La industria del cómic.

En el mundo hay 198 estados a día de hoy. De ellos, sólo en tres o cuatro existe una industria del cómic fuerte que cuenta con un público más o menos amplio y que, por consiguiente, permiten vivir exclusivamente de hacer cómics a cierto número de autores —no a todos—. Me faltan datos para saber si podría incluir en la terna que forman Japón, EE. UU. y Francia / Bélgica a Corea del Sur y su manwa, pero, en todo caso, no marcaría mucha diferencia para lo que voy a explicar.

Cuando se observa el mercado del cómic español y algunos se muestran terriblemente pesimistas con él, se tiende siempre a compararlo con el francés. Es comprensible: Francia es nuestra vecina, hay una relación cultural histórica con ella, y muchos autores españoles trabajan en su industria y por tanto se conoce bien. Y, también, conviene la comparación si lo que se quiere es ser crítico y pesimista. Pero yo me pregunto por qué no se compara el mercado español con el de todos los demás países donde el cómic es marginal, o directamente, no existe. Todos esos países donde, como aquí, hubo un cómic popular y barato que desapareció. No hablo sólo de países en vías de desarrollo, sino de estados de nuestro entorno, algunos con unas condiciones socioeconómicas abismalmente superiores a las nuestras: Alemania, Países Bajos, Suiza, los países nórdicos… No creo que tengan una industria del cómic más fuerte que la española.

Pero hay otra cuestión: hubo un tiempo en el que en España sí hubo una industria del tebeo que vendía centenares de miles de ejemplares al mes y daba un sueldo a sus trabajadores. Alguna vez he leído el argumento de que en España hubo una industria «como la francesa», lo cual creo que no es cierto, en absoluto. Y es que para analizar esa época —y su declive— con rigor no podemos quedarnos en la afirmación generalista y superficial. Porque hablamos de situaciones complejas, y las teorías reduccionistas que hablen de que dos realidades son «lo mismo» están destinadas a fracasar. Aunque es cierto que ambos mercados parten de las publicaciones periódicas para niños, en Francia Hergé o Goscinny y Uderzo se convirtieron en celebridades que ganaron mucho dinero, en consonancia con sus ventas y éxito. Llegado el momento, tuvieron un par de movimientos renovadores dentro de los márgenes de la propia industria: la revista Pilote primero y el colectivo de Humanoides Asociaciados después. Y el cómic fue ganando prestigio social y cultural, como demuestra el hecho de que se empezaron a editar álbumes con materiales de buena calidad. Mientras, los autores de Bruguera o Editorial Valenciana, cuyas publicaciones vendían en grandes cantidades y proporcionaban a sus dueños sustanciosas ganancias, ganaban lo justito para vivir, y en muchos casos ni eso. Ni siquiera Ibáñez, lo más parecido en cuanto a éxito que podemos tener a los autores nombrados antes, ganó el dinero que habría sido justo. La historia del tebeo español está lleno de historietistas que terminan sus días olvidados y en la pobreza. Así que cuando se añoran esos tiempos argumentando que entonces «un autor podía vivir de su trabajo», se debe ser consciente de que en el paquete van incluidos los abusos, ninguneos y chanchullos que, en realidad, permitieron florecer esa industria, que no era cultural o artística. Hoy podemos llamar artistas con toda justicia a Escobar o Cifré, pero desde luego no era así como los veían en su momento, ni tan siquiera como se veían ellos mismos. Eran trabajadores. Hoy también hay dibujantes de cómic que se consideran trabajadores y no artistas, y que dibujan lo que toca en cada momento, les motive o no desde el punto de vista autoral. Y es lícito, por supuesto, nada que objetar al respecto.

Pero, en mi opinión, es incoherente reivindicar unas condiciones mejores para los autores españoles y al mismo tiempo poner de ejemplo épocas pasadas en las que eran machacados sistemáticamente. Basta leer Los profesionales para ver en qué condiciones «vivían de su trabajo» los autores de Selecciones Ilustradas. Tampoco entiendo que se defienda la tradicional industria americana del comic-book, un monstruo venido a menos que ha fagocitado durante toda su historia la creatividad de grandes artistas gracias a los cuales unos pocos sin talento más que para las finanzas se han hecho millonarios. De hecho, en realidad la antigua industria española guarda muchos más puntos en común con el comic-book que con el mercado francés. Recomiendo la lectura en la que estoy enfrascado ahora mismo, The secret history of Marvel Comics, de Blake Bell Michael J. Vassallo, para darse cuenta de cómo montó su imperio Martin Goodman. Bell insiste en varias ocasiones en que para él la calidad o el arte no eran determinantes: daban exactamente lo mismo. Su negocio se basaba en inundar el mercado con productos lo más baratos posible que copiaban descaradamente a otras revistas exitosas del momento. Se trataba de rentabilizar el papel, y punto. No había derechos de autor, no había royalties, no había nada. Sí, muchos de esos dibujantes, matándose a currar, conseguían un sueldo «digno», como lo conseguía Escobar. Pero no era, proporcionalmente, más justo que el dinero que hoy recibe, pongamos por caso, David Rubín por sus novelas gráficas.

Yo no quiero volver a ese modelo. Me parece injusto, abusivo y estafador. Pero, en realidad, da lo mismo cuál sea mi opinión. Es sencillamente imposible volver a ese paradigma. El cómic como producto de ocio masivo y barato, principalmente orientado al público infantil y juvenil, es cosa del pasado, con las tres excepciones que he mencionado al inicio del texto, y que tampoco son lo que eran. El mercado japonés sí es el único en el que el cómic sigue siendo algo verdaderamente popular y masivo, pero allí hay muchísimos autores a los que les cuesta llegar a fin de mes. Y los que sí llegan lo hacen a costa de dormir cinco horas diarias y no tener fines de semana. En Francia, otro mercado saneado pero que también ha pasado por sus crisis y por sus transformaciones, no podemos quedarnos en las grandes cifras millonarias que arrojan cinco títulos al año: es verdad que hay muchísimos autores que viven de dibujar, pero  también hay muchos que no, y muchas tiradas de mil o dos mil ejemplares fruto de la actividad de editoriales pequeñas. Y el mercado del comic-book estadounidense está completamente replegado sobre sí mismo, los tebeos cuestan ya cuatro dólares, no se atrae a nuevos lectores y sus autores no cobran ni de lejos las cifras que se barajaban en los 90. Muchos de ellos tienen que completar sus ingresos vendiendo originales o realizando trabajos por encargo para aficionados. Pero en el resto de países donde el cómic como producto masivo basado en personajes icónicos ha desaparecido creo que es imposible que resurja. Porque para que fuera posible tienen que darse muchos factores que ya no existen.

Fijémonos en un detalle importante: el tebeo popular y barato suele surgir en países con dificultades económicas graves. En EE. UU. el tebeo despega tras el crack del 29, mientras que en Japón o España, lo hace en una posguerra, y no es casualidad. Entretenimiento baratísimo para una infancia que sufre carestías y que no tiene otras formas de ocio. También en Argentina o México florece la historieta popular en momentos de desarrollo, y desaparece cuando se alcanzan unos estándares económicos mínimos. No es casualidad: en el momento en el que aumenta la capacidad adquisitiva de la población y se alcanza el estado del bienestar se tiene acceso a otras diversiones: cine, televisión, videojuegos… Los niños tienen más donde elegir y los tebeos, que parecían objetos fascinantes, van perdiendo la partida contra sus competidores, más nuevos y excitantes. Consecuentemente, las ventas de tebeos bajan progresiva e imparablemente desde su aparición hasta hoy. No sólo en España: en EE. UU. la tendencia ha sido siempre a la baja, y con las cifras de venta actuales, todos los títulos de Marvel de hoy serían cancelados en 1985 porque ninguno llega a lo que se consideraba el mínimo aceptable.

Pero hay más motivos. Los países del primer mundo han ido reduciendo sus tasas de natalidad durante todo el siglo XX, acercándose al crecimiento cero. En 2011 la media en España fue de 1,36 hijos por mujer. Entre 1991 y 2000 la tasa bruta de natalidad fue de 8,3. En el periodo de 1941-1950, la primera década de posguerra, era de 21,64 (fuente). Por pura lógica, a menos niños, menos ventas de productos destinados a los niños.

Otro motivo que pocas veces escucho en debates en torno al mercado del cómic: el precio del papel se ha disparado en las últimas décadas. Cuando Martin Goodman inició su actividad, el papel de pulpa era baratísimo. Tras la crisis del petróleo de 1973 los precios se dispararon. Entre 1972 y 1975 el papel de diario subió un 27%; otros papeles de escritura e impresión un 33% (fuente). Y no paró de subir: todos recordaremos los mensajes de los cómics de Forum disculpándose por las frecuentes subidas de los años 90 por el aumento del precio del papel. Todo eso hace que hoy sea imposible lanzar una revista de cómic al estilo de las de Bruguera o la CIMOC con un precio más o menos equivalente a lo que costaban en su momento. De hecho, la CIMOC no era precisamente barata ya en los 80.

Voy a mencionar sólo otro factor más: el circuito de distribución y venta. Una publicación popular y masiva es inconcebible sin una red sólida de quioscos que cubra todo el estado, o por lo menos sus núcleos urbanos. Y los quioscos, para bien o para mal, están desapareciendo. En mi barrio, donde antes había nueve ahora hay dos. Y no van a volver, porque las ventas de prensa en papel están cayendo de forma generalizada. Y los que quedan se reconvierten a marchas forzadas en una suerte de bazar donde uno puede comprar de todo, y en el que, lógicamente, no hay mucho sitio para los tebeos. Es un espacio perdido que se extingue, e invertir esfuerzos en esa empresa me parece, directamente, una insensatez. Pero, además, aquel modelo de venta marcaba unas reglas concretas. No tiene nada que ver con el modelo con el que hoy trabajan las editoriales españolas. Venderse en quioscos implica que necesitas una tirada mucho mayor, porque para vender lo mismo que venderías con un libro en librerías y grandes superficies necesitas estar presente en un número de puntos de venta mucho más elevado. Consecuentemente, sobrarán muchos ejemplares —como de hecho pasa en la prensa diaria, con un desfase importante, y asumido por los editores, entre tirada y venta—, y necesitarás vender mucho más para que compense. Y de hecho necesitarás publicar muchas series para que unas tiren de las otras. Ejemplo significativo es El Víbora. La última de las revistas de los 80 cerró en 2004, con unas ventas de 6.000 ejemplares sobre una tirada de 20.000 (fuente). Alguien podría ver esa cifra de ventas y pensar que hoy en día pocos cómics las alcanzan, y es cierto. Pero El Víbora tuvo que cerrar porque ya no era rentable, mientras que con un sistema de distribución semejante al del mercado del libro, con todos sus defectos, las editoriales españolas pueden ajustar mucho más sus tiradas y gastos y necesitan por tanto cifras menores para ganar dinero.

Pero también es importante contar la historia en el orden correcto. A veces algunos argumentan que las editoriales españolas han elegido publicar tomos carísimos para unos pocos. Que volver a productos más económicos está en su mano, y que eso aumentaría sin duda las ventas y mejoraría las condiciones laborales de los autores. Pero creo que nada de esto es cierto. Las editoriales españolas no eligieron deliberadamente el cambio de modelo: el anterior se derrumbó  sin remedio. No es que de la noche a la mañana los editores decidieran dejar de publicar exitosas revistas populares y pasasen a publicar tomos de tapa dura. Las revistas, sencillamente, dejaron de venderse lo suficiente. Dejaron de interesar al público. Es así de duro, pero así de cierto. Un editor es un empresario: si un modelo de negocio le da beneficios, no lo cambia por su opuesto por las buenas, es de sentido común. La industria del tebeo como producto de entretenimiento desapareció porque, uno a uno, los factores que he descrito fueron cambiando. Y después, la nada. Los 90, donde había cuatro cosas de autores españoles. La mayoría en formato comic-book, ése que muchos reclaman hoy como forma de vender más tebeos y llegar a más público. Y era un ruina, y los autores cobraban entre poco y nada. Porque no vendían apenas. Unas cifras de venta de cómics de autores españoles publicados por Dude, una editorial que apostó fuertemente por el cuaderno grapado: Rafalito matador n.º 1, de Pablo Velarde, vendió 863 ejemplares; Trop n.º 1, de Germán García, vendió 942; Crónicas de Mesene n.º 1, de Roke González y Mateo Guerrero, sí alcanzó una cifra más alta: 3.525 ejemplares. Por comparar, el gran éxito de ventas de la editorial era Bone, de la que los editores decían que «mantenemos una tirada de 10.000 a 10.500 ejemplares distribuidos entre quiosco y librería especializada», que se traducían en unas ventas de 4.630 para el n.º 1 (fuente: Strangers in Paradise n.º 4 y 11).

Cuando empezó a popularizarse el formato de libro el comic-book ya estaba finiquitado como opción para autores españoles, y había quedado reducido a los cómics de Marvel, que funcionan bien dentro de su circuito, pero cuyo modelo es irreproducible: funciona porque es una franquicia que consigue replicar las inercias del mercado americano, porque hay un grupo de coleccionistas fieles y porque Panini es una editorial fuerte que puede imprimir miles de ejemplares al mes y mantener muchas series, lo que abarata costes. Nadie puede hoy en día poner un cómic de 24 páginas en el mercado al precio que cuesta uno publicado por Panini. Tal y como yo lo veo, entonces, el camino a seguir no es una reconstrucción de la anterior industria, sino la creación de otra nueva, con reglas diferentes. Tras el derrumbe, el cómic internacional ha cambiado. Se ha abierto una nueva vía, desde los 80 para acá, en la que el medio se ha transformado en vehículo de expresión autoral. Eso, por supuesto, también es un producto, y se somete a reglas de mercado, pero a unas diferentes: las del mercado cultural. Y eso cambio todo por completo. Por supuesto, hay una continuidad creativa y artística con el anterior modelo, no estoy hablando ahora de eso. Hablo de la manera de enfocar el negocio. En los 90, los editores asumían que tenían un campo cerrado de aficionados al cómic, que marcaba su techo de ventas. El cómic se vendía en librerías especializadas y se daba por sentado que en ellas el público apenas se renovaba. Hoy el chip ha cambiado por completo y la mayoría de editoriales aspiran, y están consiguiéndolo poco a poco, a ampliar esos márgenes. Mi impresión es que hay mucha gente que se está acostumbrando a comprar cómic de la misma manera esporádica que compra literatura, que es, en el fondo, la mecánica que sostiene el mercado editorial literario.

Por supuesto, lamentablemente en este nuevo paradigma la mayor parte de autores aún no pueden vivir únicamente de sus cómics. Se vende demasiado poco para que eso sea posible. Pero es que España y el mundo entero están llenos de personas que se dedican a actividades artísticas y no pueden vivir de ello. Escritores, escultores, músicos, actores, directores y pintores que deben compaginar un trabajo que les pague las facturas con su vocación artística, que tienen que trabajar muy duro en sus ratos libres para desarrollar esa vocación hasta convertirla en algo de lo que poder vivir. La mayoría no lo consigue, por muchos motivos. Por falta de público para sus propuestas, por falta de perseverancia… o por falta de calidad, ojo.  Recuerdo cómo Agustín Fernández Mallo señalaba en una mesa redonda hace un par de años que en España no habrá más de veinte novelistas que vivan exclusivamente de los beneficios que les generan sus obras. No perdamos eso de vista. En mi mundo ideal todos nos dedicaríamos a lo que nos gusta en exclusiva y viviríamos dignamente de ello. El dibujante viviría de sus cómics, el científico de sus investigaciones, o, ya puestos, yo viviría de mis textos. Pero lamentablemente, repito, hoy estamos en una situación laboral desoladora, y son muchísimos los profesionales, de todos los campos, que tienen que emigrar para desarrollar su carrera. Si un dibujante desea trabajar dentro de un modelo industrial que aquí está finiquitado, sus opciones son emigrar —lo pongo en cursivas porque por fortuna no hace falta marcharse físicamente a otro país para dibujar dentro de su mercado— a otro lugar donde aún exista dicho modelo. De la misma manera en que, si la destrucción de la I+D española continua, pronto cualquiera que quiera dedicarse a la investigación tendrá que marcharse. No estoy justificando todo esto, cuidado, no soy partidario de resignarse sin más ante las situaciones que no nos gustan. Hay que trabajar para mejorar esa situación y que, poco a poco, más autores de cómic puedan vivir de ello. Pero no creo que sea realista, ni sano, por la frustración que puede provocar, aspirar a que todo el mundo que lo desee viva de ello, porque eso no pasa en ningún sitio, y porque, en el fondo, eso hay que ganárselo.

Mirar constantemente a Francia puede ser positivo si se hace como una aspiración, como algo estimulante. Pero cuando se hace desde el pesimismo más absoluto, maldiciendo el mercado español porque jamás será como el francobelga, lamentándose a diario con envidia porque allí sí que se venden muchos cómics, lo único que lleva es al bloqueo total. Al nihilismo de pensar que todo es una mierda y los autores DEBEN trabajar para otros mercados y punto. Y las pequeñas editoriales que están luchando, con sus aciertos y errores, por sacar esto adelante, no importan y no pasa nada si desaparecen, porque aquí «no hay industria». Lo cual, creo, es falso. Una industria pequeña sigue siendo una industria. Ya me preguntaba al principio por qué siempre nos comparamos con los tres países donde el cómic comercial tradicional sigue vigente en lugar de con todos los demás. Por qué miramos la industria francesa o recordamos los tiempos de Bruguera —limpiando convenientemente de ese recuerdo todos los hechos incómodos— en lugar de mirar al pasado reciente del cómic español. Así nos daríamos cuenta de que estamos indiscutiblemente mejor que hace cinco, y que hace diez años, y mucho, muchísimo mejor que hace quince o veinte. Pongamos que hoy viven exclusivamente de dibujar cómics cinco, seis autores —compárense con los veinte de los que hablaba Fernández Mallo: quizás proporcionalmente sean más que los novelistas—. Hace diez años puede que sólo fueran dos o tres. Ni Paco Roca ni David Rubín han podido dedicarse en exclusiva a los tebeos hasta fechas muy recientes. Antes no podían. Eso es una mejora.

Cuando algunos opinamos que el cómic español va bien no es porque seamos idiotas o unos ingenuos empedernidos. Sabemos lo que hay. Por eso no decimos que «está bien», sino que «va bien». Es un matiz importante. Va bien porque hay una evolución en los últimos años y se están aumentando las ventas, va bien porque, artísticamente, se están produciendo algunos de los mejores tebeos de nuestra historia, y el nivel medio es francamente bueno. Pensamos que va bien porque está mucho mejor que en otros países de nuestro entorno, que sin sufrir tan duramente la crisis como España, no tienen un plantel de autores como el nuestro. Va bien porque se está creciendo poco a poco, porque, entre otras cosas, hay mejor promoción y se están exportando muchos cómics españoles. Y sí, soy consciente de las dificultades que atraviesan muchas editoriales. Es que la cosa está como está, a todos los niveles. El consumo está congelado. Están cayendo muchísimas pequeñas y medianas empresas, y la mayoría de editoriales lo son. Los autónomos están pasándolo fatal, y muchos de los dibujantes, traductores, diseñadores y maquetadores lo son.

Mi apuesta es la siguiente. Es una apuesta, claro, y me puedo equivocar. Pero es la mía, igual que otros tienen la suya, o no tienen ninguna más allá de anunciar el apocalipsis. Mi apuesta, decía, es doble. Por un lado, insistir en el modelo literario. Es el que ha permitido a autores como Marjane Satrapi, Charles Burns o Chris Ware, interesados únicamente en hacer su obra personal, terminar viviendo de ella. Estar en las grandes superficies y las librerías generalistas, ampliar el público poco a poco —a las cifras de venta francesas no se llega de un día para otro—. Dejemos de repetir tópicos, como el de las tiradas de 1.000 ejemplares para las novelas gráficas: es cierto que existen, pero también lo es que cada vez hay más cómics, españoles o no, que venden mucho más que eso. No aspiremos a algo imposible como es convertir el cómic contemporáneo en un producto de venta masiva: eso no va a pasar. Aspiremos a convertirlo en un producto cultural más, normalizado dentro del mercado. Por supuesto, soy consciente de las maldades del sistema. No pienso que sea la panacea ni que todo funcione de la mejor manera posible: no soy neoliberal, precisamente. Pero vivimos, nos pese o no, en un mercado capitalista, en el que la cultura se vende y se consume. Y todos compramos y entramos en ese juego. Creo que ese mercado puede y debe mejorar. Que la mecánica con la que funcionan las distribuidoras debería cambiar, para permitir más margen de maniobra a las editoriales. Que el porcentaje que perciben los autores podría ser algo mayor, y que las grandes superficies deberían tener las mismas condiciones que las pequeñas librerías. Pero, si estamos defendiendo que los autores vivan de su trabajo, no queda más remedio que entrar en esa dinámica o crear nuevas. Y aquí viene la segunda parte de mi apuesta: potenciar la autoedición y las propuestas alternativas como las de ¡Caramba! o Entrecomics Comics. Son nuevas vías necesarias para transformar la industria y generar movimiento, y yo estoy convencido de que, en momentos de crisis económica, la autogestión puede dar sus frutos, sobre todo porque origina una relación nueva y diferente entre el autor y el lector. Y ahí, y en el uso de internet como herramienta para gestionar esa relación, creo que hay un campo que va a crecer en el futuro.

Hay que ser conscientes de que las cosas no pueden hacerse de la noche a la mañana, y de que hay cambiar, evolucionar, y mejorar. No destruir. Cada vez que un autor que trabaja para el extranjero asegura en un medio que no existe el cómic español me resulta incomprensible, y no sé si sus palabras se deben al desconocimiento o al desprecio. O a pensar, supongo, que el cómic es únicamente ese cómic industrial que sólo sobrevive en tres mercados en todo el mundo. O a una diferencia entre el que vive de ello y el que no que no existe en otros ámbitos culturales: no creo que Pérez-Reverte tenga nada en contra del autor que vende 1.000 ejemplares de su novela y trabaja como profesor, pongamos por caso.

Tenemos poco. Pero tenemos más que hace unos años. Trabajemos para tener cada vez más. En lugar de quejarnos continuamente, luchemos por cambiar las cosas y crecer, sin abandonar el sentido crítico, por supuesto, pero sin caer tampoco en el pesimismo absoluto. Divulgadores, teóricos, libreros, autores y editores, cada uno desde nuestra actividad, cada uno en nuestra parcela, hagamos lo que esté en nuestra mano para mejorar las cosas si no nos gustan cómo están. Reflexionemos acerca de por qué hacemos lo que hacemos. Y sobre todo, tengamos un poquito de empatía con los demás. Pensemos antes de poner palos en las ruedas o machacar al de al lado que él, como nosotros, está en esto porque ama el cómic igual que nosotros. Necesitamos un poco más de cabeza y de sentido común y menos mirar por encima del hombro unos a otros, aunque sólo sea porque podemos estar equivocados, pero también porque hay muchas formas de llegar a Roma, y porque cada uno tiene unos objetivos, un punto de vista diferente y una manera de hacer las cosas.

Y esto es lo que opino de la cuestión. Es un debate que siempre está ahí, y que me temo que provoca reacciones viscerales y posiciones encontradas. Y por eso, porque pocas veces he visto que salga algo constructivo de ello, suelo evitar entrar en polémicas. No puedo decirle nada a alguien que lo ve todo negro y piensa que estamos terriblemente equivocados. Lo que habéis leído es todo lo que tengo que decir de este tema. Y lo he escrito porque creo importante posicionarme. Pero a partir de ahora, seguiré evitando la polémica e invirtiendo mi esfuerzo y mi energía de manera constructiva. Creo que estamos en la dirección correcta y seguiré actuando en consecuencia, aportando lo poco o lo mucho que pueda con mi trabajo, e intentando que sea cada vez mejor. Y seguiré confiando y trabajando con la gente con la que siento afinidad y que demuestra día a día que con esfuerzo se pueden hacer cosas que hace poco pensábamos imposibles. Es que, en realidad, no queda otra.

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48 thoughts on “La industria del cómic.

  1. El artículo muy bueno, pero me queda la siguiente duda… ¿Y por qué la industria Francesa es mejor? Bueno, para explicarlo cuento cómo yo lo he experimentado en primera persona y por muchísimos colegas que trabajan el cómic en España. Planteo la siguiente hipótesis… un dibujante se tira 1 año de su vida para currarse un BUEN cómic (él se curra todo: dibujo, tinta, color, guión, maketación TODO) ya está, lo tiene, está acabado. Pues en el proceso (que debería ser el mas sencillo) desde q lo tiene acabado hasta que está de venta al público tienes por medio unos 20 tipos dispuestos a joderte. Contemos… imprenta (te pueden joder si no es de confianza y te lo sacan mal, no te devuelven la pasta), distribuidora (de entrada nos quedamos con el 50-70% de tus ventas si es que vendes algo), entrevista (ajá, ajá, la obra me interesa mucho pero te marearé durante meses por email hasta decirte que tenemos demasiados proyectos pendientes de publicar) editor (voy a cobrar el 30-50% de tus ventas por no hacer NADA, ni promocionarte, ni conseguirte firmas, ni… y si sobra algo me pienso si pagarte una miseria, ah! y en el camino te diré que cambies cosas de la obra y demostraré una ineptitud artística sin precedentes) librero (en mi tienda de libros los cómics están al fondo metidos en una caja o apilados en una estantería difícil de ver y de ojear) política (le vamos a meter a tu producto un 20% de IVA para que pase de costar poco a costar una barbaridad) Expos (para promover a los autores pondremos dos tipos de stand: 1-comercial grande a precios prohibitivos de 1000€ para arriba y 2-fanzinero donde a duras penas cabe una persona, entre las columnas más alejadas y la salida de incendios donde nadie te pueda encontrar. Lo de crear algo intermedio pasamos de contemplarlo porque preferimos llenar el salón de stands de camisetas), Fanáticos (te pido un dibujo complicadísimo que te vas a currar durante 3 horas y luego no solo no te lo pago, sino que te miro mal si me pides dinero) Público (si el cómic vale más de 5€ es carísimo!!!… pero me gasto 40€ en copas en una noxe y 60€ en cada videojuego)

    Y me dejo cosas… Obviamente esto es una exageración, pero en la que más de uno se verá reflejado, no digo que en Francia sea MUCHO mejor… pero oye, si en vez de 20 tíos jodiéndote tienes solo 10, algo es algo. Que al final te minan la moral.

    1. Hola, muchas gracias por molestarte en comentar y además hacerlo de forma extensa.
      En lo que cuentas tienes mucha parte de razón. Cuando decía que el modelo de mercado tiene que mejorar, me refería a algunas de las cosas que tú mencionas. Ahora bien, creo que no debemos generalizar. Los editores están empezando a darse cuenta de que su trabajo no acaba cuando el distribuidor se lleva las cajas con los cómic recién impresos, y se están empezando a poner las pilas, por ejemplo, vendiendo los derechos a otros mercados de obras españolas, y currándose mucho la promoción. Cada uno dentro de sus posibilidades, claro, porque no olvidemos que hay editoriales que no tienen recursos, de momento, para hacer según qué cosas. Del porcentaje que atribuyes a la editorial, que es cierto, ten en cuenta que hay que descontar todos los gastos que salen de ahí: imprenta, maquetación, diseño, impuestos, alquileres de locales y almacenes…
      Sobre los mareos y modificaciones en el trabajo de los autores, fíjate, aunque eso existe, yo conozco a muchos autores que sé de buena tinta que han hecho el tebeo que han querido, dentro del diálogo lógico con el editor pero sin imposiciones. Incluso si es un autor que se lo ha ganado con obras anteriores, elige formato, tamaño, número de páginas… En ese sentido, te aseguro que las grandes editoriales francesas son mucho más intervencionistas en el trabajo de los autores que las editoriales españolas, ya que hacen correcciones al dibujo, e incluso en muchos casos son trabajos de encargo, a un dibujante le dan un guión para que lo dibuje según los criterios del editor.
      En lo de los grandes eventos te doy toda la razón, lo vengo diciendo desde hace tiempo, pero creo que para solucionar eso lo que hay que hacer es generar nuevos eventos que se ajusten a las necesidades reales del mundo del cómic español.

      Un saludo y muchas gracias de nuevo por comentar.

  2. muy de acuerdo en todo… y, matizando el comentario de Rafael, creo que la caricatura que hace se puede aplicar a muchos otros campos de nuestro país en los que hay empresarios de por medio… la cultura empresarial aquí hace mucho por perpetuar su propia caricatura…

  3. Claro que sí, copón.
    Hay que ser más pank. Más humilde. Más realista.
    Sudar de todo y limitarte a molar, como por ejemplo, el bueno de Borja (De los ninjas polacos)

    Hace un par de años, en Sevilla, hablando de estas mismas miserias (de lo poco que podíamos hablar mi amigo Romano y yo con el, dado que eramos chiqui panks recién llegados a esto de molar haciendo tebeos) el nos decía, que toda su vida había trabajado de camarero. Y que no parecía que fuese a tener otra salida. Pero el, se hace sus tebeinchis, sus zines, su chiqui editorial y acaba molando muchísimo, compaginando su vida, con un humilde “curro real” y haciendo lo que el quiere. Un tipo realista. Un tipo majete.

    Otro problema muy gordo del asunto, del querer comer todos de esto, es la educación. La industrialización de la misma. Los últimos treinta años en España, las universidades (y lo vemos ahora, de manera muy clara) han sido simplemente, otro retal más de nuestro falso estado del bienestar, instado por los intereses chungos mundiales, para desarrollar dos generaciones de personas, preparadas de pelotas, condenadas a la mierda. Nuestra falsa social democracia en su día, era solo la cabeza de playa de una nueva generación de Turcos y Españoles tristes y desnutridos, para el motor de Europa. Que es lo que nos pasa ahora ¿Y a que quiero llegar con esto? Pues que todo dios, absolutamente, todo-puto-dios, se cree ahora mismo que es diseñador, ilustrador o artista. Y claro, así nos va. Con tanta población educada de una manera excelente, en un sistema deprimente, la realidad juega duro. Y esa realidad, se multiplica. Donde antes había mil profesionales del cómic (ni idea de cifras) ahora puede haber, fácilmente, unos cuantos cientos más. Y de esos cientos más, la mayoría, lanzan esputos todo el tiempo sobre lo mal que esta todo. Y lo que tu dices. Para vivir de esto, hay que ganárselo. Que están todas las escuelas de ilustración, bellas artes y bachilleratos artísticos, llenos de lacra. Que internet nos ha hecho mucho daño a la chavalería. Tanto estímulo y tanta mierda. ¡Pero oye! Tampoco quiero mandarlos a todos a la mierda. Que yo también estoy dentro de esa ralea de “plebe gráfica” y a todo el mundo hay que dejarle crecer y madurar, cierto. Pero ante tal cantidad de gente, viviendo en la falsa realidad de poder permitirse soñar con una carrera artística, por que papa es de la generación de los pre jubilados y te podemos permitir que vivas en una cierta irrealidad durante algunos años de tu vida antes de que se vaya todo al carajo definitivamente, pues abruma un poco. Y claro, de aquellos barros, estos lodos. Pero como tu bien dices, hay que ser más positivo, copón.

    El nivel en España, es una jodida locura. La gente que es la puta ostia, sale de debajo de las piedras. Están muertos de hambre, sí, pero nadie les quitará su dignidad. Y aquí como con todo, pico y pala, chatos. A molar y a molar, que la tontería se nos va a acabar.

    Un abrazo.

    PD: Yo ahora mismo estoy en tierras germano/paganas. Aquí el kiosko, sigue existiendo. Sigue habiendo mucho tebeo de Bongo de los Simpsons y hasta revistas pulps propias alemanas, nada de reediciones chungas americanas. Y he de decir, que el nivel, es un mojón. Lo poco que he podido descubrir de autores alemanes, son bastante mojoneros. Muy estándar todos. Que te lees sus tebeos y bien, que guay, que perfecto. Entretenido y gozoso que estás. Pero más les gustaría a estas gentes, con su gran y potente industria editorial y de imprentas, tener el caldo de cultivo artístico y tan jodidamente punk, que tenemos en este país. Que a ellos, internet les ha hecho muchísimo más daño que a nosotros. Que está todo esto lleno de niñas manga wannabe, de fanzines de cosplay de cosas de la misma ralea (Y no sigo más, que acabo gritando “vibora hu akbar” como me descuide)

    PDPD: ¿He dicho ya que menos masturbarse y llorar en soledad y más molar? Pues eso.

    PDPDPD: Tampoco os toméis muy a la tremenda lo que digo. Es sólo un comentario en un blog. Seguro que en persona, lo argumento mejor. Con el teclado soy un desastre.

    1. Álvaro, todo lo que cuentas me lleva a una de las cosas que planteo: por qué hacemos lo que hacemos. ¿Por qué alguien se dedica a lo que se dedica? Ya no hablo sólo de cómic, sino de todo en la vida. ¿Por qué decidí yo estudiar Historia? Desde luego para hacerme rico no fue.

      Y luego planteas otra cuestión fundamental: uno tiene que asumir que no puedes empezar una carrera en el ámbito creativo cobrando muchísimo por tu trabajo desde el principio. Hay que trabajar mucho antes de que eso suceda, si sucede. Hay que darse a conocer, llegar al público, perfeccionar lo que uno hace hasta que sea lo mejor posible. No basta con hacer un tebeo, nadie se va a ganar la vida con su primer tebeo.

  4. Sin querer ser apocalíptico, ni paralizante: se menciona en el artículo la crisis del petróleo de los 70, pero si se sigue el argumento hasta sus últimas consecuencias (cénit del petróleo, acaecido en 2006 según la agencia internacional de la energía) no sé yo si la situación, por más que se intente mejorar, pueda de hecho mejorarse. Repito que no es mi intención hacer un ejercicio de pornocatastrofismo con este comentario, Mis mejores deseos para las nuevas iniciativas (y yo ando metido en una también, que conste). El artículo se refiere al papel, y se podría hablar del formato digital … aunque por otra parte, no puedo evitar pensar en que tengo como 8 gigas descargados de series de Vértigo que siempre he querido leer, y nos guste o no la atención masiva está centrada en los gigantes japonés y americano, de los que hay en la red una cantidad de material gratuito inabarcable … como digo, no es por ser apocalíptico, pero ….

    1. Todo lo que comentas está ahí, sí. Lo digital lo he dejado fuera conscientemente, por no alargarme demasiado (ejem), pero es evidente que hay que encontrar fórmulas para que encaje dentro del todo.

  5. A estas alturas del mundo el cómic es un lujo, tanto para autores como para lectores, y ahí no hay industria que valga ya. Aún menos con la cultura del «quiero todo gratis o casi».

  6. Hola. Acabo de leer tu artículo y me parece fantástico. Una análisis racional y lógico de la situación real del cómic en España. Lo que más me ha gustado es tu ausencia de derrotismo, tan del gusto de nuestros paisanos y más hoy en día con la que está cayendo. Es cierto que hoy el cómic en España está mucho mejor que hace algunos años, es cierto también que ya no se puede pensar en él como un mass media y que a de verse como un producto cultural más, azotado como todos (música, cines, literatura…) por la caída del consumo. Y también es cierto que se puede seguir luchando por este medio de expresión , o arte, me da igual, que algunos tanto amamos. Hay que buscar nuevos caminos y seguir produciendo. Como muestra valga mi ejemplo. Yo soy historietista, tengo más de cuarenta títulos publicados y prácticamente todos fuera de la “industria nacional comiquera”. Me especialicé en la divulgación histórica y en los años felices del despilfarro pude hacer muchos cómics históricos institucionales. Cuando eso se fue por el sumidero empecé a visitar editoriales generalistas, jamás ninguna de cómics, llenas de prejuicios, y poco a poco he seguido haciendo y publicando cómics, creándome un hueco en el mercado. Hoy el público en España comprende que el cómic no es un subproducto para niños y frikis. Gran parte del público ha aprendido a respetarlo y por supuesto los editores también. Cada vez son más la editoriales que nunca publicaron un tebeo y que hoy si ven posible introducir una novela gráfica en su catálogo. De nuevo mi ejemplo: José J. de Olañeta, editor, especializado en libros de espiritualidad y orientalismo, que jamás publicó un cómic, está sacando ahora al mercado mi trilogía de adaptación al cómic del poema épico hindú: el Mahabharata. Hace unos años habría sido impensable. “¿Un Mortadelo del Mahabharata? Estás loco.” Algo así podría haberme respondido a la presentación de mi proyecto.
    Yo trabajo la historia, pero el cómic, como medio, permite todo tipo de contenidos y hoy, más que nunca en España, los editores, virtuales o de papel, están más receptivos a publicar tebeos, llamándolos “novelas gráficas”, aunque jamás los hubiesen publicado antes. Un abrazo.

    1. Muchas gracias por tu aportación, “Gol”. Lo que comentas de las editoriales literarias es muy significativo. Esto sucede por algo, e indica que, como producto cultural, tus cómics pueden estar más cerca del público de Javier Marías (por poner un ejemplo al azar) que de los compradores de Spiderman. Eso no tiene nada de malo, al contrario. Y es porque las cosas están cambiando. Pensemos en la editorial Salamandra, que acaba de entrar en la publicación de cómics: no lo harían si pensasen que hay un futuro para él.

      Un saludo.

  7. A los que opinan que el formato revista ha muerto, os animo a ver la apuesta de la nueva editorial Grapa! Tebeos baratos y de calidad para llegar a más lectores.
    Y es que en el artículo de este blog se ha dado, sin querer, con la clave del éxito al decir que en el pasado se vendían muchos tebeos porque eran tiempos en los que la gente no tenía dinero para productos más caros. ¿Y qué estamos viviendo actualmente sino una crisis peor que la de los años en los que Bruguera y Toutain triunfaron con cómics asequibles? Hay que aprovechar el momento, si un padre no tiene dinero para comprarle a su hijo un vídeo juego o para llevarse a toda la familia al cine, quizá si pueda gastarse 3 o 4 eurillos en un tebeo para entretener al niño/a.

    1. Muchas gracias por tu comentario. La cuestión del precio es sólo uno de los factores que comentaba. Fíjate el precio que han tenido que ponerle para que sea rentable, 4€. Que me parece un precio perfecto, ¿eh? Seguro que es tan ajustado como ha sido posible, y está completamente dentro del mercado actual. Pero, comparativamente, no es un precio tan popular como el que tenía un Pulgarcito, por ejemplo. Y hombre, estamos muy mal, pero la posguerra fue más dura. Quizás esta crisis sea equiparable a la de los años 70, eso sí. Yo creo, de todas formas, que el formato de grapa tiene vigencia aún, pero reformulándolo de alguna forma. Ya no vamos a volver a ese volumen de ventas de los 50, porque no es sólo una cuestión de formato o precio. Dicho esto, ojalá funcione el proyecto y se demuestre que por ahí hay otra vía a explotar que sea rentable, por supuesto, sería una gran noticia para todos.

      Un saludo, y gracias de nuevo.

      Un saludo.

  8. La presencia de datos no relacionados con la tesis principal del artículo me parece llamativa. Da la sensación de que el autor intenta investirse de una confortable y respetable pátina de documentación, cuando en realidad la tasa de natalidad o el precio de papel de diario entre 1972 y 1975 poco tienen que ver con el núcleo discursivo del texto: que, en España, el cómic va bien. Que no puede desandarse camino. Que vamos hacia adelante, aunque aún no “estemos bien”. Es en ese párrafo, Sr. Vilches, al lado de frases ditirámbicas como “estamos mejor que en otros países de nuestro entorno”, “otros países no tienen nuestro plantel de autores” o “las ventas crecen poco a poco” donde querría ver fuentes, como también me gustaría que actualizara sus fuentes respecto al funcionamiento de un mercado –el americano– que incluso en su vertiente más industrial hace tiempo que superó las condiciones laborales de la época de Martin Goodman.

    El caso es, Sr. Vilches, que no: no estamos bien. Ni siquiera vamos bien. Y eso de que “movimiento solo existe hacia adelante” y que “nunca se desanda” es una gran irresponsabilidad. Naturalmente, fuentes para darse cuenta las hay. Actuales. Al alcance de todos. A golpe de click en Google. Ignoro por qué no las usa. La última vez que hablé de este tema surgieron varias voces para desacreditarme, incluida la suya. Pero yo no aspiro al más mínimo crédito. Ni lo quiero, ni lo necesito, porque las fuentes hablan por sí solas.

    La triste realidad del mercado español y, en concreto, del modelo que usted defiende es muy negra. Astiberri se apoya en gran medida en las subvenciones que los gobiernos vasco (48.208 € en 2011, 29.654 € en 2012 y 26.465 € en 2013) y español le conceden año tras año. En los últimos cuatro años, Sins Entido ha perdido a dos de sus editores, ha cerrado su Espacio (bueno, lo ha convertido en nómada), ha aminorado su producción y ha dejado de patrocinar el premio de Novela gráfica de la FNAC (probablemente porque Catalina Mejía se lo haya llevado a Salamandra debajo del brazo). Edicions de Ponent no actualiza su web desde julio de 2013. La Cúpula ha perdido a un par de autores señeros. Desde editoriales como Fulgencio Pimentel se indica que, de tiradas de 1.000 ejemplares, apenas se venden 200, y que al final se acaba “publicando para los amigos”. Desde Entrecómics Cómics comentan que no dan adelantos a sus autores, y que cuando un cómic no cubre costes el autor no recibe dinero por sus desvelos. Respecto a ¡Caramba!… su cómic anual más mediático está realizado por autores que no cobran por su labor, bien por amistad o bien por convicción, pero que seguramente pueden permitírselo porque trabajan en proyectos más rentables con editoriales profesionales. Los éxitos medios (no el par de hitos que surgen cada cinco años) de nuestra producción propia venden poco más de 3.000 ejemplares. Y, eso, como digo, los éxitos. Citas como Graf apenas consiguen congregar 1.000 personas en Barcelona o apenas 2.000 en Madrid, cuando el Salón de Barcelona (contraprogramado, además) reúne unas 100.000. Perro Verde Films, la productora de la adaptación de Arrugas (vendida como un éxito comercial), presentó concurso de acreedores el pasado verano. Y librerías especializadas como Pictografics se ven obligadas a cerrar ante falsas expectativas de negocio.

    Esta es la realidad del mercado español, Sr. Vilches. Le guste o no. Sé lo que me va a decir: que es una perspectiva apocalíptica. Que no ayuda en nada. Pero yo creo que sí ayuda. El primer paso para solventar un problema (y aquí hay un problema bien gordo) es identificarlo. Los autores deben saber a lo que se exponen. Trabajar para el mercado extranjero les puede suponer entre 150 y 200 $ por página dibujada; trabajar para el español, precariedad en la mayoría de los casos. Paco Roca y David Rubín, autores de primer nivel, no son la norma. Deben saber que tienen que obrar en consecuencia. Y, respecto a las editoriales, tanto como a usted parece gustarle el mercado literario, habrá visto que, en los últimos años, con la crisis arreciando, el fenómeno es de concentración: las grandes editoriales multinacionales tienden a fusionarse (como Penguin Random House), los pequeños y hermosos sellos de autor (como Tusquets) tienden a integrarse en grupos mayores para poder subsistir, y en países como Francia la emigración de autores de BD desde editoriales como L’Association a sellos integrados en grandes casas es patente. El mercado del cómic español, sin embargo, va a la contra: hay una ploriferación anómala de editoriales, a cada cual más pequeña, a cada cual más precaria, en tiempos en los que las medianas editoriales independientes no lo están pasando bien. Tal vez sea hora de unir esfuerzos y, o bien integrarse en editoriales consolidadas, o bien fusionarse en editoriales de concentración más competitivas. A día de hoy, ese es el debate que merece la pena tener, porque es el único posible.

    La auténtica postura apocalíptica, por suicida, es la de quien vende un mercado tan próspero como para organizar Másteres de Novela Gráfica a 5.000 € la plaza (como el de I con I) o la de quien organiza ciclos sobre cómic de 5 charlas a 60 €. El coste de esos cursos, sencillamente, no está a la altura de la remuneración a la que se accede mediante la capacitación profesional que ofrecen. Diríase, además, que suponen una frivolidad teniendo en cuenta el clima de tensión generalizado, y totalmente justificado, ante la subida de las tasas universitarias. Falsear el mercado, crear una burbuja, llevará a la desesperación. Afrontar la situación con dos dedos de frente, sabiendo como está el patio y a lo que atenerse, no es apocalíptico. Es sensato.

    1. Tormentoso: la tesis de mi artículo no es sólo una. Por un lado, explico por qué creo que vamos en la dirección correcta. Por otro, por qué considero que no podemos volver a un modelo de mercado de hace 40 años. Y en este último punto, para argumentar, me parece que tiene todo el sentido del mundo aportar datos.

      Yo creo que no maquillo la realidad. Digo que en España vivirán del cómic 5 o 6 autores. No oculto que hay tres mercados donde los autores sí pueden vivir profesionalmente, pero que esos mercados responden a un paradigma que aquí, a corto o medio plazo, no vamos a poder reproducir. Así que observo el cómic dentro del mercado cultural, donde, actualmente, todo el mundo está pasando por dificultades. No hace falta que le mencione la crisis económica, ya lo hago en el texto. En esta situación, lo extraordinario sería que no cerraran editoriales y negocios. Pero la cuestión es si se van vendiendo cada vez más cómics de autores españoles producidos aquí. Y ahí la respuesta me parece que es un rotundo sí. Rubín o Roca son excepciones, por supuesto, que hace cinco años no existían. Eso, para mí, es una mejora.

      Sí quiero hacer un par de apuntes sobre temas que no contemplo en el post. Estoy totalmente a favor de la existencia de subvenciones para la industrias cultural. Esto, por supuesto, es una opinión. Pero como sabe hay muchísimos sectores en España que las reciben. No todas las novedades de Fulgencio Pimentel venden 200 ejemplares, afortunadamente. El cómic de ¡Caramba! al que se refiere es un fanzine con el que sólo se pretende no perder dinero. El cierre de Pictographics fue una auténtica pena para mí. También lo es que cierren históricas librerías especializadas en cómic de superhéroes y manga, pero sin embargo ésas no las menciona. ¿El cierre de la primera significa que el cómic de autor es una burbuja pero el de las segundas no indica nada del cómic más comercial? El ciclo de cómic al que supongo que se refiere, organizado por La Central de Callao, cubrió todas las plazas ofertadas, lo que creo que demostró que mercado para ello había. Veremos cómo va el segundo. Por último, no habría habido forma humana de que hubiera más visitantes en el GRAF. Estuvo hasta arriba durante todo el día, pero es un evento pequeño, pensado para poder ser autogestionado, no para obtener grandes beneficios. Se celebró en locales que no permiten, obviamente, llegar a las cifras del Saló, del que por cierto, también pueden encontrarse quejas y objeciones por parte de muchos participantes.

      Lo que comenta sobre la fusión y absorción de editoriales me parece interesante, y es un debate que merecería la pena tener (pero no el único, me parece que debatir de lo que sea siempre aportará). Puede ser una vía para crecer, para sumar esfuerzos y llegar a más público. Las coediciones que se están haciendo cada vez más frecuentemente podrían ser un banco de pruebas interesante en este sentido. Pero no sé hasta qué punto podría funcionar, sinceramente.

      Por lo demás, permítame que no entre a debatir cada uno de sus puntos. Ni usted me va a convencer a mí ni yo a usted. Interpretamos los hechos de manera diferente, lo cual es lógico, porque la realidad no es algo unívoco. Usted cree que yo hago daño al medio con mi actitud porque fomento una burbuja y maquillo la realidad. Yo creo sinceramente que hay motivos para el optimismo. No pasa nada. Pero prefiero no seguir con esta discusión en estos términos, porque como le dije en otra ocasión, no me siento cómodo debatiendo con anónimos. Porque no me parece una situación justa, yo expongo mi identidad y usted no. Usted puede decirme lo que quiera, con el tono que quiera, sin medir sus palabras como hace en varias ocasiones en su comentario, y yo no.

      Un saludo.

    2. Yo voy a hacer caso a tan sensata actitud y voy a dejar de hacer tebeos en España para dedicarme a actividades más lucrativas y con esperanza de futuro. ¡Muchas gracias, Tormentoso! ¡Microteatro, allá voy!

  9. Estimados todos:
    Muy de acuerdo con todas vuestras palabras y opiniones respecto al magnífico texto que encabeza el artículo del blog…
    Soy lector y coleccionista desde los ‘felices’ y tantas veces ‘añorados’ años 80, edad dorada de las revistas de cómic mensuales que tan duramente golpearon nuestros sufridos bolsillos mes a mes…
    Sólo comentar un par de puntualizaciones: en aquellos años de adolescente tenía que ‘coger prestado’ el dinero del bolso de mi madre semanalmente para comprar los ‘Don Miki’, y también a final de mes para comprar la 1984, Creepy, o Cimoc de rigor para continuar las aventuras serializadas de los maestros Altuna, Beá, Corben y compañía…
    Tras un lapsus de una década por trabajo y estudios, volví a engancharme al sano vicio de la lectura comiquera, intentando recuperar y completar colecciones que en su día no pude por falta de dinero, ya fuera a través de anuncios en librerías de la ciudad, como en webs ya sabidas por todos como TodoColeccion.
    Actualmente las obligaciones familiares, los hijos, la bajada de sueldo y reformas laborales han obligado a reducir gastos donde antes no mirabas (luz, móvil, cómic…)… Hace una década solía llegar a gastar unos 200 euros al mes en cómic… Hoy esa cantidad me la gasto en 3 meses muy a mi pesar…
    Creo, desde mi punto de vista, que el cómic en España es caro, pero aparenta a vistas del lector un estado de salud impresionante, pues mes a mes vemos las estanterías de las librerías llenas de nuevas novedades de todos los géneros: pijamosos de Marvel y DC, europeo y manga…
    Ejemplo reciente: Planeta edita en España el Creepy Presents Richard Coben al precio de 40€. El ejemplar de Dark Horse en los USA cuesta 22 dólares… No es comparable la situación de ambos países, pero caray, es que nos pasa lo mismo en todos los precios de productos que pagamos: proveedores de telefonía e internet, luz, iva, cd’s & dvd’s,…
    Ojalá, y creo que coincidimos todos, pudiéramos comprar todas las magníficas publicaciones de tantos buenos autores y ediciones geniales que salen con esta regularidad que abruma mes sí mes también…
    … Y, para terminar, no quiero dejar de dar mi voto a favor de las personas que comparten ejemplares escaneados por las redes de intercambio como la mula, pues, por culpa de ellos, muchos de mis amigos y yo hemos comprado ejemplares que nunca hubiésemos conocido, dada la velocidad y vida corta que tienen las ediciones actuales en número de tomos publicados, por no decir las ventas que también se generan gracias a la universalidad de internet, en otros países de la misma lengua que conocen dichos ejemplares a través de alguna web de enlaces muleros… Por favor, no quiero entiendan que defiendo con ello la gratuidad de conseguir dichos ejemplares, el lector de cómic necesita el papel y tener un sitio cuasi eterno en la estantería para esos cómic que le han gustado.
    Mucha parte de culpa de no llegar a fin de mes, la tiene el hecho de que hoy en día, con las tecnologías que cualquier niño maneja y conoce, tenemos información al momento de todas las obras y proyectos de autores que auto-publican sus obras, y de las pequeñas y grandes editoriales…
    Bueno, voy a apagar la tablet dual core con Android 4.2… El cómic que estaba leyendo en ella, Ardalén, merece ser cogido de la estantería y abrirlo para disfrutarlo al 100% como debe ser leído un cómic, ahora y siempre… Y eso espero que nunca cambie amigos…
    Seguiré enganchado al vicio del cómic, aunque mi mujer me eche un día de casa porque ya le ocupo entero el salón y una habitación con esos pequeños grandes tesoros…
    Abrazos a todos amigos… 😉

    1. Gracias por tu comentario, Diego.
      Lo que comentas nos pasa a todos los que somos lectores y compradores asiduos, claro. Yo no me compro ni una quinta parte de lo que me gustaría, por el dinero y por el espacio. Pero es lógico, lo extraordinario sería que pudiéramos comprar todo lo que se edita. Una de las cosas en las que está cambiando el mercado, creo, es que ya no se apoya tanto como antes en los compradores asiduos como nosotros. Para la persona que se compra 3 o 4 tebeos al año, esa sensación no existe, al contrario, probablemente esté feliz de tener tanto donde elegir. fíjate también en una cosa que me ha sorprendido: a veces, cómics que a mí me parecen caros, me los han señalado gente no coleccionista como que “están bien”. Por supuesto, cuando se dan situaciones económicamente complicadas no hay dinero para nada, pero no sé hasta qué punto se tiene la percepción de que el cómic es más caro que ir al cine o comprarse una novela o un disco, proporcionalmente.

      Un saludo.

  10. Yo creo que además de todo lo que se ha dicho hay un factor fundamental si quieres que tu producto llegue a todo el mundo, que sea accesible, y no me refiero solo al precio, que tampoco veo tan desorbitado si tenemos en cuenta el modo en que se edita mayoritariamente hoy en día, la novela gráfica, o la tapa dura, para los de toda la vida. Pero a mí me da provoca cierta desazón encontrarme con críos de 8 ó 10 años en el Metro y que se queden mirando el cómic que estoy leyendo como algo extraño, cuando yo era un niño podía ir al kiosco mas cercano y encontrar todo lo que quería sin problemas, ¿Y ahora qué? , hay que ir a una tienda especializada,que, oye, están bien y tienen su cometido pero no pueden ser la única vía,física para comprar un tebeo, llamemos a las cosas por su nombre, ya sea un Superlopez, Spiderman o un Zona 84.
    Ya no hay publicaciones que expongan el trabajo de la gente de aquí,y eso es muy triste, que mucha gente se vea relegada a los fanzines o a la auto-publicación para que alguien les lea. No se, creo sinceramente que una las claves del problema.

    Un saludo para todos/as.

  11. Yo soy de la opinión de que donde no hay personajes ni series no hay alegría. (Dinerillos y público lector.)
    Por más contento que me ponga encontrar historietas protagonizadas por Buñuel, otras con calles de arena y enredos surrealistas, o fábricas de entretelas -medio citando algunos tebeos que quizás se puedan acercar a lo que se está llamando nuevo mercado-, creo que no suman nada nuevo más allá del libro-objeto. Y tengo entendido que, en cuanto a tebeos, este se desarrolló desde el asunto (tan francés) de la colección. Dotar de cohesión a la unidad dentro de la diversidad idílica del equipo editor-autor.
    Y eso es algo que yo no encuentro en los editores y autores de ese nuevo mercado moderno. Aunque tampoco en muchos otros; quizás, Ominiky con su rata Solo.
    No deja de tener cierto picante que la carestía de personajes y dosis de ‘serialización’ en el mercado de las historietas modernas haya coincidido con uno de lectores ocasionales viciados y entusiastas de las teleseries, sagas de libro gordo, videojuegos lanzados casi con vocación episódica.
    Empeño mi cráneo apocalíptico por Sidney Gudman el padrecito de la cebolla.

    1. Gracias por tu comentario. Me alegra que saques el tema de los personajes y las series, porque es algo que estuve a punto de tratar y lo descarté por no alargarme (aún más). Yo creo que esa manera de hacer cómic pertenece a ese paradigma que, en España, ha desaparecido. Y los tuvimos, claro, pero por los motivos que sean desaparecieron. No tengo una respuesta clara a la pregunta de por qué en Francia Astérix sigue vendiendo un montón incluso con otros autores y aquí el Capitán Trueno ha caído en el olvido. Pero lo que sí pienso es que hoy es muy difícil crear un icono así de la nada, porque la cultura es algo mucho más fragmentado que entonces, hay muchas más opciones… Casi todos los iconos del cómic actual crecieron y se hicieron fuertes en un momento de auge absoluto del cómic infantil.
      Ahora bien, yo creo que las obras monográficas independientes también crean lectores, aunque sea de otro modo. Si alguien lee un tebeo de Paco Roca y le gusta, posiblemente pruebe con otro de él, aunque no sean los mismos personajes. Y alguna serie hay, por ejemplo, Las aventuras del Capitán Torrezno.
      En todo caso, lo último que comentas me deja pensando, porque sí, es significativo que lo seriado esté muy presente en todos los medios, aunque también es verdad que no toda la literatura o el cine lo son, claro, y hay ejemplos de grandes ventas en ambos modelos.

      Un saludo.

  12. Hola. Gracias por las amables palabras sobre mi libro “La Historia Secreta de Marvel Comics”. El libro tiene dos (2) autores, Blake Bell  “y” Dr. Michael J. Vassallo. Soy el co-autor, el Dr. Michael J. Vassallo.

    1. Muchas gracias por su amabilidad y su disposición. Y felicidades por su libro, lo estoy disfrutando mucho. Next time we can chat in English, if you wish. Thanks again!

  13. El artículo es muy bueno, pero claro, las comparaciones entre la industria española o la americana o sobre todo la francobelga.. es que esto tiene su miga.
    En España los tebeos de producción propia ya existian antes de la Guerra Civil, pero es a partir de 1945 cuando se produce el boom de los tebeos, básicamente de aventuras y de humor.
    Esos tebeos, como bien has dicho, son un producto barato, masivo y que sobrevive en un periodo concreto en donde apenas es el único entretenimiento que hay.
    Lo que has comentado de las condiciones laborales de los autores es totalmente cierto.
    El problema es que a mediados de los 60 estos tebeos pegan un bajonazo de ventas y acaban desapareciendo, entonces, que diferencia hay entre la industria española y la americana o la francobelga ? pues varias:
    1. Ellos exportan su producto, y aqui eso no se ha podido hacer. Flash Gordon, El Principe Valiente, los superheroes, Asterix, Tintin o Lucky Luke se han leido en todo el mundo, y sin embargo Roberto Alcazar y Pedrín, El Guerrero del Antifaz y similares, no, hay excepciones como Mortadelo y Filemón, y para de contar.
    2. Que en otros paises la temática de los cómics ha ido evolucionando con el tiempo y aquí se estancan, salvo Mortadelo y Filemon, que se ha adaptado a nuevos tiempos, el resto de publicaciones son obsoletas.

    Respondiendo a un comentario tuyo, por que Asterix se vende y el Capitán Trueno no, pues mira, se vende, por que salen reediciones de vez en cuando, pero es que el formato de “continuará” es nocivo, te obliga a leerte toda la colección, mientras que el formato de álbum te permite pillar un Asterix o un Tintin cualquiera, leertelo y disfrutarlo, y eso con los tebeos de aventuras no se podía hacer.

    Por otro lado, la sociedad evoluciona, y para mal, y los niños no leen, desde hace años, las niñas menos, que esa es otra.
    Si juntamos unas cosas con otras, pues nada, no hay industria propia, no hay series de producción nacional, ahora, parate a pensar si se producen tebeos españoles, siguiendo la tradición cultural, que tendriamos:
    1. Tebeos de aventuras ? están obsoletos, atemporales, no funcionaria.
    2. Tebeo de humor, Super Lopez, Mortadelo, el Jueves, es lo único que más o menos se sostiene.
    3.Cómic histórico, como los franceses, pues no se, pero en este pais no se puede hablar de historia sin acabar a hostias con alguien.
    4. Superheroes ? eso ya lo hacen los americanos.

    Es un tema complejo y la solución yo creo que pasa por hacer colecciones o historias cortas que permitan comprar sin obligar a coleccionar, de forma que el comic llegue a todas partes, y tal vez así resurga.

    pd. De las actitudes empresariales de los editores mejor no hablo que me caliento.

    1. La exportación es algo importante, tienes toda la razón. Mientras el mercado francobelga convirtió en iconos mundiales a un puñado de personajes (tampoco tantos, me salen Tintin, Asterix, los Pitufos y Lucky Luke) aquí siempre se tendió a mirar hacia dentro. Pero, precisamente, eso está cambiando en los últimos años con novelas gráficas autoconclusivas cuyos derechos se están vendiendo a Francia, Italia, Alemania, EE. UU…. Es algo muy positivo.

      Lo que sí querría matizar es lo de que los niños de hoy en día no leen. La literatura juvenil e infantil es uno de los sectores del mercado literario que está capeando mejor la crisis, y se edita (y vende) bastante, comparado con otros tipos. No lo tengo ahora a mano, pero en el último informe del observatorio del libro que manejé había buenas cifras de lectura infantil/juvenil (no sé, claro, si más o menos que antes; probablemente menos, pero aún sorprendentes porque la percepción general es la tuya, yo mismo lo pensaba hasta hace poco). Lo de que las niñas leen menos te confieso que me ha sorprendido mucho. Yo soy profesor y, en mi experiencia, mis alumnas leen más que los alumnos. Y de hecho, las mujeres en España son mucho más lectoras que los hombres.

      Gracias por tu comentario, un saludo.

      1. Yo me refiero a cómics, si vas a una tienda, no ves niños pequeños, ves gente de 30 años para arriba.
        El tema de la exportación es clave, en efecto, pero es que aquí arrastramos un problema serio, y es la vinculación de los tebeos al régimen de franco, vinculación errónea en muchos casos.
        Lo de las novelas gráficas, es que es lógico, es más factible que te atraiga una novela gráfica autoconclusiva a que te pilles un comic de cualquier colección y veas que es el número chopocientos, por que si no has leido nada antes, que haces ? te compras todos los anteriores ? pues va a ser que no.
        Ese problema los americanos lo detectaron hace tiempo y lo arreglan a base de hacer reseteos, como fue Crisis en Tierras Infinitas, en DC Comics.
        A nivel personal te diré que salvo Manga he leído de todo, tengo una colección enorme, más de 40.000 comics, también me dedico a vender. Tengo comprobado que las series largas llega un momento en que no incorporan lectores nuevos salvo que puedan engancharse en un punto de reseteo, y eso sólo es aplicable al mercado americano.
        El futuro de esto ? pues tal vez la moda de las novelas gráficas ayude y el tema de las películas de un impulso al mundo del cómic, ahora, si hablamos de industria española, viendo como está el panorama, en líneas generales, yo lo veo muy jodido.

  14. Buen texto y mejor disposición hacia “la cosa”, Gerardo.
    En primer lugar, estoy de acuerdo en que el cómic no puede entenderse hoy como se hacía en los ochenta, por ejemplo. El modelo es otro ya, su papel de industria de entretenimiento popular ha caído estrepitosamente, con un agujero negro en los noventa ante el que, por comparación, el cómic nacional es hoy un sector positivo y esperanzador.
    Ciertamente pocos autores viven de su actividad. Y ciertamente, dado que este panorama no es extraño ni sorpresivo, pocos son los que lo pretenden. Desde Max hasta Álvaro Ortiz, raro es el autor que no diversifica su laboriosidad a partir de sus capacidades como creador o creativo. Ilustración, interiorismo, guiones televisivos, cine de animación, video clips… Pero de todos modos, es evidente que existen casos que sí, viven de la historieta. David Rubín lo afirma, y no tenemos por qué dudar de su palabra. Es un ejemplo, hay más. No muchos. Tampoco muchos cineastas viven exclusivamente de hacer cine, y pocos son los escritores y músicos que viven de su arte. Poetas y bailarines, de esos sí, todos forrados.
    Pero quienes juegan al apocalipsis deberían consultar cifras de los que sí se acercan a un modelo de autor deseable (en el contexto que comento al inicio, claro… recordemos, esto-no-es-Japón), esto es, que vende moderadamente bien, no se quedan en 3.000 copias vendidas, ni mucho menos. Ah… No me he matado buscando o preguntando, casi todos los datos los recopila muy bien A. Serrano , y los hace públicos, son accesibles.
    • Paco Roca ha salido con 10.000 ejemplares de Los Surcos del azar en Diciembre. Ya se ha impreso una segunda edición. Y más de 50.000 ejemplares ha vendido Arrugas.
    • Mauro Entrialgo ha vendido de Cómo convertirse en un hijo de puta 18.532 ejemplares.
    • La primera edición de Beowulf, de García y Rubín, gozó de una tirada de 4.000 copias, puestas a la venta el 22 de noviembre y ya agotadas. Vamos por la segunda, en pocos meses.
    • Papel estrujado, de Nadar, ha agotado su primera edición. No sé la cifra. Pero agotar una primera edición en menos de seis meses es una buena noticia.
    • El arte de volar de Altarriba y Kim (Edicions De Ponent) rondaba en ventas los 7.000 en noviembre de 2010 (sumando las dos ediciones, eso sí).
    • El joven Lovecraft, más de 6.000 ejemplares vendidos.
    • De Simiocracia ya ni hablamos, 50.000 ejemplares vendidos hace años…
    • Etc etc.
    La “grapa”, por su parte, ronda ventas con un ancho de banda que va de los 17.000 (Spidermanes y títulos de ese rango) a los 3.000. Está genial, es importante que los superhéroes se mantengan, pues tienen algo de columna vertebral del sector. Me falta buscar datos sobre el manga, animo a completar el asunto en la charla, de haberla.
    Pero el tema no es ser comparativos, porque bueno, puestos a comparar… deberíamos hacerlo con el total. Con la media de las tiradas nacionales en el sector literatura. En este sentido, en 2002 (ergo, antes de la crisis económica que tritura a la sociedad apuntando a su poder adquisitivo desde digamos 2008), según los datos del Instituto Nacional de Estadística, los libros de creación literaria son los que lanzan al mercado unas tiradas más amplias, con una media de 5.646 ejemplares por título. Se encuentra el dato en la red . Hagamos ahora un salto temporal: 2010. “la disminución de la tirada media por libro, que se colocó en 2010 en 1.734 ejemplares, no hace sino confirmar una tendencia a la baja que se ha mantenido constante en los últimos cinco años. Desde el récord positivo de 2005, una media de 4.420 copias por libro, nada ha podido evitar el descenso paulatino, año tras año, hasta el dato de 2010”. Fuente, El País , a google todos.
    Por tanto, y dado que en España evidentemente la literatura es un mercado mayor, y de más prestigio y alcance social que el de la historieta, creo que las cifras de venta de cómics aportadas no son tan malas y podemos entenderlas como claro signo positivo, cifras muy aceptables o directamente buenas (que son, repito, ejemplos de moderado éxito siempre puntual, pero que aleja el fantasma del catastrofismo, la mentira de los tres mil y, sobre todo acerca una idea… yes we can!). La cuestión es calibrar qué tipo de tebeo es el que potencia una curva ascendente.
    Por otro lado, existe una cuestión: política editorial y autoral, vender es más que sacar el producto y dormirse en los laureles. Promoción, visibilidad en medios y en firmas autorales. Presentaciones, y venta de la obra al extranjero. Las ventas de “Cenizas” generarán beneficios a su autor, pero también la posibilidad de distribuir el cómic en Francia, por ejemplo. Y para que el cómic español pueda ser objeto de deseo en mercados extranjeros también hay que trabajar. Prestigio internacional (redes sociales, salones y eventos, y todo lo que ni se me ocurra, porque uno no edita, claro, ni es autor). Pero creo que parte del prestigio internacional deriva de la calidad bruta de las obras, así que, como opino que esta calidad hoy es brutal, tenemos un potencial claro.

    Otra idea, Gerardo, es el de las subvenciones. En Francia, ese paraíso envidiado pero incomparable como bien señalas en tu texto, se subvenciona al sector, claro que sí. Lo dice Tebeosfera y tengo el convencimiento de que lo dice bien: “La industria de los tebeos está considerada en Francia y Bélgica como un estimable patrimonio, de importancia no sólo económica sino (y sobre todo) cultural, amparada por ayudas y subvenciones estatales en muchos casos.”. Yo opino como tú, las subvenciones no son malas, sino todo lo contrario. Un Gobierno que no puja por la cultura de su propio país es Mal, no Bien. Así que poco más añado. Solo que aquí, además, se subvenciona todo. Ejemplos: en 2013 el Gobierno de España destinó 70.000.000 de euros para financiar la compra de coches mediante el Plan PIVE 3. La patronal CEOE, disfruta al año de 400 millones en subvenciones. Y solo el PP se llevó 120 millones de euros públicos en 2011 (lo comenta en su blog Nacho Escolar, rastreable). Pero miremos más cerca, que cómic y PP no tienen mucho que ver: las subvenciones al cine español en 2014 serán 50,8 millones de euros. ¿Cuántas se ha llevado las editoriales de tebeos nacionales en 2013? Ni idea, pero por mí ojalá fuesen las de los coches. Ahora, esto no deja de ser opinar sobre modelos de Estado y de sociedad. Yo lo tengo claro, y es respetable quien piense que todo sistema “subvencionador” es el mal, pero dado que yo no pienso de ese modo, no hay más que hablar al respecto.
    Luego, se ha planteado una sombra de oligopolizar el mercado como posible solución a una tormenta perfecta (exagero, lo sé, pero la fusión de editoriales puede llevar a un “mercado bipartito”, si se me permite la coña). Yo no lo veo ni lo veo interesante, más bien me horroriza la idea. Entiendo (como han sucedido) uniones puntuales o estratégicas para comprar y sacar determinado producto, pero el método absorción (y al final las empresas son personas y unas terminan cortando el bacalao más que otras, ergo, alguien absorbe) no me convence nada. Pero es que además, soy muy defensor del do it yourshelf, no puedo evitarlo. Es una oción ética. Para que exista, bien es cierto, se precisa de una parte robusta, competitiva, competidora y comercial del sector. La que sea. Pero hablar de Fulgencio Pimentel y plantearlos en el rasero Panini o RH Mondadori es capcioso. Porque Fulgencio, amigos míos, son Ian McCaye. Son los Dischord del cómic nacional. Su aspiración debe ser el auto sostenimiento (más allá de frases medio en serio en una red social, y conste que desconozco las cifras reales de venta de esa casa). No, el sostenimiento no debe ser su aspiración, digo mal. Eso será lo que les permitirá existir y mantenerse, y estoy seguro de que sudan para vencer a las pérdidas Manuel Bartual lo comentaba en Graf, y también Rubén Lardín espetando que “somos 3.000 en España los que leemos este tipo de cosas” –hablaba de los libros del Butano Popular, creo recordar, y del modelo Caramba!). Fulgencio, Caramba, los libros del Butano Popular (¿atacamos al mercado literario por sus ventas modestas en comparación con lo que vende Reverte? Absurdo, ¿verdad?)… no pretenden mantener un sector o darle empuje y posición mass media, no es su meta. Su aspiración es otra. Me gustaría ilustrarlo volviendo a Ian McCaye, a sus siempre sabias palabras relativas al mundo (mucho más lucrativo) del rock, que en el fondo también definen con sabio romanticismo a casas como los Pimentel, Apa-Apa o Entrecómics Cómcis (floten o se ahoguen en la coyuntura del mercado actual). “Lo que siempre le digo a la gente cuando me preguntan cómo se puede ganar uno la vida haciendo música, contesto [inciso propio: música, no historieta, música, y en EEUU]: ‘Olvídate, no es un puto trabajo’. No se trata de plantearte de si quieres ser camarero, abogado o músico. Es tu propia voz, algo que debes hacer si de verdad lo sientes. Y entonces me preguntan ‘¿Y cómo puedo llegar a ser famoso?’ No sé cuál es el secreto, no lo sé. Es simplemente algo que pasa o no pasa. Lo más importante para todo lo que uno haga es amarlo. Si lo haces, nunca te plantearás la importancia del éxito al cabo del tiempo.”
    Ian McCaye, sabiduría y belleza. La historia del hardcore y del alternativo americano. Una de las figuras más importantes de la historia de la música http://en.wikipedia.org/wiki/Ian_MacKaye. Sabe más que tú y que yo. Más que todos nosotros juntos.

    1. Muy de acuerdo con casi todo lo que planteas, Octavio. Por centrarme en los temas “nuevos”, respecto a las subvenciones, en el fondo lo que le pasa a mucha gente es que sólo cuestiona las de la industria cultural, sobre todo las del cine. Es una cuestión de mala prensa, de malas prácticas en algunos casos que manchan toda la cuestión. Pero el argumento de “¿por qué tienen que darle dinero de mis impuestos a éste para que haga sus peliculitas?” se cae por su propio peso: joder, por mí, mejor a los directores de cine que a la CEOE, ¿no? Pero lo que subvenciona son las actividades económicas, porque generan empleo, y riqueza a la larga.
      La cuestión de las fusiones es muy peliaguda. Efectivamente, si, pongamos por caso, Fulgencio Pimentel se convirtiera en un sello dentro de RH, perdería todo el sentido el proyecto y su espíritu. Pero tal vez en otros casos sí funcionaría, si hay una afinidad personal de los implicados, si el espíritu es el mismo, si se hace en igualdad de condiciones… muchos “sis”, como ves. Y pones el dedo en una cuestión que a mí me preocuparía: el monopolio. Por sistema desconfío de ellos, en cualquier campo.

      La cita de McCaye me parece maravillosa, y la suscribo. Y no creo que esté reñida con el crecimiento y la sostenibilidad del sector. Simplemente, pone las cosas en su sitio: ¿cuál es la prioridad de un artista? Por eso decía en el texto que tenemos que plantearnos todos por qué hacemos lo que hacemos. ¿Por qué tú y yo hemos invertido una gran parte de nuestro tiempo libre en CuCo?

      1. Fusiones puntuales y naturales, las puedo entender. Como excepción, claro. Pero no es un sistema, no es una salida a nada, es la destrucción de la independencia creativa, o el alternativo o llámalo como quieras. Es como pedir que la industria discográfica alternativa se reconvierta en cuatro o cinco mayors.

  15. Me encantó tu ladrillo Octavio… Ojalá los muros tuvieran, a los sumo, ladrillos de este tipo.
    Como lector, si yo viviera en una ciudad francesa, no en París donde los gastos serían mayores por el nivel de vida en la gran urbe, o en Bélgica, Japón, o los USA, con un sueldo digno respecto al trabajo que realizo…, estoy seguro que con ese dinero podría comprar muchos más cómic que en España…
    Si aquí contamos con sueldos mediocres, rondando el mileurismo en muchas actividades laborales, y contamos con que tenemos los servicios básicos más caros de Europa, dos mas dos son cuatro.
    Cine, videojuegos, música, libros, cómic… Aquí hay que seleccionar, elegir, desechar y eliminar de posibles compras, para, al menos, comprar el último de Juan Giménez…
    Creo, sinceramente, desde mi percepción, que no faltan clientes o posibles compradores, sólo falta el dichoso dinero para meterle mano a tanta oferta y producto.
    Gracias por vuestros comentarios, muy esclarecedores todos ellos.
    Abrazo cordial.

    1. Lo bueno es que exista esa percepción “tanta oferta y producto”, porque en los noventa la mía era “esto es un erial” 😉 Lo otro, la crisis, lo que aprieta la vida, es lo que nos toca vivir y estoy de acuerdo con tu comentario Y gracias por el elogio 🙂

  16. En primer lugar enhorabuena por el pedazo de texto que te has clavado, y enhorabuena a todos los que lo habéis enriquecido con vuestros comentarios. Post así le hacen a uno reafirmar su amor por los blogs y defender su utilidad ante el ostracismo al que los relegan las redes sociales.

    Me gustaría comentar un par de cosas brevemente, En cuanto a las subvenciones, me posiciono también en el bando de los que están a favor. Mucha gente que se dedica a algún medio artístico (y tengo algunos muy cercanos) que la cultura no debería de subvencionarse, ni la música, ni el cine, ni los cómics, que si un cómic (ya que hablamos de ellos) no vende lo suficiente como para sostenerse a sí mismo nadie debería poder dinero para ello, simplemente no debería de existir. Este punto de vista me hace pensar en un mundo en el que las únicas películas que viéramos en las carteleras fueran las de Michael Bay, los únicos discos los de Justin Bieber y los únicos cómics los de Spiderman. Obviamente estoy exagerando, pero se capta la idea, ¿no? Muchas veces son precisamente las obras de mayor calidad, aquellas que hacen evolucionar un arte, las que necesitan de subvenciones porque no alcanzan un público mayoritario, un público suficiente como para sostener la inversión de llevarla a cabo. Si eliminamos esas subvenciones perdemos esas obras, y cohartamos la ambición de artistas que no se la jugarán perdiendo tiempo y dinero en algo que probablemente nunca verá la luz. Así que desde aquí yo digo: subvenciones sí.

    Otra cosa que quiero comentar es el tema del precio de los cómics hoy en día. Es cierto que muchos ven los cómics como un producto caro, y ciertamente lo son si los comparamos con el precio que tienen en otros países, pero es que no estamos en otros países, estamos en España, y por tanto sería adecuado compararlo dentro de nuestro mercado cultural. En este sentido la cultura en general es cara, cierto, y no voy a entrar en las causas de esto que darían para otro debate, pero la verdad es que un cómic no es caro en relación con una entrada de cine o en relación a una novela o en relación a un disco de música o un DVD o Bluray. Proporcionalmente los precios son equitativos. Pero aún así seguimos teniendo la percepción de que el cómic es caro, ¿por qué? Se me ocurre que dada la tradición que tenemos y que Gerardo comenta en el artículo que encabeza esta conversación, estamos acostumbrados a ver el tebeo como algo barato, algo que cualquiera puede comprar en un momento determinado en el quiosco por muy poco dinero, un objeto de consumo rápido, que entretiene y se olvida rápidamente. Como podría ser un Pulgarcito en su día o cualquier tebeo de superhéroes. Yo mismo compraba tebeos sueltos de colecciones que no seguía en los quioscos de los lugares a los que iba de vacaciones de niño, por unas pocas monedas que me dejaran mis padres compraba el periódico y con lo que sobraba me compraba un tebeo. Claro, en comparación con aquello, 25€ por un tebeo no es caro, es carísimo. Pero es que el tebeo de antes y el de ahora no es el mismo, ni de lejos. Todo el tema de la novela gráfica no se refiere únicamente a un cambio de formato, es el espíritu el que cambia. Los Surcos del Azar por poner un ejemplo actual no puede compararse en ningún sentido con una grapa de Spiderman. Los tebeos nos parecen caros porque seguimos con la mentalidad de las revistas de entonces pero es que el tebeo de ahora ya no es aquel y por tanto tiene que tener un precio en consecuencia. Y los tebeos que sí siguen con el formato de entonces, me diréis algunos, han subido considerablemente su precio. Claro, pero es que como Gerardo comenta también, ese sistema ya no es válido, intentar perpetuarlo solo podrá hacerse mediante la subida de precios, cada vez más. Incluso el mercado norteamericano de superhéroes se centra ya más en producir de cara a los tomos recopilatorios que a las grapas.

    Y para no alargarme mucho más que no era mi objetivo solo diré que me ha encantado la cita de Ian MCaye. La suscribo palabra por palabra.

    Un saludo.

    1. Gracias por el comentario, Borja. Lo que cuentas de la percepción del precio del cómic me parece muy cierto. No es que yo crea que los cómics son baratos, pero tampoco los veo por encima del resto de productos culturales en España, que es verdad que comparando con el resto de Europa tienen precios altos, y más sabiendo datos como nuestro salario mínimo y renta per cápita. Pero un cómic no es sustancialmente más caro que una novela. Así que creo que tienes mucha razón: el tebeo se sigue comparando con lo que costaba un tebeo de grapa, y de hecho te encuentras con muchos aficionados que dicen “buf, 16 euros por esta novela gráfica, con ese dinero me compro 6 ‘grapas'”. Quizás lo que habría que meditar es qué es más caro, un tebeo de 48 páginas por 3 euros y pico o un libro de cuatrocientas como Papel estrujado por 19, que a mí personalmente me parece un precio ajustadísimo.

    2. Por cierto, que también hubo una época en la que había una literatura popular baratísima, las novelitas de Estefanía, por ejemplo, o las novelas rosas de Jazmín. Supongo que al haber pasado mucho tiempo desde la última vez que pudieron encontrarse productos así ha hecho que ya nadie compare el último bestseller con aquéllas. Es lo que venía a decir en el post: el mercado cultural ha cambiado. Hay que intentar ajustar el precio todo lo que se pueda, pero a veces la gente pretende que las editoriales se lancen al suicidio comercial, porque esto no es aritmética: no vas a vender el doble por bajar el precio a la mitad. Y para poder bajar tantísimo el precio habría que tirar una cantidad de ejemplares sustancialmente mayor. De hecho, cuando hablas con editores descubres que esto es mucho más complejo: hay tebeos que se venden más en tapa dura que en blanda, y algunos cómics en los que sabes de buena tinta que la editorial se la ha jugado para bajar el precio mucho no funcionan mejor que otros similares con un precio más normal. Todo esto es un mundo, pero la realidad es que por mucho que tires los precios no vas a vender miles de ejemplares tan fácilmente.

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