Treme.

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Yo no soy muy de ver series. Soy consciente de que estoy dejando pasar cosas muy interesantes, pero no he visto Perdidos, ni Breaking Bad, ni Mad Men. Tiempo para todo no hay, y cuando hablo con gente de ésa que sigue seis o siete series de manera simultánea, me da bastante vértigo. Y además no tengo ningún tipo de autocontrol: si me engancho a una serie ya terminada me la zampo en tres días. El caso es que hace un par de años sí hice caso a la recomendación de un amigo y comencé a ver Treme, que ha concluido su emisión tras cuatro temporadas —aunque la última es de sólo cinco capítulos— hace unos pocos días. Y quiero escribir un par de cosas sobre ella, porque estoy completamente enamorado de esta serie.

Treme toma el nombre de un barrio de New Orleans y lo que cuenta arranca tres meses después de que el huracán Katrina arrasara la ciudad y dejara buena parte completamente inundada. Por ello Treme es, principalmente, la historia de una reconstrucción, pero también la de un retorno, ya que muchos de su habitantes tuvieron que abandonar la ciudad. Y esa reconstrucción no es sólo material, sino que alcanza a todos los aspectos de la comunidad. El gran tema de Treme es la tradición, la cultura entendida como el conjunto de señas de identidad que dota de sentido a un conjunto de seres humanos que se sienten parte de lo mismo. La hermandad que se respira en New Orleans, el amor por cada uno de sus rincones, convive con la violencia, la pobreza y la corrupción, en esa paradoja que caracteriza muchos de los núcleos urbanos modernos: ¿cómo puede alguien querer volver a un sitio así?

Explicar esa pregunta nunca es una preocupación para creadores y guionistas de la serie: se explicará por sí sola. Porque uno no puede evitar sentirse un poquito parte de ese sitio, sentir que, de alguna forma, lo ha visitado. Eso es mérito del guión, pero también de unos actores que en su mayoría están inmensos en sus papeles. Y también de la ambientación, de los extras —gente real de la ciudad—, de los escenarios… En algunos momentos se tiene la sensación de estar viendo prácticamente un documental.

El reparto, lo acabo de decir, me parece fantástico. Y está muy pensado para representar todo el espectro étnico y socioeconómico de la ciudad. Del digno jefe Lambreaux de los indios del Mardi Gras, preocupado por preservar su cultura y los derechos de su gente, a  Creighton Bernette —el inmenso John Goodman—, un profesor universitario herido en el alma por el Katrina y por la lamentable reacción de los políticos, que le mueve a convertirse en ácido videobloguero. No quiero detenerme en todos, pero sí decir que pocas veces he visto un conjunto tan redondo. Todos encajan, tienen sus momentos y su sentido, no hay roles de relleno ni ninguno que flojee.

 Esto es así por algo que, en realidad, creo que es la clave fundamental de Treme: es una ficción que deliberadamente busca romper todas las reglas de la ficción para acercarse tanto como sea posible a la vida real. En los personajes es donde primero se nota, claro: son complejos, humanos, falibles. Ninguno es un héroe, ni siquiera los dos personajes más íntegros, los que mencionaba en el párrafo anterior. Son personas antes que personajes, para entendernos. Traicionan sus principios, ceden en sus intenciones si se les ofrece una alternativa medianamente aceptable, tienen miedo y dudan. Y cometen errores. Pero siguen luchando. Don’t bow. Don’t know how, reza el lema de la serie.

Decía que esa antificción se notaba en todo, y eso incluye la estructura narrativa. Treme se pasa por el forro muchas de las reglas de la ficción clásica —que puede hacerse muy bien, por supuesto—, los tres actos, los arcos de los personajes, los clímax y los anticlímax. Constantemente tenemos la sensación de que va a pasar algo, porque estamos entrenados para esperarlo, pero la mayoría del tiempo no pasa nada, aunque, por supuesto, esto es falso: lo que pasa es la vida. Lo que parece la motivación de un personaje para una temporada —un proyecto de negocio, por ejemplo— puede abandonarse al siguiente capítulo. Eso, que desconcertará a algunos espectadores, a mí me encanta. ¿Por qué un personaje necesita siempre una motivación? ¿Acaso es poca motivación vivir, salir adelante, ganarse un jornal para mantener a los hijos? Eso no significa que los personajes no evolucionen, o que no se transformen: casi todos los hacen. Pero de una manera sutil, no siempre explícita, no debido a grandes revelaciones ni a aventuras. Hay personajes que aprenden a vivir con sus limitaciones, otros acaban aceptando su lugar en el mundo, otros fracasan pero siguen adelante, otros, pocos, triunfan. Y el final de la serie, su maravilloso final —porque no lo es realmente—, deja parejas separadas, carreras en el aire… incertidumbres, en una palabra. Es consecuente con toda su trayectoria y esquiva el happy end como esquiva todo lo demás.

Otra cuestión fundamental aquí es, claro, la música. Sobre todo el jazz en todas sus variantes, pero también el rock sureño, el folk, el rap y el hip hop. Toda la amalgama presente en una ciudad que vive por y para la música en buena medida, y que posiblemente tenga la mayor tasa de músicos por habitantes de EE. UU. No es sólo que sea una maravilla y un deleite escucharla cuando aparece, sino que es, en buena medida, el centro de las historias personales de muchos protagonistas. Y más allá de eso, a nivel técnico, se consigue una cosa muy interesante: la música es el motor del ritmo narrativo, el hilo conductor a través del cual avanza cada capítulo. Los conciertos o actuaciones callejeras marcan las pausas, facilitan las transiciones, y en ocasiones dicen mucho más de los personajes que sus conversaciones. La música en directo vertebra la narración y atrapa por completo al espectador si le gusta, claro, porque si no es así quizás no interese mucho Treme.

O puede que sí lo haga, porque hay mucho más. Y quiero mencionar la cuestión política, porque aquí —me refiero a España— hablamos con mucha ligereza de lo fachas que son los yanquis, pero ya me gustaría a mí ver una serie en TVE o en Telecinco que criticara tan abiertamente la actuación de un gobierno, citando nombres concretos, como se hace Treme, sin recurrir a generalidades ni a a críticas blandas a los políticos en general. Por no hablar de cómo se destapan las cloacas de la policía local, que cometió tremendas irregularidades durante y después de la tormenta. ¿Nos imaginamos acaso una serie española en la que se muestren los abusos policiales, los maltratos en las comisarías, las agresiones en las manifestaciones? ¿O una en la que se retrate la penosa gestión de, por ejemplo, el caso Prestige? Es una quimera, no os esforcéis en imaginarlo.

Es uno de los grandes valores de Treme, desde luego. Aborda una de las catástrofes más traumáticas de la historia reciente de EE. UU. con decisión y valentía, sin moralejas tranquilizadoras, afrontando el olvido que sufrió tras el huracán la ciudad y cómo se convirtió en una opotunidad de negocio especulativo para políticos locales y buitres foráneos. Lo hace además desde la pasión, gracias a la música, y por ello sus creadores han conseguido que su criatura tenga lo esencial para ser recordada: alma. Tan sencillo como eso. La misma que tienen este puñado de personas inolvidables que no se rinden porque no saben cómo hacerlo.

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7 thoughts on “Treme.

  1. No podía esperarse menos del gran David Simon, el tipo que nos brindó esa maravilla que es The Wire. Mi personaje favorito es el músico Antoine Batiste, interpretado por ese inmenso actor que es Wendell Pierce, (lo que me pude reír con la última escena que cierra la primera temporada, cuando Batiste POR FIN paga una carrera completa a un taxista, ¡y hasta le deja propina XD!)…

    1. Creo que te va a gustar, Bochones. Y sí, en el artículo se me pasó, pero imprescindible la versión original. La variedad de acentos (los francófonos, los indios del Mardi Grass, etc.) es una maravilla y un elemento más a disfrutar de la serie. No he visto nunca un episodio doblado, pero incluso aunque sea un buen doblaje no se puede trasladar todo eso.

  2. Con este parrafo has bordado lo que es TREME ( Constantemente tenemos la sensación de que va a pasar algo, porque estamos entrenados para esperarlo, pero la mayoría del tiempo no pasa nada, aunque, por supuesto, esto es falso: lo que pasa es la vida.)
    Me faltan los dos ultimos capitulos…. no quiero que acabe.

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