Cinco reseñas.

Entre unas cosas y otras, y eventos varios, se me han ido juntando muchos tebeos en el último mes de los que quisiera por lo menos decir un par de ideas, así que voy a hacer un 5 en 1.

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Mediocre es el segundo Jaimito que Néstor F. le dedica a Bruno Kolin, el crítico de cómics nativo de Maiame que en su particular universo —o en su propia mente— es el referente de millones de lectores de cómics. El tebeo sigue la tónica del primero, Infame, aunque creo que Mediocre es mejor que aquél, porque aprovecha mejor las posibilidades de un personaje como Kolin, aunque persiste cierta sensación de que sabe a poco. Entre pullas a la crítica, a los autores y a la industria en general, Kolin, destronado por un videoblogger de ésos que dan grima, debe recuperar su lugar guiado por una mascota de cereales que cobra vida durante una alucinación. Tiene algunos puntos muy divertidos y Néstor F. sigue puliendo su estilo de dibujo, cada vez más sólido y atractivo. La saga épica de Bruno Kolin todavía tendrá, al menos, un episodio más, en un Jaimito de próxima aparición.

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Doctor, doctor es el Jaimito de Molg. H, uno de los autores más personales del momento. Desde Moowiloo Woomiloo no teníamos nada en papel de Molg, aunque ha sido bastante prolífico en la red, tanto con Un cuerpo humano —que personalmente me parece lo mejor que ha hecho hasta ahora— como con historias cortas sobre médicos, en la línea de las que aparecen en este tebeo. Lo inquietante de estas historias dibujadas con el registro más aséptico de Molg H. es que explotan un miedo muy jodido. Cuando uno se pone en manos de un médico, esos seres a los que damos el poder de abrir y modificar nuestro cuerpo, tiene que tener confianza plena en él. Pero en Doctor, doctor los médicos están tarados, aunque conservan esa autoridad que da la bata blanca y que hace que hagamos lo que ellos quieran, por enfermo que sea. Molg H. demuestra que imaginación para inventarse cosas chungas le sobra —tanto visuales como meramente conceptuales—, pero Doctor, doctor tiene ahí una pega, precisamente: si uno se lee el tebeo del tirón se corre el riesgo de acabar insensibilizado, y que las historias pierdan impacto. Funcionan mucho mejor como píldoras; pero eso está en manos del lector solucionarlo, así que tampoco pasa nada.

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Rabo de lagartija/Aquí abajo cabrón es un cómic doble obra de Gabi y Antoine Le Viril, dos de los autores del fanzine Migas. Me ha encantado. Son dos historias bien armadas y con una imaginación para la cafrada muy destacable. Rabo de lagartija trata de una mujer en busca del hombre cuya polla sirvió de molde para su consolador, y destaca por sus diálogos espontáneos y un tono que se aleja de la gamberrada que quizás sugería el argumento y entra en terrenos casi lynchianos, con algunas secuencias desconcertantes y muy bien ejecutadas. Aquí abajo cabrón, a pesar de su dibujo aún algo tosco —y de ascendencia underground americana— a lo que más me ha recordado es a la obra de Martí: un puticlub para discapacitados, sexo con mujeres son extremidades, feminazis —pero literales, con sus esvásticas y todo— y una logia de hombres bajos dispuestos a terminar con la tiranía de la altura y a perpetuar la especie de los bajos. «Si palpas algún bulto sin pelo en el pecho, fóllatelo» es una de las frases que mejor ejemplifican el tono entre lo esperpéntico y lo épicocastizo de Aquí abajo cabrón.

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Mi perro, esa paradoja, de The Oatmeal —y publicado por Astiberri— desde luego no es un grandísimo cómic, pero me ha dado donde más me duele: trata de perros. Y en su sencillez en la exposición encuentra la mejor manera de mostrar con una precisión y un cariño desarmante el carácter perruno. Cualquiera que tenga o haya tenido perro podrá confirmarlo: esa especie de albóndiga simpática que aparece por las páginas de este tebeo resume a la perfección los motivos por los que queremos a los perros. Y tiene un final con el que a uno se le saltan los lagrimones.

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La propiedad es la última novela gráfica de Rutu Modan, de quien hasta ahora no había leído nada, publicada en España por Sins Entido. Supongo que puede parecer un sacrilegio despachar una obra así en una reseña breve, y probablemente lo sea, pero si lo hago es porque, en realidad, no tengo mucho que decir sobre ella. Eso no significa que sea mala, al contrario, es un muy buen tebeo. De hecho es todo tan correcto y tan cerrado, empezando por el dibujo y terminando por la trama, que o aceptas el paquete en su conjunto o no lo haces. Esa especie de línea clara realista que practica es perfecta, pero quizás por eso también es un poco fría. Leyendo La propiedad tuve la sensación de estar leyendo una historia con todo en su sitio, con personajes bien caracterizados, buen ritmo, momentos de humor, tres actos como mandan los cánones… y ése es el problema que tengo, que estoy un poquito saturado de cánones en este momento y no me ha llegado a afectar como ficción. No es culpa de Modan, por supuesto. El único pero que le puedo poner es que la historia de los ancianos es mucho más emotiva y cálida que la de los jovencitos, más light, pero por lo demás, todo en su sitio, ya digo.

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