Kedada, de Sebas Martín.

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Kedada, de Sebas Martín, es un excelente slice of life bastante canónico, del que triunfa comercialmente en la vertiente más accesible de la novela gráfica. Cuenta las complicadas relaciones amorosas de un hombre de mediana edad algo gruñón, que no encuentra su media naranja, aunque se lleva muy bien con su exmujer, y también con su hijo veinteañero. Hay algo de comedia, y unos diálogos vivos, realistas, y alguna escena de sexo explícito. A mí me gustan, en general, los slices of life con estos mimbres, incluso aunque no sean muy originales —y éste lo es—, pero jamás había leído nada de Sebas Martín, y de hecho ni siquiera lo conocía más que por el nombre hasta poco antes de empezar a elaborar la lista de obras reseñadas en Panorama. ¿Por qué? Bueno, porque Kedada es lo que, simplificando mucho, se ha dado en llamar un cómic gay.

Supongo que si Sebas Martín no es más conocido o sus cómics más reconocidos es porque lo que me ha pasado a mí le ha pasado a más gente. No es que haya hecho un esfuerzo consciente por apartarme de tan pecaminoso material, sino que, simplemente, siempre me ha pasado desapercibido. Y no sabría explicar por qué: quizás falta de visibilidad, o algún prejuicio inconsciente sobre lo que me iba a encontrar… Ni idea, simplemente quedaba fuera de mi radar. Pero estaba cometiendo un error, porque Martín es un gran autor. Autor de cómic, a secas, no de cómic gay. Porque, ¿qué es eso de cómic gay? ¿Es que hay un cómic hetero? ¿No puede uno disfrutar de un tebeo cuyos protagonistas tengan una orientación sexual diferente a la propia?

Yo creo que sí, claro. Pero, en todo caso, en realidad hay que dejarse de monsergas y empezar a leer historias de personas, sin más. Y no es que Kedada no trate sobre el mundo gay; claro que lo hace. Muestra las costumbres del colectivo bear y sus fiestas salvajes, pero lo hace con algo de distancia, la que da Peluche, el protagonista, un tipo algo amargado que, como Martín, es autor de cómics, aunque no completo como él, sino que colabora con un dibujante. Es quizás un intento algo obvio de poner distancia entre ambos para que sus biografías no se identifiquen al cien por cien, pero es lo de menos. Más allá de que podamos calificar a Sebas Martín de «cronista del ambiente», que lo es, supongo, Kedada trata de la crisis de madurez, de la dificultad para comunicarnos en el mundo moderno, incluso con todas las nuevas herramientas que tenemos para ello —sus sesiones de videchat sun impagables— y de los nuevos modelos familiares. Son conceptos universales en los que cualquier lector podrá identificarse, más allá de cómo se concretan en el caso particular de Peluche.

Y no es que Martín niegue la diferencia: lo que hace es aceptarla con naturalidad y no enfatizarla ni hacer de ella el centro de la historia. Muchas veces la mejor reivindicación es simplemente presentar una situación como normal. Y sí, la familia de Peluche es normal, por supuesto, porque nadie tiene la exclusiva de la normalidad.

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