Beowulf.

Por primera vez en The Watcher and the Tower hoy tenemos con nosotros a una firma invitada, como los blogs buenos. Y se trata nada menos que de mi amigo Pablo Ríos, autor de Azul y pálido. ¡Gracias por tu texto, compañero!
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‘Beowulf’, ¿eh?

Algo tendré que decir, ¿no? ¡Unas palabras! ¡Un algo! Admiro a estos dos tíos (Santiago y David, hombre, quiénes van a ser). Admiro sus carreras, su evolución, su manera de hacer tebeos. Mira que tenia el blog chapado, ¿eh? Bueno, Gerardo me deja las llaves, para eso están los amigos.

Así que ‘Beowulf’,¿eh? La primera vez que supe del poema (de ‘Beowulf’, claro) fue gracias al mismo libro que prendió la llama en Santiago, el ‘Mitos y leyendas’ ilustrado por Alice y Martin Provensen. Allí, Grendel (uno de los tres monstruos que campan por el texto), era un señor alto con colmillos que daba bastante miedo. Una imagen poderosa. Normal que aquello ardiera.

Alguna vez he reflexionado acerca de ‘Beowulf’, su significado, etcétera. Sobre todo, espoleado por el amor de Santiago por una gesta llena de nobleza vikinga, donde un hombre hace lo que tiene que hacer para convertirse en lo que debe ser. He llegado a conclusiones muy locas donde los monstruos a los que se enfrenta el héroe son trasuntos de la Santísima Trinidad cristiana, derrotados una y otra vez ante la imparable ambición y voluntad del hombre frente a su destino (vale, en el poema, a Grendel le incomodan los cantos cristianos que salen del palacio, pero es que a mí me gusta más un símbolo que a un tonto un lápiz, perdonadme).

¿Es esta entonces la esencia de ‘Beowulf’? ¿Qué demonios podían tener en la cabeza quienes lo escribieron hace un milenio (un milenio, loco, se dice pronto)? No soy historiador, ni filológo… no puedo siquiera aventurarlo. Lo que sí puedo hacer es leer el artefacto con mis ojos ahora. La traducción de Santiago y David es precisamente esa, la de ahora, aún siendo fieles al texto original. ‘Beowulf’ es un tebeo maduro, de autores contemporáneos que han descodificado un cantar de gesta milenario en una novela gráfica de 2013. Y mirad, a la hora qué es, no hace falta una justificación para lo evidente. Y lo evidente es un héroe solar que se lía a mamporros contra tres demonios del infierno dibujado por una locomotora. David Rubín, ese lápiz telúrico con forma humana ha alcanzado el grado de curación de los jamones buenos en esta demostración de poderío medieval que fulminaría al instante al Conan de John Buscema (ah, cojones, me encanta decir estas cosas, ya me conocéis). Si todavía resuena el eco del golpe de sus cojones sobre la mesa al presentar ‘El héroe’, más de uno se habrá quedado sordo en esta ocasión. El dominio de las técnicas y usos del cómic moderno que despliega David está al alcance de muy pocos. Páginas dobles, diagramación, deformación de espacio, gestión del tempo, articulación de la figura, todo puesto al servicio de un guión transparente y preciso. Un texto honrado de un guionista sincero, que necesitaba escribir esta obra. A este héroe. A estos monstruos.

‘Beowulf’ es otro hito más en la historia reciente de nuestro cómic. Lo han dibujado dos compadres míos, uno de ellos, mi actual guionista. Lo ha editado la que va a ser mi próxima editorial. No os podéis imaginar, a nivel personal, lo que significa todo esto para mí. ¿Qué más puedo decir?

PUES QUE LO LEÁIS, COPÓN.

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