil. Estoy empezando a a documentarme en serio, a buscar lecturas, etc. Así que si tenéis alguna recomendación sobre el tema os lo agradeceré mucho.

      1. Yo personalmente no recuerdo nada que trate el tema directamente desde la óptica de la Historia, aunque, por ejemplo, los libros de Toni Guiral sobre Bruguera suelen hacer hincapié en el valor de esos tebeos en la sociedad española, y cómo la reflejaban. Sobre el cómic como herramienta en el aula, precisamente ando mirando cosas estos días. En algún momento irá habiendo noticias sobre eso.

    3. Gually, ya leí tu artículo. Me ha gustado mucho, gracias por pasármelo. Estoy además muy de acuerdo con tu punto de vista respecto al uso del cómic como fuente. En una clasificación tradicional, me parece que encaja perfectamente en la definición de fuente secundaria, y las pegas que se le puedan poner respecto a su parcialidad, falta de rigor, etc…. en realidad son las mismas que podemos ponerle a una película o a una novela. Como dices tú, es el historiador quien debe interrogar a la fuente y sacar lo que sirva.
      También estoy totalmente de acuerdo contigo en su valor a la hora de mostrar la ideología o la mentalidad de su época, más allá de que los hechos que se cuenten sean rigurosos. Validar una fuente sólo porque lo que se cuente sea “verdad” me parece un poco atrasado a estas alturas: la historia de las mentalidades es un campo fascinante en el que el análisis de la cultura que se produce en cada momento aporta muchísima luz.

  3. Me imagino que conoces la guía didáctica de Guiral sobre el Arte de Volar (http://www.edicionsdeponent.com/EL_ARTE_DE_VOLAR_GUIA_DIDACTICA.pdf) que es una maravilla. Mi idea es hacer algo parecido, mucho más humilde, y centrarme en diferentes etapas históricas y como lo reflejan diferentes cómics. Por tanto, serían “miniguías” didácticas clasificadas por temas, digamos que recursos para profesores que quieran utilizar el cómic en sus clases y diversas maneras de trabajarlos. Estoy en una fase muy embrionaria aún, haciendo unas especie de catálogo de obras. Me ha sido muy útil el libro de Sergi VIch “La historia en los cómics”, pero tiene ya unos años y está algo desfasado. Estaré atento a tus novedades. Un saludo

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