Garden, de Yuichi Yokoyama.

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Hace algo menos de dos años leí Viaje (Apa Apa, 2010), el manga de Yuichi Yokoyama, ese extraterrestre que nos ha hecho creer que es japonés. Me dejó tan tocado y lo repasé tantas veces, que decidí dejar pasar un tiempo antes de conseguir Garden, un cómic que entonces era novedad y que ahora lleva ya un par de años en el mercado. Igual tampoco tenía la intención de dejar pasar exactamente dos años, pero el caso es que el otro día me acordé y lo compré. Y la cabeza me ha vuelto a explotar.

En realidad, si soy sincero, no tanto como con Viaje, porque al fin y al cabo ya conocía a Yokoyama, sabía cómo dibuja y su habilidad inhumana para captar la percepción subjetiva de la realidad. Pero por otro lado Garden es como Viaje multiplicado por diez. En Viaje se mostraba un simple trayecto en tren que, a través de las técnicas de Yokoyama, se tornaba maravilloso. Pero en Garden el viaje en sí es alucinante desde el principio, porque empieza con los personajes colándose en un jardín inconmensurable por el que pasean, avanzando sin pausa y visitando un paisaje sorprendente tras otro. La fascinación de la mirada se une, en este caso, a lo fascinante de lo mirado. Yokoyama se vale de su total dominio de la línea para trazar un mundo geométrico, de formas antes que de objetos, o de objetos que son más contorno que masa. La realidad es blanda, y puede deformarse con la mirada de modos increíbles e inesperados en una sucesión de páginas que nunca baja el ritmo, sin necesidad de que haya peripecia o aventura: el grupo de personas que vaga por este jardín de las delicias desierto de vida no supera peligros, si no que más bien va entendiendo cómo funciona cada sección del jardín, qué mecanismos operan en sus parajes. El viaje aquí es a ninguna parte: sabemos que los personajes quieren visitar el jardín pero se lo encuentran cerrado, así que se cuelan, pero no sabemos ni qué buscan, si es que buscan algo, ni a dónde van. No quieren salir: quieren avanzar. Por el placer de hacerlo, o no, porque, en realidad, no parecen disfrutar. O sentir cualquier tipo de emoción, ya que estamos.

Me he referido hasta ahora a los protagonistas de Garden como «los personajes», pero no ha sido porque no quiera revelar sus nombres o reventar algún tipo de sorpresa, sino porque efectivamente son anónimos. Pero es más complicado que eso, y, de hecho, para mí en el tipo de protagonista que elige Yokoyama reside una de las grandes claves de este cómic. Los aventureros que se cuelan en el jardín son una masa de número indeterminado, formada por un montón de personajes sin nombre ni personalidad, pero que, llamativamente, tienen aspectos muy diferenciados, ropas estrafalarias, o marcas que los distinguen. Pero da lo mismo, porque son tantos que no podemos seguirle la pista a ninguno, salvo quizás al fotógrafo, que sí aparece de manera recurrente. El resto tienen apariciones fugaces y, aunque se repitan —que no me he fijado—, no es relevante que lo hagan. Son una masa diferenciada en su aspecto pero totalmente uniforme en su personalidad. Es difícil saber qué busca Yokoyama con estao: ¿poner de manifiesto que las diferencias superficiales no son decisivas, y que, por debajo, todos somos iguales? ¿O es simplemente una decisión estética para introducir un elemento siempre sorprendente y variante? No lo sé. Pero sí creo que estos personajes se comportan como un solo individuo, como si fueran una mente colmena que avanza con un solo objetivo. Sus miembros no discuten, nunca se llevan la contraria sobre el camino a seguir, apenas intercambian diálogos. Hay una especie de monólogo colectivo constante, desde que entran en el jardín, que describe lo que van viendo con frialdad científica: «It’s a strange bridge»; «There are chairs on it»; «How should we crossed?». Como en los viejos tebeos de Chris Claremont, donde los textos de apoyo redundaban en lo que el dibujo estaba mostrando, el monólogo de los personajes de Garden repite  la información, sin aportar casi nada nuevo —más allá de, por ejemplo, el material del que están hechas las cosas que se van encontrando, que no sería fácil de identificar dado el estilo sintético de Yokoyama—. Pero si en aquellos cómics de superhéroes el recurso provenía de la idea preconcebida de que el cómic debía tener un mínimo de letras, y quizás también de cierta desconfianza hacia que sólo con el dibujo se entendiera todo, en Garden se busca explícitamente subrayar lo que están viendo los personajes y qué decisiones toman. Dicho de otro modo: en aquel entonces se guiaban por la tradición y reproducían tópicos narrativos de forma inconsciente, sin reflexión previa; Yokoyama es consciente en cambio de que  está siendo redundante, que la acción se entendería prácticamente igual sin textos. Pero escoge deliberadamente usarlos, sobre todo, creo yo, para dar importancia al sujeto, para que nunca se nos olvide su presencia.

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Y esto no es casual, porque a la postre es la mayor diferencia con  Viaje, al margen de su magnitud y su ambición, que aquí se intuyen mayores. Yokoyama se vuelca en la representación intuitiva del movimiento, y construye cuando está en ello algunas de las páginas más impresionantes del tebeo, igual que cuando da rienda suelta a su vena abstracta. Pero lo significativo aquí es que llega a la abstracción de manera transparente, mostrándonos el proceso de acercamiento al objeto, o la deformación del mismo, por los cuales llegamos a una imagen abstracta que en realidad no es tal, claro, porque sabemos que tiene un origen real.

No quiero terminar sin señalar el sorprendente carácter borgiano, no sé si accidental o deliberado —siempre dudo con las fuentes que puede manejar un japonés y hasta qué punto diferirán de las de un occidental medio— que tienen algunas de las estancias que atraviesa la tribu, concretamente la biblioteca, llena de libros de diferentes formas, ajustadas a su contenido, casi siempre visual, y por otro lado toda la secuencia, quizás mi favorita, del avión que libera sobre los personajes una nube de fotografías que, al ser ordenadas por ellos, construye un descomunal plano del jardín, que incluso incluye a los propios visitantes clandestinos. Esto va mucho más allá del mero alarde técnico o visual: Yokoyama no es un bluf, ni un esteta vacío. Hay mucho contenido en sus cómics. Otra cosa es que éste no sea convencional ni recorra caminos ya más que trillados.

Más sobre Garden:

Santiago García escribió en su momento un texto en su blog.

Chris Mautner lo reseñó en la web CBR (en inglés).

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2 thoughts on “Garden, de Yuichi Yokoyama.

  1. Yo leí los dos la misma semana, me sentó tan loco que parecia que iba “lleno de tripis”. Qué mareo! Pero brutal, ahora los vuelvo a releer y da mucho gusto!

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