Supercómic: y ya van tres.

En la anterior entrada me centré en los ensayistas atípicos de Supercómic. Mutaciones de la novela gráfica contemporánea, y en cómo la interdisciplinariedad y las miradas desde fuera ayudaban a dotar de perspectiva el estudio del cómic. Pero en el libro también hay textos de nombres bien conocidos, que realizan acercamientos más ortodoxos pero no por ello menos interesantes.

Ana Merino, por ejemplo, es una firma clave en el estudio del cómic en España. El cómic hispánico es ya una referencia clásica, pese a que en realidad no ha cumplido aún una década desde su publicación. En «Love and Rockets o la cumbre de la ficción seriada», no sé si llevada por la inercia divulgativa y de presentación que a veces solía tener la crítica de cómics, de la que hablábamos en el post anterior, Merino escoge realizar una panorámica de sus temas, sin profundizar. Personalmente prefiero leer ensayos más específicos, aunque es evidente que el objetivo del texto es otro, y que funciona muy bien como introducción al universo de los hermanos Hernández, los cuales, inevitablemente, tenían que estar presentes en esta antología, por todo lo que tienen de precursores. Apunta varios temas relacionados con la obra de los Hernández que hubieran dado cada uno para un ensayo jugoso: el papel de los personajes femeninos, el desarraigo cultural de los hermanos, esencial para comprender sus cómics, o, sobre todo, algo en lo que se detiene sólo al final: la caída en desuso de la serie continuada como estándar narrativo en el cómic. Se lamenta de que «poco a poco deja de existir [el cómic seriado] para diluirse en los compromisos editoriales de la novela gráfica». Es un tema atractivo, porque, evidentemente, hay grandes diferencias narrativas entre la obra autoconclusiva y la serie regular, y creo que sería interesante analizar los motivos por los que los Hernández se plantearon una serie, y por qué muchos de los dibujantes alternativos posteriores no lo hicieron.

David M. Ball es otro experto en cómic, concretamente en la obra de Chris Ware. Ware, creo, era ineludible en Supercómic, y supongo que Santiago García pensó igual. Ware es el gran nombre de la novela gráfica contemporánea, y su importancia no radica sólo en la calidad individual de cada obra suya, ni de su capacidad para superarse una tras otra, sino también en su discurso. Detrás de la estética de Ware hay una ética que refleja sus ideas respecto al arte y que están calando en otros creadores y en el mercado. El pesimismo de Ware y su inseguridad casi patológica siempre me han parecido fascinantes, aunque esté presente la duda —¿realmente puede este hombre ver Building Stories y dudar de su valor?—, así que «Los fracasos de Chris Ware» a priori era uno de los ensayos que más me interesaban. Ball afronta la postura escéptica de Ware frente a la calidad de su propia obra, lo que Ball llama su «retórica del fracaso» y que explica a través de una tradición literaria —de nuevo, los medios se tocan y se cruzan—, considerándola clave en las estrategias para situar al cómic en el canon cultural moderno. Una de las cosas que más me han gustado es que Ball arma su argumentación usando no sólo declaraciones de Ware, sino también cómics, ilustraciones y textos donde la cuestión de la legitimación está presente, de un modo u otro.

Óscar Palmer es uno de los nombres más conocidos en el panorama de la divulgación del cómic en España, pero también huye de la endogamia y de la mirada viciada. Ha sido habitual de las revistas sobre cómic, pero también escribe sobre literatura y cultura pop en general. Por eso su artículo sobre el género negro en el cómic, «La escena del crimen. Nuevas aproximaciones al género negro americano», además de ser una preclara exposición de los mejores ejemplos del mismo en los tebeos, los situa en un contexto mayor y los compara con obras de cine, literatura y televisión, de manera que se da una imagen muy ajustada. Si uno se ciñe a un solo medio, las cosas se distorsionan, y una historia trilladísima puede parecer el colmo de la originalidad: otro motivo más para abrir las ventanas del cómic y dejar que entre el aire.

Pero hay otro tema que menciona, casi de pasada —porque el artículo no trata de eso—, que me ha gustado leer. Dice Palmer: «… podríamos decir que el tebeo se ha acercado a la novela sobre todo como una forma de legitimación (…) dejando de lado sus puntos fuertes para intentar emular características que no le son propias y frente a las que se muestra en clara inferioridad de condiciones, dando lugar a trabajos emasculados desde su propio punto de partida (…)». Unas líneas más abajo continua, señalando que la mayoría de adaptaciones literarias de «grandes clásicos del cuento o la novela al cómic» acaban «careciendo de la profundidad, el interés y el peso específico del original». Estoy totalmente de acuerdo, y me ha gustado leer la reflexión porque expresa muy bien algo que yo me preguntaba a raíz de Nela, el magnífico cómic de Rayco Pulido, en un post reciente. Y me gustaría también que Palmer se explayara en la cuestión de las adaptaciones al cómic, porque creo que tiene tela que cortar.

Pepo Pérez responde en principio a un perfil parecido a Palmer, un crítico bien conocido ya con años de actividad a sus espaldas, pero que ha apuntalado esa actividad con una sólida formación académica en Bellas Artes que ha culminado con la presentación de su tesis sobre Frank Miller. De Pérez siempre he admirado su capacidad de documentación y la habilidad para analizarla e hilar un discurso a partir de ese análisis. Eso es lo que me he encontrado en «Dioses y patria. Viñetas políticas en el cómic político contemporáneo», otro de mis favoritos del libro, porque el tema me interesaba especialmente. Es un repaso a las resonancias políticas en el cómic mainstream americano, desde la creación de los superhéroes hasta Holy Terror. Es un estudio denso pero medido, que contextualiza esos cómics y los explica a través de declaraciones de sus autores, teoría política, sociología y mucha reflexión propia, algo que yo, personalmente siempre pido a un ensayo. Quiero que me plantee preguntas y me haga reflexionar sobre mis posturas propias, y éste lo hace con creces.

Claro que yo, en general, quiero que el autor se moje, y quiero oír su voz más allá de la recopilación y exposición de la información, y eso es algo que encuentro en todos estos ensayos. Hay una tesis en cada uno de ellos, una idea que se desarrolla. Algo, de nuevo, que no siempre se ha encontrado en la crítica de cómic. Me quedan algunas cosas que comentar, pero creo que mejor dejarlo para otro momento y no empachar. Eso sí, quiero dejar aquí el enlace de una crítica de Supercómic que me ha gustado mucho y que creo que da varias claves sobre el libro, además de una manera muy sintética que envidio profundamente. Se llama «Un oasis de sensatez» y la firma Miguel A. Pérez-Gómez.

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