Tres lecturas que no tienen nada que ver entre sí.

Reconozco que cada vez me curro menos la justificación de estos posts de tres en uno, sí. En fin, al lío.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Rocky, de Jaime Hernández, tan bien editado como de costumbre por Fulgencio Pimentel, es una recopilación de unas pocas historias con casi treinta años de antigüedad, aparecidas en Love and Rockets. Aunque ya se sepa, resulta impresionante volver a comprobar el grandísimo dibujante que era Jaime incluso hace tres décadas, y el apabullante dominio de la anatomía, el lenguaje gestual y el blanco y negro que exhibía. Son historias ligeras, con tono de comedia, protagonizadas por una especie de aventurera adolescente y su robot simpático. Están pensadas precisamente como divertimento, frente a las historias que se tomaba más en serio de Maggie y Hopey, lo que luego sería Locas, y como tal funcionan, aunque lógicamente carezcan de la profundidad de éstas. Podríamos caer en el tópico y decir que es un Jaime menor, pero, claro, eso no es cualquier cosa, y el hecho de que hasta ahora era material inédito en España le añade un plus al libro que lo hace imprescindible de todas formas. Además incluye una entrevista a Jaime hecha al alimón por César Sánchez de Fulgencio Pimentel y Alberto García Marcos, que resulta muy interesante, entre otras cosas para comprobar lo intuitivo que es el autor y lo poco que medita algunas decisiones; simplemente se guía por impulsos y no les da demasiadas vueltas.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Fatale, de Ed Brubaker y Sean Philips, es un tebeo que esperaba con muchas ganas, porque Criminal, dentro de su ortodoxia, me gusta bastante, y lo mismo puedo decir de obras más antiguas como Sleeper. Me ha decepcionado, pero si ha sido así no es porque sea mala, ni mucho menos. Dice uno de los textos de la contracubierta que «Ed Brubaker y Sean Philips lo han vuelto a conseguir», y es rigurosamente cierto: lo han hecho otra vez. Exactamente igual que antes, por mucho que ahora, al noir, se le sume un elemento sobrenatural inspirado en Lovecraft. Eso es escenario, decorado, pero la esencia es la misma, sólo que ahora, en lugar de mafiosos chungos y policías corruptos hay mafiosos chungos y policías corruptos que han pactado con fuerzas demoníacas. Pretender que esto supone una innovación es, creo, confundir las cosas. Esto sigue siendo género negro puro y duro, y, en realidad, certifica que Brubaker y Philips, dentro de su alto nivel —que no voy a negárselo— ya no se van a mover mucho, salvo experimentos inesperados y puntuales como el excelente El último de los inocentes. Ambos han alcanzado un estilo en el que se sientes cómodos y ahora se trata de depurar la fórmula, de ejecutarla cada vez con más eficiencia. Una ración tan bien cocinada siempre entra bien, pero al final uno se acaba cansando de comer siempre lo mismo.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Termino con El desorganismo de Daniel Johnston, de Ricardo Cavolo, del cual no tenía ninguna referencia previa pero leo en la red que es un salmantino nacido en 1982. Es un cómic editado por De Ponent, que últimamente está dando cancha a autores jóvenes muy prometedores. Cavolo, por ejemplo, lo es, a pesar de que tenga que pulirse aún. Su cómic es un recorrido por la vida y carrera profesional del dibujante y cantautor Daniel Johnston, pero no es sólo para fans: yo ni siquiera sabía quién era y me ha funcionado como introducción a su persona. Escuchando algunos temas suyos, hay que decir además que le pega el tono algo naif de Cavolo, pero que no renuncia a las imágenes perturbadoras. De hecho, todo el cómic está compuesto de una sucesión de metáforas visuales en la línea de La ascensión del Gran Mal, que juegan con las influencias de Jonhston y con sus problemas mentales. La mayoría de las imágenes están muy bien elaboradas, y algunas diría que son excelentes, aunque el hecho de que sean constantes provoca cierto efecto de desensibilización en el lector, creo. Pero también es cierto que, tal y como se plantea la narración Cavolo, no había muchas más opciones, ya que no hay diálogos y todo se confía a la voz del narrador y la potencia de las imágenes. Pese a estos problemas, el resultado final me ha gustado, porque desborda imaginación y transmite una admiración sincera por un personaje que, desde luego, tiene mucha tela que cortar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s