Auge y caída del prog.

Hace tiempo yo solía escribir en este blog sobre música, de vez en cuando. Pero sin que fuera deliberado por mi parte, fui dejando de hacerlo, quizás porque preferí centrarme en otros temas de los que podía hablar con más conocimiento de causa. Nunca he sido un experto en música, pero siempre me ha gustado reflexionar sobre ella y sobre su papel en la sociedad. Hace unos días mantuve una conversación con Pablo Ríos y Ed Carosia por Twitter, sobre cómo la música más elaborada técnicamente ha desaparecido de primera fila, especialmente en España. Me pareció tan interesante que al final he acabado escribiendo algo, no directamente relacionado con lo que hablamos allí, pero sobre música, en todo caso. Vaya por delante que en todo el texto que sigue he intentado que la calidad de la música no sea un factor a tener en cuenta. No entro en qué estilo es “mejor”, o en cuál me gusta más, aunque no lo oculte. Intento analizar causas, no establecer jerarquías.

A finales de los sesenta, algo pasó en la música popular británica. Empezaron a surgir grupos que hacían una música diferente, deudora de lo que había antes, pero que aparentemente buscaba cosas diferentes. De una amalgama caótica compuesta de jazz, blues, hard rock, psicodelia, música sinfónica y folk surgieron el rock progresivo, el sinfónico, el avant garde, el jazz fusión. ¿Cuál fue el motivo de ese giro, que buscaba deliberadamente experimentar y volver más compleja la música? Ni idea, claro, es algo demasiado complicado y requiere de un estudio profundo. Pero sí pueden apuntarse algunas cuestiones.

En esa época más que en ninguna otra estaba habiendo una fractura generacional muy clara. El mayo del 68 genera nuevos valores, pero en realidad la cosa viene de más atrás. Los jóvenes rockeros de los cincuenta no tienen nada que ver con los de la nueva década. Y no hablo sólo de su aspecto, sino de sus aspiraciones y lo que demostraban en sus letras. El rockabilly quería tener un cochazo y llevarse a la pibita; el músico típico de progresivo parecía más introvertido, más inadaptado, mamaba la filosofía hippie, estaba imbuido de orientalismo y estaba en guardia contra las supuestas bondades de la vida urbana. Como proyecto de vida, los músicos de rock y pop querían triunfar y ser populares; en los músicos emanados del hippismo parecía haber un interés especial por mirar hacia sí mismos, expandir los límites de su percepción y todas esas cosas en las que uno piensa cuando toma LSD. Lo digo con un poco de coña, pero, en realidad, esto de las drogas es algo esencial en la música, y negarlo no tiene mucho sentido. Todo esto como punto de partida, claro, y en cuanto a lo que se deduce de su música: no creo que nadie sea más profundo que nadie por estos temas. El caso es que poco a poco empiezan a juntarse bandas que se escapaban de las fórmulas del pop que estaba triunfando en ese momento, que seguía el modelo de los Beatles, pero también del rock que se endurecía y que daría lugar al heavy metal años después. Es gente, en muchos casos, que tenía estudios de música en conservatorio, pero que se veía mucho más atraída por ese rock que por el trabajo en orquesta. Un tío como Morris Pert, por ejemplo, escribía sinfonías y luego hacía un jazz fusión maravilloso en Brand X, o se iba de gira con Mike Oldfield.

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Todo eso que se gestó al final de los sesenta se materializa en los setenta, y alcanza su máxima expresión. Pink Floyd, Jethro Tull, Mike Oldfield, Yes, King Crimson, Genesis, Emerson, Lake & Palmer… eran muy diferentes entre sí pero compartían el eclepticismo, el virtuosismo y el gusto por las composiciones intrincadas y largas, llenas de modernos sintetizadores e instrumentos atípicos en el rock. De repente uno metía un oboe, otro una travesera, otro unas marimbas. Todo valía. Lo sorprendente no es tanto que esto existiera, sino que obtuvo un éxito entre el público considerable. No vamos a decir que fuera un fenómeno de masas, desde luego los más populares y vendidos eran los artistas pop, pero sí hubo picos interesantes. Tubular Bells y Dark Side of the Moon fueron números 1 en las listas de venta, por ejemplo. Se dice pronto, pero tiene tela: un disco de música instrumental con dos temas de veintitantos minutos cada uno comprado masivamente en todo el Reino Unido. No se ve todos los días. El punto más alto de esto probablemente fue precisamente el año 73, con esos dos discos, pero, más o menos, 1976 marca el principio del declive. Para cuando cambiamos de década, no queda prácticamente nada de esa forma de entender la música, o por lo menos es así en los grupos más visibles, los que citaba más arriba.

Y aquí es donde quería llegar yo: ¿qué pasó ahí para que en muy poco tiempo cambiara radicalmente el estilo de todas esas bandas y se diera prácticamente carpetazo al rock progresivo y aledaños? ¿Qué sucedió para que un grupo como Genesis pasara de hacer esto a esto en poco más de una década? ¿Qué mecanismo oculto e inapelable llevó al tipo que compuso Tubular Bells a grabar esto? Más allá de las circunstancias concretas de estos dos ejemplos, fue un proceso más o menos generalizado, que yo me he intentado explicar desde varios ángulos.

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Primero, el social. La esperanza y las luchas sociales de los setenta dejaron paso al cinismo y el desencanto de una década dominada por Reagan y Thatcher. Es la década yuppie, en la que muchos de los hijos de las flores ya se han convertido en respetados padres y madres de familia. Los jóvenes del 68 se han transformado en burgueses acomodados, y por contraste con sus propios hijos son casi conservadores. El ritmo de vida se acelera, y eso se nota en la mayoría de los medios de comunicación. ¿Hay tiempo en los veloces años ochenta para escucharse un tema de veinte minutos?

Más allá de esto, en la música pasaron varias cosas. Una de ellas y probablemente la principal causa del fin del progresivo fue la irrupción del punk, que era casi la antítesis del prog. Temas cortos, como ráfagas de ametralladora, letras agresivas y ancladas en la sucia realidad frente a los relatos fantásticos y espaciales de los discos sinfónicos, bandas que directamente no saben tocar sus instrumentos frente al virtuosismo exacerbado de los grandes popes del progresivo. Fue un salto brutal, demasiado brutal. Mucho más radical que el que protagonizó la anterior generación. Casi de la noche a la mañana, el progresivo ya no era rompedor y experimental ni conectaba con el zeitgeist: era la música que escuchaban tus padres.

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Por otro lado, el mercado discográfico también experimentó cambios importantes. Uno, la internacionalización, y el cambio de eje: del Reino Unido a EE. UU. Un público que había consumido hasta ahora la música británica, pero que iba a empezar a marcar sus propias tendencias. Y por supuesto, la aparición de la MTV en 1981, en mi opinión, lo cambia todo. La televisión como vehículo masivo para la difusión y publicidad de la música, compitiendo con la radio, que de todas formas ya empezaba a entregarse a la radiofórmula. El single y el radio edit habían existido desde siempre, pero ahora, prácticamente, las discográficas pretenden que todos los temas de un disco sean radiables, y no sólo eso, sino que la ascensión de la tele hace imprescindible el vídeo clip. Y no vas a hacer un vídeo clip de treinta minutos, claro. El disco conceptual pierde fuerza frente al hit, la canción con letra —fundamental— de entre tres y cuatro minutos, de consumo rápido. Las discográficas insisten todo lo que pueden. Yo conozco bien el caso de Oldfield, con quien Richard Branson no paró hasta que consiguió que hiciera canciones de pop/rock. Supongo que otros músicos sufrirían presiones parecidas, aunque eso por sí solo no explicaría el cambio de todos, y más cuando hablamos de gente consagrada que ganaba mucha pasta.

Pero también está el factor humano, claro. El cansancio tras una década o más de producción, la madurez, que hace que las cosas no se vean igual que cuando tienes veinte años y quieres demostrarle al mundo que eres la polla. Y que uno se aburguesa con el dinero, no nos engañemos. Y el éxito engancha, por otro lado. La lógica capitalista te marca el ritmo: no basta con ser conocido, no basta con ganar mucho dinero si puedes ganar más. Ante la posibilidad del ostracismo, y esto es una tesis mía, muchas bandas decidieron más o menos conscientemente ceder como forma de seguir en el candelero.

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El resultado es obvio. Gente como el ya citado Oldfield o Jethro Tull viraron al pop/rock más convencional y sólo en los noventa se atrevieron a volver por sus fueros —pero ése es otro tema igual de complejo—. Otros como Asia o Yes tiraron por una nueva corriente que se puede considerar hija ilegítima del prog: el AOR. Album-Oriented Rock, tiene miga la cosa. Una estilización del prog, menos experimental, más fácilmente clasificable y sobre todo que pretendía llegar a una audiencia adulta, como si se diera por hecho que un adulto no tiene tiempo para historias raras y sólo quiere tener un poco de música agradable puesta mientras hace otras cosas. Un estilo que le recuerde lo suficiente a sus tiempos mozos pero que se pueda escuchar en sociedad: entrada, estribillo, puente, estribillo, solo, puente, estribillo, estribillo, estribillo, fade out. Otros, como Pink Floyd, parece que siguieron un proceso más o menos natural hacia otros campos. The Wall es ya en 1979 un rara avis, pero tampoco es exactamente lo mismo que eran Wish You Were Here o Animals. Otros se lanzaron a la new age o a la world music, como Jon Anderson.

Los que no estuvieron interesados en ese giro simplemente fueron exiliados. O autoexiliados, podríamos decir. Gente como David Bedford o Pekka Pohjolah, que no eran superventas pero formaban parte del catálogo de Virgin y fueron coetáneos de Oldfield, desaparecieron de la primera fila y siguieron a lo suyo, en sellos discográficos más pequeños o incluso en uno propio. Sólo saliendo de debajo de los focos pudieron conservar su independencia y seguir haciendo toda su vida la música que quisieron. Con esto no digo que el resto no hiciera también exactamente lo que quería —hay casos en que sí, y casos en que no—, sólo que algunos no se dejaron llevar. Tampoco vamos a ocultar que son, en su mayoría, músicos que no eran los primeros espadas de la época. El único caso que me viene a la cabeza de uno de éstos que pasó de todo y fue a lo suyo es Peter Gabriel, que abandonó Genesis a finales de los setenta.

La conclusión es que al final, hoy, en la música comercial no quedan más que influencias de segunda y tercera generación. Mientras que el rock de Deep Purple o Black Sabbath —por ejemplo— es fácilmente rastreable en bandas actuales, o el jazz goza de un prestigio intelectual indiscutible, que permite un circuito puede que no mainstream, pero sí saludable, el progresivo no existe en la música más exitosa. Y tampoco lo hace en los ámbitos menos comerciales y especializados: para la vanguardia musical del momento, el prog es casi un chiste. La complejidad de sus composiciones es vista como algo pretencioso y aburrido, dinosaurios desfasados. Con todo, hay grupos que sí tiran por ahí, pero son casi anecdóticos.

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¿Era el rock progresivo algo con fecha de caducidad? ¿Pasó su momento, sin más? No lo sé. Tampoco conozco un caso parecido, pero como decía en la introducción, yo no soy ningún experto en el tema. De todas formas, por hoy ya está bien. Otro día, si aclaro algunas ideas, escribo sobre el caso concreto de España, que fue en realidad sobre lo que estuve debatiendo con Ed y Pablo.

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11 thoughts on “Auge y caída del prog.

  1. ¡Mi primer ladrillo en un blog desde 2011, por lo menos!

    Bueno, confesión: de niño, hablo de los setentas, mi primo, que me llevaba como ocho años, tenía un refugio en el sótano de su casa. Era un manitas, había pintado en una pared el careto de “In the court of the Crimson King”, y tenía una librería llena de vinilos. Pese a la diferencia de edades era un tío encantadoramente comunicativo y líder con sus primos pequeños. En aquella cueva (donde había algún fanzine gallego comiquero de los setenta, por cierto) escuché varias veces cosas de Yes, el “Tarkus”, “Ohmmadawn”, Pink Floyd, el “Stratofear”, el “Thick as a brick” (portada-diario, maravillosa). Luego me regaló un disco de Klaus Schultze que aún anda por algún lado, el “Moondawn”. Lo digo para poner en perspectiva que conozco el tema en algo. No mucho, porque pronto me alejé de todo aquello.
    Creo que tu análisis es muy completo y además acertado, pero obvia otras vías que, en paralelo al sinfónico, explican la caída del mismo, si tal se ha dado que lo desconozco porque el estilo no me atrae nada hoy por hoy. Uno, el hermano gemelo germano. He hablado de Schultze, que no deja de ser uno de los derivados de los correos cósmicos. Cosas como Neu! o Can parten de los mismos postulados del prog pero los derivan por otra vía. ¿Cuál? La que un grupo absolutamente capital que no has citado había explorado en los sesenta: Velvet Underground.
    Posiblemente la gran diferencia de unos Emerson Lake and Paler y unos Can sea que lo del Tarkus anteponen la habilidad del buen “tocador” (concepto peligroso: ¿toca mejor la guitarra el de Yes que Kevin Shields de My Bloody Valentine solo porque se ajusta a un canon de “cómo tocar una guitarra” del curso CCC?) y lo sinfónico (digo de sinfonía clásica, con esos laberintos de melodías que van, vienen, crecen, cambian, vuelven a su origen… que podemos escuchar en un Mahler o Brahms), y los segundos priman la intensidad, la emoción y la dinámicas que cai nacen en Lou Reed, J Cale y compañía. Ejecución versus 🙂 sangre en las venas 😀 O ya en serio, una noción paisajística y de virtuosismo frente a aquello que la Velvet habían expresado: ser capaces de volarte la cabeza con unos pocos acordes repetidos ad infinitum. Algo que llevó al límite lo psicodélico. Además la Velvet abrazó el ruido, la disonancia y el volumen en la ejecución. Desde este punto de fuga deriva algo que, es histórico, ha germinado durante mas tiempo y más fructíferamente que el prog: de la no wave al white noise hasta llegar a Mogwai (que muchos dicen progresivos pero yo no lo veo) o Fuck Buttons, cachorros tecno que vienen de estos lodos.
    Por eso, porque simplemente participa de otra manera de entender la música, creo que en la vanguardia a la que adscribo mi gusto musical (al menos en parte, que uno escucha muchas cosas) el prog no tiene demasiada presencia (o “además”, porque no discuto ninguna de las razones que has expueto en el post…) Otro tema que sacas muy acertadamente es que el prog, frente a las “otras músicas”, SÍ ha tenido éxito, y tenía también la vocación del éxito. Y que ya no lo tenga viene de todo lo que has comentado, también, en la zona de música para las radios (porque Velvet y su legado nunca aspiraron a esa franja)

    1. Gracias por comentar largo y tendido, Octavio! Y por aportar una pieza más a este puzle que yo no contemplaba. Efectivamente estoy de acuerdo en que el progresivo como movimiento quiso ser música de éxito, mainstream. Y el mainstream, en lo musical, está más expuesto a los volátil de los gustos, claro. Los que no tenían esa necesidad de vender millones, cuando se pasó el momento, siguieron haciendo lo que querían tan contentos.
      Y esa vía, digamos “underground” de los Velvet, no sé si meter también a gente como Nick Cave, que iban a su bola y nunca petaron el mercado, de alguna forma eran “lo mismo”, en el sentido de hacer un rock apartado de esquemas típicos y ser poco ortodoxos. Pero por la vía del ruido, eso es xD.
      El progresivo abrazo el virtuosismo, y es verdad que podría parecer una música intelectual frente a la otra, emocional, pero esas categorías son peliagudas. Quiero decir que a mí hay cosas que sí me emocionan, y mucho, y otras que no, que escucho porque me parecen buenas técnicamente y disfruto sólo de ese virtuosismo. Esto es otro tema amplísimo, claro, y tiene que ver con muchas cosas… Había gente que directamente hacía experimentos muy formalistas y herméticos, y otros que estaban más influidos por el jazz o el blues que sí tenían mucha alma.
      Lo de la guitarra, claro, es como dices, cuando hablo de que muchos punks no “sabían tocar” me refiero a que no tenían un conocimiento técnico convencional del instrumento, pero eso no quiere decir que no pudieran usarlo de forma efectiva. El de Jethro Tull tampoco “sabía tocar” la flauta! Eso no quiere decir nada más que lo que quiere decir: que uno es un “virtuoso” y el otro no. En el fondo es lo mismo que pasa en el cómic, ¿no? ¿quién es mejor, Foster o Johnny Ryan? Son cosas totalmente diferentes, no se pueden comparar.
      En fin esto es tan vasto que no acabaríamos nunca, ¡y a mí además me falta demasiado como para armar una teoría convincente! Gracias por comentar.

  2. Muy interesante tu artículo sobre un campo que no es exactamente mi territorio, pero quisiera hacer un apunte. Creo que el espíritu de ese rock progresivo, al ser “expulsado” del mainstream, pasó su herencia al heavy metal, un gran contenedor que podía experimentar gracias, precisamente, a la menor presión que ejerce ese mainstream sobre él en aspectos sobre si es radiable o no, su duración o su virtuosismo. Claro que no todo el heavy lo recogió; pienso sobre todo en el progressive metal de grupos como Dream Theater, Trans Siberian Orchestra, Symphony X, etc… hasta llegar al “art metal” de Tool. Evidentemente no es lo mismo, ya lo sé, pero creo que cierto espíritu sí que heredan.

    1. Sí, muy de acuerdo contigo. Algo parecido me comentaba Pablo Ríos por Twitter, y es verdad, existe el progressive metal. Están grupos como Ocean Size, Porcupine Tree y los que mencionas tú. Pero ahí hablo de influencia de segunda mano porque realmente no tengo claro que esos grupos deriven directamente del prog setentero, o les llegue por otro lado, me faltan datos. En todo caso, creo que la cuestión no es tanto que existan tendencias (por ejemplo, no los menciono en el post pero existe el Math Rock, que a mi entender también hacen una música compleja y experimental) sino la repercusión que tienen y la visibilidad. Es un tema del que me gustaría que se hiciera un estudio en profundidad, la verdad!
      Muchas gracias por comentar, Josep.

      1. Se me ocurre ahora el ejemplo del último disco de Opeth, ‘Heritage’. Opeth es progressive death metal, pero el amor que profesan por el progresivo setentero les llevó a grabar un album en esa linea, donde no hay ni gruñidos ni nada de eso, sino sólo un homenaje a aquella música. Lo mismo va para el proyecto ‘Storm Corrosion’, formado por miembros de Opeth y Porcupine Tree. Se ve que ambos (Akerfeldt de Opeth y el líder de Porcupine Tree) son unos flipados del prog rock. Te recomiendo ambos discos; me gustaría saber tu opinión sobre cómo se salda el experimento de hacer prog rock setentero en 2013.

  3. No soy experto como vosotros. Mamé mucho al primer Oldfield hace años y eso no se pierde, no obstante he descubierto por casualidad al grupo francés “XII Alfonso”. Es de estos años, no sé, lo menciono por si queréis echarle un par de oídos.

  4. Hay casos curiosos dentro del metal, como Enslaved: un grupo de black metal que cada vez mas han ido asimilando conceptos prog hasta crear algo bastante auténtico. Echad un vsitazo a sus discos Monumension, RUUN o Vertebrae (o simplemetne a cualquiera de los últimos).

  5. Se me han saltado las lágrimas con esta canción recién salida. Es una versión de “Babieca” de Sr. Chinarro hecha por Destroyer. El material de partida ya es bueno, pero es que el remate instrumental final de la de ahora es… ¿es progresivo o es oldfield? Ni idea. La canción ya era un hito del rock independiente español de los últimos años, y ahora me gusta más. Os la dejo acá:

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