Fagocitosis, de Marcos Prior y Danide.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

De entre todas las cosas que no me explico del mundo del cómic español —o del mundo en general— una de las más recientes es la poca repercusión que tuvo El año de los cuatro emperadores de Marcos Prior el año pasado. Y me cuesta explicármelo porque es un tebeo rabiosamente contemporáneo, que trataba temas que nos afectan a todos. Y no hay muchos más ejemplos en el cómic español de los últimos años, la verdad; una vez liquidada la edad dorada de las revistas satíricas, la mayor parte de la producción se centró en ciencia ficción y fantasía, donde algunos autores metían sus píldoras de crítica social, y ahí estaba Carlos Giménez, por supuesto, pero era muy poco. Y ahora, en los tiempos jodidos que vivimos, hay menos obras, de cómic o de cualquier otro medio, que se enfanguen en los lodos de la crisis de las que posiblemente sería saludable para la sociedad.

Es verdad que Aleix Saló ha pegado muy fuerte, y precisamente eso demuestra que hay mercado para vender tebeos críticos con el sistema, pero quizás también en la diferencia entre sus cómics y los de Marcos Prior está la clave para entender por qué no funcionan igual en el mercado. Los cómics de Saló son abiertos e intencionadamente didácticos, divulgativos. Explica de manera sencilla y efectiva, con ejemplos claros y un humor muy accesible la crisis económica. Son ensayos breves y concisos, apoyados además en vídeos muy atractivos, que pueden llegar fácilmente a todo tipo de público.

Pero El año de… o Fagocitosis, dibujado por Danide, son diferentes. Para empezar, no hablan tanto de los síntomas como de las causas profundas. No se trata de que Rajoy haga esto o Zapatero lo otro, ni de la penúltima putada que nos haya caído encima en forma de recorte, ni de la última cacicada de algún político local que se cree que está en su cortijo. No: Prior entiende que el problema es sistémico. Y que más allá de depresiones y gobiernos puntuales, la crítica al sistema es siempre necesaria. El capitalismo, el consumismo, eso que llamamos «los mercados», seguirán allí cuando baje el paro y podamos volver a consumir alegremente, y en sus bases perversas se agazapa la próxima crisis, que en el fondo es siempre la misma.

Fagocitosis se publicó en 2011, año en el que el PP ganó las elecciones generales, y cuando la crisis estaba a punto de entrar en fase de necrosis. Pero en realidad el contenido de este cómic es aplicable a cualquier otro momento, y ahí reside gran parte de su valor. Prior sabe de lo que habla, además. Le interesan la economía y la sociología, y las estudia a fondo. Y lo mismo puede decirse del cómic y su lenguaje. Fagocitosis quiere exponer y desarrollar ideas, y el mejor modo de hacerlo es apurando las posibilidades del medio que se ha elegido para hacerlo. Danide está soberbio y muta una y otra vez para ajustarse a cada parte de Fagocitosis. Y como en El año de… se experimenta con la hibridación de medios de un modo audaz y tan perfecto como en aquél. Sigue siendo un cómic, pero en sus páginas encontramos publicidad, powerpoints, youtubes, blogs, un test de personalidad… Y alusiones a la historia del medio, pero no como pura erudición, sino abordándolo por la vía de la cultura popular, usándolo como referencia que compartirá casi cualquier lector: la escuela Bruguera de humor, los Clásicos Ilustrados, los tebeos de Marvel. Y si no se comparten, no pasa nada.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

La palabra clave de Fagocitosis es «simulacro», en mi opinión. Lo que se cuenta no es real, no son hechos reales. Tampoco las situaciones son exactamente las mismas que sufrimos nosotros: a través de la alegoría y la hipérbole se construye una crítica que huye de lo obvio y lo panfletario, pero al tiempo se expone una realidad que aunque parezca humorística, está muy cerca de la nuestra. Quizás la mejor forma de interpretar Fagocitosis sea siguiendo a Baudrillard, de ahí que me viniera a la cabeza lo del simulacro. La realidad de Prior y Danide, es recibida siempre a través de un mass media y es, como en la hiperrealidad del francés, más real que la propia realidad. Y por eso también todo gira en torno a la economía y la publicidad, constructos sociales, simulacros cuyas reglas, por supuesto totalmente artificiales, se han elevado a la categoría de dogmas de fe. Los mercados no existen, pero dirigen nuestras vidas, como si sus comportamientos —el juego de la Bolsa, las agencias de calificación y demás inventos— fueran fruto de los designios de dios o una mecánica natural como la que rije las órbitas planetarias.

Una vez que asumes eso, y que el lenguaje se emplea para apuntalar esas realidades simuladas, se entienden los giros de Fagocitosis como el método perfecto para poner de manifiesto la pantomima. La vuelta de tuerca de más que da Prior es además completamente verosímil, porque muchas veces lo que hace es desproveer de maquillaje moral a los poderes fácticos y mostrar lo que dirían si pudieran. Ese sencillo powerpoint en el que se argumenta lógicamente por qué la fecundación artificial traerá un futuro lleno de gemelos y cómo eso será un problema, y el subsiguiente Clásico Ilustrado en el que se propone iniciar la costumbre de comer bebés de pobre para solucionar problemas sociales pueden parecer exagerados, pero no están en absoluto tan lejos de lo que poco a poco se van atreviendo a decir grandes empresarios, políticos liberales y expertos en economía: precariedad laboral de los jóvenes, porque, oye, es mejor eso que nada, parados obligados a trabajar gratis o a perder la prestación de desempleo que ellos mismos han pagado mientras tenían un trabajo, becas canceladas porque hay estudiantes que se van de botellón con ese dinero. ¿De verdad nos parece tan lejano el día en que a alguna luminaria se le ocurra que el problema es que hay demasiados pobres?

Lo mismo puede aplicarse a las brillantes ofertas de empleo: «Poseer la perspectiva cósmica de Mao; Habilidad en el manejo de máquinas destructoras de papel para la correcta eliminación de documentos». Requisitos desproporcionados para los trabajos más simples: nada que le suene raro a cualquier usuario de Infojobs.

La banalización de la izquierda, la manera en la que el sistema deglute y lima las garras de Karl Marx se muestra en Fagocitosis con una serie televisiva «creada por Matt Goering» y con la existencia de una cadena de restaurantes de comida rápida con su nombre: Marx Donald’s, donde se regalan juguetes de él y Engels.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Pero nada demuestra mejor lo perversa que puede llegar a ser esta maquinaria como lo que sucede con la pintada antisistema que ataca la publicidad de una conocida cadena de tiendas. «Hecho en China. Pensado en Europa» critica la hipocresía de la sociedad de consumo occidental y la responsabiliza de las precarias condiciones laborales de los mercados productores. Pero esa frase se convierte en meme y va perdiendo gradualmente su significado, y cuanto más popular se vuelve, paradójicamente, peor se transmite el mensaje. Cuando dos creativos publicitarios deciden emplearla como parte de la nueva campaña publicitaria de los grandes almacenes que criticaban —en una decisión fría, amoral, porque se trata simplemente de vender—, al mensaje se le ha dado la vuelta como a un calcetín, y se ha convertido en la herramienta perfecta para vender aquello que atacaba. No puede haber nada más perverso.

Pero así funciona la sociedad de consumo: su capacidad para asimilar todo elemento disonante o crítico no tiene límites. Una dictadura es rígida, y por eso se la puede quebrar, con tiempo. Pero nuestra sociedad es flexible y sabe adaptarse a cualquier ataque. Absorber lo antisistema es mucho más rentable que intentar destruirlo; dotarlo de su propio espacio dentro del mercado, transformarlo en una tendencia más en él, previo lifting, mucho más efectivo para que el statu quo se quede como está. Camisetas de bandas punkis vendidas en cadenas de ropa pija low cost, el Che Guevara como icono cool, las letras del rock reivindicativo transmutadas en baladas de amor denim and leather y chuminadas de la Movida números uno en Los Cuarenta. La máscara de Guy Fawkes a cinco euros, señora, que me la quitan de las manos.

Lo más duro y a la vez lo mejor de Fagocitosis es que nos enfrenta a esas contradicciones constantes a las que estamos sometidos, a esa tensión que se acentúa cuanto más conscientes somos de ello, cuanto más reflexionamos. No hay salida. Estamos metidos en mierda hasta el cuello, y no podemos escapar. Porque tienes que comer y tienes que vestirte, porque necesitas un trabajo, y porque haciendo todo ello contribuyes a que la mierda no cese de manar. Si intentas escapar el sistema no te aplastará, sino que te hará algo mucho peor: te convertirá en un objeto más de consumo, en una distracción en los medios, en un meme de internet. Todos seremos utilizados y banalizados: hasta la intelectualidad militante —como acertadamente muestra Fagocitosis en el vídeo de Youtube de «Jaroslav Sasek»—. Vacíos de significados los significantes, sólo quedan carcasas huecas que pueden rellenarse con el contenido que se desee, o pueden simplemente dejarse así, huecas, para su contemplación admirada. Cuando la gente pasa de todo, cuando deciden ser egoístas y no meterse en política, cuando se elige deliberadamente ignorar determinadas noticias, lo comprendo perfectamente: luchar contra lo inevitable sólo genera dolor e infelicidad.

Qué bajón para terminar, ¿no? Bueno. En realidad no soy tan pesimista, o al menos no siempre. Cuando leo cosas como Fagocitosis me doy cuenta de que todavía se puede, por lo menos, exponer los mecanismos de este gigantesco truco de magia que nos tiene cogidos por las pelotas. Que hay gente que no se rinde, y que además no cae en trampas ni en atajos, que escoge caminos complejos que demandan una implicación por parte del lector que probablemente tiene mucho que ver con su difusión limitada. Prior y Danide no son superficiales ni populistas ni eximen de culpa al ciudadano medio, lo cual tiende a incomodar, porque a casi nadie le gusta que le digan que la culpa también es un poco suya. Y esto me sirve para enlazar con el principio, donde decía que me sorprendía la poca repercusión que tuvo en 2012 El año de los cuatro emperadores:  a mí Fagocitosis me pasó completamente desapercibido en su momento, para mi vergüenza, y quizás fue algo generalizado que también se dio con El año… ¿Elegimos inconscientemente ignorar este tipo de cómics incómodos, para abrazar el costumbrismo o el escapismo de la ficción de género? ¿Pesa todavía el concepto de cómic como puro entretenimiento? Muchas preguntas para llevar ya más de tres páginas de artículo, así que mejor lo dejamos para otra ocasión, y me limito a subrayar lo extraordinario del trabajo de Marcos Prior, que con la trilogía que forman Fallos de racord —otro gran tebeo—, Fagocitosis y El año de los cuatro emperadores está gestando una de las trayectorias más redondas y relevantes del cómic español contemporáneo.

Anuncios

One thought on “Fagocitosis, de Marcos Prior y Danide.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s