No es tan difícil.

Supongo que la mayoría de lectores habituales de cómic se ha visto al menos alguna vez envuelto en una conversación en la que alguien mantiene que tal o cual cómic no es «para todo el mundo», en el sentido de que es sólo para «lectores de cómic». «Sí, está muy bien, pero sólo puede disfrutarlo plenamente quien ha leído muchos tebeos». O incluso «es para lectores expertos». Es una actitud extendida e interiorizada, pero que considero más que errada, como voy a intentar explicar. Antes de entrar en harina, sí me gustaría dejar claro que esto no es una crítica a nadie en concreto. No va por nadie y va por todos, porque yo también he caído en ello alguna vez. Es una simple reflexión de domingo aburrido.

En el fondo, no creo que sea un problema únicamente de los lectores de cómic. Posiblemente es una manera de pensar que se desarrolla en cualquier persona que profundiza lo suficiente en un medio. Sentimos la necesidad de creer que hemos andado un camino, que hemos progresado como lectores. Y eso es cierto, por supuesto. Todos los tebeos que he leído hasta el día de hoy influyen en mi lectura de uno nuevo. Pero que la lectura sea diferente no significa que sea ni la única suficientemente informada ni mejor en términos de disfrute personal. Quizás también sucede que necesitamos que haber leído tantísimos cómics sirva para algo: ya que nos hemos dejado los ojos hasta el límite, al menos que esto haya servido para poder llegar a disfrutar con plenitud de determinados cómics para escogidos, cómics que los no iniciados no pueden entender.

Sentir eso es algo completamente lógico en un modo de pensar capitalista y utilitario; las cosas siempre se hacen para algo. Pero creo que es, al menos en parte, equivocado pensar así. Al margen de que yo crea que la grandeza del arte es que sirve para nada y para todo a la vez, no creo que sea cierto que siempre que uno ha leído muchísimos tebeos alcance una especie de nirvana cultural, un estado de conocimiento profundo que le permitirá desentrañar todas las claves ocultas en un tebeo. Y no lo creo porque he conocido muchos casos de lectores veteranos con escasa comprensión lectora, y también porque he conocido ejemplos de lo contrario: nuevos lectores que llegan sin apenas bagaje que pillan a la primera qué quiere decirles el autor. Porque no es tan difícil.

El lenguaje del cómic no es un idioma arcano al alcance sólo de una secta iniciada en sus misterios. En realidad, el lenguaje visual es algo totalmente intuitivo. Lo llevamos practicando desde que aprendimos a pensar. Cuando no podemos comunicarnos con alguien por medio de palabras, empleamos signos… y dibujos. La representación simbólica podría decirse que la llevamos en los genes, y el cómic como medio narrativo es bastante sencillo, como demuestra su éxito abrumador como producto de consumo masivo e infantil en buena parte de su historia. Cuando alguien observa que un cómic concreto es para lectores de cómic —o sea, para iniciados— puede ser precisamente porque crea que su manera de emplear el lenguaje del medio es complicada. Pero normalmente lo que se entiende por complicado es más bien complejo, y no es lo mismo. Si un tebeo hace un uso confuso de las reglas suele ser porque es eso: confuso. Probablemente sea un mal tebeo. Pienso, por ejemplo, en el Stray Toasters de Bill Sienkiewicz. Muy bonito para ojear, un martirio para leer. ¿Porque es un cómic para expertos? Yo creo que no: es, sencillamente, porque es un cómic fallido.

Si tomamos como ejemplo la obra de Chris Ware, un autor al que quizás se le asocia más frecuentemente con todo esto, lo que encontramos es algo diferente. ¿De verdad hace falta haber leído muchos cómics para entender debidamente a Ware? ¿Qué cómics exactamente? ¿Qué nos puede preparar para no ser desbordados por la experiencia de leer Building Stories? Por otro lado, hay pocos autores más preocupados que él por la legibilidad, por hacer de la lectura de un cómic algo lo más natural posible, a través de un estudio exhaustivo de los procesos cognitivos, preocupándose siempre de a dónde se va a dirigir el ojo del lector.

Pero aquí hablamos de disfrute y de comprensión. Por supuesto, no todo el mundo que lee a Ware puede entender cómo ha hecho determinadas cosas, qué influencias tiene, o darle nombre a algunos recursos. Pero que falte todo eso no invalida, en modo alguno, ni el disfrute de la lectura ni la comprensión de lo que se está leyendo. Dicho de un modo más concreto, no saber que Ware está mirando a Gasoline Alley en determinadas páginas no va a hacer que alguien se pierda. Ese estudio, que yo personalmente disfruto mucho, viene después de la lectura, es algo añadido, derivado de ella pero no parte imprescindible de la misma. De la misma manera en que yo puedo disfrutar mucho de El bueno, el feo y el malo o de Star Wars sin haber visto más que un par de westerns canónicos. Es que, bueno, de hecho, probablemente si a un lector de Ware que no conozca sus referentes le decimos de dónde viene tal o cual cosa, en el mejor de los casos le parecerá interesante, y en el peor nos dirá que «¿y qué?». Porque, insisto, eso es posterior.

Lo que digo de Ware también se puede aplicar, creo, a otros autores con fama de complicados, como Yoichi Yokoyama o Olivier Schrauwen. La sensación de extrañamiento que provocan sus obras no tiene nada que ver con la cantidad de tebeos que uno haya leído previamente, si no es que es deliberada. La ruptura de la narrativa clásica no está ahí para que la historia la pillen sólo cuatro, sino para que sorprenda y descoloque a todo el mundo. De hecho, si alguien no se siente así, casi diría que se está perdiendo algo importante de la obra de esos autores. Pero, por cerrar este tema, concreto: no creo que ningún recurso gráfico, por rompedor que sea, si está bien empleado excluya de la lectura del cómic a una mayoría de personas que no ha leído previamente cientos o miles de tebeos. Yo no recuerdo ningún buen cómic al que le pase eso. Y un tebeo incomprensible también lo es para mí.

Pero hay otra cuestión aquí. He hablado hasta el momento de la forma, pero ¿qué pasa con el contenido? ¿Puede haber contenidos para iniciados? ¿Puede haber historias contadas en un cómic que sólo disfruten los lectores de cómics? Yo creo que tampoco, salvo que hablemos de chistes muy, muy privados. Pero eso no tiene que ver con el medio en sí, es algo que sucede en cualquier otro. Por otra parte, si la única gracia de una historia es ésa, probablemente no sea demasiado buena. Ahora bien, probablemente sea un error común en cualquier grupo cerrado o especializado, cualquier fandom —porque de eso hablamos ahora, creo—, pensar que sus asuntos y sus mecánicas son demasiado complicadas para que las entienda la gente normal. Así, si un cómic trata sobre el trabajo mismo de los dibujantes de cómic, automáticamente se pone en el montón de los tebeos para entendidos. El saber de qué va la cosa, entre guiños y codazos, es algo muy gratificante y que nos refuerza. Pero, en la mayoría de los casos, me temo que es algo ilusorio fruto del relativo aislamiento en el que puede llegar a vivir el fan, al comentar sus lecturas sólo con otros fans. Y para darnos cuenta sólo tenemos que aplicar el mismo criterio a obras que versen de campos más extendidos: ¿Es una película sobre abogados sólo para abogados? ¿Es un biopic de Bob Dylan sólo para seguidores de Dylan? O un ejemplo que nos pilla cerca: ¿es una película de superhéroes sólo para lectores de superhéroes? Las respuestas a las tres preguntas son obvias. Del mismo modo, un tebeo como Malas ventas de Alex Robinson, en el que hay una importante trama en torno a los derechos de autor de un viejo dibujante enfrentado a un aprovechado guionista, puede encantar a cualquier persona, aunque no sepa quiénes eran Bill Finger y Bob Kane. Porque esa lucha no es en absoluto exclusiva del mundo del cómic, sino que, muy al contrario, es algo universal con lo que cualquiera puede identificarse. Y cuyas claves pueden entenderse fácilmente, por supuesto, que tampoco estamos hablando de física cuántica.

Queda en el aire el cómic norteamericano de superhéroes. En la mayoría de los casos, las editoriales sí se han esforzado en crear unos códigos propios y una intrincada continuidad que plaga sus tebeos de referencias, hasta el punto de que esto se apropia del cómic y representa sus valores: en demasiadas ocasiones, un cómic de superhéroes no es bueno por su calidad, sino por lo que explica o revela de la biografía del personaje o por la cantidad de alusiones que hace de su historia editorial. Y bueno, me temo que tengo que decir que si ésa es la única virtud de un cómic, entonces no sé hasta qué punto puede considerarse virtud. Si no puedo sacar ningún disfrute de un tebeo sin haber leído previamente trescientos… bueno, ahí hay un problema. Porque yo, como todo el mundo, llegué al gran teatro de los superhéroes con la función empezada. No sólo eso, sino que llegué en un acto especialmente malo. Y aun así os aseguro que disfrutaba de lo que leía, aunque no supiera de dónde salía toda esa gente o qué había pasado el mes anterior. Otra cosa, claro, es que a un lector adulto le interese lo suficiente como para hacer el esfuerzo de rellenar los huecos. Pero incluso un cómic como Marvels, referencial al máximo, se lo he podido dejar a gente ajena al género y le ha gustado.

En fin, ésta es la reflexión de hoy. Qué peligro tiene quedarse el domingo por la tarde en casa sin nada que hacer. La verdad es que no ha surgido de la nada, esto; es algo en lo que pienso a veces. Porque me preocupa que, sin querer hacer mal, transmitamos a nuestros familiares y amigos que puedan interesarse por leer alguno de los cómics que guardamos —o venga, seamos sinceros: que amontonamos por donde van cabiendo— que hay cómics que no son para ellos porque todavía no están preparados. A veces me ha pasado eso también: alguien que me pide que le recomiende un cómic pero me advierte de que tenga en cuenta que él «no es experto en cómics». Y me pregunto si esa misma persona advierte a alguien que le recomienda una serie de televisión o una película de que no es experto en ellas. Y, claro, esa distinción no sale de la nada, y me temo que hemos sido los propios lectores habituales los que la hemos provocado, al menos en parte. Así que si quieres dejarle un cómic a alguien que no lee cómics, déjate de iniciaciones raras —sí, eso de hablar de iniciarse en el cómic suena feo, en serio— y dale a alguien un cómic que pueda gustarle, y no uno que pueda entender. Tal vez así no partirá pensando que es tonto o que esto es una cosa exclusiva para cuatro entendidos. En serio, no es tan difícil leer tebeos. Dejadme que acabe con un chiste muy malo: para entender el cómic no hace falta haber leído Entender el cómic. Perdón.

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12 thoughts on “No es tan difícil.

  1. El hecho de decir que algunos cómics no sean para todo el mundo no creo que se trate tanto del bagaje en lectura de los mismos, sino de la apertura de miras del posible lector. Porque a alguien que sólo lee superhéroes le costará tanto entrar al “agujero negro” de Burns como el que sólo disfruta con películas del oeste, por decir algo.

    Si de algo puede disfrutar el cómic es de su diversidad temática y formal, así que es normal que por cuestión de gustos haya personas que en principio nos parezcan que no son el público potencial de tal o cual cómic.
    Aunque cuántas veces hemos empezado a leer o a ver algo de lo que no esperábamos nada y al final nos da un mazazo que nos dura varios días.

    Creo que ese es el muro que pueden tener aquellos que no se acercan nunca a los cómics, a enfrentarse a un nuevo lenguaje. Pero si se les convence, en una sola lectura se les quita la tontería.
    La capacidad de sorprendernos es de lo que se trata, que no todo el mundo la mantiene y se hacen conformistas en sus gustos.

    1. Claro, yo no hablo de esto en el texto, sino de la actitud de algunos lectores curtidos con respecto a la capacidad de los “no curtidos” para comprender un tebeo concreto. Se trata de hecho de lo que tú comentas, que cada esos sesgos sean en función de los gustos de cada lector, nada más.

      Un saludo.

  2. “El lenguaje del cómic no es un idioma arcano al alcance sólo de una secta iniciada en sus misterios. En realidad, el lenguaje visual es algo totalmente intuitivo.”

    Más claro, agua, completamente de acuerdo con el artículo. Creo que hay una inflación de teoría autorreferencial que pretende articular la legitimidad del cómic a partir de convertirlo en un sistema complejo que necesite de esa propia teoría para ser interpretado. Y, como dices, por ahí no van los tiros. Estamos más que preparados para asimilar cualquier mensaje audiovisual, y leer un cómic es tan intuitivo que un niño de diez años es capaz de leer de izquierda a derecha o de derecha a izquierda en cuestión de minutos, según coja un cómic de superhéroes o un manga.

    Yéndome a la literatura, siempre me ha fastidiado mucho cuando empiezan recomendando porquerías a la gente que quiere iniciarse en algún ámbito creativo que aún desconoce. Hace no mucho, en una reunión, alguien pidió recomendaciones de relatos de fantasmas y salieron un montón de mediocres de moda que paso de citar por no liarme más xD Leches, si Henry James, Oscar Wilde o Maupassant han hecho relatos de fantasmas, ¿por qué no aprovecharlos? Si alguien quiere iniciarse en el cómic de superhéroes, ¿por qué no empezar por Watchmen, Dark Knight o La Muerte de Alimaña? ¿Por qué habría que remitir al lector inexperto a relatos menores, como si los “expertos” fuéramos lectores más competentes? Desde luego que somos mejores lectores por pura acumulación, pero no hemos alcanzado un nivel formativo superior por ello.

    Como bien dices, a Yokoyama no es cosa de recomendarle, pero por lo mismo que si alguien te pide una lectura para pasar el rato no le vas a remitir al Ulises.

    En fin, que muy de acuerdo con tu artículo. Si para algo ha de servir la teoría no es precisamente para ensalzar la complejidad de un medio sino, todo lo contrario, para utilizarla y, en última instancia, reducirla.

    1. Yo creo que hay cómics que permiten un análisis de su lenguaje exhaustivo y muy profundo, con mucha tela que cortar, pero efectivamente, eso no impide su disfrute por parte de cualquier lector. Pienso por ejemplo en el capítulo V de Watchmen, el simétrico, al que dediqué muchísimo tiempo para diseccionarlo en una ponencia. Lo primero que dejé claro en ella es que para disfrutar de él no hacía falta, ni mucho menos, llegar tan lejos, porque la idea era que los mecanismos que yo “descubría” provocaran una sensación de agobio y de repetición, de círculo, al lector. Más o menos la idea de este texto es ésa.
      Por supuesto, como dices, o como decía Fernando también, no se trata de que todos los cómics sean para todos los públicos: cada lector, en función de sus intereses y gustos, escogerá unas obras e ignorará otras… pero no porque no sepa leerlas.
      Y luego planteas otra cuestión interesante, con lo de las historias de fantasmas: es verdad que a veces te encuentras con mucha gente con una especie de concepción jerárquica de la cultura. Uno tiene que leer primero la mierda para ir “subiendo de nivel” poco a poco y así llegar a las obras maestras. Porque si no no “estás preparado” para disfrutarlas. Pero yo he llegado a un punto en el que, en realidad, lo que me cuesta comprender y disfrutar es una mala novela con un estilo limitado. “Bueno” no significa “para unos pocos”, ni “inaccesible”, y los ejemplos que pones de autores con relatos de fantasmas me parecen perfectos. ¿Qué tienen Maupassant u Oscar Wilde de incomprensibles? O Poe, o Lovecraft…

      Un saludo y gracias por los aportes.

  3. Un debate como siempre interesante. Mi hijo mayor de 9 años está enganchado a Spiriou y concretamente a los tomos pequeños que editó planeta agostini y que para los puristas se trata de una edición poco mas que fraudulenta. Con esto quiero decir que a todos nos conviene desprendernos de nuestros previos conocimientos y bagaje y leer y disfrutar los comics como lo hacíamos con nueve años. Le observo y siento envidia esa es la verdad. Además aprender a leer con viñetas no le ha supuesto ningún esfuerzo. No me ha preguntado ni una sola vez como hay que leerlo, lo que demuestra la gran capacidad de transmisión del comic, totalmente infrautilizada.

  4. Una reflexión muy interesante, como siempre.

    Estoy de acuerdo pero solo en parte. Me voy a permitir dividir la cuestión en dos.

    Por una parte está la actitud que comentas en el texto. El “no te dejo este tebeo que no lo vas a entender”. Interpretando ese “entender” con captar el mensaje, saber de qué nos habla el autor. Eso, y aquí coincido contigo, es un absurdo. Como dices el lenguaje del cómic no tiene nada de complicado, de hecho me atrevería a decir que es uno de los más sencillos que se pueden encontrar y como tal, si alguien no capta el mensaje, no se entera de la historia de un cómic, no es porque no sea un “iniciado” si no porque el cómic en cuestión es malo.

    La otra faceta es pensar que alguien no habituado a leer tebeos no va a captar tantas cosas como vas a captar tú, veterano lector, en un cómic determinado. Esto, en mi opinión, es cierto. Y lógico. Si lees cómic habitualmente, te interesas por el medio y por su lenguaje y reflexionas un poco al respecto de vez en cuando, es más que probable que leyendo un cómic captes más elementos que un lector esporádico. Y ojo, no me refiero a que lo entiendas mejor, sino a que descubras más facetas de ese cómic, destapes algunas de sus conexiones, las herramientas formales que ha utilizado el autor o las referencias en las que se basa. Por no salirme de los ejemplos comentados, cualquiera puede entender un cómic de Chris Ware, la historia, las emociones que provoca, pero unos asimilarán más, sacaran más cosas de su lectura, que otros.

    Y me parece algo lógico, igual que yo puedo disfrutar, y lo hago, de un buen concierto de música clásica, pero soy consciente de no experimentarlo del mismo modo que lo hace mi madre que es experta en la materia y lleva años escuchando y estudiando el tema.

    En cualquier caso, coincido totalmente contigo en que no debemos encerrarnos sino todo lo contrario. Abrirnos al mundo, prestar tebeos, y cuanto mejor sean mejor. Incitar a todo aquel que quiera a leer buenos cómics y si más adelante están interesados en profundizar más ya será otro tema, pero de primeras que disfruten de un buen tebeo. Habiendo tantos buenos tebeos para elegir ¿para que prestarle uno malo?

    Un saludo.

    1. En realidad creo que estamos básicamente de acuerdo, la idea que yo intentaba transmitir es en esencia lo que dices tú: yo puedo pillar más cosas, más referencias, homenajes, guiños… o saber de manera más… “cerebral” que está haciendo un autor con determinado recurso en un momento dado. El ejemplo que pones de la música clásica es muy acertado, es eso, es lo mismo: ¿alguien que no ha escuchado jamás música clásica no puede quedarse extasiado escuchando su primer concierto? Claro que sí, aunque lo disfrute de otra manera.

      Un saludo, Doc Ender.

  5. Completamente de acuerdo, pero sí es cierto que hay obras (y es un comentario genérico para muchas artes) que se pueden disfrutar a varios niveles y, uno de ellos puede exigir cierta formación previa. Por supuesto, unos de ellos son los superheroes, que precisan de un bagaje anterior, quizás no tanto formación. Y otros son esos en los que el análisis formal es en sí mismo un disfrute. Pero en la mayoría de los casos yo lo veo como un valor añadido, no como una condición previa. He dejado a muchos amigos Watchmen y les ha parecido extraordinario sin necesidad de analizar sus hallazgos formales. Y lo mismo vale para Ware. De hecho, creo que el problema lo tenemos los que tenemos demasiada experiencia previa! Muchas veces creo que no disfrutamos de la lectura porque enseguida nos desviamos a las bambalinas, al cómo se ha hecho, a desentrañar claves formales…

    1. Álvaro, has expresado de manera concisa lo que pienso: ese análisis formal es un “valor añadido”, así lo veo yo. Yo también lo disfruto muchísimo, no hay nada que me guste más que estudiar un cómic, pero no pienso nunca que el que no quiera o pueda hacerlo no va a disfrutar el cómic en sí. Lo que comentas de que nos desviamos en seguida y eso hace que no lo disfrutemos igual a mí me pasó un tiempo, pero creo que ahora soy capaz de centrarme en lo que leo y dejarme llevar, aunque vaya viendo cosillas, y luego ya sí, hacer una lectura más analítica. Me pasó con Beowulf, por ejemplo, la primera lectura la hice devorando el tebeo, a toda leche, y luego ya lo leí otra vez con más calma.

      Un saludo, Álvaro.

  6. Estoy muy de acuerdo con casi todo lo que escribes pero en lo de este post discrepo un montón.

    A alguien que no esté acostumbrado a leer libros le recomiendo antes Stephen King o Eduardo Mendoza que David Foster Wallace o Cervantes. A alguien que no hubiese visto mucho cine le recomendaría antes El silencio de los corderos que Funny Games (de hecho, ver Funny games sin conocer los intríngulis y los clichés de los thrillers arquetípicos no tiene sentido). A los chavales de hoy en día que ni siquiera ven mucho la tele les recomendaría antes los Simpson que The Wire. Por no hablar de los Soprano, cuyo final sólo se entiende si estás familiarizado con las convenciones del montaje cinematográfico. Y si alguien te quiere introducir en los placeres del jazz seguramente te pasará antes un disco de Chet Baker que uno de Art Tatum.

    Yo el primer tebeo se superhéroes que leí fue precisamente el de Watchmen y, bueno, no estuvo mal, pero no pillé muchos de los chistes, lo he disfrutado más en relecturas posteriores pero no descarto que todavía esté escapándoseme algo de la subtrama de los piratas.

    (Por cierto, me gustan mucho tus reseñas, fantaseo con que algún día te animes a reseñarme el Listo.)

    1. Gracias por tu comentario, Xavier. Entiendo tu punto de vista. En algunos ejemplos, como el del Quijote, existe un problema evidente, que es la barrera que el castellano del siglo de oro puede suponer para un lector que no esté muy acostumbrado, pero, más allá de eso, uno puede disfrutar de las aventuras y el humor de la novela, aunque no conozca todos los juegos metalingüísticos de Cervantes o las parodias de géneros.
      El caso de Watchmen me parece perfecto: la cuestión para mí es si en esa primera lectura lo disfrutaste, aunque no pillaras el 100% de las piruetas formales. Y yo creo que ahí la respuesta para todos nosotros seguramente sea que sí. De hecho, en mi caso, estuve un par de semanas destripando el capítulo V para una ponencia y me quedé con la sensación de que había cosas que se me escapaban. Pero eso no impidió que desde la primera vez me flipara.

      Ah, y tu trabajo lo conozco sobre todo por el Estafador, reconozco que te tenía un poco perdido, pero le pondré remedio 🙂

      Un saludo.

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