Tres lecturas más.

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Por una cosa o por otra se me han ido quedando en el tintero algunos tebeos que me han gustado y de los que quería hablar, aunque fuera brevemente, así que voy a tirar de uno de estos posts de tres en uno tan socorridos para hacerlo.

El primero es Playground, de Berliac, un joven autor argentino al que conocía del Kovra, el fanzine de espíritu underground que saca adelante Ediciones Valientes, editores también de este cómic. En él Berliac plantea una especie de ensayo en torno a la figura del director de cine John Cassavetes, al cual yo no conocía, pero que fue fundamental en el cine experimental americano de los cincuenta. Concretamente Berliac trata el rodaje de su película Shadows, y sobre todo la naturaleza de la improvisación que Cassavetes buscaba en su film, y además reflexiona sobre lo que se ha venido considerando como realismo en el cine comercial. Es interesante como Berliac traza paralelismos con el cómic y su historia, con lo que había en el mismo momento en el que Cassavetes comenzaba a experimentar y cómo ese afán por mostrar el proceso del filmado sin trucos se lleva a la práctica en el propio cómic, que acaba siendo una improvisación en sí mismo, con sus errores y sus aciertos, todos expuestos al ojo del lector. El buen dibujo a lápiz de Berliac, sin corregir, sin perfeccionar, sus textos llenos de tachones y enmiendas, se mezclan en una obra que algunos seguramente no verán como un cómic, aunque es un debate ese que no me importa demasiado. No creo en la naturaleza pura de las cosas y no me preocupa definir las obras inequívocamente. Playground tiene páginas de texto manuscrito sin dibujos, por ejemplo, y otras que tienen ilustraciones y texto, pero ya digo que es lo de menos. De hecho, refuerza la naturaleza experimental de la obra y encaja perfectamente con lo que Berliac quiere hacer: si uno se está dejando llevar, no tiene ningún sentido ceñirse a las reglas. El resultado final en ocasiones es algo confuso, se pierde un poco la línea discursiva, pero haberlo limado y perfeccionado habría sido pervertir el objetivo inicial. Se trataba de exponer a los lectores el proceso y rescatar los errores como parte del mismo, y eso hace de Playground un tebeo más que interesante.

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El segundo es Esperando a Jean Michel, un cómic de grapa de ésos tan bonitos que edita Apa-Apa cada poco, obra de Chema Peral. Si no me equivoco es su primera obra larga, y es un cuento imaginario muy amable en el que Jean Michel Jarre y sus amigos idean un método especial para componer la música de su siguiente álbum, método que acaba implicando a Andrea, una joven italiana que no sabe qué hacer por su vida. Peral es joven, y se nota, pero el cómic tiene muy buenas ideas pese a que su resolución me parezca un tanto precipitada y su tono un poco demasiado naif, aunque esto ya es una cuestión de gusto personal. Sin embargo me ha encantado la imaginación con la que aborda un argumento muy original, el giro del final y sobre todo cómo resuelve determinadas escenas simbólicas, o algún recurso interesante, como la manera en la que engancha los rabos de los globos con sus dueños. Peral es un excelente dibujante, y se aprecia que trabaja como ilustrador en el magnífico uso del color que hace —siempre paletas reducidas, no naturalistas— y en la composición espacial de determinadas viñetas. No hace falta, además, ser fan de Jarre para disfrutar de Esperando a Jean Michel. A mí me gustan sus primeros discos, y aunque En Attendant Costeau —el que aparece aquí— no me va mucho, tiene su aquél tenerlo de fondo mientras se lee el tebeo, del cual me quedo con el potencial que veo en Peral y la frescura de su estilo personalísimo.

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El tercero es MS Kingdom, el último tebeo que he recibido de Gabriel Corbera, que sigue produciendo incansablemente cómics artesanales que lanza en pequeñas tiradas distribuidas por correo. Tengo que confesar que llevo mucho tiempo queriendo escribir algo del trabajo de Corbera, pero me resulta muy difícil meterle mano, la verdad. Y ahí está gran parte de su gracia. Sus propuestas son alienígenas, sus historias no son historias entendidas en un sentido clásico y sus personajes son herméticos, sin motivos o razones comprensibles. Simplemente pasan cosas. Cosas acojonantes, que me fascinan y hasta me obsesionan. Soy capaz de pasarme minutos enteros mirando una sola página de un tebeo suyo. Las formas geométricas de sus escenarios y personajes, el manejo de los espacios y la constante búsqueda como método para no repetirse ni caer en la rutina conforman una personalidad artística única, extrañamente bella en su frialdad. Recuerda un poco a Yuichi Yokoyama, pero sólo superficialmente. En MS Kingdom cuenta el enfrentamiento de uno de sus personajes recurrentes, el protagonista de Sundays on Mars, contra un bicho volador muy raro. El mundo de MS Kingdom está casi desierto, y en ruinas, lo cual hace que no podamos ubicarlo del todo. ¿Es el futuro, el pasado, nuestra Tierra, u otra diferente? En lo formal, experimenta en algunos momentos con un trazo más grueso y suelto, que nos recuerda que detrás de esos dibujos alucinantes hay una mano humana.

Aunque eso ya nos lo recuerda el tono de sus cómics, más vacilón de lo que parece. En los tebeos de Corbera hay mucho humor. Puede que no sea obvio ni convencional, pero yo veo en ese inglés extraño que emplea en los textos —¿forma de llegar al mercado internacional o más bien un elemento más en el extrañamiento de lo que se cuenta?— y en muchas de las situaciones una intención humorística, sólo que no se materializa por canales habituales. En realidad esto mismo puede decirse de todo lo demás que hay en sus creaciones. Esquiva deliberadamente las normas no escritas de los géneros, se pasa la narración canónica por el forro y elimina los sentimientos o como poco los oculta. Rompe con el discurso dominante en el mainstream, pero tampoco intenta buscar acomodo en lo underground. Busca algo diferente, que no tiene un lugar aún definido. Corbera además abraza el fanzinismo más puro sin tapujos, y aunque acabe publicando con alguna editorial, no creo que cambie demasiado sus propuestas. Y creo que es uno de los mejores autores que tenemos ahora mismo en España, de verdad. Y su inclusión en Panorama, ya que estamos, me pareció uno de los mayores aciertos de la antología.

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