GRAF II.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Escribo esto sintiendo todavía agujetas en las piernas tras la paliza que supuso ayer la segunda edición de GRAF. Tampoco os creáis que hace falta mucho tute para que yo tenga agujetas, de todas formas, pero en realidad da igual porque las sufro encantado de la vida. Una vez más, el GRAF me ha supuesto una inyección de energía alucinante. Yo, que últimamente no tengo mucha fe en nosotros como especie, al ver la ilusión y las ganas tremendas de esta gente que sin llevarse un duro se ha matado por sacar adelante este encuentro, no puedo evitar pensar que algo de esperanza debe de haber aún, si esto es posible.

Vivimos tiempos muy jodidos. En el mundo en general y en del cómic en particular. Todos lo sabemos, y de hecho nos encargamos de decirlo a menudo, y algunos siempre que les ponen un micrófono delante. El escenario apocalíptico que se dibuja a veces choca con la realidad, sólida realidad, que yo viví ayer. Porque el GRAF no es un espejismo, ni sale de la nada. Es algo posible porque durante todo el año hay una actividad constante por parte de todos.

La palabra clave creo que es comunidad. Ayer tuve la sensación de que hay una serie de autores, editores y —por qué no— críticos que desde su propia manera de ver y hacer las cosas han desarrollado la conciencia colaborativa necesaria para dar pasos en una dirección correcta. Y digo «una» porque creo que no tiene por qué ser sólo una, y que, por supuesto, habrá quien haga las cosas de otra forma y le vaya bien.

En GRAF, si uno se paraba el tiempo suficiente, se daba cuenta hasta qué punto este sector del cómic español tiene claro ese sentimiento. Ver a supuestos rivales en el negocio editorial echándose una mano los unos a los otros, cubriéndose las inevitables escapadas a comer o al baño, empaquetando y cargando cajas al final, es prueba evidente de ello. Esto en lo que a las editoriales se refiere, pero lo mismo se podría decir sobre los colectivos e individuos embarcados en proyectos de fanzines y autoedición. Había buen rollo, y una alegría que contrasta con las caras largas y las miradas preocupadas que he visto en otros salones. Creo de verdad que para la mayoría de la gente la de ayer fue una jornada de duro trabajo, pero también una fiesta de la que disfrutar con amigos y compañeros de profesión.

Supongo que alguno estará pensando que, vale, todo eso está fenomenal, pero ¿y la pasta? ¿Se vendieron tebeos o qué? Es evidente que eso es importante. Lógicamente cifras no tengo, pero la sensación es que se vendieron bastantes, sí. Casi todo el mundo con el que hablé de esto estaba contento, y algunos lo estaban mucho. Tampoco es sorprendente que fuera bien la cosa porque, sobre todo por la tarde, GRAF estuvo a reventar. Había momentos en los que costaba avanzar, aunque la disposición de las salas permitía no agobiarse y ver todas las mesas con calma y tranquilidad. Pero ya sabemos todos que a veces eso no significa nada: la feria del libro de Madrid se peta siempre y año tras año los editores y libreros afirman que las ventas se desploman. Pero hablamos de cosas diferentes, claro, y en la escala está el quiz de la cuestión. Cuanto más grande es el evento, más dinero necesita amortizar. Sí, se atrae a más gente, pero no toda esa gente son compradores. Un encuentro como GRAF es algo así como un concentrado, y sus visitantes tienen que ser necesariamente más proactivos, porque no han visto su anuncio en el Metro de Madrid o en la marquesina de un autobús. Y desde luego la inversión de un expositor es mucho más reducida que lo que supone un stand en el Saló, por ejemplo, y por eso es mucho más sencillo que al final del día haya salido a cuenta.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Mi (pequeño) botín de GRAF

Pero basta ya de hablar de pasta. GRAF es mucho más que eso, porque, si no lo fuera, para empezar las cosas se harían de otra manera. En GRAF nadie mete más dinero que el que cuestan las mesas, no hay subvenciones ni publicidad, y la entrada cuesta un euro. Pero ya digo, que es un evento, sobre todo, cultural. Creo que incluso para los propios autores es interesante estar en ese ambiente que fomenta y facilita el surgimiento de colaboraciones, el intercambio de ideas, o incluso tener a mano un editor al que presentarle un proyecto, o un colectivo al que proponerle alguna locura. Incluso entre la gente que escribimos sobre cómic de una u otra forma surgieron cosillas.

Y luego están las mesas redondas, por supuesto, que han sido un bombazo, de verdad. No lo digo sólo por su interés: es que estuvieron prácticamente todas a reventar en el café Picnic, uno de los lugares que más se vuelca en Madrid con los cómics. Había mesas que eran caballos ganadores, claro: si juntas a Joaquín Reyes, Mauro Entrialgo, Carlos de Diego y Dario Adanti sabes que cualquier local va a reventar. Pero es que el resto estuvieron casi a la par. Yo, sinceramente, aluciné cuando en la que moderé, a las cinco de la tarde de un viernes, no cabía prácticamente nadie más. Y era de un tema en principio poco mediático, la edición alternativa. El resto de charlas, por el estilo, y eran de temas dispares y participantes de todo tipo. Esta respuesta por parte del público —en Barcelona fue prácticamente la misma, pero yo diría que en Picnic cabían unas pocas personas más— me alegra muchísimo. Primero porque creo sinceramente que todas eran interesantes y estaban bien preparadas, y huyeron de lugares comunes para proponer debates novedosos y volcados al público más que a los propios ponentes. Pero también porque a veces da la sensación de que estas cosas no interesan más que a los de siempre. Es habitual ver presentaciones en Madrid con muy poca presencia de público, y eso por no hablar de algunas charlas en salones más grandes, que pasan completamente desapercibidas. No sé por qué, parece que GRAF dio con la tecla, y ahora mismo no me veo capaz de decir la razón, o las razones, pero seguramente fue un cúmulo de circunstancias.

Sobre mi mesa redonda en concreto, tengo que decir que quedé encantado. Me sentí muy cómodo y creo que la mesa se desarrolló como debe hacerse, de manera orgánica, como una charla entre todos los participantes más que como una sucesión de monólogos o un cuestionario que el moderador les aplica. Casi siempre que modero alguna mesa me pasa que luego no estoy muy seguro de cuál ha sido la actitud del público durante la misma, porque estoy concentrado en la conversación y en mi trabajo, pero en esta ocasión oí muchas risas y sentí que la gente estaba muy pendiente de lo que se iba diciendo. Hubo hasta preguntas —pasó en todas las demás, también—, y cualquiera que vaya a presentaciones o mesas redondas a menudo sabe lo que cuesta que eso pase. Todo se lo agradezco a Manuel Bartual, Don Rogelio, Puño y Rubén Lardín, que estuvieron estelares y, creo, dieron mucha información útil tanto para los lectores como para aquellos autores que piensen en la autoedición como una vía para su trabajo. Y, sobre todo, transmitieron pasión por lo que hacen, que en el fondo es lo más importante.

Esto es algo que como decía al principio se respiraba durante todo el GRAF, y es muy agradecido un soplo de aire fresco después de tanto tiempo escuchando machaconamente que el mundillo se hunde. Y como además no es un brindis al sol, sino que está respaldado con trabajo y talento, pues perfecto.

Hubo más cosas. Conciertos y sesiones de música a las que no pude asistir por estar liado con otra cosa o porque, confieso, soy un flojo y acabé ambos días tan cansado que me caía por las esquinas y me fui a casa a dormir. Pero las noticias que me han llegado es que la respuesta también fue buena.

GRAF demuestra con todo eso que hay interés por la cultura y por los cómics. ¿Mucho, suficiente? No, evidentemente no. Tampoco vayamos a pasarnos: es un evento pequeño… pero, ojo, porque también decimos con demasiada alegría que somos cuatro gatos. Que no, en serio, que cada vez se leen más cómics y éstos atraen la atención de gente cada vez más distinta. Podemos hacer dos cosas: seguir trabajando en esa dirección o continuar llorando porque el cómic ya no es un medio de masas. Yo prefiero la primera opción, de verdad. No todo tiene que ser masivo en esta vida, pese a lo que nos quieren meter en la cabeza.

Por supuesto, quedan muchas cosas que mejorar: hay que encontrar más formas de llegar al público, los editores y autores necesitan creer más en su trabajo —hablo en general, por supuesto—, y venderlo bien, y hay que mejorar infraestructuras y redes de colaboración. La escena de la small press norteamericana todavía nos queda lejos. Pero hoy lo que toca, a menos de 24 horas del cierre de la segunda edición de GRAF, es pararse un poco a saborear el gran momento vivido, y el éxito de la convocatoria, que ha sido, de verdad, total.

No quiero terminar este breve post sin agradecer a los que toca. No por cortesía, sino porque de verdad creo que hay que decirle a Borja Crespo, Iñaki Sanz, Manu Vidal, Pedro Toro y Alberto García Marcos que lo han hecho muy, muy bien. A ellos y a todos los que han echado un cable de una forma u otra, y a todos los que estuvieron diez horas dándolo todo detrás de sus mesas. Y a nivel personal, a toda esa gente con la que compartí algún momento, que son un huevo y no puedo mencionar sin dejarme a alguno. De verdad, me cargáis las pilas para seguir trabajando.


2 thoughts on “GRAF II.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s