Un par de reflexiones.

He leído estos días dos nuevas entregas de series abiertas: Ralph Azham, de Lewis Trondheim, y la Capitana Marvel guionizada por Kelly Sue DeConnick. De las primeras entregas de ambas ya hablé en su momento, aquí y aquí, y la verdad es que no tengo mucho que añadir a lo dicho entonces, las dos me siguen gustando y avanzan de forma interesante. Tampoco hay novedades: es, sin que eso sea malo en absoluto, más de lo visto en sus arranques. Pero ambas me han sugerido un par de cuestiones concretas que quiero comentar brevemente.

La primera tiene que ver con Ralph Azham. Aunque mi Trondheim favorito es el de sus cómics más íntimos, disfruto mucho con estas series que siguen un modelo aparentemente clásico. El problema es el sistema de publicación. Supongo que tiene mucho que ver con los hábitos de lectura en los que cada mercado ha sido educado: imagino que en Francia la mayor parte de lectores no ven problema. Pero yo, en la era de la novela gráfica, veo excesivo tener que esperar un año para leer 48 páginas. Primero porque lógicamente no recuerdo apenas el primer álbum, y segundo porque así es más difícil disfrutar de lo que se está leyendo. La trama avanza, pero en este cómic en concreto la sensación es la de estar leyendo un fragmento de una historia más grande. Es algo que puede funcionar de puta madre, ojo, que ahí está La mazmorra para demostrarlo… pero, claro, cuando La mazmorra funcionaba de verdad es cuando se editaban cinco o seis álbumes en un año.

En lo que respecta a Capitana Marvel, la cosa es un poco más compleja. La serie sigue con buen pulso, y DeConnick, con la ayuda de Sebela, profundiza en las relaciones de Carol Danvers dentro y fuera del círculo superheroico, al tiempo que le busca un problema personal bastante chungo y que puede dar mucho juego. Su versión de Carol, además, va ganando en matices y hay algunas conversaciones antológicas. Y por todo esto entiendo menos que hayan adjudicado la serie a un artista como Filipe Andrade. No es malo, de verdad, aunque se le noten aún ciertos titubeos —las proporciones, jugando como juega él a deformarlas, no siempre le quedan bien— que se pueden ir limando. En otro tipo de serie pegaría bien, pero me parece inadecuado para los guiones de DeConnick. Tiene un estilo de influencia shojo, y resulta molestamente fácil suponer que se ha colocado a un artista de dibujo mono en Capitana Marvel, porque, bueno, es una serie de chicas. Resulta totalmente chocante leer a una persona tan fuerte, real, y alejada de cánones como la Capitana Marvel que escribe DeConnick y luego encontrarla dibujada siguiendo exactamente todos los tópicos del dibujo de la figura femenina en el género: cinturita absurdamente delgada, piernas infinitas, melena larguísima y suelta —para que moleste bien mientras se pelea— y morritos siempre en mohín. Y no es sólo eso: es el lenguaje corporal, las poses imposibles, las caritas que pone… todo muy kawai. Y no pega en absoluto. Cuesta mucho disfrutar del guión, porque la forma es contenido, y en el cómic ambos están indisolublemente unidos. Y si el dibujante de una serie contradice el discurso de su guionista, el resultado es una locura en la que los textos me dicen que Carol es fuerte y su dibujo que es una muñequita vulnerable. Dicho esto, también os digo que seguiré leyendo, porque me interesa mucho a dónde está llevando DeConnick al personaje.

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4 thoughts on “Un par de reflexiones.

  1. Fabuloso fabuloso fabuloso este blog! Comento poco pero sigo con gran interes casi todas las entradas q haces. Muchas gracias y feliz año nuevo, que no decaiga!

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